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7 mujeres visionarias sin las que la música electrónica no sería lo mismo

Por: pijamasurf - 03/11/2014

Estas 7 mujeres y su trabajo han ayudado a definir el paisaje contemporáneo de la música electrónica y quizá nunca habías oído hablar de ellas.

En un esquema patriarcal, los reflectores de la historia siempre están sobre los hombres y sus logros. Se han abierto importantes brechas en la historia social y política para mostrar la verdadera importancia del papel de la mujer, pero hay muchas otras historias, cómo la de la música, en que su papel aún no ha sido del todo reivindicado. La historia de estas 7 mujeres muestra que a pesar de los prejuicios el talento se impone y que hoy estaríamos frente a un paisaje musical muy distinto, seguramente más aburrido, si no fuera por sus invaluables aportes.

He aquí las historias recopiladas por Sarah Statham para Champion Up North:

 

1) DELIA DERBYSHIRE

DELIA DERBYSHIRE

Empezamos por rendir tributo a la “escultora del sonido”, Delia Derbyshire. La mujer detrás del wobbulator un día se acercó a los Decca Recording Studios de Londres, sólo para que le dijeran sin más que no empleaban mujeres. A pesar de que varias compañías la rechazaron, continuó persiguiendo su pasión y en 1960 logró materializar una oportunidad de trabajar como asistente en un estudio de la BBC.

Desmond Briscoe, ejecutivo del estudio, pronto se dio cuenta de que la alta, callada y pelirroja Delia no sólo era entusiasta, sino enormemente creativa y talentosa. Entonces Briscoe la invitó a unirse a su taller experimental Radiophonic en 1962, del que ella formó parte durante 10 años.

Una de sus primeras tareas fue realizar una de los primeros temas electrónicos utilizados alguna vez en televisión: la música de Ron Grainer (que quiso compartir créditos con Delia por sus efectos, pero las políticas de la empresa no se lo permitieron) para la nueva serie de ciencia ficción, Dr. Who. Delia, y su ingeniero, Dick Mills, habían creado cada sonido desde la nada; no tenían referencias anteriores y por lo mismo Delia no tenía idea de qué tan influyente se volvería su trabajo para el Radiophonic Workshop en el futuro.

Aquí puedes ver el minidocumental "La escultora del sonido":

 

2) SUZANNE CIANI

SUZANNE-CIANI

Pianista experta, Suzanne compuso partituras de jingles para anuncios de distintas marcas, como Coca-Cola y General Electric, usando un Buchla Analog Modular Synthesiser (el cual compró con dinero ganado en su trabajo en la fábrica de Buchla). Aunque es mejor apreciada por su música original y sus paisajes sonoros, su especialidad fue la reproducción de efectos de sonido en su sintetizador que, antes de ella, habían causado muchos problemas a los ingenieros que querían grabarlos.

El sonido de una botella de Coca al ser destapada y servida, utilizado en radio y televisión a finales de los '70, es uno de sus trabajos más reconocidos. Pronto sus efectos de sonido se volvieron altamente demandados. Su voz aparece en el juego de pinball “Xenon” y, en 1977, Ciani creó los efectos especiales para el disco de platino de Meco con la versión disco del soundtrack de Star Wars.   

A principios de los '80, Ciani empezó a grabar trabajos New Age que conjuntaban sonidos electrónicos con instrumentos tradicionales, y más tarde fundó su propio sello discográfico llamado Synthetic Wave. 

3) DAPHNE ORAM

DaphneOram

Aunque a Daphne Oram le ofrecieron un lugar en el Royal College of Music, ella prefirió tomar un trabajo como asistente de ingeniería de audio para un estudio de la BBC. Allí empezó a experimentar con cintas magnéticas y a explorar las posibilidades de los sonidos sintéticos. Después de un viaje a los RTF studios en los años cincuenta, Oram inició una campaña para que la BBC tuviera instalaciones de música electrónica para utilizar en sus programas. Esto la llevó a desarrollar el famoso Radiophonic Workshop. Un año más tarde abrió los “Oramics Studios for Electronic Composition” en un edificio que fue alguna vez utilizado para secar avena cerca de Kent.

