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Feliz cumpleaños Aleister Crowley (celebrando a una de las mentes más brillantes de la modernidad)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/12/2013

Aleister Crowley, mago, poeta, ajedrezista, alpinista y secretamente provocador de una revolución en la mente colectiva de nuestra cultura, cumpliría hoy 138 años. Lo celebramos.

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Aleister Crowley cumpliría hoy  138 años; es ya una tradición en Pijama Surf celebrarlo, compartiendo información sobre su obra y ojala motivando a redescubrir y resignificar su figura, una de las más polémicas de la historia. Lo celebramos y elogiamos justamente en el espíritu de hacer unn contrapeso ante la ignominia y el desprestigio que ha recibido su figura --y sobre todo su obra filosófica, mágica y poética, la cual a fin de cuentas debería de ser juzgada por la crítica de manera independiente, si es que es posible separar a la persona de la obra, algo que suele ser difícil de conseguir. Abogar por Crowley, es ser el abogado del diablo, pero el diablo en este caso es el dios Dionisio, el dios más humano, el vino, el fuego y el eros. Es reconocer la lucha incesante con el ego por abandonarse as su propia pasión individual, en el dulce veneno de las estrellas. 

Como solemos iniciar estos onomásticos digitales, y siguiendo con el poder del rito (la repetición dirigida por la intención) no esta de más hacer una lista de las actividades de quien fuera llamado La Gran Bestia –bajo la búsqueda incansable de completar la Gran Obra --y un breve recuento de su biografía. Edward Alexander Crowley nació un 12 de octubre de 1875, en Warwickshire, Inglaterra en el seno de una familia relativamente adinerada que le inculcó un cristianismo a ultranza. El padre de Crowley murió cuando el tenía 8 años, la edad exacta en la que Crowley comenzó su épica rebeldía. Su madre le leía todos los días versos de la Biblia en el desayuno: un hecho fundamental en su vida ya que su obra, entre otras cosas, puede leerse como una crítica mordaz del cristianimo, no tan distante de la de Nietzsche. En prefiguración de esto, su madre le apodo “bestia” desde pequeño-- este mote siempre lo acompañaría en una dualidad entre la bestia asociada al diablo del cristianismo pero también al instinto animal que se identifica con el instinto sexual: equivalente a la divinidad según afirmaría contundentemente Crowley en su época de Thelema.

Crowley estudió en Cambridge, donde empezó a publicar versos, pero el hecho capital en su juventud fue el ser iniciado por la sociedad secreta de mayor linaje en los últimos 150 años, la Golden Dawn.  Como caracterizó a la actividad finisecular que dio origen a las vanguardias, el Golden Dawn sintetizó y se apropió de diversas tradiciones ocultas como la masonería, el roscacrucianismo, y la magia enochiana en un sistema de magia ceremonial. Uno de sus fundadores, Samuel Liddel MacGregor Mathers, tradujo el Libro de Abramelin, en el cual se exponen las claves de la invocación del espíritu, central a la filosofía del Golden Dawn y del mismo Crowley, quien basó gran parte de su obra en “el conocimiento y conversación del Santo Ángel Guardian”. En la orden hermética del Golden Dawn, Crowley conoció a Alan Bennet (su amigo y maestro con el cual viajó a Asia y aprendió yoga), a Cecil Jones o al mismo W.B. Yeats con quien tuvo una relación antagónica. Crowley más tarde se rebelaría, como era inevitable en él y buscaría tomar control del Golden Dawn, fundando luego la Orden de Thelema y encabezando la Ordo Templi Orientis, la sociedad secreta fundada por Theodor Reuss.

