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En esta entrega, nos abocamos a un DECÁLOGO espacial

En mayo de 1977, La guerra de las galaxias de George Lucas irrumpió en la historia de la cinematografía universal, sus innovadores efectos visuales, adelantos técnicos y banda sonora fueron el corolario que acompasó las líneas de un guion operístico que de forma casi sorpresiva cautivó a millones de espectadores en el mundo. Basado en su admiración por cintas asiáticas, especialmente de samuráis, en su respeto por el cine de Akira Kurosawa, y en series de ciencia ficción como Flash Gordon, el aún joven director sacudió la industria con una cinta que rebasó cualquier expectativa y sembró a su paso una legión de seguidoras y seguidores que desde su fascinación, apropiación y devoción casi religiosa, abrazaron por entero la filosofía de vida, relaciones sociales, luchas de poder, conflictos y resoluciones que harían de su propuesta fílmica un clásico de la aventura espacial. Generación tras generación fueron sumándose al séquito místico de su legado, La guerra de las galaxias apuntaló el fenómeno del blockbuster iniciado por Tiburón de Steven Spielberg en 1975, redimensionó la distribución independiente a través de los grandes estudios, y revolucionó la manera de expandir el impacto de una película gracias a la producción de enseres derivados de su trama, juguetes, discos, ropa y utensilios, fueron sólo parte de los miles de diversos productos manufacturados a razón de la película. 

La banda sonora compuesta por John Williams, quien había ya cimbrado los sentidos con  el tema de la citada Tiburón, hizo de La guerra de las galaxias una película cautivadora, tanto o más que los jóvenes Luke y Leia, el aventurero Han Solo, el sabio Obi Wan, los droides R2 D2, C3PO, el entrañable Chewbacca, o el villano por excelencia del cine a partir de su aparición, Darth Vader. El espacio configuró una palestra de ensueños, escapes, rescates, rebeliones, imperios, de posibilidades a la imaginación, lunas en dualidad delinearon anhelos, el desierto circunstancias, y los sables de luz una materialización de la energía que más allá de la mente tendrían los elegidos Jedi. Todo lo anterior fue la premisa narrativa de un director que había logrado blasones de alto reconocimiento con su ópera prima THX, protagonizada por Robert Duvall, y posteriormente con su primera cinta en salas comerciales, American Graffiti que, producida por su amigo Francis Ford Coppola, recibió sendas nominaciones al Óscar, y ayudó no sólo a posicionar al cineasta, sino a hacer posible que La guerra de las galaxias fuese la realidad próxima de una galaxia muy muy lejana. El orden de las cintas atiende al apego o a la empatía del yo que las ha visto, así que cada quien tendrá su decálogo espacial.

Cierto es que ampliar el universo de La guerra de las galaxias por puro apetito comercial puede dañar el legado de la franquicia, y puede abrir la puerta a proyectos carentes de interés, como resultó la realización de Solo, dejando en el limbo las entregas de Obi Wan u otros personajes; sin embargo, el éxito crítico y de audiencia que ha tenido en su plataforma la serie Mandalorian, dirigida por Jon Favreau, indica que la calidad del proyecto cuenta en primera instancia cuando se atenta con trastocar o abordar un plano narrativo que pensamos definido, pero que por su propio origen deja muchas ventanas abiertas. Si George Lucas fue recibido con tibieza tras su realización de precuelas, en el mismo tenor asintió Peter Jackson al estrenar sus precuelas literarias de El señor de los anillos; ambos maestros no quisieron dejar incompleta su visión de saga, Jackson desde la perspectiva lectora de una obra maestra literaria, en el caso de Lucas, desde la perspectiva de un autor visionario de su propio universo. 

 

10. ROGUE ONE (Rogue One, a Star Wars Story, Gareth Edwards, 2016)

Rogue One no forma parte de las trilogías que integran la saga epistolar de La guerra de las galaxias, pero constituye con valía su realización, podríamos decir que incluso supera con creces algunas entregas oficiales de las trilogías; no obstante, y como parte del sumario decálogo, hemos decido incluirla para resaltar su coherencia, acción y trama, y diferenciarla, por ejemplo, de otra de las historias derivadas de los nueve episodios iniciales, como la financieramente malograda Solo. Al igual que La caravana del valor, esa extraña película de los años 80, Solo, a juzgar por el pobre recibimiento en taquilla, no logró permear en los corazones fanáticos de la saga, y aunque recibió primordialmente críticas positivas, el efecto de apropiación no se logró, tal como en otro orden de comparación -no financiero- ocurrió en dualidad casi curiosa con El último Jedi, que recibió un rechazo de muchos fanáticos pero fue acreedora a reseñas sobresalientes por parte de la crítica. Le película dirigida por Ron Howard, por más trayectoria y experiencia del galardonado director, no pudo posicionarse como sí lo hiciera la cinta animada La guerra de los clones, que incluso se ha convertido en una cinta de culto para una nueva serie de seguidores que acompasaron los vericuetos del imperio y la conformación de su ejército clonado. En búsqueda de prolongar el éxito comercial de su flamante adquisición, Disney planeó una serie de spin offs que fortalecieran a los personajes originales, ampliaran la difusión de sus aventuras y abrieran un escenario para nuevas entregas que tal vez la audiencia no requería; incluso es posible que sólo encuentren futuro en las plataformas digitales, donde a nivel presupuesto, difusión y distribución garanticen un mayor éxito, tal como suscribe el estreno de la serie Mandalorian, recibida con gran éxito, mayor incluso que el agenciado por las dos últimas cintas de la capitular trilogía. 

