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Las 2 condiciones necesarias para ejercer la filosofía son: carecer de sabiduría y amar la sabiduría

En Hipias mayor, Platón sostiene, mediante el personaje Sócrates, que existe una diferencia entre el objeto que participa de una Idea y la Idea en sí, y como ejemplo señala la distinción existente entre algo bello y lo bello en sí mismo. Añade que quien no es capaz de discernir uno del otro no se halla capacitado para la filosofía. El filósofo, por consiguiente, debe ser capaz de remontarse a las Ideas inteligibles que se reflejan en el mundo sensible, sin confundirlas con los objetos en los que se irradian. Quien carece de esta aptitud o visión intelectual no puede ser filósofo. Por lo mismo, una de las condiciones básicas para establecer un dialogo filosófico es reconocer, aunque sea remotamente, los inteligibles.

En el Simposio, Platón señala, por boca de la sacerdotisa Diotima de Mantinea, quien habría iniciado a Sócrates en los misterios del amor, que las dos condiciones necesarias para ejercer la filosofía -y por lo mismo para entablar un dialogo filosófico, teniendo en cuenta que el filósofo es quien filosofa- son: 1) Carecer de sabiduría y 2) Amar la sabiduría. De esta forma, quien cumple con el primer requisito pero no con el segundo, no puede ser filósofo, dado que si comprendemos la filosofía como amor a la sabiduría según su sentido original y etimológico (φιλο = amor, σοφία = sabiduría), tal como Platón la comprendió, quién no ame la sabiduría no puede orientarse hacia ella ni aspirar a ser sabio. Asimismo, quien cumpla con el segundo requisito, cumple necesariamente con el primero, ya que nadie ama aquello que posee, sino aquello de lo cual carece. Por lo mismo, para amar la sabiduría es necesario carecer de ella. Así lo expresa Diotima al narrar el mito de Eros, hijo de Penia, la pobreza, y Poros, el recurso. Dado que Eros fue engendrado el día en el que nació Afrodita, ama la belleza; al igual que su madre, es indigente; y, por último, como su padre, es artífice o bueno en recursos. Eros ama la belleza de la que carece y se empeña, con todos sus recursos, en alcanzarla. El filósofo es similar: como Eros, se encuentra a medio camino entre dos extremos. Uno de ellos es la ignorancia y el otro la sabiduría. Si fuese ignorante, no buscaría instruirse, porque el ignorante no reconoce su carencia de conocimiento; pero si fuese sabio, tampoco buscaría el conocimiento, pues ya lo poseería. Eros, en consecuencia, representa el deseo, la fuerza propulsora o “pasión”, que en el filósofo se ve orientada hacia la sabiduría. 

 

Sofía Tudela Gastañeta

Blog de la autora: Revolución espiritual

Imagen de portada: La escuela de Atenas (1510-1511), de Rafael