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"Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana"

Pese a todos sus errores (o al menos, implausibles visiones utópicas), no se puede negar que Marx entendió como pocos el capitalismo, tanto sus aspectos más sutiles como sus aspectos más burdos. En el primer capítulo del Manifiesto Comunista, escrito en 1848, 150 años antes de que el Internet se convirtiera en una tecnología de adopción masiva, Marx habló de uno de los puntos claves del capitalismo que vemos actualmente: "Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana". Esta frase, una de las más comentadas en la historia de la economía política, resulta profética. El capitalismo derrite todo, hace de lo material, de la relación con los medios de producción, una cosa espectral o evanescente, que hoy llamaríamos virtual. Y todo lo que fue sagrado lo coopta, lo convierte en distracción y capital. El pasaje merece citarse extensamente (el término "burguesía" puede intercambiarse por "capitalismo"):

La burguesía no puede existir sin constantemente revolucionar los instrumentos de producción, y por lo tanto las relaciones con la producción, y con esto todas las relaciones de la sociedad. La conservación de los viejos modelos de producción de manera inalterada era, por el contrario, la primer condición de existencia para todas las clases industriales previas. La constante revolución de la producción, la ininterrumpida perturbación de todas las condiciones sociales y una perpetua incertidumbre y agitación distingue a la burguesía de todas las épocas anteriores. Todas las relaciones fijas, congeladas, con su antiguo tren de opiniones y prejuicios, se ven esfumadas y todas las nuevas que se forman se vuelven anticuadas antes de que se puedan osificar. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana, y finalmente el hombre se ve obligado a enfrentar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.

La necesidad de un mercado que constantemente se esté expandiendo para sus productos lleva a la burguesía a extenderse por toda la superficie del planeta. Debe anidar en todas, partes, establecerse en todas partes, hacer conexiones en todas partes.

En este párrafo Marx preve la globalización, que como todos sabemos hoy en día, más que otra cosa es la forma en la que el capitalismo puede expandir su mercado para que sus productos puedan seguir generando cada vez más ingresos. Esta es la noción que vemos hoy de la economía del crecimiento infinito, con devastadoras consecuencias para el medio ambiente y para las culturas tradicionales. Pero no sólo eso; de alguna manera revela la cultura de lo que hoy llamamos la "obsolescencia programada"; las empresas no permiten que sus productos se "osifiquen", generan nuevas versiones, pese a que en realidad las que están en el mercado funcionan perfectamente. Un "teléfono inteligente" podría durarnos 10 años sin demasiados problemas, pero una gran cantidad de personas decide cambiarlos -o no logra resistirse a las presiones sociales y mercadológicas- 1 o 2 años después de adquirirlos. Marx aquí también predice la inestabilidad que caracteriza a los mercados bursátiles con sus finanzas especulativas, así como también la política del shock, la crisis constante y la incertidumbre que define a nuestra era. Marshall Berman escribe sobre esto en un libro que lleva el título de la famosa frase de Marx:

Cómo sus energías, percepciones y ansiedades características emanan de los impulsos y las tensiones de la vida económica moderna: de su incesante e insaciable presión a favor del crecimiento y el progreso; su expansión de los deseos humanos más allá de los límites locales, nacionales y morales; sus exigencias de que las personas no sólo exploten a sus semejantes, sino también a sí mismas; la infinita metamorfosis y el carácter volátil de todos sus valores en la vorágine del mercado mundial; su despiadada destrucción de todo y todos los que no pueden utilizar –buena parte del mundo premoderno- y su capacidad de explotar la crisis y el caos como trampolín para un desarrollo todavía mayor, de alimentarse de su propia destrucción.

