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Aphex Twin se presentará en México este año en el festival Ceremonia

Arte

Por: pijamasurf - 01/07/2019

Aphex Twin estará presentándose en el festival Ceremonia en abril

Aphex Twin, uno de los músicos más influyentes de los últimos 30 años y uno de lo más elusivos, se presentará por primera vez en México en el festival Ceremonia el 6 de abril de 2019. El festival mexicano se beneficia de que Aphex Twin confirmó hace unos días que se presentará en Coachella 1 semana después en el mismo mes. Aphex Twin, el proyecto central del prodigioso Richard James, es uno de los actos más difíciles de conseguir para una presentación en vivo, ya que James no se rige por los mismos patrones o deseos que la mayoría de los músicos y no ha basado su carrera en la búsqueda de fama y dinero. Sin embargo, en los últimos 2 años, James se ha mostrado más abierto a presentarse en escenarios en diversas partes del mundo. No han sido raros en su carrera períodos de varios años sin presentarse en ningún escenario y aunque ha sido enormemente prolífico, la mayor parte de su música no ha sido nunca lanzada al público. 

Aunque quizá habría sido mejor escuchar a Aphex Twin en un evento distinto, más especializado o con una propuesta más en línea con el ethos de Richard James, no hay duda de que la presentación de Aphex Twin será un momento difícil de superar en el 2019 en México en cuanto a la música se refiere.

Aphex Twin es considerado el más importante exponente de la llamada intelligent dance music (IDM, no confundir con el EDM) y ha sido llamado  el "Mozart del techno", aunque su música difícilmente puede definirse solamente como techno. Richard James ha creado un estilo único basado en la microprogramación y en la experimentación con sonidos análogos, creando él mismo muchos de sus aparatos o incluso desarrollando sus propios softwares. Su influencia es enorme y abarca todos los géneros, y él es unánimemente considerado como un genio adelantado a su tiempo, fiel siempre a su extraño y refinado espíritu. Generalmente se relaciona su música con las drogas, particularmente con el ácido, pero James ha dicho en repetidas ocasiones que no suele componer bajo la influencia de las drogas, ya que cuando lo ha intentado el resultado es muy pobre. En realidad James es un chico tímido de Cornwall (ciudad británica donde creció, aunque nació en Irlanda), que podría fácilmente haber acabado en la cárcel si no hubiera sido porque empezó a hacer música desde que tenía 12 años y a inmiscuirse con las máquinas (colecciona tecnología militar y estudió ingeniería). A los 21 años ya había producido un clásico de la música electrónica: Selected Ambient Works (1985-1992), el cual demuestra una deslumbrante precocidad. En 2001 lanzaría el infravalorado DrukQs, su único álbum en más de 1 década, hasta Syro (2014). Quizá ningún otro artista ha combinado con mayor felicidad lo raro, bizarro, tétrico y hasta repulsivo con momentos de lo más sublime y celestial. Los breakbeats y los loops de Aphex Twin remiten por momentos a agujeros de ketamina, a glitches en el sistema, al cortocircuito de la realidad, pero siempre resurge con una melodía azul, como podemos encontrar en los pianos de Erik Satie o de Chopin. Detrás de la realidad pixelada, la pantalla congelada y el paroxismo de la cara, se encuentra una dimensión angelical, de pura luz y paz, como ese reino prometido al que, según los grandes maestros espirituales, sólo acceden los que son como los niños.

 

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Arte

Por: pijamasurf - 01/07/2019

Esta secuencia de 'Isla de perros', la película más reciente de Wes Anderson, es increíble por todo el trabajo que requirió

Como sabemos bien, en nuestras sociedades el trabajo creativo y artístico no suele ser bien remunerado. La satisfacción de los artistas y creadores por hacer lo que les gusta es grande, pero esto no se traduce siempre en las mejores condiciones de vida.

Una explicación relativamente sencilla para este fenómeno podría encontrarse en la manera en que se conforman nuestras comunidades. Desde el nacimiento hasta que se alcanza la edad para una “vida activa”, buena parte de la educación que se recibe está orientada más bien a alienarse que a expresarse, esto es, a incorporarse a las filas ya creadas en el seno de la cultura y la civilización y no a dejar que cada persona desarrolle sus capacidades en plena libertad. Sin partidismos de ningún tipo podría pensarse que hasta cierto punto esto es necesario, pues sólo bajo esas condiciones se hace posible la vida en sociedad de la cual depende el ser humano para su supervivencia.

Con todo, como han observado grandes pensadores (entre varios otros, Sigmund Freud), dicha “cuota” para formar parte del colectivo humano puede ser altamente costosa para el ser humano considerado como sujeto o persona. La opresión que ejercen las instituciones coercitivas de la civilización (la educación, las leyes, la moral, etc.) provoca en algunos la dificultad de expresar lo más auténtico que hay en ellos, como si esto no fuera valioso ni importante.

Y eso es precisamente lo que ocurre con las actividades artísticas: en una sociedad como la nuestra, en donde desde hace varios siglos casi lo único que importa es generar riqueza material, triunfar sobre los otros, asegurar el dominio individual, etc., las artes se miran con desdén o con sospecha, pues aun cuando pueden participar de esa misma actitud respecto del mundo, en general tienen su origen en un impulso espontáneo del sujeto, un deseo de decir y de hacer, de expresar algo que bulle en su interior que quizá no entiende, pero que encuentra una forma en una pintura, una rutina de baile, un texto narrativo, etcétera.

Si hablamos de esto es no sólo para reflexionar teóricamente sobre la noción de valor en una actividad artística, sino también en la práctica, a partir de un video dado a conocer recientemente que registra la elaboración de una secuencia del filme Isla de perros (Isle of Dogs), dirigido por Wes Anderson y estrenado este 2018.

La cinta es en su totalidad una animación en el formato stop motion, que con frecuencia involucra la captura de fotogramas de figuras modeladas en arcilla o plastilina, las cuales se animan manualmente. Como se ve, se trata de un proceso que requiere de un trabajo amplio en diversos ámbitos.

El video así lo muestra, pues captura en alta velocidad las operaciones empleadas para filmar una secuencia de 39 segundos en la que uno de los personajes de la cinta prepara diversos tipos de sushi. En total, para dicha escena se emplearon nada menos que 32 días de trabajo intenso, esto es, casi 1 día de trabajo por cada segundo de la imagen vista en pantalla. Compartimos a continuación el video de la secuencia original y el que consigna su realización.

¿Qué te parece? Vaya que las artes y la creatividad son un trabajo, ¿no es cierto?

 

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