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Mother Earth's Plantasia: un fantástico disco de electrónica compuesto específicamente para ciertas plantas

Arte

Por: pijamasurf - 05/27/2015

Lounge floral, fantasía animada para las plantas, que, recuerda, son tus amigas

La fantasía y la extravaganza de componer y conversar con las plantas se materializa en Mother Earth's Plantasia (1976), la obra del pionero de la electrónica Mort Garson. No es una visión menor la que este compositor tenía de las plantas, porque su música se mueve con grandilocuencia, pompa y especial ahínco para complacer a verdes amistades, regalándoles una dimensión habitable de sonido. Ambientando su existencia, aventando burbujas oníricas, llenando el aire de su lounge metafísico para la suprema fotosíntesis. Con la frescura de su visión nos transmite la idea de una especie de cuento de hadas botánico --y no sólo para flores primaverales, también para plantas que se marchitan y se enfrentan al invierno o para los escarabajos y los ciempiés, es decir se rescata el aspecto fantástico y lúdico de la imaginación, pero por momentos también cierto temor; es música para crecer y sonreír al Sol, disfrutar de la compañía de las aves polinizadoras y la afrodisia natural, pero por momentos también para perderse por los vericuetos de la existencia, en la penumbra, sólo pudiendo esperar que no aparezca un depredador. 

Mort Garson fue uno de los primeros compositores en experimentar con el sintetizador Moog y mantuvo toda su carrera un interés por composiciones temáticas (hizo un álbum para los signos del zodiaco). Según Wikipedia su currículum es "simplemente bizarro", pues va desde "easy-listening a space pop con influencias ocultistas". Mother Earth's Plantasia es un excelente pretexto para intentar ponernos en los zapatos (o en las raíces) de las plantas y descubrir la conciencia vegetal. 

Es probable que no disfrutaríamos mucho de esta música si no supiéramos que esta hecha para plantas, si no liberáramos imágenes florales para ambientar sus sonidos, nos podría parecer pueril y caricaturesca; pero la intención es la magia, la magia de la intención. En la idea está el alma. Y sólo queda sonreír cuando una persona tiene la noble idea de ver el mundo como un enorme jardín animista, donde todo está vivo y todo aspira al ritmo y la armonía. Plantasia es placidez pura. Cocteles de flores y mariposas juguetonas nos esperan del otro lado de la verja. 

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Los orígenes de las runas y su semejanza con el Tarot

Arte

Por: Adán de Abajo - 05/27/2015

En busca del origen mítico de las runas y su parecido con el Tarot, dos grandes sistemas de adivinación que son también una especie de carrusel iniciático en el que la psique humana descubre sus diversas facetas

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Poco se sabe de su procedencia. Al igual que muchos Sistemas Espirituales de la antigüedad, como el Tarot, el I Ching y la Cábala.

Sobre todo entre los más interesantes y sólidos de estos, los mitos señalan que fueron transmitidos a los seres humanos por divinidades o semidioses. En el caso de la Cábala, por ejemplo, que fue escrita por la mano del mismo Jehová.

Una de las historias cuenta que las runas fueron llevadas desde el Mediterráneo, y probablemente desde más lejos, de Egipto, por uno de estos semidioses u hombres divinidades: Odín, quien ya establecido en el norte de Europa, en tierras célticas y vikingas, las entregó a los magos de estos pueblos.

Supuestamente, Odín habría sido un sabio, quien recorrió el mundo antiguo, recolectando sabiduría y conocimientos sobre magia y medicina. Después los lego a diferentes pueblos, según sus necesidades.

Algunos especialistas de la arqueología, el esoterismo, la mitología y la psicología profunda, equiparan a Odín con el dios Toth, (por cierto, presunto creador del Tarot, con el cual las runas también poseen cierto paralelismo), quien a su vez estaba bastante emparentado con Hermes Trimegisto (fundador de la sabiduría hermética) y con el profeta Abraham, de quien el psicólogo ruso Piotr Ouspensky dice, por su parte, que junto con el rey Salomón, el rey David, Juan el Bautista y Jesús, pertenecía a una milenaria escuela ocultista de Oriente. También se equipara a todos estos personajes con Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de los toltecas: el maestro de todos los nahuales mesoamericanos.

En resumidas cuentas, que no parecemos estar tan errados al sospechar que tanto Odín como Hermes, Abraham y Quetzalcóatl pudiesen haber sido la misma entidad que vivió y enseñó en diferentes pueblos, lugares y tiempos históricos de la humanidad.