En febrero de 1962, Daphne ganó una gran subvención para apoyar el desarrollo de su máquina Oramics. Haciendo uso de una nueva técnica —mejor descrita como “sonido dibujado”— este dispositivo permitía al compositor dibujar un alfabeto de símbolos en película de 8 mm y meterlos en la máquina para producir sonidos. Parecido a la manera en que ahora dibujamos beats y manipulamos sonidos con software, éste fue el amanecer de un acercamiento visual a la creación de la música electrónica.

Aquí hay una versión virtual de la máquina expuesta en el Museo de Ciencia de Londres. Puedes ver cómo el usuario cambia el pitch, el reverb, el vibrato y la velocidad con su dedo: 

 

4) ELIANE RADIGUE

ELIANE_RADIGUE

Creados en París, los trabajos más valiosos de Eliane Radigue (producto de un sintetizador ARP, un micrófono y cintas magnéticas en loop) fueron elogiados a través de su carrera por su pureza y su contribución al reino de los trabajos sonoros. Llamados “de una verdadera originalidad”, sus paisajes sonoros comunican movimiento, cualidades espirituales, además de tener el poder de transportarte hasta lo más profundo del corazón de cada sonido.

Después de trabajar en varias universidades y estudios de música electrónica, Radigue viajó al Tibet en 1975 para explorar el budismo. En tanto que este movimiento interrumpió temporalmente su desarrollo creativo, en sus trabajos posteriores se puede escuchar el efecto del tiempo pasado en tal paz y quietud, a través del control y la disciplina utilizadas por los largos y meditativos zumbidos que ha utilizado desde entonces.

Pionera y visionaria musical desde que empezó a producir sus evocadores sonidos electrónicos en los sesenta, Eliane Radigue ha creado un singular, poderoso y único trabajo.

 

5) CLARA ROCKMORE

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Virtuosa del Theremin y gran innovadora, Clara Rockmore destacó desde niña cuando tomaba lecciones de violín. Viajó a Rusia para asistir al prestigioso Conservatorio Imperial de San Petersburgo con tan sólo 5 años de edad (hasta hoy sigue siendo la estudiante más joven en lograr entrar a esta institución).

En su adultez, sin embargo, Clara tuvo que abandonar su instrumento, pues había desarrollado dificultades crónicas en los huesos debidas a problemas de malnutrición cuando era niña. Contemplativa acerca de su futuro creativo, se inclinó hacia el uso del Theremin, un instrumento nuevo, con un sonido similar al del violín y que describió como “el salvador de su cordura musical”.

Notando las limitantes del diseño original del Theremin, Rockmore ayudó a desarrollar el instrumento para ajustarlo a sus necesidades. Sugirió varias mejoras al inventor del instrumento, Léon Theremin —una antena de volumen más rápida, un rango musical más amplio y controles de tono— las cuales fueron incorporadas en versiones posteriores del instrumento.

Aquí puedes ver y escuchar las habilidades de Clara en su Theremin modificado: 

 

6) PAULINE OLIVEROS

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Aunque escribió sus primeras piezas utilizando notación tradicional, Pauline Oliveros rápidamente empezó a explorar con técnicas electrónicas. Influenciada por sus estudios en culturas nativo-americanas y religiones orientales, sus composiciones incluyen prácticas ritualistas y meditativas mientras explora ideas cada vez más profundas y existenciales.

Oliveros fue una figura central en el desarrollo de la electronic art music, y fue miembro fundador del San Francisco Tape Music Center. Ha escrito libros, imaginado nuevas teorías musicales y examinado nuevas formas de enfocarse en la música. La más famosa de todas es su noción de “conciencia sónica”  y “escucha profunda”. Oliveros acuñó el término de “escucha profunda para describir la disciplina de interpretar y grabar en espacios atmosféricos y resonantes como catedrales, cuevas y grutas.

