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Las pruebas del cielo: doctor de Harvard presenta "evidencia" de la vida después de la muerte

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 10/19/2012

"El cielo es real", sostiene el Dr. Eben Alexander, quien después de sufrir una experiencia cercana a la muerte, en la que su cerebro dejo de funcionar, ha regresado al mundo convencido de que existe una dimensión espiritual superior y de que la conciencia no depende del cerebro, existe más allá del cuerpo y de la muerte.

"Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?”, Samuel Taylor Coleridge.

Las experiencias cercanas a la muerte son uno de los campos de investigación más interesantes de la neurociencia. En ellos se escinde una perspectiva dualista de la vida: para la mayoría de los científicos son un fenómeno que puede explicarse perfectamente a través de la física (la divinidad y lo espiritual es una experiencia conceptual generada por el cerebro); pero las personas que han experimentado estos encuentros cercanos con la muerte, acaso arrasados por la fuerza intransferible de la experiencia, poco escuchan las voces calificadas de los hombres de bata blanca y, seducidos por la belleza de sus visiones, prontamente afirman una realidad espiritual más allá de la muerte.

La muerte es una frontera epistemológica, un poco de la misma forma que un agujero negro, en tanto a que es difícil (o algunos consideran imposible) extraer información de ella. Como un túnel de la conciencia del cual no podemos regresar --más allá del olvido que presupone la teoría de la reencarnación o de los torpes balbuceos de la fantasmagoría-- la muerte se presenta como el máximo enigma de la existencia: el silencio en un universo hecho de información donde todo habla. Sin embargo, tal vez algunas personas puedan cruzar está frontera y regresar para contar --el secreto que no debe ser revelado. Esto es, morir por un momento --pero no morir-- para ver lo que le sucede a la conciencia sin el cuerpo. 

Existen miles de relatos que sugieren una especie de campo arquetípico que se activa al coquetear con la muerte --en la suspensión de las funciones corporales--; pero quizás ninguno ha cobrado la importancia (y polémica) que la que ha presentado recientemente el neurocirujano de la Universidad de Harvard, Eben Alexander. El Dr. Alexander ha escrito un libro Proof of Heaven: A Neurosurgeon's Near Death Experience and Journey into the Afterlife y una versión condensada de su experiencia ha sido destacada en la portada de Newsweek (una de las últimas ediciones impresas de esta emblemática revista). Lo extraordinario del caso, evidentemente, es que vemos a un científico reconocido dentro del mundo de la academia decantarse sin titubeos por una explicación metafísica de las experiencias cercanas de la muerte.  Y aunque en ocasiones es un tanto snob e inmerecido otorgar un valor añadido a lo que dice una persona --sólo por estar legitimado por un sistema de conocimiento como la ciencia--, lo cierto es que solemos darle una mayor relevancia a las palabras de alguien como el Dr. Alexander que a las de, por ejemplo, una vieja mujer religiosa de algún pueblo del Medio Oeste de Estados Unidos que dice haber visto a Dios en los segundos en los que su corazón se detuvo.

La narración del Dr. Alexander inicia justamente dirigiéndose a los escépticos:

Como neurocirujano, yo no creía en el fenómeno de experiencias cercanas a la muerte. Entiendo lo que le sucede al cerebro cuando una persona está cerca de la muerte, y siempre creí que existía una explicación científica adecuada para las visiones celestiales extracorporales descritas por aquellos que estrechamente escaparon de la muerte.

En el otoño del 2008, sin embargo, después de 7 días  en coma en los que la parte humana de mi cerebro, el neocórtex, estaba desactivado, experimenté algo tan profundo que me otorgó una razón científica para creer en la conciencia después de la muerte.

Todas los argumentos principales en contra de las experiencias cercanas a la muerte sugieren que estas experiencias son el resultado de un mínimo, transitorio o parcial malfuncionamiento del córtex. Mi experiencia cercana a la muerte, sin embargo, no sucedió cuando mi córtex estaba malfuncionando, sino cuando simplemente estaba apagado. Según nuestro entendimiento actual de la mente y del cerebro, no existe de ninguna manera forma en la que podría haber experimentado incluso la más mínima y oscura conciencia durante mi coma, mucho menos la odisea coherente e hipervívida que atravese.

