La memoria no se derrumba: Paula Mónaco Felipe a 50 años del golpe militar en Argentina
Sociedad
Por: Yael Zárate Quezada - 03/26/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 03/26/2026
Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás
Cuántas noches pasarás desesperando.
Y a la hora del naufragio y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
La Cigarra, María Elena Walsh.
Han pasado 50 años desde el golpe de Estado en Argentina, cuando la democracia cayó en manos de militares y con ello comenzó un régimen que duraría de 1976 a 1983. Además, tuvieron que pasar dos décadas desde su fin —entre 2002 y 2004— para que se desclasificaran miles de reportes de inteligencia del gobierno de Estados Unidos. En ellos se reveló que Henry Kissinger, secretario de estado durante las administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford, autorizó la operación y el financiamiento de la organización parapolicial Triple A, o Alianza Anticomunista Argentina.
Por el brazo militar, disidentes del gobierno usurpado por Jorge Rafael Videla y otros dos integrantes de la Junta Militar, fueron perseguidos, detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos. La cifra alcanza hasta hoy 30 mil personas. Una cifra terrible que también significa 30 mil familias atravesadas por la ausencia y 30 mil historias que se resisten a desaparecer.
En el marco de este aniversario, la periodista Paula Mónaco Felipe, quien vive en México desde hace más de dos décadas, reflexionó en entrevista para Pijama Surf sobre la persistencia de la memoria. “La casa de la memoria, una vez que se construye, no se derrumba con los vientos de discursos efectistas”.
Paula Mónaco Felipe. Foto: Zona Docs.Hija de dos militantes desaparecidos, Paula se integró desde 1995 a “Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio” (HIJOS), una organización clave en la lucha por la verdad y la justicia en Argentina.
Su identidad, comenta, está marcada por una ausencia que nunca fue resuelta: “Soy hija de dos personas desaparecidas: Luis Mónaco y Ester Felipe. Mi papá era periodista y mi mamá psicóloga. Ambos militantes”.
Paula aclara que aunque ella no llegó a México como exiliada, su historia familiar sí está atravesada por el exilio y la persecución. Ese matiz está muy lejos de reducir el peso de los estragos que dejó la dictadura. Todo lo contrario, se vuelve más complejo.
“La desaparición de mis padres afectó a toda nuestra familia. Siempre se piensa que es una sola persona la que desaparece, pero es un crimen que genera olas de dolor”, afirma.
En este sentido recuerda que su abuela murió sin saber con certeza qué había pasado con su hija. “Apenas alcanzó a saber que no estaba con vida. Una sobreviviente confirmó que la había visto en el centro clandestino conocido como La Perla. “Mi abuela se dejó morir”, cuenta.
Su abuelo tomó otro camino: se volvió activista y participó en la fundación de organizaciones de familiares de desaparecidos.

Sobre México, Paula reconoce la política de asilo en México que permitió a miles de argentinos rehacer su vida lejos de la dictadura. “México fue muy importante en su apertura al asilo político. El gobierno y el pueblo mexicano fueron muy buenos recibiendo el exilio de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay”, señala.
Pero también –subraya–, mientras se ofrecía refugio a perseguidos extranjeros, dentro del país se ejercía la misma represión. “Ese mismo gobierno desaparecía a voces críticas en México en Guerrero, Chihuahua, Sinaloa, la Ciudad de México”.
Y es que mirar la historia de Argentina no implica ignorar la realidad mexicana. “No es algo del pasado. En México hay desaparecidos desde hace décadas y hoy hay más de 130 mil personas desaparecidas”, advierte.
En el presente, la discusión sobre la memoria vuelve a tensarse con el gobierno de Javier Milei. Mónaco es clara al respecto: “Es un gobierno que desconoce el genocidio. Habla de una guerra y de excesos, pero niega lo que ocurrió”.
Aun así, evita simplificaciones. No equipara el momento actual con una dictadura, pero sí advierte afinidades ideológicas. “No diría que es una dictadura, pero simpatiza con esas ideas”, dice.
Frente a ello, coloca el foco en la sociedad. “Nos toca poner límites. Hay preceptos como la justicia que no son negociables. A veces podemos estar sobreestimando su poder [de Milei]. Fue elegido democráticamente, pero eso no significa que la sociedad quiera volver a una dictadura”.

Argentina –aclara– es un país con memoria. “Sabe reconocer límites”. Lo ve en las calles llenas durante las conmemoraciones, pero también en las escuelas. “Miles de niños y niñas recuerdan hoy que hubo un golpe de Estado y un genocidio. Ellos son más poderosos que cualquier discurso. Esa casita de la memoria no se derrumba con un viento. No se derrumba con discursos efectistas”.