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Los 12 países más satisfechos sexualmente (y qué se puede aprender de ellos)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/19/2014

Entre estereotipos y datos duros, esta lista supone ser un metanálisis de la sexualidad global, posicionando a países como Suiza, España o Brasil entre los mejores lugares del mundo para vivir una sexualidad plena.

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El sitio Alternet.org publica una lista de los 12 países más satisfechos sexualmente, basándose en un sondeo global de la marca de condones Durex y en una serie de indicadores estadísticos, incluyendo la propia percepción de cada país.  Hay que decir que estas listas de ninguna manera son concluyentes, suelen ser sesgadas y engañosas —algo que se acentúa cuando tenemos como parte de los ingredientes las respuestas que hace cada país sobre su nivel de satisfacción sexual o el número de veces al mes que se tiene sexo o hasta el porcentaje de orgasmos de cada relación... seguramente existirán diferencias en honestidad entre algunos países. Dicho esto, la lista y los datos que sustentan las posiciones (tan interesantes como picantes), arrojan materia de reflexión.

Siendo un sitio estadounidense, la reflexión de Alternet gira en torno a que Estados Unidos no figura entre los países que mejor desenvolvimiento sexual tienen; lo cual en la lectura de este sitio liberal se debe a su naturaleza puritana, cuyo mejor ejemplo es el cristianismo de derecha extrema (los mismos que quieren enseñar creacionismo en las escuelas). Los estadounidenses dicen tener sólo 48% de satisfacción sexual y tienen varias veces menos sexo que los habitantes de otros países —por ejemplo, Rusia, donde 80% de los habitantes tiene sexo por lo menos una vez a la semana (Rusia no aparece tampoco en la lista pese a presentar un alto nivel de actividad aunado a que comúnmente se considera que las mujeres rusas son de las más bellas del mundo, quizás porque los rusos tienden a sentirse miserables no obstante la situación en la que estén). Estados Unidos no es un país que se destaque por su promiscuidad (aunque sí en embarazos entre adolescentes) pese a que difícilmente otro país supera a Estados Unidos en la sexualización de los medios de comunicación —una invasión de imágenes sexuales del espacio público que recuerda a la filosofía de Jean Baudrillard, en la que la imagen ha susstituido a la realidad: la sexualidad desenfrenada que llena las pantallas es un simulacro. Lo había atisbado Roland Barthes: "En Estados Unidos el sexo se encuentra en todas partes, menos en el sexo".

La lista a continuación toma en cuenta factores como: habilidad para tener orgasmos, frecuencia de relaciones sexuales, salud mental y física  (disfunciones sexuales), leyes de prostitución y de matrimonio gay progresistas, igualdad y "libertad del estrés" asociado al sexo, etc.

 

1. Suiza: Un país que cuenta con prostitución legal (incluyendo cajas de sexo en la vía pública) y programas de educación sexual a nivel del kínder (en al menos un caso). 21% de los suizos considera su vida sexual "excelente". 32% ha tenido sexo en lugares públicos. Todo este fornicio, sin embargo, no se refleja en los índices de embarazo adolescente: Suiza tiene uno de los más bajos (10 veces más bajo que Estados Unidos), país que demuestra que la educación sexual hace que las personas tengan más y mejor sexo y tengan menos problemas indeseados como embarazos o enfermedades. Otro factor a considerar es que un estudio mostró que mujeres con alto nivel socioeconómico reportaron tener también mayor nivel de satisfacción sexual, al parecer tener dinero permite que las mujeres se relajen y no consideren que el sexo es una relación de dominio —este factor monetario erótico en Suiza parece estar cubierto.

2. España: No sorprende que este país, que después del franquismo eligió como máxima "a drogarse y a follar", aparezca entre los primeros lugares. España se encumbra con sus abundantes playas nudistas, su alta aceptación del matrimonio gay y con supuestamente "el mejor amante masculino" en un sondeo de 15 mil mujeres de todo el mundo.  Algo que se refleja en que 90% de los españoles dice estar sexualmente satisfecho.

3. Italia: O sobre los efectos de la dieta mediterránea en la salud. Un estudio muestra que tomar dos vasos de vino diarios está relacionado con una vida sexual más satisfecha —los italianos llevan el sexo a la mesa, en una cultura donde todos los placeres están ligados. 64% de los italianos considera su vida sexual satisfactoria.