Pero lo que nos interesa aquí es esta frase de que "Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana". La primera parte de la frase surge naturalmente cuando la materia -los recursos naturales- ha sido explotada de tal forma que es necesario explotar un espacio etéreo o inmaterial. Como ha demostrado Douglas Rushkoff, el mundo digital y los medios sociales son una invención fundamentalmente del capitalismo, en su afán de seguir creciendo sin brida. El capitalismo digital es la forma de capitalizar el tiempo y la atención de las personas, independientemente del espacio. Y esto, como dice Marx, modifica nuestras relaciones radicalmente; nos relacionamos cada vez más a través de espacios virtuales, sin la riqueza del contacto físico y el lenguaje no verbal. Se espera que en los siguientes años la realidad virtual o la realidad aumentada sea el nuevo hit de la tecnología capitalista. Literalmente el mundo se derretirá o desvanecerá en una pantalla digital que nos acompaña a todas partes, una simulación interactiva del mundo real que llevamos a todas partes. Paradójicamente, la forma en la que hemos dejado entrar esta tecnología que derrite lo sólido es pensando que nos permite "hacer conexiones en todas partes". Este es el eslogan esencial que comparten tanto las compañías que producen teléfonos como una red social como Facebook: nos conectan con otras personas, nos conectan con nuestros amigos. Claro que hoy sabemos que la calidad de esas conexiones virtuales no es la misma que la de las conexiones reales que hacemos en el mundo. Así entonces, lo virtual reemplaza la solidez material de la experiencia completamente encarnada.

Sobre la última parte de la frase, "todo lo sagrado se profana", esta es la característica esencial del capitalismo: que todo lo sagrado lo convierte en negocio y lucra con lo más esencial de las relaciones humanas. Lo que se llamó falsamente el "share economy", por ejemplo, se convirtió en realidad en la mercantilización de todo. Uber se vendió al principio como ese servicio en el cual una persona "compartía" su auto; Airbnb como el servicio para "compartir" o abrir una parte de tu casa a la gente. Pero, más bien, lo que hizo el "share economy" fue hacer que todas nuestras relaciones estuvieran regidas por la noción de capitalizar todos nuestros espacios y todas nuestras relaciones. Ese lugar en tu casa donde podrías tener un cuarto para meditar o rezar o pintar, mejor réntalo en Airbnb. Es cierto que Marx habló de la religión como el opio del pueblo y señaló que el ser humano debería liberarse de la "ilusoria felicidad" de la religión. Pero antes de decir esto, en esa misma frase, Marx dijo que la "religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado, y el alma de condiciones desalmadas". Y notó que el capitalismo le quitaba su "halo" a toda otra ocupación que era vista con reverencia y asombro, lo mismo al poeta que al sacerdote. Lo único que brilla es el dinero. La usura capitalista no tiene ningún reparo en lucrar con esos genuinos suspiros de las criaturas oprimidas, con la "expresión real del sufrimiento" y también de la felicidad que se manifiesta a través de la religión. Al subvertir esto, hace un daño irreparable.

Por último, la época de las fake news, de Cambridge Analytica y de las cámaras de ecos que aparentemente ponen en entredicho la democracia, ya había sido también prevista por Marx. Parafraseando el Fausto de Goethe, Marx dice: "la sociedad burguesa moderna, una sociedad que ha conjurado medios de producción e intercambio tan poderosos, es como el hechicero que ya no puede controlar los poderes del inframundo que ha invocado con sus hechizos". Vemos ahora que exejecutivos de Google, Twitter, Facebook y otras empresas se arrepienten de haber creado un monstruo. ¿Pero quién puede lidiar con el monstruo, especialmente cuando todos están encantados con los juguetes?

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10 razones por las cuales debes abandonar las redes sociales, según Jaron Lanier, pionero de Internet

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 11/16/2018

Una de las voces más calificadas hace sonar una alarma ante el desastre en ciernes que representa la tecnología digital

Jaron Lanier es una de las personas más impactantes que uno puede encontrar en Silicon Valley, con sus dreadlocks, su mirada fulminante, su inteligencia filosa y su carácter explosivo. Lanier fue parte de la creación del protocolo de Internet, es considerado el padre de la realidad virtual y uno de los informáticos más brillantes en la historia de Silicon Valley. Es escritor, filósofo y un destacado compositor de música clásica y electrónica, que ha colaborado con músicos como Terry Riley y Philip Glass. Y en la última década, se ha convertido en uno de los principales críticos del uso de la tecnología digital. Hace unos años publicó un libro con el poco sutil título de No eres un gadget, y su más reciente libro es Ten Arguments for Deleting your Social Media Accounts Right Now (Diez argumentos para borrar tus cuentas de redes sociales en este momento).

