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7 señales de que las redes sociales están acabando con tu autoestima

Por: pijamasurf - 03/20/2014

Estudios muestran que la adicción a las redes puede estar afectado negativamente tu autoestima, sobre todo cuando empiezan a sustituir tus espacios de interacción en el "mundo real".

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En esta era tecnológica, las redes sociales se han vuelto una forma fundamental de interactuar con tus amigos y con el mundo, hasta volverse uno de nuestros rituales cotidianos. Sin embargo, lo que normalmente empieza como un inofensivo hábito virtual, puede rápidamente convertirse en una adicción que dejará destrozado tu narcisismo, devolviéndote un miserable reflejo o haciéndote caer  para ahogarte en las aguas de tu propia autocomplacencia. 

Estudios muestran que hasta dos terceras partes de la gente encuentran difícil relajarse y dormir después de pasar tiempo checando sus redes sociales. De 298 usuarios, 50% dijo que las redes sociales hacían que sus vidas y su autoestima empeoraran. Así que, ¿qué es lo que hacen las redes sociales para afectarte de esta manera? 

De acuerdo con la psicoterapeuta Sherrie Campbell, las redes sociales pueden darnos la falsa ilusión de pertenecer y estar conectados sin estar construyendo intercambios reales. Esto hace muy fácil perderse en el ciberespacio y darle más peso del que le damos a nuestra realidad.

¿Cómo saber si tus hábitos virtuales son saludables o te están afectando? Si te sientes estresado, ansioso o estas teniendo pensamientos negativos después de usar las redes sociales, puede que sea tiempo de tomarte un descanso. Aquí hay siete señales a las que debes permanecer atento si no quieres que tu autoestima acabe hecha pedazos en tus visitas al ciberespacio:

 1. ¿Las redes sociales perturban tus pensamientos e interacciones en el "mundo real"?

Si te sientes preocupado o incómodo cuando eres incapaz de acceder a las redes sociales o a tu mail, es probable que tu dependencia a las redes esté afectando a tu autoestima. Además, si lo primero en lo que piensas en la mañana es en checar tus notificaciones o te das cuenta de que no sueltas tu teléfono aunque estés teniendo interacciones cara-a-cara, seguramente quiere decir que las redes están invadiendo tu vida y están impidiendo que te relaciones. Quizá es tiempo de pisar el freno y volver a tomar el control de tu vida.

2. ¿Las redes sociales afectan tu estado de ánimo?

Si este hábito voyeurístico está afectando tus pensamientos y sentimientos sobre ti mismo, seguramente está dañando tu autoestima. Un nuevo estudio ha encontrado fuertes vínculos entre las redes sociales y los desórdenes alimenticios. Las mujeres que pasan más tiempo conectadas a Facebook tienen una más alta incidencia de “comportamiento enfocado en la apariencia” (como la anorexia) y tienden a ser más ansiosas y conscientes de su cuerpo. Lo que es más, 20 minutos en redes sociales son suficientes para que un usuario empiece a preocuparse por su figura y su peso. Mientras más vacía sea tu vida personal, más te verás atraído por el mundo virtual, la gente aburrida y solitaria tiende a pasar más tiempo conectada, que aquellos que están ocupados y activos.

3. ¿Tus interacciones en la vida real se han vuelto difíciles y estar solo es angustiante?

Si estás luchando por lograr hacer conexiones cara-a-cara o tienes problemas para comunicarte, puede que las redes sociales tengan la culpa. Estudios señalan que las redes sociales son un camino para volver las relaciones más superficiales y emocionalmente más desapegadas. Campbell explica que “las redes sociales son una forma muy perezosa de hacer relaciones e impacta en nuestra incapacidad de estar solos. Tenemos una generación de niños creciendo sin saber qué es estar sentados solos porque el ruido social no para. Están perdiendo la idea de lo que es esperar por información. No conocen la idea de pasar tiempo solos o tener paciencia. La tecnología nos permite tener conexiones cuando queremos sin tener que esperar, pero nunca seremos capaces de acurrucarnos con la computadora en la noche. El contacto humano sigue siendo una necesidad psicológica fundamental.

4. ¿Sientes envidia por lo que los otros publican?