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4. Brasil: Otro de los países, junto con Italia y España, asociados globalmente con una sexualidad desenvuelta, y en este caso hasta paradisiaca (¿quién puede separar los cuerpos torneados y el sol y la playa del sexo?). Los brasileños son considerados los segundos mejores amantes del mundo —y las brasileñas, junto con las rusas y las suecas, algunas de las mujeres más lindas del mundo. 82% de los brasileños dice tener sexo una vez a la semana y suelen perder su virginidad a una edad temprana —según un estudio que entra en conflicto con la gran población católica del país, lo cual a veces se refleja en la predilección por el sexo anal.

5. Grecia: El país de la filosofía y las grandes conversaciones en el ágora, es el país que más apertura tiene para discutir el sexo. Esta apertura se ve reflejada, walk the talk, en que los griegos, según Durex, son los que más sexo tienen en el mundo (164 veces al año) (esto podemos aprender de los griegos, hablar de sexo de manera desenfadada, sin ansiedad, es ya el coqueteo previo que lleva al sexo). Sin embargo, escépticos y polemistas, sólo 51% dice estar satisfecho.

6. Holanda: Un país, al igual que Suiza, relacionado con ideas liberales, en donde la prostitución es socialmente aceptada, donde existen playas nudistas y una política pública de gran apertura en educación sexual. 64% de los holandeses se siente confiado en satisfacer sus necesidades y deseos sexuales. Holanda tiene un promedio de natalidad entre adolescentes de 0.53%, a diferencia de 3.9% de Estados Unidos.

7. México:  Altersex dice que "México ha sido rankeado como uno de los países más calientes" y tiene el segundo lugar de satisfacción con 63%, según sus habitantes. Esta evaluación podría estar, bajo cierta suspicacia, contaminada por la relación de los hechos de los mismos mexicanos, al alabar su propia sexualidad. Es difícil decir que México es un país abierto en cuanto aceptación de sexualidades alternativas, pese a la existencia algunas leyes. México es también un país que tiene un alto índice de interés por el porno gay, como muestran sus búsquedas en Internet. El lugar en la lista suena discutible cuando se considera que México es uno de los focos rojos en la trata de personas y la explotación sexual juvenil.

8. India: El país más vinculado a la fusión del misticismo con la sexualidad, cuna del yoga y el tantra, tiene una satisfacción sexual de 61%. Al parecer los hombres en la India son mucho más propensos a prolongar el coqueteo previo —una de las claves para el orgasmo femenino. Aunque la India es uno de los países donde las personas tienen su primera vez a una edad más avanzada, el aura del sexo tántrico parece jugar a su favor.

9. Australia: Australia es un país de poca densidad de población, donde se encuentran inmensos parajes, ideales para un poco de erotismo al aire libre. 75% de los australianos dice haber tenido sexo en la carretera. Las australianas están abiertas a participar en tríos, un 20% cita el ménage à trois como su fantasía sexual predilecta (en Estados Unidos sólo el 3%). Los australianos promedian 25 parejas sexuales (en Estados Unidos el promedio es de 13).

10. Nigeria: El país con mayor satisfacción sexual según Durex, con 67% de satisfacción. Los nigerianos duran 24 minutos en promedio y las mujeres nigerianas son las más infieles del mundo: 62% ha engañado a su pareja. Esto podría tener que ver con la dura ley islámica que prevalece en el país.  

11. Alemania: Aunque los alemanes han sido rankeados como los peores amantes del mundo, especialmente por "oler mal", si se trata de programas de educación sexual y apertura mental en torno al sexo (el lugar donde se originó el "Love Parade"), Alemania es un claro referente. 32% de los alemanes dice haber tenido sexo casual de una noche y 30% sexo en un lugar público.

12. China: Otra extraña aparición en el ranking (ocupando el lugar de un país escandinavo, quizás, siempre presentes en este tipo de rankings de "los mejores países"). Alternet sugiere que los chinos, en una sociedad sexualmente represiva, están teniendo mucho sexo furtivo. China es uno de los países que más está abrazando la tecnología como medio para conseguir la satisfacción sexual, con un claro boom en las ventas de juguetes sexuales y demás productos (70% de los juguetes sexuales se hacen China, ¿pero qué no se hace en China?).

 

 

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Nuestra civilización tiene pánico del vacío. Pero si queremos conocernos y recrearnos debemos de reconciliarnos con el vacío: buscar el silencio y la oscuridad.
[caption id="attachment_74125" align="aligncenter" width="655"]anechoic-chamber-photos Cámara anecoica[/caption]

En otros tiempos se decía: la Naturaleza tiene horror del vacío; es preciso decir: la Naturaleza está enamorada del vacío. -Eliphas Levi.