Rogue One funge como la bisagra que integra por una parte la segunda trilogía con la trilogía original. En ese juego de palabras, conceptos y relatos, Rogue One introduce personajes atractivos y a la vez finitos, que concluyen una mártir misión reveladora, e incluye en su palestra la exposición de sendos dejos sobre la conformación de la Resistencia al dominio y ampliación del Imperio, la devoción por la filosofía Jedi, la predestinación como llamado y la senda espiritual que conforma al mito Jedi. A su paso, concluye resoluciones que permiten concatenar los sucesos que derivarán en las cintas posteriores, explicando cual suerte de justificación la forma en que la Resistencia se aglomera en la diáspora de una energía que les impele, que será esperanza, y a la postre suscitará el despertar casi finito de la fuerza. 

Dirigida por Gareth Edwards, quien se diera a conocer en la industria gracias al relanzamiento del clásico Godzilla, Rogue One cumple satisfactoriamente su peculiar aproximación a la filosofía Jedi, resalta el valor rebelde, describe al inclemente Imperio, y destaca las actuaciones de Felicity Jones, Diego Luna, Donnie Yen, Alan Tudyk, Ben Mendelsohn, Mads Mikkelsen y Forest Whitaker, entre otros, que integran un elenco internacional de interpretaciones medidas y por sorpresa empáticas para las y los seguidores que tras El despertar de la fuerza acudieron con entusiasmo a su estreno. Si Disney atinó con la realización de Rogue One en ni necesaria ni solicitada cinta, también abonó a la idea de sobreexplotación de la trama, que más tarde se vería castigada en la taquilla primero con El último Jedi y más tarde con la mencionada Solo. Rogue One se plantea como la semilla de sinergia colectiva que nacida del heroísmo y la aniquilación, brinda pistas y visos para que la princesa Leia y aliados obtengan los trazos necesarios para conformar su estrategia para debilitar al Imperio. 

 

9. EPISODIO VIII: EL ÚLTIMO JEDI (The Last Jedi, Rian Johnson, 2017)

Para una gran parte de la crítica, El último Jedi es la mejor entrega de la saga, o al menos, una de las mejores; las calificaciones recibidas y las reconocidas líneas dedicadas a su estreno, resultaron equidistantes respecto a la reacción del público en cuya opinión sucumbió su éxito. Ni siquiera el regreso de Luke, anunciado en los tráilers previos, rescató del cadalso a esta película que toma los personajes de las tres trilogías para hacer de la deconstrucción una redimensión de posibilidades narrativas: el maestro que no quiere enseñar por temor, el aprendiz que anhela aprender, el pasado que persigue a los inculpados, la redención que no encuentra salida, la conexión inexorable entre las mentes de los protagonistas, el humor involuntario de su legado, todo sucede, amalgama y desprende como directriz y consigna: romper con la trama original y brindarle una realidad alterna desde la fantasía. 

El director ha tomado licencia y creado un nuevo escenario. En mi caso, independientemente de los méritos visuales que alcanza la película, El último Jedi no me permitió acercarme a su trama, la sentí lejana, dispersa, y los encuentros fortuitos, programados o inducidos entre los protagonistas no despegaron ni clamaron la telequinesia que en su conexión profieren; no tuve la empatía deseada, incluso al verla en una segunda y tercera ocasiones destaqué más las secuencias por separado que como parte de la saga, debitando la atracción seductora entre los personajes. 

Y es que a reserva de las películas que integran sus sagas con entregas independientes, como es el caso de Misión imposible, donde cada director ofrece su visión del personaje ante la situación que resuelve, La guerra de las galaxias abría nuevos senderos a mismos caminantes, donde las dudas y resoluciones entablan una batalla dicotómica que la audiencia ha definido, no tiene duda, por ello ha seguido el camino, Rian Johnson en su reacción-acción ante esta voluntad, decide crear a licencia propia otras conexiones, y construir a los caminos trazados un laberinto, de ahí que la película sea una realización notable para la crítica y una infumable travesía para los seguidores fervientes. La ecuación podría resultar ininteligible y más un reto para quienes a lo largo de los años contemplaron las lunas de Tatooine como una invitación a navegar junto a seres multiformes a través de esas galaxias lejanas, tal como fue aceptar el Episodio I: La amenaza fantasma y ver con ojos de ternura al villano más temible, convivir con ositos de peluche vestidos del heroísmo Ewok en Endor, o por el contrario admirarse del ambiente de una cantina espacial. Los personajes que había ya introducido El despertar de la Fuerza aparecen como desapegados de lo anteriormente ofrecido, no por la búsqueda de la Fuerza que resultaría en un trabuco narrativo interesante, no, la duda no es esa, sino en la orientación de sus motivos, de sus afectos, de sus aristas. 

