Si ganaras como un futbolista, ¿serías más libre o solo gastarías más?
Sociedad
Por: Mateo León - 03/28/2026
Por: Mateo León - 03/28/2026
Hay una pregunta que aparece con frecuencia cuando se habla del dinero en el futbol: ¿de verdad vale tanto lo que ganan?
Pero tal vez esa no es la pregunta más interesante.
La pregunta incómoda, la que rara vez se hace en voz alta, es otra: ¿qué haríamos nosotros si ganáramos lo mismo?
Porque imaginar millones no es difícil. Administrarlos, sí.
En el imaginario colectivo, ganar como un futbolista profesional equivale a libertad: casas, autos, viajes, una vida sin preocupaciones. Pero cuando se observa más de cerca, el dinero no transforma necesariamente la forma en que pensamos: simplemente la escala.
En un pequeño sondeo realizado por Banco Dondé, alguien dijo que lo primero que compraría sería un auto deportivo. Otro pensó en una casa para sus padres. Alguien más habló de invertir desde el inicio.
Las respuestas no son contradictorias. Son reveladoras.
Porque el dinero no crea hábitos nuevos: los amplifica. Quien tiende al impulso, gastará más. Quien piensa en construir, tendrá más herramientas para hacerlo.
Para dimensionar el ejercicio, vale la pena salir del contexto local y mirar cifras globales.
Un jugador como Cristiano Ronaldo ha llegado a percibir más de 200 millones de dólares al año (más de 3,400 millones de pesos mexicanos aproximadamente).
Lionel Messi ha tenido contratos que superan los 120 millones de dólares anuales (alrededor de 2,000 millones de pesos).
Y en el caso de Kylian Mbappé, su salario y bonos han rondado los 70 a 100 millones de dólares por año (entre 1,200 y 1,700 millones de pesos).
En el futbol femenil, aunque las cifras son considerablemente menores, también hay referentes importantes.
Alex Morgan, una de las figuras más reconocidas, ha combinado salario y patrocinios para superar los 7 millones de dólares anuales (más de 120 millones de pesos).
Sam Kerr, estrella del futbol australiano, también se encuentra entre las mejor pagadas del mundo.
Las diferencias son grandes, pero en todos los casos la constante es la misma: ingresos que rebasan por mucho lo que la mayoría de las personas experimentará en su vida.
Volviendo al sondeo, las respuestas dibujan tres perfiles claros.
Por un lado, está quien lo gastaría rápido. Alguien mencionó que probablemente el primer mes se iría en compras grandes, y después pensaría en ahorrar. La lógica es simple: primero disfrutar, luego ordenar.
Por otro lado, aparece quien busca equilibrio. Dividir el ingreso en partes iguales —gastar una mitad, guardar la otra— es una forma intuitiva de control, una especie de regla personal para no perder el rumbo.
Y finalmente, está quien piensa en construir desde el inicio. Casas, negocios, inversiones. No como un plan a futuro, sino como una decisión inmediata.
Ninguna de estas posturas es rara. Todas conviven en la forma en que entendemos el dinero.
La diferencia no está en el ingreso, sino en la estructura.
Hay una idea persistente: si ganáramos más, tomaríamos mejores decisiones.
Pero la evidencia —tanto en la vida cotidiana como en el propio futbol profesional— sugiere lo contrario. Existen múltiples casos de atletas que, después de ganar millones, enfrentan problemas financieros serios. No por falta de ingresos, sino por falta de planeación.
El dinero resuelve urgencias, pero no reemplaza la claridad.
En el mismo sondeo, alguien mencionó que ahorraría el 30% de sus ingresos. Otro habló de invertir en instrumentos financieros. Otro más simplemente dijo que lo guardaría en el banco.
Lo interesante no es la respuesta, sino lo que hay detrás: una intuición de que el dinero necesita estructura para sostenerse.
Hoy existen múltiples formas de administrar el dinero: cuentas separadas, ahorro programado, inversión a corto y mediano plazo. Herramientas que permiten convertir ingresos altos en estabilidad real.
Por ejemplo, separar el dinero en distintas cuentas puede ayudar a distinguir entre gasto, ahorro e inversión. Instrumentos como Mi Ahorro Dondé o esquemas de inversión como CEDES Plus Dondé permiten no solo resguardar el dinero, sino hacerlo crecer con cierta previsibilidad.
Pero aquí hay un punto clave: las herramientas no sustituyen las decisiones.
El acceso a productos financieros no garantiza una buena administración. Lo que sí puede hacer es facilitarla cuando existe una intención clara.
Tal vez la pregunta inicial estaba mal planteada.
No se trata de si los futbolistas ganan demasiado. Tampoco de si nosotros sabríamos qué comprar.
Se trata de algo más incómodo: si estamos preparados para sostener lo que decimos que queremos ganar.
Porque el verdadero lujo no es comprar un auto o una casa. Es no vivir con la presión constante de perderlo.
Y eso no depende del salario. Depende de la forma en que se entiende el dinero.
Al final, ganar millones no garantiza libertad. A veces, solo amplifica la forma en que ya vivíamos sin ellos.