Cuando estás deprimido es fácil volverse celoso acerca de lo que otras personas publican sobre su vida, sobre todo imágenes de felicidad y éxito. Es importante recordar que lo que estás viendo es sólo un leve detalle de la vida de alguien, que la mayoría de las veces está siendo embellecida y está basada más en la fantasía. Cuando estas imágenes empiezan a envenenar la forma en que ves tu propia vida, puede que sea momento de apagar la pantalla.

5. ¿Disfrutas con el infortunio de otros?

Si encuentras que estás feliz mientras otros se sienten miserables en las redes sociales, quizá deberías empezar a preguntarte si esto esto es saludable psicológicamente para ti. Puede que sólo estés valorando tu propia miseria e infelicidad comparándola con la de los demás. Incluso aquellos que publicitan sus tragedias lo hacen porque ansían atención para levantar su autoestima. Si llegas al punto en que necesitas reparar tu ego vulnerado recibiendo likes, quizá sea momento de meterte en un régimen de dieta de redes sociales.

6. ¿Mides tu éxito a través de los demás?

Chequeo de realidad: tu número de contactos o likes no equivale a tu éxito en la vida. Las redes sociales sólo muestran el proceso de edición de una vida, muestran lo que las personas escogen revelarnos a través de un filtro que hace parecer todo más brillante. Todo el tiempo estás contando una historia, tú decides si es una historia de éxito o de fracaso, pero eso no implica que tenga que coincidir con tu realidad. Es más útil hacer cambios en la vida real que gastar el tiempo construyendo tu imagen en Facebook.

7. ¿Eres adicto a la atención y al drama?

Es fácil quedar envuelto en el drama y los jugosos chismes de las redes sociales, en especial cuando a tu vida real le hace falta emoción. Pero éste puede ser un juego peligroso donde la gente realmente termina lastimada. Estudios muestran que Facebook contribuye a generar celos dentro de las relaciones y su uso excesivo puede de hecho dañar tus relaciones en virtud del hecho de que información que una persona normalmente no compartiría se vuelve de dominio público. Esto lleva a algunos a tomar medidas desesperadas, como volverse "investigadores privados amateurs" mientras se embarcan en una búsqueda por encontrar material incriminador. Deberías gastar tu tiempo en búsquedas reales que beneficien tu autoestima en vez de minarla.  

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¿Necesitas una solución?

Para aquellos que piensen que su autoestima está siendo influenciada negativamente por las redes sociales, Campbell dice que lo más importante es reconectar con tu presencia y tu marca personal, esto es, desengancharse del mundo de tu computadora. 

Yo le recomiendo a la gente desconectarse de las redes sociales y eliminarlas de su vida. Regresa a tu vida real. Si no puedes hacerlo, entonces empieza a monitorear tu uso, sobre todo antes de irte a acostar o remueve o bloquea a la gente que te hace pensar negativamente acerca de ti mismo [...] Si te das cuenta de que te vuelves a la tecnología en momentos donde la conexión y el aprendizaje de nueva información no son realmente importantes, darás el primer paso para reconectarte contigo mismo.

[Salon]

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Sobre los hábitos alimenticios de las turicatas: Cristina Rivera Garza & Juan Rulfo

Por: Antonio Calera-Grobet - 03/20/2014

"Allí te comerán las turicatas" no es un libro de Cristina Rivera Garza. No. En todo caso, como ya se advierte en el prólogo, se trata al menos de un libro marsupial dentro de otro: "Pedro Páramo" de Juan Rulfo.
 

Y más allá una línea de montañas, y todavía más allá, la más remota lejanía.

-Juan Rulfo, Pedro Páramo

-Cristina Rivera Garza, Allí te comerán las turicatas 

Dice Vivian Abenshushan, en el prólogo al libro, que tiene una “predilección por aquellos libros que proceden por aplazamiento, por fisuras, por claroscuro. Los que se desvían y desacomodan, más que los que van directos hacia su fin”. Creo que muchos lectores también. Son quizá legión ya los que van por el libro nuevo: refrescado por oblicuo, parabólico, el libro que va por el mundo como que no se la cree, o mejor dicho “se hace” como si no las trajera todas consigo. En otras palabras, el libro raro, el libro singular, más bien refractarios a la clasificación, libros que viven “al margen de las convenciones y la loza de la tradición”, para decirlo nuevamente en palabras de Abenshushan.

