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El almidón resistente, que puede encontrarse en algunos alimentos, no sólo podría revolucionar la salud intestinal, también ofrece un prometedor escaparate onírico de alta nitidez

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El almidón resistente no sólo podría ser uno de los alimentos más importantes para la salud, también podría usarse como potente aliado psicoactivo para incrementar la recordación y la nitidez de los sueños. Llamado por algunos el "biohack de la década", este tipo de almidón ha empezado una pequeña revolución entre una serie de médicos holistas, bloggers y pacientes que buscan reforzar la salud del microbioma (el ecosistema conformado por microorganismos que constituye más de 90% de nuestras células totales). Además de haber generado notables resultados para tratar numerosas enfermedades, el almidón resistente tiene un interesante efecto colateral de hacer los sueños más vívidos y mejorar el índice de recuerdo.

A diferencia de otros carbohidratos, el almidón resistente no es digerido en el intestino delgado sino que pasa hacia el intestino grueso donde funciona como una fibra dietética prebiótica alimentando a diversas bacterias --muchas de las llamadas benéficas-- que se encargan de producir ácidos grasos de cadena corta, como el ácido butírico, propiónico y acético, los cuales generan energía, recubren la pared intestinal y el tejido muscular. El ácido butírico --que se encuentra en la mantequilla, pero ingerirla no logra una buena absorción-- es especialmente importante para la pared intestinal (en los casos de intestino permeable o leaky gut); sin la energía que proveen los butiratos, la células del colón se autodevoran y mueren. El ácido butirato puede también proteger del cáncer de colón y parece tener una poderosa propiedad anti-inflamatoria.

 

Desde hace un par de años, el sitio Free the Animal ha publicado una serie de experimentos consumiendo almidón resistente. Los resultados son sumamente prometedores, habiendo desencadenado cientos de respuestas positivas entre personas que poseen problemas digestivos. Tomar más de 20 gramos de almidón resistente al día modifica la flora intestinal fomentando el crecimiento de bacterias benéficas como la bifidobacteria que participa en la producción de serotonina.

Richard Nikoley, de Free the Animal, señala que creca de 90% de las personas reporta sueños vívidos intensos, como si una película de Hollywood se produjera todas las noches en nuestra mente. Desde hace unos años, la ciencia ha empezado a llamar al intestino "el segundo cerebro", teniendo en cuenta que 95% de la serotonina se produce en esta parte del cuerpo, así como numerosas otras hormonas y neurotransmisores a partir de la interacción de microorganismos (como el Bifidobacerium Infantis). Nuestro microbioma es verdaderamente una antigua selva de vida que ha coevolucionado con nosotros --hasta el punto de que su densidad celular es 10 veces a 1 (si hacemos una distinción entre células humanas y células bacterias en el cuerpo). Se estima que existen más de 1,ooo especies de microbios intestinales de más de 7 mil cepas distintas, las cuales hacen 150 veces más genes que el genoma humano, lo que revela a su vez que las bacterias modulan nuestro genoma de manera epigenética (si queremos cambiar nuestro "destino" genético, sólo tenemos que cambiar nuestras bacterias).

Tomando en cuenta esto no resulta extraño que muchas enfermedades mentales puedan ser controladas o curadas tratando directamente el intestino, o lo que se conoce como el axis-intestino-cerebro. Otro de los efectos del almidón resistente y de otros prebióticos y probióticos es una perdida de la ansiedad, de la fatiga crónica y mejora del sueño. Es posible que esto ocurre debido a que algunas bacterias podrían estar mediando la producción de serotonina pero también de la melatonina, molecularmente similar. 

No queda duda que el futuro de la medicina pasa por el microbioma --del antibiótico al probiótico-- y nuestra capacidad de alimentar y saber utilizar las bacterias que conforman con nosotros un superorganismo de sofisticada inteligencia. Pensemos que al comer estamos alimentando a un ser 10x más vasto que nosotros mismos y de cuyo funcionamiento prolijo depende nuestro funcionamiento de manera profunda. Por otro lado, el futuro de las drogas psicoactivas recreacionales y de los nootrópicos probablemente también pasan por las bacterias y microorganismos que pueden alterar el cerebro para modular la generación de ciertos neurotransmisores y hormonas; no es del todo descabellado pensar que en un futuro podremos tomar un probiótico que nos haga producir DMT u otro agente psicoactivo.

