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Una de las grandes celebraciones religiosas del mundo se lleva a cabo esta noche

Hoy millones de personas en todo el mundo, aunque particularmente en la India, celebran la noche consagrada al dios Shiva ("el auspicioso", "el destructor del mal"), noche que también es considerada como el inicio de la primavera, en la primera luna nueva del mes de Phalguna. La festividad generalmente consta de diversas pujas o ceremonias que suelen consistir en cantar el nombre de la deidad, adorar su imagen y hacer ayunos y ofrendas. Muchos devotos visitan templos, particularmente los famosos "jyotirlinga", los templos de la luz del poder creativo de Shiva, especialmente en Benarés (Varanasi) y en Somnath. Por todos lados se escucha el zumbido gnosémico del mantra: Om Nama Shivaya. Y en algunos casos, particularmente entre ciertas sectas de sadhus o santos, se fuma cannabis de manera ritual (incluso, en Nepal, en este día se levanta la prohibición).

El origen del  festival  se pierde en el tiempo y generalmente se entiende que la Maha Shivaratri conmemora diferentes episodios de la mitología. Para algunos, el famoso "batido de la leche de océano" en la épica batalla entre los asuras y los devas por obtener el néctar de la inmortalidad o amrita, cuando Shiva habría salvado al universo siendo el único de los dioses capaz de ingerir la cocción venenosa (halahala). Al estar ordeñando el océano para obtener el néctar de la inmortalidad, antes de obtener el amrita, una sustancia ponzoñosa letal se empezó a producir; la sustancia tenía el poder de destruir el mundo entero y sólo Shiva se atrevió a contenerla, consumiéndola. Con la ayuda de su consorte Parvati -quien en una historia le aprieta la garganta; en otra, se detiene el efecto a través del yoga sexual- Shiva logró contener el veneno en su cuello, evitando que se expandiera por todo su cuerpo, y de aquí toma el título de nilkanth, "el del cuello azul".

Para otros, la festividad marca el día en el que Shiva hizo su danza cósmica. Una de las representaciones más conocidas de Shiva es la de Nataraja, la imagen feroz de múltiples brazos danzando como un átomo. La danza divina de Shiva se conoce como tandava; se dice que esta danza refleja cinco actividades cósmicas o pancakritaya: creación, preservación, disolución, oscurecimiento y salvación. Realizada con gozo, se le conoce como ananda tandava (pese a la destrucción, hay alegría en el proceso extático de manifestación y disolución); con furia, es rudra tandava

Otros más celebran el jyotirlinga, esto es, la "columna radiante" o "falo luminoso" de Shiva. Una historia narra que, disputando quién era el dios supremo, Shiva se manifestó como una columna de luz infinita; los otros dioses principales, Vishnu y Brahma, decidieron que el dios supremo sería aquel que lograra alcanzar antes el final de esta columna. Ninguno de los dos lo consiguió (aunque Brahma mintió diciendo que lo había hecho y por ello, cuenta la leyenda, hoy en día se le ha dejado de adorar). La historia parece afirmar la supremacía de Shiva. En la Maha Shivaratri los devotos visitan alguno de los jyotirlinga, templos consagrados a Shiva, con este objeto devocional.

Shiva es una de las deidades más importantes y queridas de la India, junto con Vishnu (o Krishna) y Devi. Es particularmente apreciado por los yoguis, tanto por los naths -de quienes viene el hatha yoga- como por los practicantes del tantrismo de Cachemira (la forma dominantes del tantra hindú). Uno de los más grandes filósofos, teólogos y maestros espirituales de la India, Abhinavagupta, fue devoto de Shiva. Y se dice que el pensador más importante de este enorme país, al menos después del Buda, Shankaracharya, quien llevó uno de los nombres de Shiva, fue una especie de encarnación de esta deidad.

Para celebrar la Maha Shivaratri te compartimos una excelente lista de mantras de Shiva, compilada por el traductor y practicante tántrico Christopher Wallis, que puedes escuchar en este enlace.

