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Después de la fatua y breve ilusión que celebra la revolución, sigue la empedernida y capitalizable guerra contra el narco de Calderón, la caricatura de Napoleón que vive tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos.

Apenas acaba de pasar el 20 de noviembre, y ya sentimos nostalgia de los grandilocuentes y aburridos discursos “revolucionarios” del “presidente de la república”, inoculados de un espíritu “justiciero”. Con las celebraciones del Bicentenario y el Centenario, nos convenció Calderón, que las celebraciones, sólo las celebraron ellos, porque el pueblo se la pasó, nomás milando. La verdad, es que no hubo una gran participación popular, desde la base; la iniciativa, se la dejó la gente al gobierno. Anda tan fregada la raza, que no hay lana para gastos extras, ni para hacer fiesta por la independencia o la revolución.

Para el gobierno panista, la revolución la hizo Francisco I. Madero, él solito. ¡Ah, y un personaje colosalmente de cartón, que se parecía a Benjamín Argumedo! Ni que decir de Zapata y Villa, que se siguen viendo, por la versión oficial, como unos subversivos peligrosos, más cercanos a la delincuencia. El silencio absoluto sobre el personaje precursor de la revolución, Ricardo Flores Magón, el ideólogo y organizador del Partido Liberal Mexicano, estructura fundamental para el desarrollo del proceso revolucionario. Los clubes liberales, incluso, fueron las bases del movimiento antireleccionista del mismísimo Pancho Madero y el Programa del Partido Liberal y Manifiesto a la Nación, firmado por ese grupo ejemplar de liberales anarquistas desde San Luis Missouri, en 1906, que al correr del tiempo sería el programa de la revolución mexicana que desarrolló Lázaro Cárdenas, el que les provoca dolor de estómago y fruncimiento en el culo a los panistas. ¿Tendrán que esperar otros 100 años los mexicanos para celebrar la revolución? No, imposible. Pero al grupo de los Pinos, les gusta la fiesta, porque por el platal que se gastaron, en sus desfiles de marionetas de cartón y soldados de verdad, demostraron su espíritu, iba a decir revolucionario, no, lúdico exorbitante.

No podemos decir, que ahora Calderón, diga “a otra cosa mariposa”, sino que, más bien, diga, “a seguir con la guerra”, no con una guerra revolucionaria, sino a una guerra contra el narcotráfico, que deja mucho dinero. Y también, a seguirle con la guerra política, para meter al PRD en una alianza con el PAN, para según Felipe, impedir que regrese el terrible partido de la revolución institucional, aunque realmente, el golpe se está preparando para detener e impedir el avance de López Obrador, que cualquier psicólogo político confirmaría, el temor que le tiene Calderón a Andrés Manuel.

Lo que las últimas encuestas revelan, incluso las de GEA ISSA, que Calderón va a la baja en un tobogán. Casi nadie está de acuerdo en su estrategia para enfrentar la guerra contra de los narcotraficantes, los mexicanos piensan que se está pagando un costo muy alto, para los magros resultados obtenidos. El presidente del empleo, tiene a la mitad de los trabajadores mexicanos en el desempleo, así que las fiestas del Bicentenario y del Centenario dejaron, ahora que se despeje la nube de pólvora de tanto cohete, un amargo sabor de boca. La revolución pasó, sigue la guerra.

La bachicha

La telenovela del toluco Peña Nieto y la Gaviota, tiene un momento estelar en el bodorrio del sábado en la catedral, felicidades.