Personalmente después de un par de días tomando almidón resistente puedo atestiguar que claramente he notado una mayor intensidad en mis sueños y una mayor capacidad de recuerdo, por lo que me parece que este prebiótico puede clasificarse como un onirógeno, sobre el cual habrán de hacerse más estudios (por el momento no se han generado sueños lúcidos, pero es necesario hacer experimentos con soñadores lúcidos más avezados).

El almidón resistente puede encontrarse en diferentes alimentos, especialmente en el plátano inmaduro y en las papas (calentadas y luego enfriadas). Sin embargo, el método más efectivo que ha sido difundido en línea es ingerir entre dos y cuatro cucharadas de almidón de papa (o patata) resistente sin modificar. 

Aquí una guía para realizar experimentos con almidón resistente.

Twitter del autor: @alepholo

 

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Entre el gourmet y el delirio psicoactivo, comer cerebros puede tener algunos beneficios, aunque no sin ciertos riesgos

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Alimentarse de cerebros puede ser muy sano. Comer cerebro metafóricamente, principalmente a través de libros, en lo que podríamos considerar un arte de digestión memética, tiene enormes beneficios potenciales para nuestra salud mental y nuestro funcionamiento cognitivo. Y es que el lenguaje escrito es una poderosa tecnología de "refrigeración" para almacenar y transmitir información que puede considerarse como una forma de telepatía. Pero este artículo no se trata de explorar solamente esta metáfora geek de libros como cerebros, sino del acto en sí de alimentarse de materia cerebral de diferentes animales.

El sitio Mysterious Universe analiza esta tradición ampliamente difundida de alimentarse del cerebro de distintos animales, principalmente la vaca. En India y Pakistán se disfruta del Maghaz, un platillo compuesto de un popurrí de cerebros de vaca, cabra y borrego que se combina con una salsa de pistache. En Malasia y en Indonesia, por ejemplo, se come Gulai, un platillo similar al curry, que suele servirse con cerebro de vaca. En Camerún, el jefe de una tribu celebra su corona devorando el cerebro fresco de un gorila (ese otro rey de los homínidos). 

Más allá de la práctica ritual, comer cerebro puede llegar a tener beneficios si se hace con moderación. Estos órganos son ricos en ácido docosahexaenoico (DHA), una forma de ácido graso Omega-3 que juega un papel en el desarrollo del cerebro infantil y puede usarse para combatir el Alzheimer. Al parecer en este caso aplica la ley seudocientífica de las correspondencias, que sugiere que las formas tienen significados afines: el cerebro es bueno para el cerebro.

Existen, sin embargo, algunas desventajas (salvo que seas un zombie) al comer cerebros, como el exceso de colesterol que, de adoptar esta práctica, se estaría acumulando en tu cuerpo (los cerebros son especialmente ricos en colesterol). A su vez, comer cerebro en exceso podría causar una encefalopatía, como la famosa "enfermedad de las vacas locas".

En su Enciclopedia de sustancias psicoactivas, Richard Rudgley documenta el uso tradicional y experimental de ciertos animales como sustancias psicoactivas o medicinales. Por ejemplo, se dice que el alquimista suizo Paracelso podría haber ingerido una sustancia derivada del hombre. Según su discipulo Oswald Crollius, la referencia en los escritos de Paracelso a “Mumia patibuli” es a la carne de un hombre que murió de forma violenta y que se ha preservado en el Aire. El médico John Hartman hace referencia a que el cerebro de un joven molido en un mortero y mezclado con partes de su esqueleto es una efectiva medicina. El alquimista Robert Boyle escribió sobre los beneficios de los remedios hechos con polvo de huesos humanos. Todo esto podría relacionarse, aunque algo extendidamente, con el hecho de que el cerebro humano produce naturalmente DMT, la potente sustancia psicodélica que es parte del brebaje de la ayahuasca y que se consume en diferentes presentaciones por diferentes culturas. Se ha encontrado que los esquizofrénicos producen una mayor cantidad de DMT, lo cual podría relacionarse con el “Mumia patibuli” de Paracelso, siendo que en su época muchos esquizofénicos eran enviados al patíbulo. Pero faltaría ver de qué forma es posible extraer del cerebro humano DMT, y no sólo en el lenguaje celeste, altamente hermético de los alquimistas. Esto es algo que imagina Terry Southern en su cuento “The Blood of a Wig”. Así que, tal vez, fumar cerebros podría ser algo que un grupo selecto de psiconautas podría probar.