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Científicos descubren una civilización en las profundidades del Mar del Norte

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/30/2019

Una expedición arqueológica encontró los vestigios de un asentamiento humano en las profundidades del Mar del Norte

Entre las leyendas que pueblan nuestro imaginario colectivo, una de las más poderosas es aquella sobre la existencia de una civilización situada en las profundidades del océano. Es posible que el origen de esta fantasía haya sido el mito de la Atlántida que Platón refiere en su diálogo Timeo y que, a su vez, parece que se contró por primera vez en Egipto, donde algunos sacerdotes la relataron a Solón, el célebre legislador ateniense.

En esa leyenda, la Atlántida no tiene sólo la característica de ser submarina, sino que además presume un nivel sumamente avanzado de conocimiento y tecnología. Su ruina, de hecho, se debió a que en cierto momento los sabios de la Atlántida emprendieron la búsqueda de la inmortalidad, lo cual atrajo la ira de los dioses, que destruyeron la ciudad.

Más allá de la veracidad o la falsedad de esta historia (que acaso sea imposible de comprobar, en cualquier sentido), podría al menos aceptarse la posibilidad de que haya culturas que el pasado sepultó en el olvido y de las cuales no quedó ni un solo vestigio. La historia no necesariamente es el relato fiel de lo que pasó, sino apenas de lo que conocemos, y en ese sentido, ¿no es sensato darle un lugar a la ignorancia y aceptar simplemente que hay cosas que no sabemos?

Prueba de ello es un hallazgo realizado recientemente por un grupo de investigadores en el Mar del Norte, quienes en una expedición se toparon con lo que parecen ser los restos de una sociedad primitiva.

El descubrimiento se hizo en una zona que se localiza entre la costa este de la isla de Gran Bretaña, los Países Bajos, la costa oeste de Alemania y la península de Jutlandia (donde en su mayor parte se asienta Dinamarca). Esta región es conocida en el medio científico especializado como Doggerland y, de acuerdo con diversas hipótesis, se supone que alguna vez fue el puente de unión entre la Europa continental y las islas británicas. De acuerdo con esta teoría, cerca del año 6500 antes de nuestra era el nivel del mar se elevó a tal grado que inundó la región y separó desde entonces ambos territorios.

Entre la evidencia que comprueba esta idea se encuentran precisamente las observaciones submarinas ahí realizadas. Hace unos años, por ejemplo, se encontraron en la zona los restos de un bosque fosilizado.

En esta ocasión, un grupo de científicos bajo la dirección del arqueólogo Vincent Gaffney (de la Universidad de Bradford, Reino Unido), encontró lo que parecen ser los indicios de un asentamiento humano que obtenía su sustento de la recolección y la caza. 

Ya antes otras expediciones han hallado objetos de fabricación humana (puntas de lanza, herramientas de pedernal, etc.), pero hasta la fecha no se había estado tan cerca de confirmar la existencia de una sociedad asentada en la región. Gaffney espera obtener en el otoño la evidencia necesaria para confirmar este hallazgo.

Más allá de sus evocaciones legendarias, el descubrimiento contribuye a pensar de otra manera nuestra historia e incluso nuestro presente. Nuestra especie se ha creado una imagen de sí misma como indisputable en este planeta, ¿pero qué nos dice que ese imperio no puede llegar a su fin? ¿Qué secretos guardan las profundidades de la Tierra sobre la posibilidad de una historia que no haya tomado en cuenta al ser humano?

 

También en Pijama Surf: Científicos investigan la posibilidad de que haya existido una civilización millones de años atrás en la Tierra

 

Imagen de portada: Representación artística de la Atlántida, BigstockPhoto

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Según Einstein, esta frase de Schopenhauer le sirvió de guía y consuelo durante toda la vida

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/30/2019

Una frase paradójica que alentó a Einstein a lo largo de la vida

El pensamiento de Albert Einstein se inclinó al determinismo, a la postura de que el universo está regido por causas y todos los sucesos, incluidos nuestros estados mentales, son determinados por leyes preexistentes. Ciertamente, esta postura pone en entredicho la libertad. Pero por otro lado, puede hacer que las personas acepten la vida como un destino y quizá que se relajen al notar que ellos no están en control, sino que hay algo superior que determina sus vidas. Einstein se pronunció a favor del dios de Spinoza, la Naturaleza misma que estaba regida por principios racionales, por leyes eternas. 

En el popular libro que recopila la filosofía de vida de Einstein Mi visión del mundo, leemos el siguiente párrafo:

No creo en absoluto en la libertad del hombre en un sentido filosófico. Actuamos bajo presiones externas y por necesidades internas. La frase de Schopenhauer: "Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere", me bastó desde la juventud.  Me ha servido de consuelo, tanto al ver como al sufrir las durezas de la vida, y ha sido para mí una fuente inagotable de tolerancia. Ha aliviado ese sentido de responsabilidad que tantas veces puede volverse demasiado en serio, ni a mí mismo ni a los demás. Así, pues, veo la vida con humor.

La filosofía de la voluntad de Schopenhauer postula un mundo determinista, aunque con una calificación, en la que hay necesidad en todos los actos del individuo, pero la esencia de éste es la Voluntad trascendente: "Ni un átomo podía describir en su vuelo una trayectoria distinta a la que ha descrito, ni un hombre puede obrar de otra manera a como lo ha hecho". Para Schopenhauer todo ocurre por necesidad, pero esto es el mundo de la representación o el mundo de las apariencias y de lo objetivo. La esencia del sujeto es, sin embargo, la voluntad, una "voluntad libre sin más", la cosa en sí que, por el principio de razón suficiente, es experimentada como el mundo causal, en el tiempo y el espacio. La libertad del individuo es su aniquilación, en el sentido místico del budismo y el hinduismo, que fueron tan estimados por Schopenhauer.

Einstein no tiende tanto al misticismo. Lo que para Schopenhauer es la "Voluntad", para Einstein sería la Naturaleza o el Dios racional de Spinoza. Sin embargo, Einstein habla de una "religiosidad cósmica" y de la sensación del misterio que es la madre tanto de la ciencia como la religión. La frase de Schopenhauer citada es tan importante para Einstein justamente porque permite postular este principio racional trascendente que dirige el cosmos y determina cada acto dentro del mismo, a la vez que le permite cierto consuelo y sosiego ante la pequeñez y la impotencia humana.