La crítica resaltó la temeraria decisión de Johnson de transitar de la plataforma narrativa que sin muchos riesgos presentó J. J. Abrams en El despertar de la Fuerza, una nueva versión en tono literal de Una nueva esperanza, a la impronta cuasi hologramática de la invención. El último Jedi es la película de mayor duración de la saga, y es la primera continuación que se estrena sólo 2 años después de la entrega de su antecesora, ya que tanto la trilogía original (1977, 1980, 1983) como las precuelas (1999, 2002 y 2005) se estrenaron con 3 años de distancia. Para esta nueva oferta cinematográfica del universo galáctico creado y luego inspirado por Lucas, las entregas estuvieron planeadas cada 2 años (2015, 2017 y 2019), con estrenos intermedios, Rogue One en 2016 y Solo en 2018, esto configuró un período comercial de 5 años consecutivos con estrenos decembrinos para La guerra de las galaxias. Bien valdría reflexionar si la espera entre las entregas resulta una cuestión matemática, o que las secuelas y precuelas generaron una especulación sin intermediarios, lo que convirtió la espera en expectativa, es decir, el producto se agota o transforma ante las exigencias de la industria por redituar sus inversiones y propuestas. 

Mark Hamill, Daisy Ridley, John Boyega, Kelly Marie Tran, Carrie Fisher, Oscar Isaac, Laura Dern y Adam Driver, conforman un elenco que más allá de la narrativa y sus licencias creativas, logra en su mayoría ofrecer sólidas actuaciones; la película destaca espectaculares efectos de sonido y visuales, una fotografía que comparte su tono cobrizo carmesí entre sonoros blancos, que visten cual parajes los centros emocionales de la cinta, los encuentros y despedidas entre Luke, Rey, Kylo y Leia. Rian Johnson es un director de alto nivel que pretendió dar su visión a la saga, y en esa libertad creativa se arriesgó al cadalso a veces cruel de la recepción crítica; esa prueba la solventó con creces, pero falló en la más importante de sus audiencias al juzgado, la de los fanáticos. En 2019 pudimos comprobar el talento de Johnson con el estreno de su magistral cinta de misterio, Entre navajas y secretos, una extraordinaria película de humor involuntario a la vez de thiller policial que bien homenajea al cine detectivesco de su lira. 

 

8. EPISODIO IX: EL ASCENSO DE SKYWALKER (The Rise of Skywalker, J. J. Abrams, 2019)

Una serie de decisiones quizá desafortunadas, la urgente necesidad de reparar lo que ha sido roto, o la extrema conclusión de un proceso creativo extraviado en el camino, derivó en esta película que a mi gusto es una de las menos logradas del universo galáctico creado por Lucas, hoy sólo inspirado en sus personajes. Si la serie de precuelas pareció no justificar su realización, la conclusión de las secuelas semeja un capitular infructuoso por extender el universo; aunque no lamentable como su antecesora, tampoco parece un brillante cierre para la saga que brilló en sus primeras tres películas y que lejos de cobrar prestigio y sumar feligreses, parece empeñarse en alejarlos. Sería difícil imaginar que una cinta de La guerra de las galaxias estaría opacada por algún otro estreno. No obstante, tras la debatible El último Jedi la percepción de crisis se confirmó al ceder su estatus de máxima atracción, una vez que Los vengadores, juego final se convirtió en la película más taquillera de la historia -sin ajuste de inflación- de la taquilla a nivel mundial, y que películas como Frozen 2, El rey león, Capitana Marvel, El hombre araña: lejos de casa o Toy Story 4 tuvieron más recaudación que la propia entrega de Abrams. Esto sería impensable hasta hace unos años, incluso después de que El despertar de la fuerza se convirtió en la película más taquillera de la historia de Estados Unidos (sin ajuste de inflación), lo cual abona mayor impacto al acaecimiento del gusto del público en sólo unos años. Cierto, la taquilla sigue siendo poderosa, y de no existir el universo Marvel pelearía por ser la más taquillera a nivel global, pero no con el impacto cultural y cinematográfico que representaba el estreno de un capítulo más en la saga Skywalker, es decir, fuera de los fans, no es más el máximo acontecimiento. 

Sostener una saga sin la presencia del protagonista era una misión sumamente delicada, y desde mi punto de vista no se logró mantener el mito ni la fuerza. A diferencia de El último Jedi, recibida con beneplácito por la crítica y vapuleada por la audiencia, El ascenso de Skywalker corrió con una suerte diametralmente opuesta, reseñas mixtas de la crítica y reacción del público mayormente positiva, aunque más por la nostalgia y -fan service- que por su valía. El Episodio IX recurre a ciertos recursos que se reflejan en los afectos de R2, C3PO, Luke, Han y Leia, a los que trata de hacer empatizar con los bien recibidos personajes de El despertar de la Fuerza, olvidando algunos patrones establecidos por El último Jedi, al tiempo que intenta conectar los tres episodios finales como suerte de temática bisagra atemporal. Si El último Jedi buscó experimentar desde la visión de un director, a riesgo de fenecer en el intento, El ascenso de Skywalker pretende soldar  cimientos lacerados y llenar los huecos en cuyo vacío narrativo sucumbió la penúltima entrega; así, el Episodio IX apela a guiños, memorias, recuerdos e instrumentos auditivos, visuales y emocionales que conectan el trayecto de los tres episodios finales en un mismo camino. 

Abrams sustenta la cinta en los paradigmas, prototipos y espejos que le funcionaron con El despertar de la fuerza, por ello el cierre ha sido mayormente recibido con beneplácito por el público seguidor, no por la crítica, y a juicio de los números en taquilla, la misión ha sido cumplida con su audiencia cautiva, pero desafortunadamente para su causa, la película al parecer no sumó adeptos. De esta manera, sin tantas licencias y guardando su estilo de viaje sin pausa, el director entrega una cinta aceptable que dista de su anterior oferta, pero que por más esfuerzo que imprima en conceder a fanáticos, queda lejos de la calidad narrativa de los cierres de las trilogías que le anteceden. 

