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Por qué los libros para colorear se han vuelto best sellers entre adultos

Arte

Por: pijamasurf - 07/05/2015

De un tiempo para acá, los libros para colorear de adultos se han posicionado en los primeros lugares de las listas de Amazon, y las razones son suficientes para invitarnos a tener uno

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Desde unos meses para acá, los libros para colorear se colocaron en los primeros lugares de la lista de más vendidos de Amazon. También han proliferado los sitios de Facebook dedicados a coloristas adultos,  clubs para colorear y sitios motivacionales que promueven esta actividad como una fuente de relajación y bienestar. ¿Por qué? Porque los adultos, a diferencia de los niños, solo necesitaban una razón para sentarse a colorear, y recién se les ha dado.

Los libros más vendidos para colorear son los que ofrecen patrones que promueven estados de atención plena (mindfulness), o que presuntamente ayudan a reducir el estrés. Y por lo que a Jung refiere, están en lo correcto: dibujar y colorear figuras como mandalas es una poderosa herramienta de sanación. Pero además de la relajación y la lucidez, lo que estos libros promueven es regresar a lo análogo, a un estado mental más sencillo y por lo tanto más sano, que todos alguna vez gozamos en la infancia.

“Vender el  ángulo antiestrés le permite a la gente disfrutar algo que habrían pensado que era infantil”, le dice una publicista a The Guardian. Estos libros, que por cierto son realmente estéticos, pueden actuar como un botón de reset para adultos que se mueven muy rápido de una decisión a otra o que tratan de hacer varias tareas a la vez. La moción repetitiva de colorear puede ser tan catártica como meditativa: “Estás dando a tu cerebro un poco de espacio y algo en qué concentrarse que es meditativo, contenedor”, dice Quartz.

Estos son tres de los más bellos y mejor vendidos libros de adulto para colorear:

 

Secret Garden: An inky Treasure Hunt and Coloring Book

Secret garden

 

THE MINDFULNESS COLOURING BOOK: Anti-stress art therapy for busy people

Mindfulness

 

Really RELAXING Colouring Book 1: Playing with Patterns

Patterns

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En su extraordinario Cuerpo espiritual y tierra celeste, el islamólogo francés Henry Corbin nos introduce a la visión escatológica de los místicos del Islam chiíta. Quizás no existe una cultura con una imaginación tan rica, toda una escuela esotérica dedicada al delicado arte de imaginar y mapear mundos invisibles, de ensoñar y aprender a percibir el paraíso: la "tierra celeste". Corbin, en su extenso estudio de las visiones teosóficas de Shahab al-Din Suhrawardi y de Ibn Arabi, especialmente (aunque de toda una tradición que evoluciona del mazdeímo hacia el neoplatonismo y el misticismo musulmán), siente la necesidad de acuñar el término "imaginal" para diferenciar esta facultad perceptual de lo que nuestra cultura considera peyorativamente como "imaginario", la fantasía, la irrealidad. En esto encuentra apoyo en el alquimista Paracelso quien se refería a la imaginatio vera, la imaginación verdadera, una facultad que aprehende realidades más allá de la materia.

Corbin argumenta de manera convincente que la imaginación activa de los místicos no es el resultado de una fantasía sobreexcitada sino que es el desarrollo de un cuerpo sutil, de un ojo del alma y de un vehículo espiritual para viajar a un mundo real, el cual llama "mundus imaginalis", el octavo clima, Hūrqalyā en el lenguaje de los místicos iraníes. La vida bajo esta lógica imaginal es entonces el tiempo y el proceso que tenemos para construir un cuerpo (algo similar al ochema pneuma de los neoplatónicos) para al morir mantener nuestra conciencia y dirigir nuestro atención al mundo de la imaginación verdadera, del espíritu como realidad integradora. La muerte es literalmente una transfiguración --como han sugerido muchas de las grandes tradiciones filosóficas, la egipcia, la griega, la védica, una purificación del alma, una espiritualización del cuerpo y una depuración del órgano de percepción que hace del "Paraíso su mundo, su 'verdadero mundo', es decir, ya no es una realidad extraña y opaca, sino transparencia, presencia inmediata de sí mismo ante sí mismo". 

En este encantador libro Corbin cuenta la historia también de la visión cercana a la muerte del compositor Richard Strauss, la cual vincula con la idea del cuerpo de la resurrección en el misticismo iraní. 

