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La IA está reuniendo a José José, Juan Gabriel y Pedro Infante con artistas como Santa Fe Klan en canciones virales. ¿Cómo funciona este fenómeno y qué dice la ley mexicana sobre estas creaciones digitales?

La Inteligencia Artificial ha causado dolores de cabeza a músicos, artistas visuales, escritores y hasta actores de doblaje. Aun así, la tecnología avanza y, con ella, aparecieron nuevas formas de jugar con la cultura y la nostalgia. Una de las más llamativas es la capacidad de la IA para reunir en una misma canción a voces que jamás coincidieron en vida.

En plataformas como YouTube ya circulan colaboraciones que resultan imposibles como José José cantando con Santa Fe Klan, Juan Gabriel acompañado por Cártel de Santa o Pedro Infante sobre bases de rap. Más allá de la sorpresa, estos temas muestran cómo la IA está cambiando la manera en que nos relacionamos con los referentes musicales.

Aunque generan debate, estas mezclas abren una puerta curiosa: la de imaginar cómo sonarían los grandes íconos de México si hubieran convivido con los géneros urbanos actuales. Y la respuesta está conquistando a miles de oyentes.

El canal Ritmical Test, que acumula más de 120 mil seguidores, se ha vuelto uno de los puntos clave de este fenómeno. Entre sus creaciones destacan:


José José, Santa Fe Klan y Cártel de Santa – “Triste adiós”

Juan Gabriel, Santa Fe Klan y Cártel de Santa – “Ay amor”


Pedro Infante ft. Santa Fe Klan, Cártel de Santa, Santa Grifa, Alemán, Gera MX – “Jardín de Flores”

¿Qué dice la ley al respecto?

Con todo este movimiento, es inevitable que surgiera la pregunta legal. La Suprema Corte de Justicia de la Nación –por lo menos en México– ya ha sentado un precedente y decidió que el contenido creado por sistemas de IA no puede considerarse una obra original.

En otras palabras: lo que produce la IA entra automáticamente al dominio público. La Corte explicó que estos modelos funcionan alimentándose de grandes cantidades de información, pero no tienen emociones ni experiencias propias que puedan traducirse en creatividad humana. Por eso, no se les puede dar el mismo estatus que a una obra hecha por una persona.

Eso sí, el software o el programa que genera estas creaciones sí puede registrarse. Lo que no puede registrarse —ni convertirse en propiedad de alguien— es el resultado final. Sin importar quién lo genere, las piezas creadas con IA seguirán siendo de acceso libre.