 

7. EPISODIO II: El ATAQUE DE LOS CLONES (The Attack of the Clones, George Lucas, 2002) 

Con una imponente secuencia inicial y una igualmente poderosa batalla épica en su clausura, El ataque de los clones sobresale más por su banda sonora dedicada al amor que por la trama que presenta, una reflexión de los cambios que la edad confiere al comportamiento, la dicotomía que duda y discierne, la seducción que perturba, la ambición latente. Estrenada 3 años después de La amenaza fantasma, El ataque de los clones enfrentó un escenario distinto a su antecesora, contextos y circunstancias tanto cinematográficos como históricos que atendemos en el análisis corolario de la cinta; a diferencia del Episodio I, estrenada como el evento cinematográfico de fin de siglo, El ataque de los clones tendría una tibia realización, por una parte por los sucesos de las Torres Gemelas y la posterior guerra contra el terrorismo en el contexto político internacional, y por la otra, por la duda consecuente del Episodio Uno ante el nuevo panorama de la industria. 

Si Matrix había deslumbrado los cines y recibido los Premios de la Academia con mayor furor que el Episodio I, ante la realización del Episodio II, la propia Matrix, Harry Potter, El hombre araña y en especial El señor de los anillos habían ocupado los sentidos de las y los espectadores, nuevas sagas, ofertas y comienzos para un público adentrado al nuevo siglo buscando historias, incluso aquellas que décadas atrás habían sido expuestas en la literatura. El Episodio II no sería el acontecimiento del año sino una de sus más importantes cintas, la expectativa de la crítica y blasones de la industria, amén de la taquilla como muestra, no estaban orientados a la iniciativa de Lucas. El Episodio II es quizá la película de la saga con menor grado de expectación a su realización previa, y una de las menos reconocidas, aunque ante el paso del tiempo ha sido percibida con mayor detenimiento en tanto a sus escenas cumbre, que sin duda abonan a la consideración grandilocuente de los Jedi como seres espirituales, guardianes y soldados de la paz ante el lado oscuro. El niño Anakin había transitado de infante al joven insolente y temerario que, enamorado de la princesa Padme, siente atracción por el lado oscuro de la Fuerza y desafía a su propio maestro; si leemos la saga como una ópera lineal, el protagonista asiente la ambición como una motivación interna y lucha contra sus sentimientos para reafirmarse. 

Amor, seducción y heroísmo se conjugan para mostrar a un Anakin caprichoso, insoportable y valeroso, diestro y consciente; quizá la poca profundidad con que se aborda la configuración de su criterio resulta la mayor debilidad de la película. No obstante, nos ofrece momentos fundacionales: la escena de la boda, única en La guerra de las galaxias y que definirá el devenir de la saga; el argumento diferencial entre los Jedi y un ejército constituido por autómatas a control distante, y el guiño delirante de ver en acción a Jango Fett, quien previamente inspira el ejército clonado y que, en medio de una batalla épica, muere sobre el ruedo para arrojar su estirpe en la heredad de un pequeño mandaloriano que levanta del polvo su mito. Boba Fett es uno de los personajes más populares, y su figura de acción una de las más célebres, buscadas y apreciadas por las y los fanáticos de las primeras cintas. Si Han Solo es el personaje más atractivo de los buenos, en una maniquea comparación de bandos, Boba Fett lo es del lado de los malos. Ambos no se guían por la Fuerza ni por su Lado Oscuro, ambos son buscavidas, rivales, contrarios; a uno le motiva el dinero y la aventura, a otro la recompensa y la presa, hábiles con las armas y definidos al estilo propio. El Episodio Dos nos introduce a la aparición de ambos, ya que mientras el ejército será de clones y cumplirá órdenes, y Anakin habitará el péndulo de la Fuerza entre la libertad y el Imperio que la reprime, Han Solo y Boba Fett, a posteriori, serán caracteres del romanticismo en distintas acepciones: uno será decisivo, otro aleatorio, y en los episodios V y VI dirimirán la parte más temeraria de su historia. El Episodio II también sobresale por un hecho legendario vuelto realidad: Yoda es un guerrero, el más grande, y lo demuestra; esa gesta valió el episodio. 

 

6. EPISODIO I (Episode I: The Phantom Menace, George Lucas, 1999)

En 1999, año de películas innovadoras como Matrix, de crítica posmoderna como Magnolia o Belleza Americana, thrillers psicológicos como El club de la pelea u Ojos bien cerrados, Episodio Uno se estrenó con gran expectativa de la audiencia. Fanáticos y seguidores, curiosos y cinéfilos cuestionaban si sería buena idea virar hacia el pasado de los entrañables personajes y sucesos de la trilogía original. George Lucas volvería a dirigir una cinta de la saga, lo cual no había hecho desde que se estrenara la primera en 1977; eso adhería una mayor dosis de interés y a la vez la elucubración del error o acierto. El resultado, un éxito descomunal de taquilla, que acompasó una decepción de millones de devotos galácticos con la introducción de caracteres casi caricaturescos que por más animadversión que generaran, no podrían negar la importancia de conocer el pasado, origen y significado del principal villano de la historia que ahora se convertía en el héroe de la misma, Anakin Skywalker. Con ese giro sustantivo y amparado en el interés por descubrir cómo surgió la Fuerza en el universo y él la adquirió por gracia divina, el Episodio I valió. 