Habiendo heredado una pequeña fortuna de su padre, Crowley desde su juventud se dedicó a viajar y a practicar el alpinismo y la cacería. Viajó a escalar a los Himalayas, donde legendariamente salvó su propia vida a expensas de su propia expedición. Estuvo en México, donde disfrutó de los volcanes del altiplano y de sus mujeres indígenas, a las cuales encontró dulces y serviciales. En este país obtuvo el grado 33 de la masonería y míticamente un “stash” de mezcalina que importó a Europa en su autodenominada faceta de “drugfiend”.  Se destacó de sobremanera en el ajedrez, según cuenta su alumno y biógrafo Israel Regardie, Crowley podía estar en la habitación copulando por horas mientras mantenía varias partidas de ajedrez llamando las jugadas a distancia y venciendo casi siempre.  Crowley dejó una obra pictórica por momentos intrigante, compiló un juego de Tarot que sigue vendiéndose masivamente y escribió decenas de libros sobre yoga, religión, magia sexual, filosofía y por supuesto poesía –su poesía demasiado prolífica tiene alturas que lo mismo se elevan a cimas místicas que estéticas y debe de ser revalorada, si no enseñada en las aulas a los niños (Crowley por supuesto vivió delirantemente y confundió sus visiones místicas con la profecía y el mesianismo del un nuevo eón).

Como bien señala Israel Regardie, dos cosas impulsaron siempre la vida y obra de Aleister Crowley, la búsqueda de la verdadera voluntad  y la  conversación y llamado del espíritu –o del “Holy Guardian Angel” (la otra quizás fue la liberación del yugo ideológico del cristianismo y la sacralización de la sexualidad). Crowley fue singularmente obsesivo en este sentido, como quedó constatado en su  disciplina impecable de completar el llamado de Augoiedes, siguiendo el texto de Abramelin, por seis meses cada día mientras viajaba por Asia, creando un teatro de la memoria para proceder según el canon que obligaba la presencia de ciertos elementos imposibles de obtener (una fuente, un balcón, etc) durante un viaje. Crowley logró conseguir la operación mágica en 1906 forzándose a “invocar seguido” e “inflamarse con el rezo”. Junto con el dictado del Libro de la Ley en 1904, en Egipto, este fue el momento fundamental de su evolución mágica. Este poema, parte de la Misa Gnóstica, atestigua ese llamado:

Thou who art I, beyond all I am,
Who hast no nature and no name,
Who art, when all but thou are gone,
Thou, centre and secret of the Sun,
Thou, hidden spring of all things known
And unknown, Thou aloof, alone,
Thou, the true fire within the reed
Brooding and breeding, source and seed
Of life, love, liberty, and light,
Thou beyond speech and beyond sight,
Thee I invoke, my faint fresh fire
Kindling as mine intents aspire.
Thee I invoke, abiding one,
Thee, centre and secret of the Sun,
And that most holy mystery
Of which the vehicle am I.

Antes que Jung, cuya máxima psicológica es la individuación, Crowley  estableció un sistema teórico y práctico para depurar la mente de agentes externos –culturales, sociales y espirituales—con el fin de apuntalar la voluntad individual, esa “estrella que es” todo “hombre y mujer”.

Encontrar la voluntad verdadera permite actuar de manera conscientemente auto(no)mática, instintivamente. Y para Crowley, el instinto es idéntico a Dios. –algo que, paradójicamente, tiene cierta resonancia con la teoría evolutiva moderna, donde lo que manda, por así decirlo, es el instinto de reproducción (un instinto que es creador). El mismo Crowley explicó en una anotación del Libro de la Ley, su famoso y polémico mandamiento, en el que se oculta la más profunda ética, donde la individualidad es universalidad:

De nuevo  “Haz lo que quieras”, el más sublime y austero precepto ético jamás pronunciad, más allá de ser aparentemente licencioso, es entendido después de un análisis, como “toda la ley”, la única suficiente garantía para  la acción humana, el autoevidente Código de Derecho, la identificación del Destino con el libre Albedrío, y el fin de la Guerra Civil al interior del hombre al nombrar el canón de la Verdad, la conformación de la cosas consigo mismas, para determinar cada uno de sus actos “Haz lo que quieras” es pedir que las estrellas brillen, que los viñedos produzcan uvas, que el agua llegue a su cauce; el hombre es el único ser que ha porfiado para ponerse en contra de sí mismo

Considerado siempre como blasfemo y sacrílego, su blasfemia y sacrilegio siempre fue en contra de los hipoocresía y la ilusión de la sociedad dominante. Su supuesto satanismo no puede ser extrapolado de esta crítica feroz de la religión cristiana –esa religión que ha asesinado a más personas que ninguna otra y que sobre todo ha generado un trauma masivo en  la psique del hombre. Crowley se llamaba la Gran Bestia,  epíteto del diablo, pero ese diablo era la energía sexual el instinto, en contraposición a la moral cristiana –la moral cristiana de la Iglesia y no de Cristo. Sobre el diablo, escribió:

Es el hombre vuelto Dios, exaltado, entusiasta; ha llegado conscientemente a  toda su dimensión, y por lo tanto está listo para emprender su camino por la redención  del mundo. Pero no puede aparecer en su forma verdadera: la visión de Pan lleva a los hombres a la locura con pánico. Se debe ocultar a sí mismo en su disfraz original. Por esto aparentemente se convierte en el hombre que era al principio; vive la vida de un hombre, en realidad es el hombre total. Pero su imitación lo ha hecho maestro del Evento al darle el entendimiento de que sea lo que sea que le suceda es la ejecución de su voluntad verdadera.

No es exagerado decir que Crolwey lleva el individualismo hasta lo sagrado. Si buena parte de lo que ha logrado y luchado la filosofía moderna es el liberar al hombre del yugo de las viejas y anquilosadas estructuras –y esto es la posibilidad de creer en lo que se quiera, la revolución sexual, el derecho a la autonomía, etc.— sacudirlo de todo lo que oprime su propia fuerza, todas estas cosas que hoy se asocian con la libertad y el progreso, entonces tenemos que  incluir a Crowley entre uno de los pensadores más importantes de la modernidad (un héroe byronico), uno de sus más radicales (esquizofrénico como nosotros), pero también uno de los más (secretamente) influyentes (no es baladí que su rostro aparezca en la portada del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band). Las trampas del ego son muchas, pero por momentos Crowley encontró la visión de la voz , el fuego de ángel y la serpiente, la visión de la estrella oculta. Y eso es algo que merece que hoy lo recordemos y brindemos con una sonrisa picaresca, maligna y divina.

 

 

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"La memoria dependiente del estado" es probablemente lo más importante que deberías de saber de tu cerebro y seguramente lo más útil. Ser consciente de cómo las memorias, que se convierten en sistemas operativos, se forman según el estado en el que nos encontramos, es el primer paso para editar, reprogramar y transformar nuestra mente.

 

 

"Aprender sólo es recordar", Platón.

Las condiciones espaciales, fisiológicas y neurales en las que nos encontrábamos cuando primero procesamos cierta información son determinantes en cómo codificamos esa información--es decir, en la formación de una memoria. Esto es importante porque de manera muy básica lo que constituye nuestra personalidad no es más que una asociación de recuerdos, un entrar y salir a ciertos estados mentales que son en suma bloques de memoria, que se presentan (acaso ilusoriamente) como una unidad. Lo que soy en este momento puede considerarse la suma de todas las cosas que he sido, es decir, de todas las memorias que he almacenado, pero de manera más sucinta y específica lo que soy en este momento es la relación entre lo que estoy viviendo en el presente --la música que estoy escuchando, la horas que dormí, los fármacos o la comida que consumí, el ambiente en el que me muevo y los pensamientos que evocan-- y las otras veces que he vivido una situación similar (que consumí las mismas sustancias, que me moví por el mismo ambiente, etcétera). Esto es lo que se llama "memoria dependiente del estado".

¿Alguna vez te ha pasado que cuando bebes alcohol, tomas una droga, estás con cierta persona o escuchas una canción recuerdas algo que de otra forma te era inaccesible? O incluso, ¿que cuando estás con alguien o tomas cierta sustancia entras en un estado mental,  a una faceta de tu personalidad que resulta remota o extraña cuando no te encuentras bajo estas condiciones? Esto se debe a que la memoria, su evocación e implementación de su estado mental relacionado, depende de las condiciones en las que se formó. Al formarse, la memoria cobra una especie de neurosello distintivo, un "cóctel de neurortransmisores de la casa":

Normalmente en la formación de la memoria el patrón específico de excitación presente en el cerebro en el momento del aprendizaje se vuelve un componente integral de la información almacenada. La representación neural de este patrón específico de excitación depende del patrón de actividad generado por los sistemas de acetilcolina, catecolamina y serotonina. Es este estado idiosincrático de patrón cerebral único, presente en el momento de la formación de la memoria, que debe de ser reproducido, o al menos aproximado, en el momento del recuerdo para que la información almacenada sea elaborada.(Zornetzner, S.F.)