Mientras que mis neuronas estaban ofuscadas en completa inactividad por la bacteria que las había atacado, mi conciencia libre-de-cerebro viajó a otra dimensión más grande del universo: una dimensión que nunca soñé que existía.

Después de estas introducción en la que Alexander busca justificar dentro de un paradigma epistemológico su experiencia siguen las mieles de un poética descripción de sus visiones de ultramundo. Reminiscencias de las visiones de Dante, Blake y Swedenborg y por momentos también de los cielos modernos visitados por psiconautas bajo la influencia de sustancias psicodélicas como el DMT (generado naturalmente en el cerebro humano y según algunos especialmente durante el momento del nacimiento y de la muerte).

Al prinicpio de mi aventura, estaba en un lugar lleno de nubes. Grandes y frondosas nubes blancas y rosas que relucían drásticamente contra el cielo azul-negro. Más alto que las nubes --inconmensurablemente alto- parvadas de luminosos seres diáfanos arqueaban a lo largo y ancho del cielo, dejando banderolas detrás de ellos. Formas superiores.

Más raro aún. Por la mayor parte de mi travesía, alguien más estaba conmigo. Una mujer. Ella era joven, y la recuerdo en completo detalle. Tenía pómulos pronunciados y ojos de un azul profundo. Trenzas doradas emarcaban su hermoso rostro. Cuando la vi por primera vez, estabamos deslizándonos juntos en una superficie de patrones intrincados que después de un momento reconocí como las alas de una mariposa. De hecho, miles de mariposas estaban alrededor de nosotros --vastas olas aleteantes  de ellas, internándose en el bosque y resurgiendo de nuevo.

Sin usar palabras, ella me habló. El mensaje recorrió mi ser como un viento, e instantáneamente vi que era verdad. Lo supe de la misma forma que supe que el mundo que nos rodeaba era real --no algo fantasioso, pasajero e insubstancial.

El mensaje tenía tres partes,  y si lo tuviera que traducir al lenguaje terrenal, diría algo así:

"Eres amado y querido para siempre".

"No tienes nada que temer".

"No hay nada que puedas hacer que esté mal".

Vemos aquí indudables imágenes simbólicas, recurrentes como arquetipos del subconsciente colectivo. La mariposa ligada al vuelo del alma (desdoblamiento de la diosa Psique).  La mujer, divina guía (madre, hermana y esposa) que en Dante cristalizó el sueño celeste; alquimia también de la polaridad que permite acceder a las dimensiones sutiles. Ángeles guardianes y pregoneros de una nueva y más alta realidad: transparentes puesto que son extensiones del cuerpo divino que mantiene su unidad en la luz.  Asimismo, como suelen desvelar las visiones del DMT, una clara noción del espacio fractal: las alas de la mariposa están hechas de miles de mariposas. Una descripción rica en símbolos y en referencias culturales, que, por otro lado, quizás ante el asombro, no conserva mucho rigor científico, suponiendo la realidad de algo solamente por la fuerza y claridad con la que se siente. Y aquí es que regresamos a esa escisión fundamental entre la razón y la emoción, entre aquello a lo que accedemos a través de lo meramente intelectual y aquello a lo que accedemos usando el sentimiento (acaso todos los sentidos en uno). Generalmente se considera que aquello avalado por el edificio de la razón se acerca con mayor fuerza a lo "verdadero", pero esto ocurre solamente desde el frío promontorio del análisis a posteriori, la experiencia a casi todos nos dice que lo que sentimos se acerca más a la verdad que lo que pensamos: al menos tiene mayor fuerza, una fuerza inefable.