Lucas ofreció efectos visuales que deslumbraron en la carrera de vainas, consultas del senado, y en el posterior duelo de sables, pero que irónicamente carecieron de la magia y cercanía de aquellos efectos prácticos que cautivaron décadas atrás a los primeros espectadores. De pronto los sets no parecían ser reales, y los poblados rústicos, construidos en la coreografía de diseño, maquetas y creatividad casi heroica, atestiguaban palacios majestuosos y ciudades bajo el agua, donde el desierto quedaba como el único paraje creíble, el dual avance de la tecnología que les dio sentido. Y en medio de ese vendaval de nuevas realidades, y de una fantasía que mostraba un nuevo marco ambiental, Jar Jar Binks hizo de la broma indignación, que ni la presencia de Qui-Gon, ni las acrobacias de Darth Maul, ni la intrépida destreza de Yoda, ni la sabia juventud de Obi Wan aquietaron. Los gestos informativos indicaban que Anakin había nacido casi por iluminación, sido esclavo, y su genialidad le permitía armar, reparar y programar droides, piloteaba naves con o sin tecnología gracias a su pericia, y generaba suspicacia al concilio Jedi que advertía en él, pese a la inocencia de la edad temprana, el Lado Oscuro de la Fuerza. Liam Neeson, Ewan McGregor, Samuel L. Jackson, Jake Lloyd y Natalie Portman encabezaron el elenco del acontecimiento cinematográfico de fin de siglo que representó un giro de la trilogía que años atrás había presentado un cierre festivo. Podríamos concluir que el Episodio I es de las nueve películas que integran la saga, la más orientada al público infantil, pero por otra parte, si observamos la duda como un activo entre la Fuerza y el Lado Oscuro incubados en un niño, podría resultar entonces un debate por demás interesante; quizá es esa la razón por la cual, tras 20 años de su estreno, se haya convertido para algunas y algunos seguidores en una cinta de culto.  

 

5. EPISODIO VII: EL DESPERTAR DE LA FUERZA (The Force Awakens, J. J. Abrams, 2015)

La expectativa por una nueva trilogía en la saga despertó ansiedad, curiosidad y morbo desde el anuncio que confirmaba la venta de los derechos de las cintas al emporio Disney por parte de George Lucas. La preocupación de los fans sería hacia el cariz que tomaría la historia; la compra conllevaba su lógica explotación comercial, la cual no se haría solamente apelando a la nostalgia de lo filmado, sino a la melancólica ansia por material nuevo. Con Lucas alejado de su probable realización desde el guion hasta la selección del personal técnico y humano, el destino de la saga estaría, a juicio de condición de Lucas, en manos de Kathleen Kennedy, esposa de Frank Marshall y aliada de Lucas y Steven Spielberg por décadas; Kennedy es testigo participativo de las cintas que hicieron de Lucas y Spielberg, un tótem cinematográfico. 

A diferencia de la serie de precuelas dirigidas que exploran la infancia y juventud de Anakin Skywalker y su camino entre la Fuerza, el amor y el Lado Oscuro hasta convertirse en Darth Vader, la nueva trilogía estaría encaminada a retomar los hechos acontecidos y concluidos de El regreso del Jedi. La nueva aproximación a la historia implicaba obligatoriamente que algo había suscitado un probable regreso del Imperio, consecuencias no favorables para la Resistencia, o el despertar de una fuerza tendiente al Lado Oscuro. Por lo tanto, imaginar un porvenir al ya mostrado desenlace requería de creatividad a prueba de sentimientos, percepciones y empatías, para unir los dejos nostálgicos y devotos con nuevas generaciones y por ende, diferentes formas de acercarse a las salas de cine en el mundo. 

Nuevos contextos, circunstancias, panoramas geopolíticos, movimientos, cambios y fenómenos sociales convergen durante los 10 años que pasaron entre La venganza de los Sith y El despertar de la Fuerza, a nivel técnico concatenar la trama y los adelantos digitales entre las citadas trilogías y el nivel narrativo y fotográfico entre El regreso del Jedi y el Episodio VII. J. J. Abrams fue el elegido para asumir el reto, delinear continuación a la saga, aquello que nos preguntamos pero asumimos había concluido. Abrams emergió como director gracias a las series Lost y Fringe, a la cinta Súper 8 y haber debutado como director en la tercera entrega de Misión Imposible protagonizada por Tom Cruise, serie de la cual produciría las impecables entregas Protocolo fantasma, Nación secreta y Repercusión, además de dirigir el relanzamiento de la saga Viaje a las estrellas. Abrams decidió hacer una separación visual devenida en las precuelas y rendir homenaje a las primeras cintas, mezclar efectos prácticos y sets construidos con efectos digitales, lo cual, a juicio personal, fue su mayor acierto. Para lograr una mayor conexión con la audiencia, Abrams apeló al regreso de protagonistas y al lanzamiento de personajes con características similares que acompasaran los valores e ideales de la trilogía original con avenencias generacionales. 
A diferencia de los episodios I, II y III, los episodios VII, VIII y IX tendrían una gran cantidad de espectadores nacidos en el nuevo milenio, que para el cierre de la saga tendrían la mayoría de edad. Estas premisas permitieron que Rey, Kylo, BB 8, Finn o Poe tomaran, a medida que avanza el Episodio VII, el protagonismo generacional de la saga. No obstante, consciente de que las y los devotos de la primera trilogía se enamoraron y encauzaron gracias a Solo, Luke, Leia, 3PO, R2 D2, Lando, debía repetirles al compás de la presencia energética del emperador y del protagonista, Anakin Skywalker. El despertar de la Fuerza se convirtió en la película sin ajuste de inflación más taquillera de la historia de Estados Unidos, y en una de las más taquilleras a nivel mundial, y aunque batalló con el universo Marvel y sus millones de seguidores (análisis para otro DECÁLOGO) salió avante con calificaciones positivas, nominaciones a premios y una aprobación casi unánime de la audiencia: si no la amaron, sí la aprobaron. 