Los terapeutas e hipnotistas Milton Erikson y Ernest Lawrence Rossi, autoridades en la investigación de la "memoria dependiente del estado", documentan casos en los que se vuelve patente que la memoria está ligada a un estado neural específico. En uno de ellos un grupo de voluntarios que estudió para un examen bajo los efectos del alcohol obtuvo mejores resultados cuando presentó el examen bajo los mismos efectos, a diferencia de cuando lo hizo sobrio. Otro estudio mostró que si bien la cafeína permite que estudiantes pasen más tiempo memorizando el material de un examen, al menos de que se presente ese examen en un estado cafeínico similar, el tiempo de estudio no suele mejorar su memoria.

Un caso típico para entender la memoria dependiente del estado es aquel en el que de repente nos encontramos en la cocina sin saber para qué hemos ido ahí (brevísmos vórtices interdimensionales de la sinapsis). Una breve amnesia nos posee y tenemos que tomar un tiempo para recordar qué era lo que queríamos, a veces regresar al lugar donde estábamos antes. Esto suele ser consecuencia de que antes de entrar a la cocina estábamos en la computadora, escuchando música sentados. Al entrar a la cocina una serie de factores cambiaron: la luz, nuestra postura, nuestro ritmo cardíaco, nuestra respiración el sonido, etc... todos los cuales están ligados a una cierta fase de memoria. (Se ha demostrado que, por ejemplo, una postura anatómica abierta, expansiva --ejemplo de dominación entre los mamíferos--, inmediatamente reduce el nivel de cortisol e incrementa la testosterona, cambiando evidentemente nuestro estado mental). (No es del todo descabellado pensar que para recordar cierto poema debemos de pararnos de puntas y tocarnos la oreja). Phillip Farber, en su libro Brain Magick, nos recomienda un ejercicio práctico para familiarizarnos con esto: después de despertarte intenta recordar tus sueños exactamente en la posición en la que te encontrabas cuando dormías; otro día levántate inmediatamente después de que te despertaste e intenta recordar tus sueños sentado en una silla. ¿Cuál es la diferencia?

Lo anterior nos ayuda a entender cómo el proceso de codificación de información ocurre, de manera permanente, y siempre ligado al estado en el que nos encontramos. La memoria es el pegamento de nuestra existencia, mayormente entrópica, y en sus nodos conectivos: la determinación de cómo experimentamos esa existencia. Ernest Lawrence Rossi escribe:

La naturaleza fundamental de toda experiencia fenomenológica es dependiente-al-estado. La aparente continuidad de la conciencia que existe en la vida cotidiana es en realidad una ilusión precaria hecha posible por las conexiones asociativas que existen entre pedazos de conversaciones y la orientación de nuestras tareas, etc. Todos hemos experimentado las amnesias instantáneas que ocurren cuando nos vamos demasiado por una vía tangente por lo que "perdemos el hilo del pensamiento" o "olvidamos lo que ibamos a hacer", etc. Sin estos puentes asociativos que conectan los flujos mentales, la conciencia se desmoronaría en una serie de estados discretos con poca contigüidad como resulta aparente en nuestra vida onírica.

 

Trauma, Hipnosis y Dependencia

operatebrainLa memoria dependiente del estado es uno de los rasgos característicos de la hipnosis, una vez que una persona deja de estar hipnotizada no recuerda lo que le sucedió durante ese estado de "trance", pero cuando vuelve a ser hipnotizada suele recordarlo. En el caso de la hipnosis, también llamada amnesia reversible, se hace claramente notable el nivel de disociación presente entre nuestra mente inconsciente y nuestra mente consciente. Pero esta disociación ocurre ordinariamente creando un bloque que separa la mente consciente de la mente inconsciente y que separa también a cada estado mental, con sus particulares características neurológicas, de cada otro estado mental, con sus diferentes características neurológicas. La memoria es una forma moderada y socialmente aceptada de la posesión (la información, sugería McLuhan, es espíritu).