El viaje transceleste continúa:

Me movía constantemente hacia adelante y me descubrí entrando en un inmenso vacío, completamente oscuro, de tamaño infinito, e infinitamente confortante. Totalmente oscuro, como era, también rebosaba de luz: una luz que parecía emanar de un orbe brillante que ahora sentía a mi lado. El orbe era una especie de "interprete" entre yo y esa vasta presencia circundante.  Era como si estuviera naciendo a un mundo más grande, y el universo entero era como un vientre cósmico gigante, y el orbe (que sentía estaba de alguna manera conectado, o incluso era idéntico, a la mujer que montaba el ala de mariposa) me estaba guíando en el proceso.

Cada vez que preguntaba algo, las respuestas prorrumpían instantáneamente en explosiones de luz, color, amor y belleza que soplaba a través de mi como una ola  chocando contra la playa.

En este último pasaje Alexander se encuentra con lo que parece el fin de la dualidad, la conjunción de los opuestos. Él mismo cita al poeta Henry Vaughan "Hay en Dios, algunos dicen, una oscuridad deslumbrante". Encontramos también la hipóstasis de la omnisciencia: un orbe que es una mujer que responde sus preguntas al instante --es decir que es él mismo: la conciencia universal.  

Eben Alexander, después de dejarse transportar por la riqueza descriptiva, intenta explicar científicamente lo sucedido:

La física moderna nos dice que el universo es una unidad --que yace indiviso.  Aunque aparentemente vivimos en un mundo de separación y diferencia, la física nos dice que detrás de la superficie, cada objeto y evento en el universo está completamente entretejido con cualquier otro objeto y evento. No hay verdadera separación.

He pasado décadas como neurocirujano en algunas de las instituciones más prestigiosas de este país. Sé que muchos de mis colegas mantienen --como yo lo hacía-- la teoría de que el cerebro, y particularmente el córtex, genera la conciencia y que vivimos en un universo carente de toda emoción, mucho menos que vivimos en un universo de amor incondicional como el que ahora sé nos tienen Dios y el universo. Pero esa creencia, esa teoría, ahora yace rota a mis pies. Lo que me sucedió la destruyó, y mi intención es pasar el resto de mi vida investigando la verdadera naturaleza de la conciencia y dando a conocer a mis colegas científicos y a la gente en general el hecho de que somos muchísimo más que nuestros cerebros.

La unidad del universo, según argumenta Alexander, está dada por la física cuántica que señala que en los niveles constituyentes de la materia, todas las partículas están unidas en campos y sistemas de entrelazamiento: existe una interconexión fundamental entre todos los fenómenos de la naturaleza. Algunos especulan que la conciencia es ese campo cósmico unificador, puente entre la mecánica cuántica y la relatividad. Esta ciertamente no es la versión más popular dentro de la ciencia establecida. Como no lo ha sido el relato experiencial de Alexander. El famoso neurocientífico Sam Harris argumenta que simplemente no existe forma de corrobar verdaderamente que "su cerebro estaba apagado" (a lo cual Alexander responde con datos de sus registros neurológicos en el momento y llama a leer su libro donde supuestamente presenta eviencia clínica de lo sucedido). PZ Mayers, del popular blog Pharyngula dice de las visiones de Alexander "es mierda producida por daño cerebral". 

El año pasado el campo de inevstigación de las experiencias cercanas a la muerte tuvo un notable co-descubrimiento cuando dos neurocientíficos formularon independientemente la teoría de que el fenómeno podía explicarse por una dilación temporal, esto es, en el particular estado en el que el cerebro se encuentra cuando está a punto de entrar en coma, puede ocurrir que un mircosegundo sea percibido como una extensión de tiempo mucho mayor. Las visiones que ocurren entonces, con todo su cariz espiritual, no serían más que el resultado de ese tiempo fractal elástico: es decir no un producto de la divinidad inherente sino de la relatividad del tiempo-espacio.