Las secuencias son dinámicas, bien logradas, los efectos visuales sobresalientes y la trama, aunque no rebuscada, resultó entretenida y sugerente. Podríamos conferir que Abrams revisitó el Episodio IV con suma puntualidad, situando el Episodio VII como un viaje involuntario y por destino asumido para su protagonista, una mujer, que acorde a los tiempos actuales refleja el amplio crecimiento de los protagónicos femeninos en las cintas de acción. La decisión fue para mi gusto por demás acertada; Rey, salvo las circunstancias y orígenes que decidieron conferirle, tal como Luke, atiende a sus sentimientos y percepciones, es un personaje intuitivo, valeroso, noble, heroico y vulnerable. Aunque no podemos medir el grado de impacto de la película, y pese a no desatar una fiebre como la vivida a fines de los años 70 y principios de los 80, El despertar de la Fuerza es un digno relanzamiento de la saga, para muchos vigorizó los claroscuros dejados por las precuelas, de las que sólo el Episodio Tres había entrado a discusiones sobre las tres mejores de la saga hasta ese momento. 

 

4. EPISODIO VI: EL REGRESO DEL JEDI (The Return of the Jedi, Richard Marquand, 1983) 

El regreso del Jedi es la cinta más festiva de la saga y, junto al Episodio I, presenta personajes creados ex profeso para su público infantil.

En el Episodio VI, Luke es ya un caballero Jedi, y el capítulo inicia mostrando sus persuasivos poderes; la película desborda aventura, acción y compañerismo, para concluir con revelaciones, afirmaciones y redenciones vertidas en la resolución del conflicto entre los Rebeldes y el Imperio, la Fuerza y el Lado Oscuro. Dirigida por Richard Marquand, El regreso del Jedi fue estrenada 6 años después de que Una nueva esperanza irrumpiera en el firmamento cinematográfico universal, y 3 años después de que El Imperio contraataca deslumbrara con su lúgubre capítulo existencial y definitorio. 

Sí, un primer espacio de 3 largos años de espera, curiosidad y vacilación, el Episodio V había sido oscuro, devastador, lejano a los colores cobrizos del horizonte o al estrellado espacio de la primera cinta, entre el blanco y negro de su premisa, sacudió a los espectadores para delegar la saga a una especie de limbo narrativo, digno del clímax operístico de una obra maestra. La revelación de paternidad del villano ante el héroe, la introducción de Yoda como maestro Jedi, aislado en los pantanos del olvido, o la incertidumbre atestiguada de Han Solo, héroe máximo criogenizo, son algunas de las aristas que restan como asuntos pendientes para el trienio que antecedió a El regreso del Jedi

El Episodio VI presenta a Jabba y su reino de criaturas extrañas que habíamos ya conocido durante la cinta inicial: Bobba Fett, que había en el episodio anterior llamado la atención y criogenizado a Han Solo, se convierte en el personaje más deseado por los coleccionistas; Luke viste todo de negro, incluido su característico guante, y asume ser el heredero de la Fuerza; Leia y Han confieren su atracción y Lucas desde su guion avista que aquellos niños que nacieron con la primera cinta, tendrían ya la edad necesaria para ser nuevos fanáticos, de ahí que podamos comprender la aparición de los Ewoks. El regreso del Jedi es dinámica, plena de persecuciones y secuencias hilarantes que centran su sinergia en la camaradería y en la alianza de Rebeldes ante el Imperio, pero por otra parte justifica su título en un encuentro, momento climático en donde el emperador confronta a Luke en el tenor de la fuerza, conflicto interior que como todo mito, recae en el padre en relación con su origen, Darth Vader ha vuelto a ser Anakin, y en ese instante, la Fuerza ha consumado la trama. 

Para algunos críticos la cinta carece de la innovadora frescura de la cinta original y de la profundidad narrativa de la segunda, y aunque en algunos rubros les asiste la razón, para mí resulta hilarante y entretenida. Quizá es el apego quien escribe, y no la profusa observación de las cualidades cinematográficas de la cinta; el Episodio VI logra desde la otredad abrazar el universo galáctico de su genio creativo, logrando alcanzar el pico de mercadotecnia de una saga que llegaba a su culmen, las figuras de acción inundaron tiendas de autoservicio, jugueterías y almacenes, la gran variedad de productos se popularizó de forma superlativa y los coleccionistas al concluirse la trilogía emergieron con la consiga de una franquicia de culto. El Episodio VI sentaría bases para una audiencia ávida del universo galáctico, cerraría dudas narrativas dejadas por la segunda cinta y celebraría el triunfo rebelde, el amor de Leia y Han, la redención de Anakin, y por ende, El regreso del Jedi.