El uso terapéutico de la hipnosis tiene como fin revertir el cerebro al estado en el que se formó el trauma para resignificar el evento traumático y reconsolidar una nueva memoria. Esto es lo que se conoce como "resíntesis interna", en palabras de Milton Erikson, el padre de la hipnosis moderna. El trauma es un momento de hipnosis espontánea, cuando se detona cierto estrés un individuo regresa a través de la memoria a un momento previo de gran estrés. Cuando estamos deprimidos regresamos a otros momentos en los que hemos estado deprimidos, evocando situaciones similares, conectando memorias: la depresión tiene un fuerte componente de obsesión, es un aspecto de un diálogo interno que se narra a sí mismo un pasado recurrente. Inmodificable en tanto no evoquemos otro modelo de memoria operativa.

La memoria dependiente del estado es una de las principales razones por las cuales nos volvemos dependientes a ciertas sustancias, las cuales en realidad no son adictivas fisiológicamente. Muchas veces usamos ciertas sustancias para detonar procesos creativos, para tener sexo, para socializar o para evitar ciertas sensaciones desagradables. El problema, por ejemplo, de utilizar la marihuana para escribir (o el tabaco, en mi caso, en este preciso momento) es que nuestra mente asocia la creatividad y el flujo de pensamiento propio de un estado que favorece la escritura con el consumo de una sustancia y las características neurológicas que emergen. Esto hace que el aprendizaje que hemos logrado al poner en práctica el "modo mental de escritura" y las memorias que hemos formado, ciertas palabras o construcciones verbales, quizás una cierta agilidad verbal asociativa o incluso un ritmo ("los mejores momentos de nuestra historia escribiendo"), nos sean mucho más fáciles de acceder cuando estamos fumando marihuana (a veces acompañada de un tipo de música o de algún otro factor ambiental) --y en algunos casos, si no estamos utilizando esa sustancia simplemente no podemos acceder a ese modo mental y a todas las memorias (operandi) que conlleva.

Ernest Lawrence Rossi teoriza que momentos de alto estrés y shock, al mismo tiempo codificando estas experiencias e impidiendo el funcionamiento de mecanismos de adaptación apropiados, llevan a "la génesis de muchas de las disfunciones de mente-cuerpo, típicamente llamadas problemas psicosomáticos". Un momento de gran estrés puede ser el origen de una enfermedad; una enfermedad puede ser el recuerdo inconsciente de un momento de estrés, que la mente y el sistema endócrino convierten en un mecanismo de defensa repetitivo, pese a que la amenaza o el estímulo para la reacción ya no se encuentra ahí, de esta manera desgastando el sistema inmunológico. Es particularmente cruel este mecanismo, nos agazapamos en nosotros mismos, cerrándonos al mundo, generando cortisol y noradrenalina, porque así aprendimos a defendernos, pero justamente esta acción es la que sigue lastimándonos. Proyectamos una película psicoconductual, como a la que sometían los agentes a Alex Dellarge en la película Naranja Mecánica, pero, a diferencia del legendario droogie, nadie nos obliga a observar esa lacerante cinta. Somos nosotros mismos los que dirigimos las imágenes, proyectando nuestra memoria y confundiéndola con una implacable e inalterable realidad actual.

El poder de la hipnosis para sanar experiencias traumáticas tiene que ver con la capacidad de colocarnos en un estado de conciencia alterado --algo que también podría decirse de sustancias psicodélicas como la ayahuasca-- en el que revivimos una memoria con gran intensidad, hasta el punto de que algunos sujetos presentan condiciones fisiológicas casi idénticas a las que vivieron cuando se formó la memoria. Al entrar en un estado de relajación profunda podemos suprimir los estímulos externos que nos distraen e impiden concentrar en un substrato de información específica; al penetrar la profundidad de nuestra mente inconsciente accedemos a una cantidad de información descomunal, que nos sugiere que el cerebro humano es un poderoso aparato de grabación (algunos sujetos bajo hipnosis llegan a recordar grandes cantidades de datos o pueden describir minuciosamente un evento que sucedió hace décadas). Es la labor del hipnotista reprogramar esa memoria, resignificarla y así liberar al sujeto de la carga que arrastra la experiencia. No puede hacer esto sin que antes el sujeto sea capaz de recordar esa experiencia. Al revivirla el sujeto puede vivir otra experiencia muy distinta  y quedarse con una nueva impronta (como bien saben los historiadores, el pasado siempre se puede modificar, especialmente cuando hay un nuevo vencedor). 