Actualmente Lanier es consultor para Microsoft y no duda en decir que es una voz calificada para criticar la tecnología digital, pues él mismo sabe cómo están siendo diseñados los algoritmos. "En realidad, conozco los algoritmos. No soy un extraño que mira y critica", dice Jaron. "Hablo como científico informático, no como científico social o psicólogo. Desde esa perspectiva, puedo ver que el tiempo se está acabando. El mundo está cambiando rápidamente bajo nuestro mando, por lo que no hacer nada no es una opción". Y agrega:

El algoritmo está tratando de captar los parámetros perfectos para manipular el cerebro, mientras que el cerebro, para hallar un significado más profundo, está cambiando en respuesta a los experimentos del algoritmo... Ya que el estímulo no significa nada para el algoritmo, pues es genuinamente aleatorio, el cerebro no está respondiendo a algo real, sino a una ficción. El proceso -de engancharse en un elusivo espejismo- es una adicción.

Lanier mantiene que los algoritmos de los gigantes de datos han creado una nuevo modelo en el que "el comportamiento de los usuarios es el producto", un comportamiento que está constantemente siendo modificado, pues la gran apuesta es justamente esa, usar lo más avanzado informáticamente para aprender a modificar la conducta de la manera más provechosa para los intereses de las corporaciones. Básicamente, lo que Lanier (quien se considera optimista) cree es que Internet puede ser salvado, pero es necesario abandonar las redes sociales y desbandar a los grandes monopolios que controlan las nubes de datos. Lanier utiliza la metáfora de una pintura que contiene plomo: cuando se descubrió que la pintura tenía plomo se creó una nueva pintura limpia, no se dejaron de pintar las casas. En su libro acuña el acrónimo Bummer (slang para una decepción): "Behaviours of Users Modified, and Made into an Empire for Rent". Se trata de una máquina estadística de manipulación de comportamiento, para crear un imperio espectral en beneficio de unos pocos. Lo que hay que hacer es identificar los sitios donde opera Bummer, esta máquina de modificación de conducta que usa las nubes de datos, y borrar esos sitios. 

El problema está en el modo de operar de estos algoritmos, que están siendo ajustados constantemente para capturar la atención de los usuarios y hacer que se comporten de una manera que sea más rentable. Esto genera una enorme negatividad, sensaciones de enojo, narcisismo, indignación, etc., pues estas plataformas han aprendido que las emociones negativas duran más en línea: el odio se canaliza mejor en línea. Según Lanier, las herramientas de estas plataformas funcionan mejor para las personas que buscan reproducir sentimientos negativos. "Por lo tanto, Isis tiene más éxito en las redes sociales que los activistas de la Primavera Árabe. Los racistas obtuvieron más impacto que Black Lives Matter, creando este aumento en el movimiento nacionalista racista en Estados Unidos de una manera que no hemos visto en generaciones".

Estos son los 10 argumentos de Lanier para dejar las redes sociales (que corresponden con los 10 capítulos de su libro):

1. Estás perdiendo tu libre albedrío.

2. Renunciar a las redes sociales es la manera más precisa de resistir a la locura de nuestros tiempos.

3. Las redes sociales te están volviendo un idiota.

4. Las redes sociales están minando la verdad.

5. Las redes sociales están haciendo que lo que dices no importe.

6. Las redes sociales están destruyendo tu capacidad de empatía.

7. Las redes sociales te están haciendo infeliz.

8. Las redes sociales no quieren que tengas dignidad económica.

9. Las redes sociales están haciendo que la política sea imposible.

10. Las redes sociales odian tu alma.

 

Lee aquí un pasaje del nuevo libro de Lanier (en inglés)