O, por otra parte, una misma escuela que se trasformó, camufló y sobrevivió a lo largo de milenios y diversas geografías, preservando conocimientos y trasmitiéndolos a aquellos quienes estuviesen preparados.

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La runa número 25, la última, conocida como la Runa Blanca o 0, tiene el nombre de su creador: la runa de Odín. Es la runa de la realización total.

Si le aparece a alguien durante una tirada, se le anuncia estar ante su verdadero camino, el camino de su corazón. El descubrimiento de que Odín habita dentro de él, algo muy parecido a lo que algunas religiones de Oriente, como el budismo, llaman el despertar.

La Runa Blanca tiene bastante parecido energético y simbólico con el último de los arcanos del Tarot: el Mundo, el florecimiento del dios interior, quien es capaz de crearse a sí mismo y sintetizar todos los elementos de la naturaleza, dispersos en el resto de los arcanos anteriores. El Mundo o la carta XXI del Tarot y la runa del dios Odín, coinciden plenamente en ser ambos los arquetipos de la realización completa del alma, dormida, pero activada, resurgida y resucitada desde un arcano anterior: el XX o el Juicio, también conocido en antiguas versiones de Tarot como la Resurrección de los Muertos.

Del mismo modo que el Tarot nos cuenta el largo recorrido del alma humana, desde sus orígenes indiferenciados con el universo donde se gestó: en los ases y el Loco (Arcano Mayor 0) hasta convertirse en Guerrero Espiritual con las figuras de los Caballeros, los Números Cinco, La Templanza, en los Arcanos Mayores, El Carro, el Papa y el Ermitaño, con quienes el espíritu del hombre logra, tras largo esfuerzo, alcanzar su individualidad.

También las runas nos hablan de un camino espiritual que el hombre debe recorrer desde su nacimiento, como parte innegable de toda la humanidad, con la Runa Manhaz. Pasando por severos y durísimos obstáculos antes de llegar a ser un vikingo adulto y alcanzar primero la Runa del Guerrero: la Lanza, y luego a Thuritzal, o el martillo del dios Thor quien por cierto, fue el hijo predilecto de Odín mucho antes de llegar a la Runa Blanca, de la cual hemos hablado.

Ambos sistemas, tanto las runas como el Tarot, coinciden en revelarnos, de forma sutil y sugerente, pero inequívoca, pistas de lo que antaño fue un antiguo camino que las personas debían, si es que lo querían con todo el corazón, recorrer antes de convertirse en guerreros espirituales completos y finalmente despertar a su dios interior.

Ambos fueron creados para constituirse en mapas espirituales que llevaban a los hombres antiguos, en primer lugar, a descubrir que el mundo que les rodeaba consistía en puras apariencias. En segundo, a buscar a toda costa descubrir qué había más allá del velo de dichas apariencias. Y por último, despertar sus poderes interiores hasta constituir un sol en su interior, el descubrimiento de que Odín o Dios, habitaba dentro de ellos. El surgimiento de su Cuerpo Solar.

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Las runas son un antiguo sistema alfabético que no sólo se utilizaba para escribir de manera corriente, sino principalmente para transmitir conocimientos secretos y mágicos. También para curar, proteger, conjurar y defenderse energéticamente.

La perfección del diseño artístico de cada runa y del orden con que están interrelacionadas como un sistema que es un pequeño universo, sorprende a la vez por su sencillez y armonía. Desde Manhaz, que es la primera, hasta la última, la de Odín, que encarna la totalidad, consisten en un universo de perfección. Del mismo modo que otros libros sagrados como el I Ching, el Tarot y la Biblia. Basta extraer una sola para entrar en contacto con algo que no fue creado por seres humanos comunes, haciéndonos sospechar que fueron concebidas por mentes que de ningún modo eran de este mundo.

Originalmente eran 25. Aunque con el paso de los siglos su número se fue reduciendo, hasta el punto de que en la Alta Edad Media, en Inglaterra, sólo quedaban 16 caracteres en el alfabeto rúnico. Es este sistema de 16 letras el que luego adoptó y puso de moda el New Age y el hipismo de los años 60.

Para leerlas, en el sistema antiguo se sacaban de una en una de una bolsita o talega de cuero que el runamel o druida siempre llevaba consigo, cargándolas con su energía espiritual y corporal todo el tiempo. Se acomodaban e interpretaban siempre de derecha a izquierda, al revés que en el Tarot. Lo cual nos habla de lo diferentes que eran a nosotros, esos hombres antiguos y sencillos que las crearon y las utilizaban para curar y hacer magia.

 

Twitter del autor: @adandeabajo