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Un hombre de traje, una bandera tapándole el rostro, un paso firme hacia el vacío. La primera obra confirmada del artista en más de cuatro meses ya divide opiniones en pleno corazón de Londres

Londres amaneció este jueves con una nueva firma de Banksy, literalmente. En plena avenida Waterloo Place, a medio camino entre Trafalgar Square y el Palacio de Buckingham, apareció una escultura de tamaño natural que nadie vio llegar: un hombre de traje que avanza con paso firme desde su pedestal, la pierna izquierda asomada al vacío, una bandera en alto que le cubre por completo el rostro. En la base, su firma.

Una instalación nocturna que nadie detuvo

Lo que sorprende casi tanto como la obra es cómo llegó ahí. En un movimiento poco habitual para él, Banksy publicó en sus redes sociales un video que muestra el proceso de instalación: grúas, operarios, noche cerrada y ninguna autoridad que interviniera. Nadie alertó, nadie detuvo nada. La estatua simplemente apareció, entre los monumentos centenarios del rey Eduardo VII, la enfermera Florence Nightingale y el memorial de la Guerra de Crimea.

El video está acompañado por Pompa y Circunstancia, la marcha del compositor británico Edward Elgar, mientras la cámara recorre la estatua entre banderas y símbolos patrios. El tono es épico e irónico al mismo tiempo, como suele ser todo lo que hace Banksy.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El mensaje, sin necesidad de palabras

La lectura de la obra no requiere mucho esfuerzo: un político, reconocible por el traje y la bandera, que avanza ciego hacia el vacío. Los usuarios en redes no tardaron en bautizarla como Blinded by Nationalism, (ciego por el nacionalismo) y la interpretación parece difícil de rebatir. Uno de los transeúntes captados en el video lo dijo sin querer decirlo: "No, no me gusta. Ya hay una estatua bonita allá arriba, prefiero esa."

Primera obra confirmada en más de cuatro meses

La última pieza que Banksy había revelado fue en diciembre pasado, en el barrio londinense de Bayswater: dos niños tumbados con gorros navideños apuntando al cielo. Esta nueva estatua llega además en un momento de inusual atención mediática sobre su identidad: hace poco más de un mes, la agencia Reuters publicó una investigación en la que afirmaba haber confirmado quién es, presentándolo como un británico de 52 años nacido como Robin Gunningham. El artista no se ha pronunciado al respecto, pero sí sobre esta obra, que ya tiene vallas metálicas a su alrededor y una multitud de curiosos tratando de entender qué quiso decir.


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Imagen de portada: Euronews