¿Qué sentido tiene todo esto hoy en día para nosotros? Nada más que eso mismo por delante de lo que vamos, eso que, cada uno de nosotros configura a imagen de su propia sustancia. Lo hemos visto expresado en lenguas lejanas y próximas a la vez, tanto en contextos muy antiguos como en modernos (hemos ido del mazdeísmo al šayjismo). Es probable que las experiencias de los Espirituales de Irán nos sugieran a cada uno de nosotros algunas comparaciones con determinados hechos espirituales conocidos en otras latitudes. Desearía recordar aquí las últimas palabras que pronunció en sus últimos momentos el gran músico Richard Strauss: “Hace 50 años”, dijo, “escribí Muerte y Transfiguración (Tod und Verklärung)”. Luego, tras un silencio, añadió: “No me equivoqué. Era exactamente eso”.

Strauss escribió Muerte y Transfiguración, un hermoso y enérgico poema tonal a los 25 años de edad. La obra, a la luz de su muerte, tiene un carácter de profecía autocumplida. La música representa la muerte de una artista que al contemplar los actos de su vida en un arco de reminiscencia, finalmente recibe la deseada transfiguración "de los infinitos linderos del cielo".

La analogía entre la visión confirmatoria de Strauss y la cosmovisión espiritual de los filósofos iraníes es relevante, además, porque Corbin compara el proceso de hacer visible el mundus imaginalis con una progressio harmonica, un concepto musical que "designa una ejecución que permite oír más armónicos a medida que se avanza hacia el agudo hasta que, a partir de una altura determinada, resuena además el sonido fundamental". Ese sonido fundamental es el cielo velado por la percepción aún no refinada, por el cuerpo sin alas. En la gnosis chiíta se produce "un fenómeno similar a la progressio harmonica. Cuanto más 'ascendemos', más armónicos escuchamos, hasta que terminamos oyendo el fundamental, el que ha dado el tono al capítulo anterior". Esto es el octavo clima, la octava que le sigue a esta existencia material.

Hay en todo esto un admonición que no debemos pasar de largo, si es que nos mueve en algo este fervor místico de lo imaginal. Se deduce de lo anterior inexorablemente que nuestro cuerpo es la estructura con la que estamos construyendo nuestro siguiente cuerpo: la sal y la luz no solo de este mundo, sino del otro mundo. En la arquitectura de nuestra vida está la arquitectura del cielo, del alma. Dice Corbin:

Esta tesis fundamental está apoyada por esta frase šayjí: "El paraíso del gnóstico fiel es su propio cuerpo, y el infierno del hombre sin fe ni gnosis es asimismo su propio cuerpo”. O también ésta que resume el fruto de las meditaciones del šayj Aḥmad Aḥsā’ī sobre el “cuerpo de diamante”: “Cada individuo resucita con la misma forma que su Operatio (en el sentido alquímico de la palabra) ha fijado en el fondo secreto (esotérico) de sí mismo”.

Por último dejamos que Corbin describa la consumación de la visión mística, esa progresión armónica que es una inclusión de la música de las esferas, de las ciudades sutiles del alma, en el ojo que abarca y que abraza, que se transforma en aquello que ve:

En el límite en el que el propio límite deja de serlo para convertirse en un tránsito vemos un inquietante e ineludible testimonio: su realización corresponde desde luego a la fe profesada en lo más recóndito del alma. Si recordamos los últimos compases del poema sinfónico citado [Muerte y Transfiguración de Strauss], comprenderemos lo que quiere decir esta constatación en presente, cuando lo último se convierte en un comienzo: todo lo que se presintió, todo por lo que hubo lucha y esperanza, mantenida en secreto como un desafío, es eso exactamente. Gravedad triunfante del coro con el que finaliza la sinfonía Resurrección de Mahler: “¡Oh!, créeme, corazón, no pierdes nada. Guarda, sí, guarda para siempre lo que fue tu amor, lo que fue tu lucha”. Solo importa una cosa en la noche que envuelve nuestras vidas humanas: que crezca esa luz, esa incandescencia que permite reconocer la “Tierra prometida”... la Tierra de Hūrqalyā de las ciudades de esmeralda.

 

Twitter del autor: @alepholo