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Así se ve el año 2015 en un reporte de inteligencia militar del año 2000

Por: pijamasurf - 06/17/2015

El futuro no está escrito, pero existen analistas cuyo trabajo es advertir a los gobiernos sobre los peligros que aún no existen --y cómo combatirlos

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A la vuelta del siglo, cuando muchos estábamos aterrados, sugestionados o curiosos acerca de los "misteriosos" efectos del Y2K en la tecnología, mientras George Bush hijo era electo para su primer mandato y unos meses antes del 9/11, fue publicado un reporte llamado Global Trends 2015, con sello del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos.

Mientras otros esperarían la cura contra el VIH o el cáncer, los oficiales del NIC (por sus siglas en inglés) trataron de imaginar un panorama geopolítico para Estados Unidos y sus aliados; algunas "predicciones" para 2015 siguen siendo algo difícil de imaginar, como un auténtico Estado palestino, o fueron desenmascaradas como paranoia por el curso mismo de los acontecimientos, como la pretensión de que Irak tuviera armas de destrucción masiva. 

Pero algunas cosas que eran claras para los analistas y futurólogos de inteligencia en diciembre de 2000 se han vuelto una inesperada realidad en muchos aspectos: volatilidad financiera, ciberataques de grupos anónimos, la siempre creciente brecha económica entre clases sociales y el crecimiento de China como una economía pujante.

Una Rusia nostálgica de sus viejas glorias, apoyada en la ONU para armar milicias pro rusas en sus antiguos territorios. Estados Unidos daba por sentado a principios del siglo XXI que Ucrania estaba del lado de los rusos al 100%, sin imaginar los años de luchas intestinas por los que atraviesan.

Aunque previeron que Afganistán sería un polo importante de fundamentalismo religioso y ataques terroristas, el NIC tampoco pudo prever los 13 años de guerra que habrían de atravesar.

Otros aspectos interesantes del reporte son el papel de los "actores no estatales" en el panorama global, tales como las grandes empresas o el crimen organizado. Probablemente el reporte pasa por alto también alguna mención a la fuerza emancipadora del Internet a través de las redes sociales (determinante durante las revueltas juveniles de 2012, que siguen dando de qué hablar en Oriente Medio y Egipto), pero alcanza a trazar algunos de los problemas con los que nuestra generación deberá enfrentarse en los años próximos: la paulatina pérdida de control de los gobiernos nacionales del flujo "de información, tecnología, enfermedades, migrantes, armas y transacciones financieras, ya sean lícitas o ilícitas, más allá de sus fronteras".

El panorama global no resultó ser ese panorama de control que se planteaban autores como Orwell o Huxley desde la literatura, sino más bien un no-estado de vigilancia hecho de las interacciones de información. Aunque los Estados siguen siendo los actores más importantes de la arena global, los "actores no estatales" como las organizaciones no gubernamentales, las redes terroristas por contrato y las agencias de noticias adquieren año con año una presencia propiamente "global", en el sentido que tenía la palabra en la temprana teoría de la globalización: una tendencia mundial a que los efectos económicos, geopolíticos, militares, económicos, culturales o sociales en un sitio dado tengan incidencia en cualquier otro lugar del mundo. 

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Nuestro modelo de la vida en el universo está basado en el carbono. Sin embargo, este elemento no parece haberse formado en el Big Bang, el cual puede verse como una explosión de un mar atómico de hidrógeno y helio. Elementos más pesados, como los que tenemos actualmente, y sobre los cuales se basa la vida, no pudieron haberse formado en el origen del universo debido a las condiciones iniciales y a la composición de estos elementos ligeros.

En los instantes posteriores al Big Bang existe tal densidad y calor que cualquier dos núcleos pueden hacer colisión. Sin embargo, un átomo de carbón tiene una masa de 12, así que para hacer un átomo de carbón a partir de un mar de hidrógeno, de masa 1, y helio, de masa 4, se necesitaría que tres átomos de helio hicieran colisión en el mismo momento, ya que no existe un átomo estable con una masa de 8. El berilio 8 es sumamente inestable, existe solo 10^-17, lo que hace que esto sea implausible.

