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Syro, el nuevo álbum de Aphex Twin tras 13 años de virtual silencio #MúsicaSuave

Por: Javier Barros Del Villar - 09/18/2014

El brillante irlandés Richard D. James estrena su primer álbum de estudio en 13 años, un recorrido poco sorpresivo y bien logrado por las entrañas de su identidad musical

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Pocas mentes musicales más complejas, al menos en las últimas décadas, que la del irlandés Richard D. James. Su veta matemática, enramada con una sensibilidad desbordada, terminan por animar uno de los discursos sonoros más intrigantes y mejor logrados de nuestra generación. Luego de 13 años de no estrenar un álbum de estudio, al menos bajo la firma de Aphex Twin, James irrumpe con Syro, un LP de 12 tracks que sintetiza, suponemos, el trayecto experiencial que protagonizó durante este periodo de recogimiento.

Fiel a su neurosis didáctica, por momentos ejemplar, durante la exclusiva presentación de Syro en Nueva York, ocurrida el pasado 6 de septiembre, se solicitó a los asistentes abstenerse de llevar teléfonos y cualquier otro dispositivo al evento. Al parecer la limitante no sólo respondía a evitar que este exótico corindón se filtrara a las mareas digitales; también se trataba de un llamado a los asistentes a vivir el momento y, sobretodo, de un recordatorio: la invitación era a escuchar la música que James estrenaba y no a tuitear sus sensaciones, instagramear su outfit de la ocasión o presumir su presencia vía Facebook. Tampoco se trataba de dedicar tiempo y energía a tratar de documentar en foto o video la experiencia –lo cual podría interpretarse como una cátedra de gentileza pro-musical, un gesto especialmente pertinente en esta época.

APHEX TWIN

Vastas praderas sintéticas habitadas por breakbeats, aradas por medio de herramientas como el acid house o el jungle temprano, dibujan el mapa de Syro. Aquellos que soñaron con secuencias de metafísica futurista o un desfile de "improcesable" innovación sonora, una constante en el Aphex Twin de hace 15 o 20 años, quizá habrán experimentado una cierta decepción al encontrarse con un álbum que más que intentar azorarnos con una épica reinvención, nos presenta una especie de ejercicio reflexivo, una discreta reorganización de los sonidos que James nos había ya presentado desde hace décadas.

Si bien no se trata de un disco impenetrable, repleto de glándulas pineales psicotrónicas –como lo es buena parte de su discografía–, tampoco estamos frente a la gentileza de sus compilaciones de ambient o del accesible humor de tracks como "Milk Man". Pero en todo caso queda claro que en Syro James hace lo que mejor sabe hacer: construir rebujados sistemas de resonancia que terminan materializados en un código musical indiscutiblemente suyo. Se trata de  un disco tan sincero como poco complaciente, que no busca saciar las monumentales expectativas que presumiblemente generaría el "primer álbum de Aphex Twin en 13 años".

Syro será estrenado oficialmente este próximo 22 de septiembre. Por suerte pudimos encontrarlo antes para presentárselos, pero también advierto que, como ocurre con muchas de sus piezas, antes de hablar de él tendría que haber esperado días, quizá semanas, para digerirlo. La primicia nos ganó, y estamos contentos de compartir con ustedes este regalo otoñal auspiciado por la siempre genial complejidad de Richard D. James.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis     

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La efervescencia colectiva: los beneficios sociales de los rituales

Por: pijamasurf - 09/18/2014

Los rituales grupales que involucran sensaciones físicas extremas refuerzan la cohesión entre los miembros de un grupo social

Seppuku

La sociedad, entendida como una sincronía espacio-temporal entre un grupo de personas que deriva en una determinada atmósfera de prácticas, hábitos y creencias, involucra múltiples dinámicas que terminan por fortalecer la cohesión del grupo. Esa misma fricción que puede ocasionar turbulencias al interior de una población, en ocasiones termina por enraizar la autopercepción compartida y dar vida a intensas conjugaciones que reafirman la identidad grupal.

La existencia de rituales colectivos que involucren llevar estados sensoriales a extremos catárticos está presente en múltiples culturas alrededor del planeta. En este registro podríamos incluir, entre muchos otros, a los temerarios saltadores tribales de bungee, en Vanuatu, las celebraciones de ciertas facciones musulmanas durante el Día de Ashura, particularmente los chiítas, en el cual los participantes se flagelan fieramente, o a las peregrinaciones, un fenómeno popular en decenas de tradiciones, que generalmente implica llevar al cuerpo físico a un extremo metasensorial.   

Otro ejemplo de rituales colectivos es el recientemente memético Ice Bucket Challenge, el cual, motivado por un altruismo pop, implica someter al cuerpo a un breve estado de shock mediante vaciarle una cubeta de agua gélida. Este ultimo caso es particularmente interesante ya que a fin de cuentas es un ritual colectivo en la medida en la que se comparte y genera asociación entre aquellos que lo han llevado a cabo. Pero en realidad, en un plano físico, corresponde a hechos aislados y no a un acto masivo o estrictamente grupal.

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La efervescencia colectiva es un concepto acuñado por el sociólogo francés Emile Durkheim que se refiere al envolvimiento casi eléctrico, extático, de un grupo alrededor de un ritual. El contexto permite una entusiasta sintonía de las frecuencias emocionales que, alimentándose entre sí, terminan por crear una intensa adherencia entre los participantes. Incluso podríamos hablar de la plena fusión de voluntades y de un trance durante el cual el grupo se convierte en una sola entidad. Esta excitación se traduce en una unificación momentánea que, aunque eventualmente terminará disgregándose, deja a su paso una especie de impronta compartida que mantiene viva la cohesión del clan.  

Anteriormente habíamos publicado un artículo sobre los beneficios anímicos, cognitivos y prácticos que conlleva ritualizar individualmente ciertos actos de nuestras vidas. Ahora tenemos la oportunidad de reflexionar en torno a las consecuencias de participar en rituales grupales que incumben una hipersensitividad como una herramienta para estrechar los lazos con el resto de nuestra tribu. Y qué mejor que hacerlo de manera consiente. 

Por cierto, si te interesa este tema, te recomendamos el artículo (publicado en inglés en Aeon Magazine) "Trial by fire: From fire-walking and head-slashing to the ice-bucket challenge, ritual pain and suffering forge intense social bonds".