Aquí puedes escuchar uno de sus trabajos titulado "Bye Bye Butterfly":

 

7) LAURIE ANDERSON

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En 1977, Laurie Anderson creó un violín con cinta magnética en el arco (en lugar de la tradicional crin de caballo) y una tape head en el puente. Aunque más tarde se deshizo de la cinta magnética y usó el contacto con el arco para disparar las secuencias de audio, la inventividad de Anderson, al igual que un filtro vocal que da gran profundidad a su voz, es un motivo recurrente en su trabajo.

Junto con sus filtros vocales, Anderson tenía su 'talking stick', un largo controlador MIDI con forma de bastón diseñado para reproducir sonidos. Así lo describe ella:

“[El Talking Stick es] un instrumento inalámbrico que puede accesar y replicar cualquier sonido. Funciona bajo el principio de síntesis granular —la técnica de romper el sonido en pequeños segmentos, llamados granos, y entonces volver a reproducirlos de maneras diferentes. La computadora reorganiza los fragmentos de sonido en líneas continuas o en paquetes aleatorios que son vueltos a reproducir en secuencias traslapadas para crear nuevas texturas”.

La pieza, mitad cantada, mitad hablada, “O Superman (For Massenet)”, que hace uso de su Talking Stick, inesperadamente alcanzó el lugar número 2 en el ranking británico en 1981.

[Champion Up North]

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El realismo de la magia negra: Los diamantes son eternos (II/IV)

Por: Jasun Horsley - 03/11/2014

Jasun Kephas continúa con su análisis de la película "El Consejero", un guión de Cormac McCarthy dirigido por Ridley Scott en que el escritor estadounidense traza interesantes paralelismos entre la situación de violencia en México y los sacrificios que se ofrecen para aplacar a un dios iracundo, el tráfico de personas con la compra de su alma implícita en la transacción.

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Los Diamantes son eternos

Las decapitaciones, las mutilaciones —eso es parte del negocio. Tienes que mantener las apariencias. No es como si existe una rabia ardiente en el fondo.

—Westray, El Consejero

El Consejero piensa que puede realizar transacciones en el “mundo del crimen” para obtener lo que él quiere y después llevarlo de regreso a su mundo. Tomar la decisión de llegar a pertenecer al segundo mundo —sucumbir ante la tentación de éste— es catastrófica para él, pues sucede antes de que realmente llegue al fondo, así que no sabe realmente en qué está iniciándose. Para el Consejero, despertar a la realidad significa despertar a su pesadilla, la pesadilla de su propia complicidad.

Los pecados del consejero son innumerables, pero la estupidez de comprar el diamante está entre los primeros. En la escena después de los créditos viaja a Ámsterdam, supuestamente por negocios, aunque en realidad va a comprar un diamante exorbitantemente caro para Laura, antes de proponerle matrimonio. Después nos enteramos de que ya está endeudado y decide involucrarse en el negocio turbio con el que comienza la trama para costear el precio del diamante, motivo que lo llevará a perder todo lo que realmente le importa.

Durante su intercambio con el vendedor de diamantes (Bruno Gantz), el Consejero recibe su primer consejo: le advierten que el comercio de diamantes es “un negocio cínico: buscamos sólo imperfecciones”, pues el diamante perfecto sería luz pura. Si estoy leyendo bien la narrativa extraña y arquetípica-pulp de McCarthy, los diamantes son los sustitutos del alma, lo cual pone al viejo sabio (judío) comerciante de diamantes en el papel de Satanás, quien no busca cualidades sino imperfecciones para tentarnos y robar nuestras almas. El Consejero funciona en por lo menos dos niveles diferentes: un drama de ficción criminal fantasiosa y también como una narrativa religiosa, mítica, sobre la tentación y la condena, en donde Estados Unidos representa al Imperio Romano, Sodoma o  Babilonia, el comerciante de diamantes al Diablo/Dios/Demiurgo, Malkina es la Mujer Escarlata, Rosie Pérez, la bruja-prostituta-madre (“la madre de todas las madres” en el guión), es la Virgen María, etc. Los significados son claros pero agradablemente sueltos, por lo que codificar quién es quién en la combinación mitológica de McCarthy no requiere una experiencia visceral ―aunque es posible que algunas personas, en su intento de descifrar todo, hayan evitado inconscientemente tener una experiencia.