 

3. EPISODIO III: LA VENGANZA DE LOS SITH (The Revenge of the Sith, George Lucas, 2005)

Concluir la trilogía de precuelas galácticas supuso un reto mayor para George Lucas; tras los tibios estrenos de los episodios I y II, el Episodio III cobraba mayor relevancia. Por una parte, significaba brindar fuerza al converso proceso de Anakin hacia el Lado Oscuro, así como narrar su separación de Obi Wan, la muerte de Padme y el nacimiento de Luke y Leia. Para mi gusto es la mejor cinta de las precuelas, oscura y desenvuelta, de secuencias magníficamente coreografiadas, batallas con sables de luz que resultan emocionantes, destacando el épico duelo entre Anakin y Obi Wan, que a la postre suscribe los dejos que configurarán a Darth Vader y el empoderamiento definitivo de Palpatine. 

Del mismo modo, algunas explicaciones funcionan para conectar el Episodio IV. El guion asienta el destino de Leia hacia una posición más protegida dentro del Imperio, y de Luke en una especie de aislamiento menos suntuoso y más bien modesto en el desierto. El amor idílico se transforma intempestivamente en una tragedia propia del mito, la ópera alcanza su clímax inicial, para reiniciar la tensión dramática hasta la develación de la verdad en el Episodio Cinco. La valía de esta cinta no sólo recae en su acción y espectaculares efectos visuales sino también en su lírica explicativa y hasta cierto punto condescendiente, que parece justificar la realización de las precuelas; para algunas y algunos fanáticos de la saga, el Episodio III resulta sorpresivo tanto del futuro como hacia el pasado, y ese viso del guion me pareció por demás destacado. Podemos cuestionar y debatir la existencia de un universo previo a las películas que nos cautivaron, pero no argüir que hay varias aristas que resultan interesantes en la suma del su universo galáctico. En las precuelas que concluyeron con el Episodio III, personajes como Padme, Qui-Gon, Darth Maul, General Grievous, Jango Fett, Mace Windu o el Conde Dooku le aportaron identidad a un pasado que conocíamos por referencias compartidas como leyenda en las cintas originales, y confirmamos que Yoda no sólo era un sabio sino también un diestro guerrero de la fuerza. 

Cuando la película fue estrenada a mediados del año 2005, había ya concluido la fiebre por El señor de los anillos que encapsuló al estreno del Episodio II, al igual que el Episodio I había sido eclipsado por Matrix. En 2001, 2002 y 2003 no hubo mayor saga que la dirigida por Peter Jackson, incluso las entregas de Harry Potter recibían un mayor sesgo de atención. En 2005, La guerra de los mundos de Steven Spielberg fue una cinta que llamó poderosamente la atención; al ser estrenada semanas después permitió al Episodio III tener su período taquillero, aunque no evitó que otra cinta de Jackson, King Kong, tomara los Premios de la Academia para categorías técnicas. Hayden Christensen, tras fuertes críticas, concluía su participación como el joven Anakin, y el enorme Christopher Lee sumaba La guerra de las galaxias a su extraordinaria trayectoria. 

La senda de Anakin se consuma de niño en adulto, de Padawan a Jedi, de Jedi a Sith, y el escenario para las películas originales ha sido explicado; cierto, la explicación no fue una urgente solícita, más sí la necesidad creativa e incluso existencial para su creador. George Lucas concluye así la narración de su universo, y lo hace con una nota más alta que lo que le había precedido ante los episodios previos; las precuelas quedarían entonces a la orden del público: sumarlas o no a su culto sería, como en toda apreciación desde el arte, una mera aproximación del apego. Salvo la escena en que Vader se entera de que Padme ha muerto, asumiendo en su condición que el suspiro de la Fuerza en él se ha agotado, y esgrime un sonoro grito caricaturesco, La venganza de los Sith es una estupenda cinta que comparte cómo es que la Fuerza seduce entre claroscuros, que somos dualidad a reflejo, y que las profecías se cumplen o son aviso. 

 

2. EPISODIO CUATRO: UNA NUEVA ESPERANZA (A New Hope, George Lucas, 1977) 

Una de las mejores películas estrenadas en los años 70, y una de las mejores cintas en general de la historia de la cinematografía universal, La guerra de las galaxias se convirtió en un sorpresivo éxito de taquilla, y en una aclamada realización ganadora de siete Premios de la Academia (y nominada tambien a nominada a Mejor película del año, aunque en ese caso vencida por Annie Hall de Woody Allen; Lucas debió llevarse la estatuilla). No obstante, hay quienes aún consideran que Allen debió ser premiado un par de años más tarde por Manhattan y no en 1977 cuando Lucas cimbró la industria con la película original de ciencia ficción que más influencia ha tenido a nivel cultural en el mundo.

Ópera espacial por excelencia, el culmen de la ciencia ficción popularizada y su influencia en la cultura de fin de siglo, la concatenación de culturas, credos, filosofías, religiones y fantasías; la símil relación de los resabios de la Segunda Guerra Mundial, gobiernos totalitarios, imperios del dogma y la rebelde resistencia, es más la apelación al statu quo del mito que la construcción de nuevos arquetipos modernos. A diferencia de las precuelas y de las secuelas de la trilogía original de La guerra de las galaxias, situadas en la posmodernidad y el cambio de siglo, la película original muestra una cercanía mayor con la posguerra y con los sucesos históricos de un mundo dividido por Vietnam y la Guerra Fría, una ingeniosa alternativa a las cintas de guerra y crudas realidades que la industria presenta como parte de su nueva época de oro. La guerra de las galaxias apuntala el fenómeno taquillero que habían experimentado películas como El padrino o Barrio chino, junto a cintas que a la postre serían conocidas como blockbusters y que Tiburón había definido con elementos caracterizables: ciencia ficción, aventura, efectos especiales, banda sonora, y la audacia de jóvenes directores quienes, nacidos tras la Segunda Guerra Mundial y crecidos en los años 50 y 60, apostaron por la construcción de nuevas realidades. 

