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'Nican Mopohua': la obra maestra de la literatura nahua que narra la aparición de la Virgen de Guadalupe

Arte

Por: Luis Alberto Hara - 12/17/2021

Poco conocida pero de gran poder lírico, esta obra es esencial en la constitución de la identidad mexicana

El Nican mopohua, una obra escrita en náhuatl en el siglo XVI, no es quizá muy conocido pero para algunos es una de las grandes obras de la literatura mexicana. La obra apareció dentro de un libro más amplio: el Huei tlamahuiçoltica o El Gran Suceso, editado por Luis Lasso de la Vega, un sacerdote criollo, en 1649. Existe cierta polémica sobre el autor pero Edmundo O'Gorman y el gran historiador Miguel León Portilla creen que fue escrita por Antonio Valeriano, probablemente en 1556. Al parecer, Valeriano era uno de los famosos informantes de Fray Bernardino de Sahagún, que fue educado en el Colegio Imperial de Tlatelolco y que luego desarrollaría una carrera política en la Nueva España. 

El tema del Nican mopohua es la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego en un lugar en el que se veneraba a la diosa Tonantzin y una serie de milagros, incluyendo la impresión de su imagen en su tilpa. Miguel León-Portilla, quien traduce este texto en su libro Tonantzin Guadalupe (2000, FCE), hace un resumen de su contenido en la introducción:

El texto habla de cuatro apariciones de la Virgen María al indio Juan Diego en el cerro del Tepeyac. Se muestra sorprendido este al principio al escuchar cantos de aves preciosas a las que el monte parece responder. Oye luego que alguien lo llama. Pronto se da cuenta de que es una noble señora, a la que se acerca y contempla. Ella le dice que es la madre del Dador de la vida, Ipalnemohuani, Dueño del cerca y del junto, Tloque Nahuaque. En seguida le encarga obtenga del obispo de México, fray Juan de Zumárraga, se le edifique un templo en el llano, al pie del cerro. El indio se sorprende hondamente. Piensa que tal vez se halla en la Tierra florida, Xochitlalpan, en la Tierra de nuestro sustento, Tonacatlalpan, de la que hablaban los ancianos. Luego acude al obispo en dos ocasiones pero no logra persuadirlo de la misión que le ha confiado la que ya sabe es la Virgen María. Lo más que obtiene del obispo es la petición de que esa señora, para él no conocida, le haga llegar alguna señal que pueda convencerlo. La señal serán las flores preciosas que la Virgen le ordena corte en la cumbre del Tepeyac, donde sólo se daban abrojos, nopales y mezquites. Juan Diego las recoge y las coloca en el hueco de su tilma o capa y las lleva ante la presencia del obispo. Extiende entonces su tilma y contempla cómo las flores se esparcen. El relato concluye diciendo que en ese momento quedó pintada en la tilma del indio la imagen de la Virgen ante los ojos asombrados del obispo y de cuantos estaban con él.

El eminente historiador califica el texto como "una joya de la literatura indígena del periodo colonial" y añade que "es también presentación de un tema cristiano, expresado en buena parte en términos del pensamiento y formas de decir las cosas de los tlamatinime o sabios del antiguo mundo náhuatl". La obra se distingue tanto por sus cualidades literarias como por ser un referente en la formación de la identidad mexicana, en la que se mezclan los santos y figuras divinas del cristianismo con los dioses prehispánicos, algo nunca más patente que en este episodio fundacional del México guadalupano. León-Portilla prefiere no incursionar en la polémica sobre la autenticidad de la teofanía y se limita a subrayar la importancia histórica de esta figura:

Tonantzin Guadalupe —más allá de la demostración o rechazo de sus apariciones— ha sido para México tal vez el más poderoso polo de atracción y fuente de inspiración e identidad. Será suficiente recordar en apoyo de esto lo que significó ella en los momentos de pestes, hambrunas y de afán de encontrarse a sí mismo en los tres siglos del México novohispano.

Cabe recordar que la figura de la Virgen de Guadalupe no sólo es una presencia fundamental en el culto religioso del pueblo mexicano; es también una imagen con un poderoso linaje en su historia política, pues ha sido utilizada en momentos clave por figuras como Miguel Hidalgo, José María Morelos o Emiliano Zapata, entre otros.

Sobre la calidad literaria de este breve texto, el escritor Álvaro Enrigue recientemente escribió: "Es un poema, una fábula, un cuento con tramos de un poderío lírico que me deslumbra". Enrigue sugiere que México -el México esencialmente mestizo- tiene en el Nican mopohua su "saga" fundacional o su "cantar de gesta", así como otras naciones tienen un gran poema o una serie de leyendas que proveen inspiración e identidad en sus orígenes. "La literatura mexicana empezó con el Nican Mopohua". Y se lamenta de que "no está en los programas de educación; se lee poco o nada fuera de los circuitos especializados".

El manuscrito más viejo de esta obra se encuentra actualmente en la Biblioteca Pública de Nueva York. Existen múltiples traducciones, entre ellas las de Primo Feliciano Velázquez, Ángel Ma. Garibay, Mario Rojas Sánchez y Miguel León-Portilla (algunas pueden encontrarse en línea). Leer el Nican mopohua  es, sin duda, una de las mejores formas de acercarse a las raíces de lo mexicano.


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Imagen de portada: Aletheia