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Y no me refiero acá al libro que materialmente se reventó: esos “otros libros”, como los definiera en un libro del mismo nombre Raúl Renán, y que se volvieron objeto, escultura, soporte tridimensional, plataforma para algún contenido. No. Porque ateniéndonos a su carácter material, éste es un libro hecho y derecho: natural, convencional. Conforma por cierto, junto con otros títulos (como “La Cena”, de Alfonso Reyes y “La Migala” del maestro Juan José Arreola), una colección llamada “Los Ilustres”, que aporta al mundo editorial una gallardía evidente. Se trata de libros perfectos y por ello de libros hermosos, funcionales pero elegantes, que seguramente se distinguirán pronto del grueso de oferta por su calidad editorial. Mérito de Andrea Fuentes y Alejandro Cruz Atienza, editores. Pero, entonces, ¿por qué éste es especial, singular, distinto? Pues porque se trata de un libro raro, extraño, tocado, por su mero armado intelectual.

Explico. Primero, porque Allí te comerán las turicatas no es un libro de Cristina Rivera Garza. No. Desde ahí. En todo caso, como ya se advierte en el prólogo, se trata al menos de un libro marsupial dentro de otro: Pedro Páramo de Juan Rulfo, o si se quiere, un libro "al alimón" entre la narradora viva y el otro ya desaparecido. Abenshushan lanza una invitación al lector a descubrir otros abrazos que se han tejido Rivera Garza y Rulfo desde el 2011 (Cfr. mirulfomiodemi.wordpress.com).

En el caso de este libro, podemos hablar de una imbricación, una encarnación de textos del jalisciense en la obra de la de Matamoros. ¿Cómo? Por medio del derecho al intertexto, claro, pero más específicamente a manera de un zurcido invisible del machote en el nuevo modelo, de manera que, pedazos pues, del mecano del libro que aquí se presenta, son idénticos al ADN del histórico. Entrego un primer ejemplo. Se lee en Pedro Páramo, al comienzo casi, en su página 2 según las impresiones de Letras Mexicanas:

En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.

Este último par de frases (Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía), es incluido en la obra de Rivera Garza en la página 4. Entrego un segundo ejemplo. Se lee en Pedro Páramo, en la página 23 de las ediciones citadas:

Entré. Era una casa con la mitad del techo caída. Las tejas en el suelo. El techo en el suelo. Y en la otra mitad un hombre y una mujer.

En el libro de la narradora se utiliza el fragmento, idéntico, sin modificaciones, acaso la primera conjunción:

Y entré. Era una casa con la mitad del techo caída. Las tejas en el suelo. El techo en el suelo. Y en la otra mitad un hombre y una mujer.

Quisiera entregar un tercer y último ejemplo, de las más de diez citas casi textuales, extraídas e insertadas, inoculadas en el libro de Rivera Garza, en donde se lee:

— ¿O qué, no que no quieres cuidarme?— preguntó, iracundo—. Vente a dormir aquí conmigo. —Aquí estoy bien —le contesté, sintiendo bajo mi cabeza la textura de leño de la almohada. Todavía me alcanzó el tiempo para recordar las paredes de adobe del monasterio. La noria vacía. Los tordos a lo lejos. Todavía pude recordar los tantos años que había pasado allá afuera entre monociclistas, sonriendo. —Es mejor que te subas a la cama —insistió— allí te comerán las turicatas.

Esto es tomano, de nuevo, de la novela de Rulfo. Voy a Pedro Páramo, página 29, para notar las diferencias entre el modelo y su manera intervenida:

—Donis no volverá. Se lo noté en los ojos. Estaba esperando que alguien viniera para irse. Ahora tú te encargarás de cuidarme. ¿O qué, no quieres cuidarme? Vente a dormir aquí conmigo. Aquí estoy bien.

—Es mejor que te subas a la cama. Allí te comerán las turicatas.

