Sabrina Gerson y las preguntas que deja «Sandra y Julia (o lo que queda de ti)»
Arte
Por: Carolina De La Torre - 06/08/2026
Por: Carolina De La Torre - 06/08/2026
Las familias no solo heredan apellidos, gestos o fotografías guardadas en cajones; también cargan recuerdos fragmentados, formas de amar aprendidas a medias, respuestas aprendidas por repetición y preguntas que, por distintas razones, nunca encontraron espacio. Sobre esas ausencias se construye Sandra y Julia (o lo que queda de ti), la puesta en escena que llegará al Foro Shakespeare del 05 al 26 de junio, con funciones los viernes a las 20:30 horas.
La obra sigue a Sandra, quien tras la muerte de su abuela Julia vuelve a la casa donde creció después de encontrar una carta; ese regreso la obliga a reconstruir una historia familiar incompleta mientras intenta entender quién fue realmente esa mujer a la que creyó conocer toda su vida. Más que hablar únicamente de la pérdida, la obra pone sobre la mesa aquello que permanece después: las preguntas sin responder, los patrones heredados y las historias familiares que nunca terminan de contarse por completo.
En entrevista, Sabrina Gerson, actriz del montaje, explica que gran parte de la historia nace precisamente de esa sensación de conocer solo fragmentos de las personas que amamos.
“Sandra y Julia se basa mucho en que indiferentemente de cuánto amemos a una persona nunca terminamos de conocerla completamente y que muchas veces no apreciamos las cosas que tenemos hasta que ya no están con nosotras”, comparte.
Para Gerson, la pregunta que atraviesa la obra también nace desde una inquietud profundamente humana: “¿Quién fue esa persona antes de que yo la conociera?”.

Aunque el duelo es uno de los ejes principales, la obra también se acerca a algo mucho más silencioso: aquello que repetimos sin saber de dónde viene.
“Adoptamos muchos comportamientos que no son tal vez nuestros o muchas maneras de responder a estímulos a la vida que no son nuestras”, explica Sabrina Gerson. “Muchas veces, por ver el ejemplo de nuestros padres, repetimos patrones que a veces no son sanos; a veces sí, pero otras veces son cosas muy malas, aguantar abusos o aguantar cosas que no nos merecemos porque estamos acostumbrados a ello”.
La relación entre Sandra y Julia funciona entonces como un punto de partida para mirar más lejos; hacia generaciones completas que aprendieron a sobrevivir desde ciertas dinámicas y terminaron transmitiéndolas.
Dentro de la puesta también aparece otro tema que atraviesa muchas historias familiares: la violencia cotidiana, esa que muchas veces pasa desapercibida precisamente porque forma parte de la rutina.
“No solo la violencia va desde un golpe o una cachetada; también va en cómo estás amenazada dentro de tu círculo para no tener ciertos comportamientos o no acercarte a cierta gente”, explica Gerson.
Desde la escena, la obra apuesta por mostrar esas formas menos visibles de violencia, las microagresiones y dinámicas que terminan moldeando comportamientos enteros.
“También depende mucho de la presencia del agresor en tu círculo o microagresiones que para él parecen graciosas cuando tú realmente estás reprimiendo una sensación de dolor o vergüenza”, agrega.

Uno de los recursos centrales del montaje es el uso de máscaras teatrales, una decisión que permitió que cuatro actores interpretaran distintos personajes, edades y versiones de una misma memoria.
Para Sabrina Gerson, este elemento no solo transformó la puesta visualmente, también cambió la manera de construir personajes.
“Nos permitió tener muchos personajes sin hacer cambios completos de maquillaje y hacer mucho más claro para el espectador cuándo cambia el personaje”, explica.
Pero el proceso fue todavía más personal: “No solo construimos el personaje desde adentro, literalmente lo construimos con nuestras manos; nosotros hicimos las máscaras”.
El recurso también rompe con ciertas asociaciones tradicionales del teatro. “No estamos acostumbrados a ver máscaras para adultos, casi siempre las máscaras son para niños, entonces sí da una vibra diferente a todo”, comenta.
Para Sabrina Gerson, uno de los mayores retos estuvo en construir personajes que además cambian constantemente de intérprete.
“Todos hicimos de todo, todos vivimos a todos, todos estamos en todos”, cuenta.
La complejidad no solo estuvo en memorizar escenas, sino en reconstruir estados emocionales a mitad del camino.
“Chance yo dejé una escena súper levecita, súper risueña, súper cómica y regreso y ya pasó un montón de cosas y estoy llorando en el piso”, explica.
El proceso también transformó su forma de mirar ciertas experiencias ajenas. Al inicio, admite, reaccionaba desde su propia historia.
“Yo reaccionaba muy ruda porque si a mí me pasase en la vida real diría: vete. Pero la directora me decía: ella no puede reaccionar así porque tiene este pasado”.
Poco a poco, entender a los personajes significó entender otros contextos.
“Fue interesante meterme en ese pensamiento”, dice.
Más allá de la experiencia teatral, Sabrina espera que la obra provoque movimiento; no necesariamente respuestas, pero sí conversaciones pendientes.
“Que se atrevan a preguntar las preguntas porque sí sirve de mucho saber quiénes fueron tus personas”, comparte.
También espera que quienes entren a la sala salgan mirando distinto ciertas realidades.
“Que se lleven una manera diferente de pensar cómo las personas abusadas viven y reaccionan en la vida y que cuando vean estas situaciones no volteen la cara porque son situaciones reales que ocurren y sobre todo en países latinoamericanos no es poco común”.
Sandra y Julia (o lo que queda de ti) tendrá temporada del 05 al 26 de junio en el Foro Shakespeare, con funciones los viernes a las 20:30 horas. Los boletos pueden adquirirse en taquilla y en línea; además, habrá descuentos para estudiantes e INAPAM.
“Ojalá vengan a verla porque es una historia muy bonita y muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver”, concluye Sabrina Ouali.