El comerciante de diamantes emprende un discurso largo y casi indescifrable sobre cómo todos los países que han expulsado a los judíos han “sufrido el mismo destino”. Hace una defensa firme en torno a la inexistencia de la cultura (desde la Antigua Grecia) fuera de la semítica y afirma que el corazón de la cultura se encuentra en la naturaleza de su héroe. La cultura occidental ha expulsado a los judíos, pero adoptó al hijo de Dios, Jesucristo, el profeta penitente, como su héroe, aunque ese Dios es el judío. “¿Cómo robas un dios?”, se pregunta. El Consejero no da ninguna respuesta. “El judío contempla a su atormentador en los vestigios de su propia cultura”, dice el comerciante para concluir su discurso.

Las insinuaciones en éste, hasta donde pude ver, son similares a un escrito de William Blake a propósito de una nación que rechaza a los judíos pero adopta su fe, por lo cual está sujeta a la “regla judía”. Cristianos y judíos alaban al mismo Dios, sin embargo, el dios judío es lo opuesto temperamentalmente a la virtud misericordiosa y el perdón de la tradición cristiana. Jehová es iracundo, una deidad vengativa que castiga a todos los que le disgustan (y algunos que no lo hacen, como Job). Los judíos tranquilizaron a Jehová ofreciéndole sacrificios de sangre, y el corazón de las tinieblas de la película (México, el reino bárbaro que yace más allá de los muros del imperio) es una campo de matanzas en el cual mujeres jóvenes son torturadas y asesinadas para entretener a los cósmicamente depravados gobernantes supremos —como una ofrenda que tranquiliza monstruosos apetitos.

lopePor el contrario, Laura, la víctima inocente de la película, es una católica centrada, poco entusiasta, que acude a confesión y admite que sus pecados son parte de una vida que no está dispuesta a cambiar. Estos ofrecimientos vacíos no pueden satisfacer al dios judío, sólo lo provocan y lo llevan a una retribución vengativa. Sólo la sangre y los huesos lo pueden satisfacer. Creo que la película implica que, dada la manera en la que el Consejero ve a Laura, es inevitable que éste termine por ofrecerla como sacrificio al dios que sirve inconscientemente. En las primeras escenas el Consejero objetualiza a Laura al idealizarla, él la convierte en “su religión”, un ídolo que venera. “Tú eres la gloria”, le dice después de que ella acepta su propuesta, y casi enseguida agrega que estar en la cama con ella es vivir, todo lo demás es esperar. Compra el diamante para asegurarla, para asegurar su orgullo y su gloria —es precisamente por este anhelo de poseer el máximo objeto de su deseo que se endeuda más y cierra el trato que lo llevará a sacrificar a Laura.

