Tensión en Medio Oriente dispara petróleo y gas: el papel clave del Estrecho de Ormuz
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 03/04/2026
Por: Carolina De La Torre - 03/04/2026
La tensión militar entre Estados Unidos, Israel e Irán impactó de forma inmediata en los mercados energéticos internacionales. El movimiento no fue marginal. El crudo Brent llegó a cotizar alrededor de 84 dólares por barril tras los ataques, mientras que en Europa el gas natural registró alzas abruptas que en algunos momentos implicaron una duplicación frente a niveles previos recientes.
El factor central detrás de esta reacción es geográfico y estructural: el Estrecho de Ormuz.
🚗 Colas de coches en gasolineras ‘low cost’ extremeñas
— COPE Badajoz (@cope_badajoz) March 4, 2026
⛽️ El conflicto en Irán ha provocado la subida del precio de los carburantes en los últimos días
💶 De media, se ha incrementado 15 céntimos el litro y podría llegar a alcanzar los 2 euros pic.twitter.com/NtRFFnf6d0
El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Es un corredor marítimo estrecho, pero por él circula aproximadamente el 20 por ciento del petróleo que se comercializa diariamente en el mundo. En términos absolutos, se trata de alrededor de 20 millones de barriles por día.
Además del crudo, por esa misma vía transita una proporción similar del gas natural licuado que se mueve por mar. Esto convierte al estrecho en uno de los puntos más sensibles de la infraestructura energética global.
Su relevancia no depende de un solo país productor. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar exportan gran parte de su producción a través de este paso. Existen oleoductos alternativos en la región, pero no tienen la capacidad suficiente para sustituir completamente el volumen que circula por vía marítima. Por eso, cualquier riesgo de interrupción, incluso parcial, se traduce en una prima inmediata en los precios internacionales.
El principal destino del crudo que atraviesa el estrecho es Asia. China concentra la mayor proporción, pero India, Corea del Sur y Japón también dependen en gran medida de esos flujos.
India recibe cerca del 14 al 15 por ciento del petróleo que cruza Ormuz. Corea del Sur absorbe alrededor de 12 por ciento y Japón aproximadamente 11 por ciento. En conjunto, estos tres países representan una parte sustancial del total transportado por esa ruta.
La dependencia es estructural. Son economías altamente industrializadas o en expansión, con limitada producción doméstica de hidrocarburos. Para mantener su actividad manufacturera, su transporte y su generación eléctrica, requieren importaciones constantes desde el Golfo Pérsico.
Cuando el precio internacional del barril sube por tensiones en la zona, el impacto para estos países es directo: mayores costos de refinación, presión inflacionaria y ajustes en sus balanzas comerciales.
En el caso del gas natural licuado la situación es igualmente sensible. Qatar representa alrededor del 20 por ciento del comercio mundial de LNG, y la mayor parte de sus exportaciones deben atravesar el Estrecho de Ormuz.
Tras la reducción del suministro ruso en los últimos años, varios países europeos incrementaron su dependencia del gas natural licuado importado por barco. Esto volvió a Europa más expuesta a cualquier alteración en las rutas marítimas del Golfo.
En los días posteriores a la escalada militar, los precios del gas en Europa registraron subidas significativas. En algunos hubs europeos el precio llegó a duplicarse frente a niveles previos recientes, impulsado por la incertidumbre sobre posibles interrupciones en los cargamentos y el aumento en costos de transporte y seguros marítimos.
Aunque el flujo no se haya detenido completamente, el riesgo percibido es suficiente para tensionar el mercado. El gas natural no solo se utiliza para generación eléctrica, también es insumo clave en la industria y en la producción de fertilizantes. Por eso, su encarecimiento tiene efectos amplios sobre inflación y competitividad.
El Estrecho de Ormuz concentra una quinta parte del comercio mundial de petróleo y una fracción equivalente del gas natural licuado transportado por mar. No existe otro punto en el planeta con ese nivel de concentración energética en un espacio tan reducido.
Cuando se produce una escalada militar en la zona, los mercados incorporan el riesgo de interrupción futura, incluso si el suministro no se ha detenido en ese momento. Esa anticipación es lo que explica el aumento inmediato en el precio del Brent y la volatilidad en el gas europeo.
En un sistema energético global todavía fuertemente dependiente de los combustibles fósiles, la estabilidad de un corredor marítimo de apenas unos kilómetros de ancho tiene efectos que se reflejan en facturas eléctricas, precios de combustibles y niveles de inflación a miles de kilómetros de distancia.