Personalmente no considero que la experiencia de Alexander sea una prueba contundente de la existencia de una dimensión celestial o de que la conciencia existe más allá de la muerte.  Su experiencia probablemente no difiera de la de miles de personas más que han tenido un desdoblamiento astral acercándose a la muerte, o sólo difiere en que esta le ocurrió a un científico respetado. De igual forma tampoco creo que la ciencia tenga argumentos irrefutables para afirmar que todo lo que ocurre en estas experiencias --o en algunos otros estados de conciencia elevada-- sea solamente el resultado de una función cerebral alterada. Hemos explorado en algunos artículos anteriores la posibilidad de que la conciencia vaya más allá del cerebro, como sugieren las religiones orientales, y sea una especie de cama universal sobre la cual se desarrolla el sueño de la realidad. Esta es una de las grandes  interrogantes de la filosofía y de la ciencia moderna: la naturaleza de la conciencia. ¿Es esl cerebro la cúspide, la punta de lanza de este fenómeno? ¿O es apenas un órgano más, en una delirante casa de espejos, generado por esa misma conciencia para observarse a sí misma? ¿Conciencia más allá de la muerte, es este el verdadero polvo de la eternidad? ¿Qué es la conciencia? Saber que soy, pero también, ¿saber que no muero?

Twitter del autor: @alepholo

[Daily Beast]

 

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"El Pene y el Zipper": divertida historia gráfica sobre las complicaciones infantiles

Por: pijamasurf - 10/19/2012

Este pequeño pero ilustrativo cuento narra los difíciles momentos a los que la madre de un niño se enfrenta cuando este, por accidente, atora su pene en el cierre del mameluco. El texto original es de Beth Woolsey del libro Five Kids is a Lot of Kids y las ilustraciones son de Amber Dusick.

La literatura infantil quizá ya no tenga como única finalidad ser la vía entre la educación y la diversión. Más allá de la inocencia que un cuento de este tipo pueda denotar, las modificaciones que el tiempo trae consigo han logrado que esta literatura pueda también ser el vehículo que exprese las vivencias de las personas en su papel de padres. Como si fuese escrito por un niño, "Zipper Penis" muestra cómo una madre tiene que ceder a las exigencias s de su hijo gracias a circunstancias que este aún no puede entender. Para las personas de sexo masculino, las peripecias del joven Cai resultarán entrañables, ya sea por haberlas vividas en experiencia propia o por haberlas zanjeado: siempre estuvo latente esa mordida del metal.

Estaba a la mitad de las escaleras, con un niño de tres años al lado, cuando los gritos de otro niño de tres años comenzaron.

 Inmediatamente supe la causa.

 Segundos antes, Cai había bajado el zipper de su mameluco, pero para bajar tenía que ponérselo de nuevo, por lo que subió el zipper.

 ¿Se imaginan hacia dónde va esto? ¿Verdad?

 ¡Mamá, Mamá, mamá, mamá!

 ¡Espera!

 ¡Ven!

 ¡¡¡El ziiiiii!!!!

 Y lo que debió haber terminado en iipppp, fue interrumpido y terminado con gritos de dolor.

 Yo estaba corriendo por las escaleras cuando mis ojos comprobaron lo que mis oídos ya sabían.

 Cai había comprimido un pedazo de su pene en el zipper de su mameluco.

 Así que hice lo que cualquier madre razonable hubiera hecho: bajar el zipper.

La lesión no era tan grave. Honestamente. Solo una pequeña llaga roja.

Pero Cai estaba confundido, desconcertado y ofendido en nombre de su pene.

En situaciones similares, algunos padres ofrecerían una galleta o una golosina. Esto distrae al niño, corta el llanto, y lo tranquiliza. Pero, en realidad, no quise utilizar este recurso.

Con Cai, ceñido en mi regazo me senté en el escalón más alto y lo mecí y él comenzó a llorar.

 ¡Mi pene no está bien!, decía Cai sollozando! ¡Mi pene no está bien!

Pasamos los próximos minutos con el llanto retumbando por toda la casa. Finalmente bajamos al sofá. El hermano gemelo de Cai se acercó como muestra de consuelo.

Finalmente, media hora después, Cai fue capaz de hablar.

Y justo cuando yo pensaba que la situación estaba mejorando...

[Cai pide un beso sanador] ¿Cómo le explicas a un niño de 3 años que los poderes mágicos de los besos de mamá tienen restricciones?

 Así que opté por la galleta.

También en Pijama Surf: La cruel fabulación de los "cuentos infantiles" alemanes

[Huffington Post]