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Un día como hoy: Beethoven estrenó «La Novena», la sinfonía que cambió la música

Arte

Por: Carolina De La Torre - 05/07/2026

El 7 de mayo de 1824, Ludwig van Beethoven estrenó en Viena La Novena, una obra que transformó la música occidental y que, dos siglos después, sigue resonando en la cultura y la memoria colectiva

Un día como hoy, el 7 de mayo de 1824, Viena escuchó algo que todavía no termina de agotarse. Esa noche, en el Theater am Kärntnertor se estrenó la Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven, una obra que dos siglos después sigue apareciendo en conciertos, películas, ceremonias oficiales y momentos históricos que buscan decir algo sobre la humanidad entera.

Para entender por qué aquella fecha sigue pesando tanto, conviene imaginar el contexto. Beethoven llevaba doce años sin presentarse ante el público vienés; su relación con la ciudad ya no era la de antes y, además, su sordera era total. Aun así, cuando aceptó estrenar su nueva sinfonía en Viena, la expectativa fue enorme y la sala se llenó para ver al compositor que, para entonces, ya era una figura casi legendaria.

Un hombre frente a una música que no podía oír

Lo que ocurrió durante el concierto tiene algo de profundamente conmovedor. Beethoven insistió en estar en el escenario y en marcar la obra con sus propios gestos, pero el problema era evidente: no podía escuchar. Por eso, el director Michael Umlauf dio instrucciones a la orquesta y al coro para que siguieran únicamente su batuta; Beethoven permaneció ahí, guiando una música que no podía oír, mientras detrás de él se desplegaba una de las piezas más ambiciosas que se habían escrito hasta ese momento.

Al final, el público estalló y los aplausos interrumpieron varias veces la interpretación. Beethoven, de espaldas, no se enteró. La imagen quedó grabada en la historia porque una de las solistas, la contralto Caroline Unger, tuvo que tomarlo del brazo y girarlo hacia la sala para que pudiera ver la ovación; el hombre que acababa de cambiar la música occidental contemplaba el entusiasmo de un público que él no podía escuchar.

Por qué la Novena fue distinta

La obra era extraordinaria por su escala. Dura poco más de setenta minutos, algo inusual para su tiempo, y está construida con una cohesión que sorprendió incluso a quienes la admiraban. Cada movimiento tiene un peso propio y, al mismo tiempo, todo parece avanzar hacia un punto inevitable; Beethoven no estaba encadenando fragmentos bonitos, estaba levantando una arquitectura sonora completa.

El momento en que entró la voz humana

La verdadera ruptura llegó en el cuarto movimiento, cuando la sinfonía dejó de ser exclusivamente instrumental. Beethoven abrió esa frontera e hizo entrar las voces humanas. De pronto aparecieron solistas, coro y un poema que ya tenía décadas de existencia: la Oda a la alegría de Friedrich Schiller. La elección no fue casual; el texto hablaba de fraternidad, de una comunidad humana unida por algo más grande que la política o las fronteras.

En la Viena de 1824, una ciudad vigilada por la censura y el temor a las ideas revolucionarias, ese mensaje tenía una fuerza particular; por eso la Novena no solo sonó innovadora, también sonó profundamente moderna.

Una obra que cambió de época sin desaparecer

Con el tiempo, ese cuarto movimiento adquirió vida propia y se convirtió en emblema de celebraciones internacionales, ceremonias olímpicas, actos de la Unión Europea y momentos cargados de simbolismo político. En 1989, por ejemplo, Leonard Bernstein la dirigió durante las celebraciones por la caída del Muro de Berlín y cambió la palabra Freude (alegría) por Freiheit (libertad); la música seguía siendo la misma, pero el momento la cargaba de otro sentido.

También está el otro lado de la historia. La Novena ha sido utilizada por regímenes autoritarios, por propaganda y por proyectos ideológicos muy distintos entre sí; ese recorrido revela algo incómodo y fascinante: pocas obras han logrado condensar de forma tan poderosa la idea de comunidad, esperanza y apropiación política.

La música que sigue apareciendo en todas partes

Su influencia rebasa la música clásica. Aparece en La naranja mecánica, en el anime, en la publicidad, en estadios, en películas de acción y hasta en una curiosidad tecnológica que se volvió célebre: la duración estándar del disco compacto, poco más de 74 minutos, suele relacionarse con el deseo de que la Novena cupiera completa en un solo CD.

Dos siglos después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué esta sinfonía todavía nos importa? Porque Beethoven hizo algo más que escribir una obra monumental; tomó una forma musical conocida y la empujó hacia otro territorio, introdujo memoria, tensión, coro, filosofía y una idea de humanidad que todavía sigue discutiéndose.

Lo que todavía tiene que decir

Que un hombre completamente sordo haya imaginado una de las músicas más expansivas que ha producido Occidente sigue siendo una imagen difícil de olvidar. El 7 de mayo de 1824 no solo se estrenó una sinfonía; también quedó claro que ciertas obras, cuando tocan algo esencial, no pertenecen del todo a una época y siguen regresando, como si todavía tuvieran algo que decir.


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Imagen de portada: Gaceta UNAM