 

Memoria, Magia y Felicidad

how-to-operate-300x300Si bien la memoria y las características de su formación tienen una cualidad determinante en cómo nos conducimos, hasta el punto de que puede ser un precondicionamiento casi fatídico (la infancia es destino, se dice), lo mismo puede usarse para programar nuestro cerebro para obtener beneficios, como pueden ser estados mentales de gran conciencia y felicidad. Como descubrieron algunos psiconautas como Tim Leary y John Lilly, el cerebro humano en muchos aspectos se comporta como una computadora, albergando programas mentales o biosoftwares. Lo que nos define, al menos en el calor del momento, es la memoria que tenemos operando. Y si bien es prácticamente imposible controlar todas las condiciones externas que detonan ciertas memorias, con un poco de disciplina es posible editar nuestras memorias, limpiar nuestros discos duros y actualizar el contenido de nuestra biocomputadora para que los estados que se suceden evoquen memorias felices, creativas y de menor estrés --y tener una mayor cantidad de RAM disponible, una mayor ligereza funcional. Como suele ser el principio rector en todo trabajo psicoanalítico, el primer paso tiene que ver con hacer conscientes nuestras memorias traumáticas, las improntas y complejos formados durante ciertos estados mentales. (“Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”, escribió Jung, un destino que somete a nuestra voluntad).Una vez que descubrimos que la sensación de depresión que nos oprime en realidad es el resultado de una serie de condiciones --actos, sustancias, personas, ambientes-- que detonan un conjunto de memorias, nos es más fácil distanciarnos de esta sensación. Por una parte podemos soltarnos y relajarnos cuando sabemos  que no necesariamente somos nosotros los que estamos deprimidos o somos depresivos, sino que la depresión es algo que nos sucede cuando hacemos o experimentamos ciertas cosas (y así yo no soy esa depresión o ese estado mental). Y entonces podemos escoger sentir esa depresión, como una sensación más, sin apretar demasiado o asfixiarnos, para que fluya y cumpla su curso natural o cambiar las cosas que la producen. Por otro lado podemos empezar a resignificar y transformar esa memoria para que ya no genere el mismo efecto --a "recablear" nuestro cerebro y formar loops de retroalimentación positiva.

En realidad, lo que nos sucedió no es algo que existe de manera objetiva e inmutable, su existencia está dada por la forma en la que lo recordamos. La negatividad de un fenómeno, su estrés, su herida, existe en tanto que tenemos una impronta que la asocia negativamente. El factor que tiene mayor influencia en la cualidad asociada a un evento o fenómeno es la última vez que evocamos esa memoria. Si reforzamos (o en algunos casos debilitamos) una memoria recordándola de una manera distinta consistentemente podemos modificarla casi en su totalidad (recordar es sinónimo de recablear). Así podemos afirmar, asimilar y aceptar algo que nos dolió mucho y hacernos menos susceptibles no sólo a esos estados que detonan ciertas memorias (que ya son otras) sino también a nuevos estados que podrían tener un alto potencial de estrés. La clave parece ser tener conciencia de que nuestro organismo es un ente que constantemente está formando memorias (todo está siendo grabado) y que más importante que lo que nos sucede es cómo codificamos aquello que nos sucede. "La experiencia no es lo que te sucede, es lo que haces con lo que te sucede", decía Aldous Huxley. Entramos aquí a la dimensión de la memoria activa, conciencia programativa, a la velocidad del instante: meditación en movimiento de la realidad como una construcción perenne en co-elaboración entre nuestra mente y los fenómenos que experimentamos. Se abre la posibilidad de una profunda liberación, ya no somos víctimas de lo que nos sucede (lo cual es incontrolable): la memoria también depende de nuestra voluntad. Nos convertimos en cirujanos de nuestro inconsciente, reescribimos nuestra sombra, y al hacerlo nos permitimos la posibilidad de la magia: que nuestras intenciones, que la información que entretenemos en nuestra mente pueda hacer lo que queremos que haga. From bit to it.