De manera que el título mismo del libro, caí en cuenta o recordé muy tarde, fue también tomado de Rulfo. “Usufructuado” de Rulfo, mejor dicho. ¿Por qué usufructuado? Porque nos recuerda Abenshushan que la estrategia denominada “Usufructo” es propia de Rivera Garza. Dice la crítica en el prólogo: “Estamos ante una de las estrategias más radicales de Rivera Garza […] la consideración del texto como un tejido de citas y del lenguaje como un territorio común. “Usufructo” es el nombre que ella misma le ha dado a este goce de una cosa ajena sin enajenarla.” Hasta aquí del cómo se ha tejido el libro, sin necesidad de contar su historia, para no traicionar a los lectores venideros.

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Ahora bien, si ya ha quedado claro que se trata de un libro de dos autores, Rulfo y Rivera Garza, por el lado de la ilustración hay que decir que es un libro cuya paternidad le pertenece también a Richard Zela. El diseñador mexicano remata perfectamente el libro. Aún más: lo complementa, lo alimenta. Porque no se trata de una ilustración en el sentido servil de cara a lo que se escribió (esa manera antigua de mímesis, de “escenificación” a manera de storyboard si se me permite el término, ciertamente antigua), sino de una verdadera co-creación de la experiencia de lectura del libro. Zela menea la historia, la saca de sus rieles hasta, digamos, tranzarla, en el buen sentido de la palabra, porque nos topa con imágenes que no están en el original. Quiero decir: Zela figura acá como un dibujante de ficción del texto, el que da otra vuelta a la ficción relatada.

Si fuera sólo por los dibujos de Zela, la historia se desarrollaría en los Himalaya, en Nepal, en India, los personajes estarían tatuados, habría una atmósfera mucho más delirante en la pieza. Como un cuento negro o maldito de Lovecraft, de Poe. Una chica como Rapunzel, tatuada hasta la coronilla, insectos enormes como en los cuadros de “El Bosco”, sapos que salen de bocas luego de haber salido a cuadro en una película de Cronenberg o de Greenaway. Y por ahí hasta una cosa mexica, de cráneos y pieles, Xipetotec, Tezcatlipoca, Mictlantecutli. Pienso, juego con ello, pero es así. Zela hizo con sus imágenes un metarrelato más perpendicular, una obra más abierta, en palabras de Umberto Eco. Y eso se siente bien, como lector.

Hasta aquí por qué se trata de un libro raro, extraño, tocado, por su mero armado intelectual. Porque nació de tres manos, de 3 alientos (que nosotros sepamos) y, por ello, como suele suceder en tales paternidades, se trata de un libro monstruo que nos pide que lo llevemos a casa y le demos de comer, lo dejemos dormir con nosotros, al menos, una noche.

Quédese usted, lector, con esa idea. Llévese a casa este libro de escritura alineal, como lo califica la cuarta de forros. ¿Qué puede hacerle a usted un libro alineal? Llévelo. A lo mejor sólo se caerá el techo de su morada, sus paredes se llenarán de turicatas (que no son más que un simple garrapata que transmite la espiroqueta Borrelia turicata, causante de una fiebre descomunal y recurrente), y tal vez de pronto perderá a su pareja, y tocarán a la puerta unos tipos en limusina (como en El proceso de Kafka pero con monociclos), y le lanzarán una serenata de puras coreografías, y usted ahí, entre dormido y despierto, lánguido, escuchará frases que no entiende a lo lejos. Que lo disfrute.

Y sobre todo disfrute el cuento mismo, la historia que nos quiere contar Rivera Garza. ¿Será ésta una historia que en realidad ocurre en el Nevado de Toluca? Puede ser. ¿En una Sayula imaginaria? ¿O Contla? Puede ser. ¿Es la misma Rivera la del cuento? ¡Qué importa! Quédese satisfecho. Se trata de un libro que habla bien del estado de las cosas. Ha absorbido un proyecto editorial como bocanada de aire fresco (gracias a editores que rediseñan el oficio, le regresan su capacidad de reinvención y regodeo estético), y se ha dejado llevar por una voz como la de Cristina Rivera Garza que, prolija como pocas en la literatura mexicana actual, no sólo no anda todo el santo día hablando, sino escribiendo y, por ello, le dispara seguido lo mismo a lo que siente, a lo que piensa y a lo que quisiera para este país que se nos seca. Y además lo hace con sabiduría y clase. 

Twitter del autor: @manchadetinto 

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