Ninguna película ha tenido mayor influencia en la cultura popular que esta epifanía de efectos visuales, edición audaz, música perfecta, marketing estratégico y la genial dirección empedernida de Lucas por centrarse en las secuencias más que en su elenco, lo cual resultó ser más virtud que defecto, más error que acierto; la mezcla de actores promesas, en proceso de consolidación y consagrados, abrió terreno a la improvisación, la redención de la realidad sólo asequible por una energía predeterminada, sugerente, espiritual, mística e inexorable, lo mismo resulta ser un lugar común que un sitio extraordinario e improbable, sin mayor pretensión para los distribuidores de su tiempo, es al instante el sueño realizado de su director. Justo ahora que concluye la saga para volver al ciclo, vale recordar con nostalgia la fuerza que acompaña  la película, que tras habitar idílica los prados independientes del Rancho Skywalker en San Francisco, ahora comercialmente reside las paredes del castillo por excelencia del capitalismo cinematográfico, los Estudios Disney. 

 

1. EPISODIO V: EL IMPERIO CONTRAATACA (The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980) 

Cuando en 1980 se estrenó el Episodio V, las apuestas de la industria eran seguras pero reservadas, la película inicial había sido un éxito de taquilla que, sorpresivo, había quebrado todos los récords previos y sentado los cimientos de una legión de seguidoras y seguidores cautivos en el mundo; continuar una historia que parecía cerrada representaba un reto. El objetivo era hacerlo desde una perspectiva más oscura, adhiriendo a la trama un argumento místico, interesante y atractivo, brindar desde el laberinto misterios causales y consecuentes hechos previos, un halo de revelador que hiciera que La guerra de las galaxias pasara de ser de una emocionante y fresca cinta de ciencia ficción, pletórica de aventuras e innovadores efectos visuales, a una ópera cinematográfica de gran impacto; este cariz lo brindó el Episodio V

“Yo soy tu padre”, le confiesa Darth Vader a Luke Skywalker; el villano más odiado ha revelado que el héroe máximo es su hijo, el balance del bien y el mal habitan en ellos como una fuerza. Esta revelación del mito sustenta en la tragedia clásica el imaginario de Lucas, los arquetipos confieren a sus personajes posicionamientos, discernimiento y dualidad, conflictos internos y decisiones extremas que atienden a la intuición, a la habilidad, a la concentración, a la dubitación y en síntesis, a la Fuerza. Visualmente la cinta es impecable y atisba trazos de la realidad, como el detalle de suturar el rostro de Mark Hamill tras resultar herido al inicio de la película (en la vida real el actor sufrió un serio accidente, de ahí que el rostro del joven Luke se viera muy cambiado con la secuela); la nieve como palestra compele un escenario distinto de la primera película, resultando irónicamente más lúgubre desde el blanco, el pantano de Dagobah envuelve misterio y confiere penumbras al descubrimiento del aislado Yoda, su posterior entrenamiento Jedi y su muerte. 

Lealtad y traición alcanzan su tope con personajes como Lando y Boba Fett, la película tiene un ritmo operístico y juglar; entre arias, ariles y solos, la emblemática banda sonora se vuelve un personaje ambiental definitivo, y la dirección de Kershner resulta magistral, una de las mejores películas de la década de los años 80, clímax y epítome de la filosofía Star Wars, el relato pronuncia una fábula y la fábula una leyenda que fortalece el mito, la fatalidad del protagonista dispensa que no todo está perdido, que existe tras la mirilla esperanza. Luke, Han y Leia conllevan la trama como soportes de un carácter de mayor relevancia; Yoda es el maestro Jedi, pero la búsqueda de redención está en el villano. Vader es el auténtico protagonista; por más que lo niegue, Luke debe aceptar que su padre es la encarnación del Mal, y que una parte suya pudiera parecerse a él si se deja seducir por el Lado Oscuro. La batalla parricida entre Luke y Vader, uno a sabiendas, el otro en ignorancia, es la síntesis clásica de la saga, ahí cohabitan los símbolos que le dan sentido. 

Y aunque el universo Star Wars pudiera haberse quedado sólo con Una nueva esperanza, El Imperio contraataca condujo a una entretenida cinta innovadora, a ser la fundacional creación de un mito cinematográfico. Es el Episodio V tal vez la mayor aportación del universo Lucas a su propio canon, para el aspirante a arqueólogo, Indiana Jones es la invención de su yo aventurero, La guerra de las galaxias es la exposición de su yo explorador, en ambas creaciones el guionista exhibe su alter ego, sus sueños, anhelos e ilusiones, los intereses místicos por desentrañar el pasado y la imaginación de edificar un propio universo. 

 

Iván Uriel Atanacio Medellín es escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial hispanoamericana. Es autor de las novelas El Surco El Ítamo, y de los poemarios Navegar sin Remos y Puntos cardinales, los cuales abordan la migración universal y han sido estudiados en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es director editorial de Filmakersmovie.com.