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Los algoritmos están siendo usados -como hechizos mágicos invisibles- para explotar las debilidades emocionales y psicológicas del ser humano para extraer su atención, energía y capital. Esto es muy similar a lo que se creía que eran los demonios

Vivimos inmersos en un ambiente digital que afecta e incluso moldea nuestra conducta de maneras que a veces pasan desapercibidas. Lo primero que debemos hacer ante una tecnología o un nuevo medio, según enseñó Marshall McLuhan, es pensar críticamente y reconocer que la tecnología no es neutral, es decir, que no depende solamente del contenido. El medio es el mensaje y, como ha notado Douglas Rushkoff, los programas nos programan. Debemos pensar en la tecnología como una droga que altera nuestra conciencia para decidir hasta qué punto queremos seguir alterándonos o para orientarnos al menos en el viaje. Incluso, quizá no sea exagerado pensar en los algoritmos que son la base de las plataformas tecnológicas actuales como una suerte de demonios.

En una conversación reciente entre el teórico de medios Douglas Rushkoff y el programador y ocultista Mark Pesce, este último sugirió que podemos pensar en los algoritmos como una versión moderna de lo que era entendido en la Edad Media y en el Renacimiento como un demonio. Y es que un algoritmo responde en tiempo real a nuestras conductas y "busca debilidades en la mente humana para explotarla a favor del consumo". Estos algoritmos corren invisiblemente, y están siendo programados "para encontrar nuestras debilidades y excavarlas para que actuemos en contra de nuestros propios intereses".

Pesce explica que que algoritmos como el de Facebook están "observando tus respuestas y construyendo un simulacro de ti mismo contra el cual pueden medir cuál es tu estado emocional para así alimentarte de ciertas cosas". En otras palabras, se trata de una "inteligencia artificial para esencialmente leer y alterar tus estados emocionales... si esto fuera el siglo XIV, lo que estoy evocando: algo que altera tus emociones y a lo cual le entregas energía y te la regresa de otra forma, lo pensaríamos en términos de una demonología". La tecnología como demonología La tecnología como demonología. Y debemos preguntarnos: ¿qué tipo de contrato hemos firmado y hemos prometido por recibir algunos dulces de dopamina digital? Quizá lo que perdemos en este acuerdo no es menos que nuestra alma. Pues como escribió Goethe, si invocas demonios o espíritus, lo mínimo que debes saber es cómo desaparecerlos después. Pero esto es algo que no sabemos. 

Por su parte, Rushkoff sugiere que podemos pensar en la tecnología -a través de la cual se expresan los valores capitalistas- como una aspiradora gigante que extrae nuestra humanidad y elimina de la ecuación las cosas que no entran dentro del modelo de crecimiento infinito de la economía o de la visión mecanicista de la realidad (el mundo como máquina y la vida como algoritmo). Una industria multibillonaria está aprendiendo cada instante, cada punto de data, a explotar nuestras vulnerabilidades como humanos y está blandiendo toda su panoplia de artefactos de persuasión y manipulación para hacernos pasar más tiempo en sus plataformas, para volvernos más adictos y hacernos más inseguros o más enojosos o más ensimismados (porque estos estados son más conducentes al consumo).   

Desde hace algunas décadas el investigador rumano Ioan Petru Culianu notó que en la época moderna, la publicidad y la propaganda habían reemplazado a la magia. Ciertamente, el surgimiento de agencias de marketing, de corporaciones que utilizan logos (a veces con emblemas utilizados por la masonería o el ocultismo) o de políticos "carismáticos" que contratan agencias para que diseñen su discurso e imagen para crear ciertos efectos emocionales, pueden insertarse dentro de esta lógica, la cual Culianu encuentra anticipada en Giordano Bruno y su texto Sobre los vínculos en general. En este texto el filósofo y mago renacentista traza un paralelo entre lo que hace el mago y el amante: ambos tejen una serie de vínculos "pneumáticos" y eróticos o libidinales usando la simpatía y la resonancia entre esos vínculos y las características de la persona u objeto que quieren afectar (las cuales deben estudiar). Ambos se informan, estudian a su presa, lanzan su red, disponen sus carnadas y seducen para ganar control del mecanismo pneumático de su objeto deseado. Esta misma dinámica, como debe de ser evidente ya, la podemos aplicar a la publicidad y ahora también a los algoritmos y al "machine learning" que entre otras cosas aprende a crear un vínculo con la persona, haciendo de la tecnología un simulacro de conectividad humana.