El Consejero que Fassbender interpreta es hábil, engreído, superficial, pero en esencia es un personaje con el que podemos simpatizar. Sin la intensidad emocional —el sufrimiento— que Fassbender aporta al papel, la película no tendría peso y su horror no sería otra cosa que titilante. El Consejero es un jugador, pero no más de lo que nos gustaría ser a todos. Piensa que está enamorado, pero en realidad sólo busca su propia gloria. Piensa que puede relacionarse con criminales y asesinos para cosechar beneficios sin convertirse en uno de ellos. Es cínico e ingenuo al mismo tiempo —su cinismo es su ingenuidad y viceversa. No tiene idea de las fuerzas involucradas, tanto adentro como afuera, en su psique y en el mundo. La ironía del título es que el Consejero nunca ofrece consejos, pero constantemente los pide y los recibe, para ignorarlos después. De hecho, el Consejero recibe tres advertencias antes de que tome el paso que lo llevará a la ruina. El comerciante de diamantes le muestra una “piedra cautelar” y habla sobre cómo la brevedad de nuestras vidas no nos hace menos importantes—en retrospectiva, una referencia a la muerte de Laura. Reiner (interpretado por Javier Bardem) también le advierte: “no lo verás venir”, y Westray le describe la Ley de Scott como “un instrumento en el cual una persona sirve como garantía de otra” ―a lo que el Consejero responde: “Suena un poco primitivo”. No tiene ni idea.

El Consejero es un negociador entre dos mundos que termina por cruzar una línea que no sabía que existía, convirtiéndose en un rehén. De hecho, él era el trato, su alma es la mercancía tan deseada, robada y comprada —mediante Laura, su “garantía”, una palabra que hace referencia a la propiedad que un rentista puede reclamar, si el cliente no cumple con sus obligaciones. La consecuencia es que Laura recibe el trato de propiedad del consejero, porque así es como él la trata, como un objeto precioso que debe ser asegurado. Cuando Westray le informa al Consejero que el trato ha salido terriblemente mal y que es un hombre señalado (y aun cuando le advierte “No es que vayas a caer, sino lo que te llevarás contigo”), los intentos de éste para proteger a Laura pueden parecer descuidados (cuando la llama, ¡le dice que se vaya a casa!). Pero aun así, el Consejero es el único personaje que se da cuenta de la profundidad de su error —es el único que entiende su “perdición”— y, por lo tanto, es el único que tiene la más mínima posibilidad de encontrar la redención.

Reiner, por otro lado, es tan vacío, que hace parecer conmovedor al Consejero. Reiner es un playboy que se ha involucrado hasta el cuello: lo sabe y no le importa. Teme las consecuencias de sus decisiones. Sin embargo, no tiene suficiente carácter para intentar tomar otras. Resulta casi sorprendente cuando intenta escapar de sus agresores, ya que a pesar de saber que se aproximaba ese momento, no hizo nada para estar preparado. La interpretación de Bardem es conmovedora y graciosa, pero no particularmente sustanciosa. No es para nada como el ángel de la muerte que interpreta en Sin lugar para los débiles. Reiner es un glotón en un mundo de cocaína y confetti: su muerte no tiene ningún peso porque su vida parece no ser más que una estafa. Dice estar enamorado de Malkina (Cameron Díaz) como estar enamorado de “una muerte fácil”.

bardem

La mejor escena de Bardem es aquella en la que describe cómo Malkina tiene sexo con un coche: su confusión —que parece dará pie a la desesperación en cualquier momento, pero nunca lo hace— es el aspecto más real del personaje. Reiner reconoce su propia superficialidad y admite su propia incapacidad de entender, o siquiera apreciar, los tentáculos del libertinaje que lo envuelven lentamente. No es más que un bocadillo para la reina leopardo: será tragado sin ser masticado antes. Cuando los mexicanos matan a Reiner, se enojan con él porque luchó y sus órdenes eran entregarlo con vida. Al final ni siquiera fue lo suficiente sustancioso para convertirse en material de película snuff.

Laura, interpretada por Penélope Cruz, es el personaje menos desarrollado (aunque esto podría ser personal, yo jamás he respondido bien a su trabajo). Fue elegida para el papel porque sabe combinar la sensualidad y la ingenuidad, es la “chica buena”, la única inocente en este mundo, y por lo mismo será sacrificada. El hecho de que el final sea predecible de ninguna manera mitiga su impacto. La película —y el guión de McCarthy— no tiene suficientes niveles o tonos para que nos importen los personajes antes de que los veamos sufrir. Esto, sin embargo, es parte del ambiente de la película: estas personas no son reales hasta que sufren. Debería decir: a no ser que lo hagan, porque la mayoría parece ser incapaz de sufrir (tienes que estar vivo para sufrir), al menos hasta el momento en que se sujeta su cabeza con una horca de acero.