El físico Fred Hoyle, autor de la teoría de la nucleosíntesis estelar, notando esto, entendió que el carbono que existe debió de haberse producido en las estrellas a partir solamente de helio e hidrógeno. Uno pensaría que debido a la alta inestabilidad del berilio el universo debió de haber terminado con las estrellas extinguiéndose al dispersar su energía en interminables átomos de berilio desintegrándose. Pero esto no es así, por lo que Hoyle consideró que debía de ser posible que antes de que el berilio se desintegrara pudiera atrapar un núcleo de helio para llegar al carbono -12. Hoyle hizo el cálculo de la energía que se necesitaría para que esto fuera posible. Más tarde un colega suyo encontró la energía exacta para que se produjera esta colisión que Hoyle había llamado proceso triple alfa o resonancia del carbón y la cual calculó en 7.6 MeV. Por esto William Fowler ganó el premio Nobel, y de alguna manera explicó la síntesis original de lo que evolutivamente sería más tarde la vida que conocemos. La predicción de Hoyle puede verse como una predicción antrópica que pudo ser comprobada. El físico Steven Weinberg describe cómo ocurre este proceso:

Dos núcleos de helio se combinan para formar un núcleo inestable de berilio 8, el cual antes de desintegrarse, ocasionalmente, atrapa otro núcleo de helio, el cual forma un núcleo de carbón radioactivo que decae al estado normal de carbón. El estado de  energía del núcleo de berilio 8 y el núcleo de helio quieto es 7.4 MeV más que el núcleo de carbón en su estado normal, así que si la energía del carbón en su estado radioactivo fuera más que 7.7 MeV solo podría haberse formado en una colisión entre el núcleo de helio y berilio 8 si su energía cinética fuera de menos de 0.4 MeV, una energía extremadamente improbable a las temperaturas estelares.

panspermiaAlgunas personas utilizan esto como argumento de un principio antrópico o la idea de que el universo está especialmente equipado para la formación de la vida, cual parecería una señal de un diseñador. Sin embargo, Weinberg considera que si vivimos en un multiverso, el nuestro es simplemente un universo más entre un infinito de posibilidades, por lo que no se necesita recurrir a un diseñador, se puede entender como un proceso aleatorio: entre una vasta cantidad de universos, algunos deben de tener las condiciones necesarias para la formación de vida. De cualquier forma, coincidencia o no, es maravilloso el nivel de detalle sobre el que la vida del universo se sostiene, con una increíble precisión matemática. No es, en este sentido nada extraño, que tantos de los grandes físicos hayan visto en el cosmos una prueba de la mente de Dios operando (Kepler, Newton, Copérnico, por ejemplo). Quizás podemos sumar Hoyle a esta lista; el físico británico que acuñó despectivamente el término Big Bang creía que la vida fue sembrada por una inteligencia extraterrestre:

La vida en la Tierra se deriva de lo que parece ser un sistema viviente ubicuo en la galaxia. La vida terrestre tiene sus orígenes en el gas y las nubes de polvo del espacio, que más tarde se incorporaron y amplificaron dentro de cometas. La vida se derivó de fuentes exteriores a la Tierra y sigue haciéndolo. 

En realidad Hoyle veía esta inteligencia como una forma consciente de otro universo que entró al nuestro desde el principio para alterar las condiciones y propiciar la vida. Esto hizo que al final de su carrera científica fuera ostracizado en la academia. Su visión no es tan distinta de la idea de la panspermia dirigida de Francis Crick y, aunque para los científicos actuales merece el ridículo y el escarnio, quizás no debamos desestimar esta teoría que resuena con las fibras más profundas de la imaginación humana, como podemos ver en películas como 2001: Odisea en el espacio.

 

Twitter del autor: @alepholo