Imagina que estás haciendo algo, especialmente algo que te cuesta mucho trabajo. ¿Puedes notar cómo al hacerlo se instala una memoria, un sistema operativo, relacionado a las otras veces que haz hecho ese mismo acto y en las que has fallado? Si logras detectar el surgimiento de ese recuerdo, que es un algoritmo, un procedimiento, puedes decidir simplemente no correrlo...utilizar otro, evocar un recuerdo de otra situación en la que lograste resolver algo complejo. Seguramente, entonces, estarás generando los neurotransmisores que favorecen la realización de ese trabajo (beneficiándote de tus mejores settings). El aprendizaje, ligado indisociablemente a la memoria, también es dependiente del estado. 

Phillip Farber en su libro Brain Magick, sobre ejercicios de magia, invocación y reprogramación, sugiere que ya que cada estado mental-mnemónico tiene una base de datos asociada, debemos explorar nuevos estados "los cuales pueden revelar información oculta", un nuevo arrecife coral de data rutilante debajo de nuestros ojos. El practicante de magia se sirve de explorar de manera empírica la mayor cantidad de estados mentales a los que pueda someterse de manera consciente, intentando no formar apegos, desde la perspectiva del observador, para así conocer la amplitud del espectro de su mente y posiblemente descubrir habilidades insospechadas.

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La felicidad, o al menos un bienestar predominante, puede ser cableada al cerebro. Cualquier cosa, en realidad, puede ser programada --siempre que haya suficiente espacio en la memoria. "Las neuronas que se encienden juntas, permanecerán conectadas" (en inglés la frase es mejor: "neurons that fire together, wire together"). Este es el adagio de la neurociencia que sintetiza la memoria dependiente del estado. "Es un dicho clásico, aceptado ampliamente porque es verdadero", dice el neuropsicólogo Rick Hanson, autor de Hardwiring Happiness: The New Brain Science Of Contentment, Calm and Confidence. Entre más tiempo las neuronas se enciendan, entre más de ellas se enciendan, y lo hagan con más intensidad, más se cableará esa fuerza interior --esa felicidad, gratitud, esa sensación de confianza, de éxito, de sentirse amado y amable". Hanson señala que no pasamos el suficiente tiempo disfrutando y  codificando las experiencias positivas para que se impriman en nuestra estructura neural --cuando investigaciones muestran, por ejemplo, que las relaciones duraderas requieren de un promedio de cinco veces más interacciones positivas que negativas para cimentarse. El cerebro está acostumbrado a buscar amenazas para sobrevivir y defenderse. "Merodear y detenerse en lo positivo mejora la codificación de estados mentales pasajeros en características neurales duraderas... La clave aquí es: estamos tratando de hacer que las cosas buenas entren en nosotros. Y esto sigifica convertir las experiencias positivas que se suceden en memorias emocionales duraderas". En otras palabras, no sólo te comas el chocolate que te gusta,  saborea el chocolate y permanece unos segundos disfrutando ese aftertaste, que puede ser la inscripción de una memoria en tu código... y el inicio, el diablo-dios está en los detalles, de una vida feliz.

Hanson señala que existen investigaciones científicas que sustenan su teoría de la felicidad como un reforzamiento de la memoria positiva. Y esta misma técnica es la más usada en la programación neurolingüística donde se suele pedir a las personas que viajen a "su lugar feliz" y se llenen de él. Resulta quizás un poco simplista --en el tenor de piensa positivo y sé feliz--, cargado de un reduccionismo moral que divide toda experiencia en buena o mala. Algunos de nosotros quisiéramos también probar largamente experiencias de otros colores, sabores grises o contenidos emocionales inclasificables, abstractos y de alta complejidad. De cualquier forma, de la mano de la conciencia de la memoria como dependiente del estado, tenemos una base teórica y una técnica para poder poner en práctica una serie de recursos de autoprogramación. Quizás más importante que la utópica felicidad --los helados de vainilla con topping de cereza o las sonrisas infinitas-- es saber por qué somos así. "Feliz quien conoce las causas invisibles", escribió el poeta Virgilio. La mayoría de esas causas invisibles están en nuestra mente inconsciente. Para conocerlas sólo hay que saber recordar. 

Twitter del autor: @alepholo