Predeciblemente, el personaje de Brad Pitt le da a la película una enorme infusión de ingenio y carisma mediante la interpretación de Westray, el misterioso socio del consejero. Westray le advierte sobre lo que sucede cuando los negocios salen mal y después le explica cómo funcionan las películas snuff. Como la mayoría de los personajes, es difícil determinar el grado en el que Westray está involucrado en todo lo que sucede. Es una versión más dudosa, más cansada y vestido de Armani de Cogan, de Killing Them Softly. Es un tanto decepcionante —aunque oscuramente apropiado— que Westray termine siendo un farsante y que sus palabras de sabiduría (tiene algunas de las mejores líneas de la película) al final se revelen vacías. Westray es incapaz de vivir a la altura de sus palabras. Cuando dice que está preparado para desaparecer al instante y unirse a un monasterio, que lo ha visto todo y que todo es una mierda, se lo creemos, porque en la interpretación de Pitt podemos ver que él lo cree. Pitt en una presencia tan consumada como actor que nunca se nos ocurre (al menos a mí no se me ocurrió) que todo es una bravuconería vacía. La sabiduría de Reiner, según la cual “el que se piensa más inteligente está a punto de caer”, no aplica exactamente a Westray, pero casi: se vuelve la víctima de su exceso de confianza, y su muerte es la pieza grand guignol de la película. Es un elemento casi obligatorio después de la acumulación de violencia implícita del diálogo.

Una de las peculiaridades en El Consejero es que opta por contar, en vez de mostrar, los elementos más importantes de la narrativa ―elemento que la hace aún más inquietante. Cuando Westray le advierte al consejero que no debe imaginarse que existe algo que estas personas sean incapaces de hacer, su énfasis en el hecho (que de alguna manera nos remite al famoso discurso de John Huston en Chinatown), en vez de algún ejemplo físico de ello, es el verdadero horror de la película. La manera en la que Pitt interpreta estas escenas confirma lo que muchos de nosotros probablemente sospechamos y que la película nos muestra: queremos creer lo peor de la depravación humana, y la idea de que hay personas que actúan sin una brújula moral, sin límites o estándares, es extrañamente atractiva de tan horripilante. Y  también lo contrario: es tan horripilante porque resulta atractiva. En un mundo donde todo está permitido, la única defensa posible es decirnos que nada de lo que acabamos de ver es real, nada lo es. Es un desapego irónico. Todos los personajes lo sienten, pero pocos pueden sobrevivir.

Y en cuanto a Malkina, la archidepredadora, Cameron Díaz puede no parecer una actriz capaz de llevar a cabo un papel tan difícil, pero hace bastante con lo que tiene. Al decir: “La verdad no tiene temperatura”, lo hace a la perfección. Su belleza no inspira miedo, más bien es escalofriantemente vacía, desconcertante. Malkina no es la estereotípica femme fatale motivada por la avaricia y ambición —sería demasiado humana si lo fuera. Nos da una pista de que sufrió algún trauma de pequeña, probablemente a manos del imperialismo estadounidense (menciona que cuando tenía tres años, lanzaron a sus padres de un helicóptero). Pero no hay ninguna indicación de que sea un alma atormentada. Es una depredadora con tatuajes de motas de leopardo en la espalda y que provoca a sacerdotes en confesionarios. No siente ningún remordimiento al mandar a su amante a una muerte segura, no más de lo que nosotros sentiríamos al exprimir una naranja. Es Kali, la devoradora, y en su última escena —que está sobrescrita— parece demasiado vacía, demasiado ligera y sosa como para darle al papel el impacto final que requiere. Aunque quizá es justo lo que los productores querían retratar: la plasti-banalidad del mal.