 

Vivimos en la era de la hiperestimulación informativa: en cualquier punto al que volteemos en nuestras pantallas, en nuestras habitaciones o en los cielos de las grandes ciudades nos asaltan innumerables códigos, etiquetas, rótulos y demás íconos parte de un lenguaje publicitario que se asemeja a la invasión de un virus. Asimismo, el espacio está inundado por una plétora de ruidos paralelos: el andar del vecino, el camión de la basura, el ladrido de los perros, un estéreo itinerante, el irritante pop-up musical de una ventana en nuestro navegador... El mundo moderno ha volcado su temor al vacío buscando rellenar el espacio de materia consumible/información materializada. La información es tanta que no la podemos procesar conscientemente pero su contenido sigue corriendo en nuestro inconsciente —como si tuviéramos un ejército intruso acampando debajo, en unos pozos subterráneos, minando nuestras tierras.

Como hemos visto antes, en nuestra era la atención se ha vuelto un recurso limitado por el cual numerosas marcas y corporaciones luchan cada segundo. En el centro donde se cruzan las balas y la pirotencia del deseo orquestado, nuestra atención suele estar dividida, persiguiendo por un momento un estímulo sólo para poco después seguir uno nuevo. y así sucesivamente, en una concentración fragmentada —como un frenético mono que cambia de ramas. Y cuando logramos salirnos de este espacio minado de datos, nuestro mismo cerebro ya parece haber sido cincelado bajo este patrón y reproduce esta misma fragmentación en el cauce del pensamiento. ¿Cuánto tiempo puedes pasar sin hacer nada? ¿Cuánto tiempo puedes pasar mirando fijamente un árbol sin distraerte?

Al dirigir nuestra atención, nos están programando

Más que un arte y una cultura que nos muestre más contenidos estimulantes, quizás lo que necesitamos es cultivar el arte de sustraernos de los estímulos, de dejar que nuestra mente navegue sin una nerviosa directriz por olas ajenas. El arte del vacío, del silencio, de la oscuridad (puesto que la luz está cargada de información), de ya no recibir más programas o hacer espacio para programas que estén fuera de la burbuja civilizatoria. Hace unos días el músico y crítico Kim Cascone reflexionaba sobre cómo en un mundo presa de la atención dirigida la labor del artista quizás tiene que ver con poder eliminar el ruido, hacer una curaduría que es una especie de jardinería y una irrigación de los espacios mentales: ofrecer espejos simplemente para que el público pueda hacer surgir su propio material inconsciente (Cascone es un declarado amante del silencio y de las cámaras anecoicas —un poco como James Turrell gusta de crear espacios con campos ganzfeld).

He pensado mucho últimamente en cómo nuestra cultura está profundamente inmersa en un modo de "atención dirigida". Toda nuestra vida despierta se ha convertido en la narrativa de dónde nuestra atención es enfocada, quién la dirige y qué acciones tomamos como respuesta a esto. Esto es  lo que nos mantiene a todos esclavizados en un sistema basado en el consumo. Demasiado ocupados fuera de nosotros para ahondar en nuestro inconsciente. Permitimos que nos programen al dejar que dirijan nuestra atención por nosotros. No vemos cuán materialistas y sensorialmente adictos nos hemos vuelto.

Cualquier evento-objeto en el mundo exterior debe de ser más ruidoso, llamativo y espectacular que el más reciente para que pueda brindarnos la misma elevación sensorial. En respuesta a esto he dedicado mi último trabajo —ya sea Dark Station o la instalación Sanctum— a proveer oscuridad y una atmósfera sonora, o como me gusta llamarlo: un espejo.

Ningún espectáculo, ninguna narrativa, ningún mensaje , ningún autor... sólo un espejo.

Proveer oscuridad y silencio es importante porque son las condiciones psico-ambientales necesarias para que lo nuevo pueda surgir o lo profundo: aquello que yace en el pozo sin fondo que es el inconsciente. Cuando un espacio está repleto de cosas, esas cosas determinan no sólo la interacción que tenemos en ese espacio, sino también dentro de nuestra mente —actúan como un contenido programativo, literalmente nos in-forman. Por eso es común dentro de un contexto iniciático que las personas que buscan el conocimiento pasen algunos días en una cueva, para que ahí puedan surgir todas sus proyecciones, toda su película y así puedan mirar al mundo ya sin un menor bagaje, un poco más libres de los atavismos culturales. O incluso que se vaya a una cueva a recibir una visión en el clamor de la existencia. Asimismo, en la mayoría de las tradiciones chamánicas la ingesta de plantas psicodélicas ocurre en la oscuridad o sólo con la presencia del fuego guardián —el cual es en realidad amorfo o toma la forma de la mente y de lo que ocurre en ese instante— para que el que se acerca a la planta pueda verse a sí mismo o ver lo que la planta le quiere enseñar con su linterna mágica. En el caso más extremo, parte del sincretismo neochamánico de Carlos Castaneda, el proceso de iniciación concluía con un salto al abismo —el vuelo abstracto— en el que el adepto demostraba su confianza en la irrealidad del mundo.