La escena en la que Malkina tiene relaciones con el coche es la escena que muchos críticos señalan como la apoteosis de la incoherencia autoindulgente y la inmundicia innecesaria de la película. La manera en que la entendí es que Malkina es una predadora sexual a quien no le importa el sexo, porque no tiene ningún interés en los seres humanos fuera de lo que puede sacarles. Solo le importan los objetos (el alma es el máximo “objeto”). Y ya que ella misma se ha cosificado, parece coherente que quiera tener sexo con un objeto. Quizá lo haya hecho también para enseñarle con exactitud a Reiner por qué jamás la tendrá —él jamás podría aspirar a satisfacer un deseo tan inhumano (excepto quizá al morir), o siquiera comprenderlo. Es sólo un aperitivo.

The Counselor

En la escena final, Malkina, tras haber juntado todas las ganancias de la matanza (el día de la ira de Jehová), habla sobre lo conveniente que es transportar una fortuna en diamantes, suficientemente pequeños para “llevarlos en la palma de una mano.” La acción cierra un círculo completo (quizá Malkina viajará a Ámsterdam para hacer su compra). También pone a los judíos (quienes han tenido un papel activo y dominante en el sector de los diamantes por cientos de años) en un nivel superior a Malkina dentro de la jerarquía de los depredadores. Jehová, Satanás, el Demiurgo de los judíos, como “el príncipe de nuestro mundo”, son parte de la narrativa metafísica de McCarthy y, naturalmente, mitológicamente hablando al menos, el escritor lo logra: se trata de “un solo dios para gobernarlos a todos”. (Ésta puede ser la razón por la cual la escena es generalmente incomprensible, para evitar que los acusaran de antisemitas. Es bastante malo hablar mal de los judíos, pero es completamente inaceptable hablar bien de ellos).

Quizá su nombre nos brinda algunas claves. Malkina suena como máquina, sin embargo, es posible que también esté ligado a Melquisedec, un rey y sacerdote del Génesis. En judío el nombre se escribe Malki Tzedek, en donde malki significa rey. Por otro lado, “malki zedek” también se interpreta como “bocado de ofrecimiento”. Las últimas palabras de la película, pronunciadas por Malkina después de que le advierte a su banquero que “la matanza que vendrá probablemente será peor de lo que podemos imaginar”, son: “muero de hambre”.

Como la reina leopardo de los predadores, Malkina es (o aspira convertirse) en una de los Arcontes, los semidioses que sutilmente dirigen la acción de la película desde atrás de las escenas. De los cinco personajes principales, ella es el principal jugador cuya avaricia desata toda la acción. Cuando expresa su intención de transformar el botín de la matanza en diamantes, al final de la película, se refiere a calcular sus riquezas en términos de “almas devoradas” para llenar su propio vacío. Estas almas pueden utilizarse para negociar el ascenso en la escalera predatoria. Sabiéndolo o no, Malkina trabaja para los semidioses, la élite del poder, al darles las víctimas sacrificiales que necesitan para energetizar la gran Maquiladora. Éstas son las ofrendas de sangre que alimentan a Jehová (el Banco Mundial) y lo mantienen tranquilo. Los cárteles mexicanos no solo comercian drogas y dinero, sino también carne humana, específicamente la sangre de jóvenes y niñas (vírgenes, de preferencia), aunque al final cualquier tipo de sangre servirá. El ritual de la decapitación —uno de los embellecimientos de magia negra de McCarthy— es más que un simple entretenimiento para la élite: alimenta el motor que mantiene a todo el imperio, dándole al mal espiritual una base de poder en el mundo. Cemento de sangre. 

La primera parte de este ensayo, en este enlace. Próximamente publicaremos el tercer fragmento.

En este enlace, otras colaboraciones de Jasun Kephas en Pijama Surf.

Twitter del autor: @JaKephas