La contemplación del vacío

En cierta forma la hiperestimulación es un resultado del abigarramiento del espacio (interior y exterior) a través del materialismo salvaje, que sigue produciendo objetos, aunque haya perdido su solidez, produce objetos etéreos, espacios virtuales, divisas digitales, una armada de egregors. El filósofo Peter Sloterdijk explica:

Los ciudadanos de la Edad Moderna inevitablemente se hallaron a sí mismos en una nueva situación que no sólo resquebrajó la ilusión central de su hogar en el espacio, sino que también los privó de la confortante noción de que la tierra está rodeada de formas esféricas que la protegen como un manto celestial. Desde entonces, la gente moderna ha tenido que aprender a existir como un núcleo sin una cáscara; la piadosa observación de Pascal, "el silencio eterno de estos espacios infinito me llena de pavor", formula la confesión íntima de una época.

Viviendo sin esa capa protectora, concha o caparazón que proveían las esferas fijas de la cosmología antigua, tanto en la visión astronómica como en la visión religiosa de una jerarquía inmóvil que abarcaba la actividad humana y la encerraba —limitando lo que penetraba su esfera—, el ser humano ha construido una nueva burbuja artificial para contenerlo. Hemos seguido "el destrozo de los domos celestiales" con "un mundo civilizatorio artificial. Este es el horizonte final del titanismo tecnológico Europeo-Americano... las naciones entrepreneurs del primer mundo han trasladado su inquietud psico-cosmológica a un ofensivo constructivismo", dice Sloterdijk.

Hemos construido esferas pletóricas de objetos y datos: la tecnósfera, la radiósfera, la mediósfera, la datásfera, (algunos quisieran: la noósfera). Estas esferas son estucturas permeantes ubicuas: nuestra atmósfera está repleta de señales —al punto de la saturación— que interpenetran nuestras actividades en todo momento. No hay espacio para señales de fuera de esta nueva burbuja artificial (de la misma forma que nuestras ciudades son impermeables, también lo es el edificio de nuestras ideas y conocimientos). Hemos construido esta fortaleza esférica-eléctrica en gran medida como reacción al vacío al que nos enfrentamos, a ese pavor de salir del vientre histórico y enfrentarnos a un cosmos indiferente, donde el caos aún reina (nuestra civilización es sólo la fachada bajo la cual, como los dioses olímpicos, nos ilusionamos de haber suplantado al caos primordial cuando sólo estamos demorando su reino entrópico). Apilamos objetos y nos apilamos en ciudades que aniquilan el vacío con estructruras verticales e incesantes progresiones —negando los horizontes y  el tiempo circular.

Ahora sentimos nostalgia de ese vacío, de la potencia de ese silencio, de la posibilidad indefinida. Hemos hecho de esta sensación un bien en extinción: el silencio es ya un lujo por el cual pagamos buen dinero (generando toda una exclusiva industria). Al mismo tiempo vivir prendidos de pantallas de luz nos está enfermando, perturba nuestros ritmos circadianos, genera nuevos y distópicos síndromes y afecta nuestra creatividad.

Nuestra cultura nos enseñó a despreciar el vacío: una persona "vacía" es alguien que se considera como poco interesante o moralmente aborrecible. No en todos lados esto es así, para el budismo una mente vacía es algo que se asocia con la iluminación: como un espejo bien pulido que refleja la naturaleza verdadera de las cosas. Vacío como el cielo... La filosofía taoísta está basada en el concepto de vacío, el sendero del cielo, el surtidor inagotable: "El Tao es vacío,/Entonces,/Aunque se lo use no se colma./Abismal./Parece el fundamento de las diez mil cosas". Incluso desde la perspectiva de la física: el mundo que conocemos, lo que llamamos "realidad", emerge del vacío cuántico, una espuma de creación indeterminada.

Constantemente se habla de querer cambiar o crear nuevos sistemas y realidades, pero ¿cómo podemos habitar o crear algo nuevo si todo está lleno? Necesitamos el vacío, su secreta plenitud.

Twitter del autor: @alepholo