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El descenso mitológico y astrológico de Venus

Desde el 5 de octubre (y hasta el 16 de noviembre) Venus se encuentra en su ciclo retrográdo de cerca de 40 días, algo que ocurre aproximadamente cada 19 meses. Este descenso es considerado astrológicamente como una inversión de los polos en los efectos asociados a Venus, comúnmente el amor, la socialización, el dinero, la fortuna, los placeres materiales, las emociones y en general la belleza física y espiritual, pues recordemos que en la filosofía mitológica griega existen dos Venus: la celeste, que simboliza el Alma del Mundo, y la vulgar, que rige los planos materiales. Tradicionalmente, este período es visto como una resonancia mitológica con el descenso de la diosa sumeria Inanna al inframundo.

El retrógrado de Venus coincide con su aparente desaparición -progresivamente deja de ser vista al atardecer, siendo "devorada por el Sol"- y su reaparición como estrella del amanecer. Estos lapsos ocurren cada 584 días o 19 meses aproximadamente, lo que constituye el ciclo sinódico de Venus, muy importante para las culturas prehispánicas y en el cual se basó el poeta Octavio Paz para su "Piedra de sol".  

En este caso, Venus iniciará su período marcha atrás por los signos del zodiaco desde Escorpión a Libra, este último un signo regido por Venus, por lo cual tendremos un doble acento en estos signos, y si bien en el retrógrado hay un retroceso u ocultamiento, será un momento de gran intensidad venusina.

El 26 de octubre Venus hará conjunción con el Sol, un día que es considerado importante astrológicamente, ya que se dice que suele revelar la sombra de las relaciones. El astrólogo Austin Coppock escribe sobre la particularidad del retrógrado venusino:

El retrógrado de Mercurio marca un desvío en transmisiones importantes, de tal forma que tardan un rato en tomar el camino correcto. El retrógrado de Venus opera bajo el mismo principio, pero, en vez de energía mental desordenada, son las emociones las que descienden a un caos temporal. Contradicciones que se sienten en la profundidad emergen a la superficie, y el compás de las pasiones gira frenéticamente. Sin embargo, esta confusión es el preludio a nuevas conexiones y, sobre todo, a nuevas formas de conectar. 

 

El descenso de Inanna al inframundo

En los siete himnos sumerios de Inanna (Cantos e himnos sumerios de Inanna) se narra el descenso de esta diosa (que es una faceta de Venus e Ishtar) a visitar a su hermana, un viaje que es a todas luces una iniciación chamánica que, en el corte venusino de esta historia, tiene también un profundo simbolismo sexual. Es un rito de paso hacia la feminidad y a la fertilidad a través de las artes mágicas y la conjunción de los opuestos. Mucho se ha dicho sobre el descenso de Inanna o de Ishtar, pero quizás lo más significativo es que la diosa del cielo y la tierra (pero que no conoce el inframundo) debe cruzar siete puertas y en cada una de ellas entregar una vestimenta o joya. "Para entrar en el mundo espiritual del inframundo, Inanna debe renunciar a sus poderes terrenales", según explica Diane Wolkstein en su estudio del texto sumerio. Antes, Inanna debe abandonar sus siete ciudades y sus siete templos. Habrá que reflexionar también sobre por qué en el inframundo los reyes se convierten en sirvientes. Dice Inanna:

Vi a los reyes, sus coronas guardadas.

Vi a los príncipes, aquellos nacidos para la corona.

Aquellos que habían reinado antaño.

Estos dobles de Anu y Enki estaban sirviendo los alimentos.

Los siete himnos, las siete puertas y su renuncia a siete poderes y siete templos pueden leerse desde una perspectiva astrológica, tomando en cuenta que en la tradición se habla siempre de los siete planetas. El simbolismo del 7 en el misticismo es difícil de resumir en este artículo, pero podemos hablar también de las siete Iglesias de Asia de San Juan, los siete chakras, los siete sentidos de la percepción en el ocultismo, etc. Vale también recalcar la importancia de la renuncia y del abandono de toda vanidad: los seres superiores lo son porque deciden servir y trascender su ego individual.

Una interesante correlación puede trazarse con el Poimandres, el texto central del Corpus Hermeticum atribuido a Hermes Trimegisto. Allí la Mente Universal, después de mostrarle la creación del universo y el descenso del Hombre Arquetípico al mundo material -cayendo enamorado de su propia imagen y tomando atributos de los Siete Gobernadores o Trabajadores Encendidos-, le enseña a Hermes también el proceso de ascenso y reintegración con el Espíritu Absoluto:

Cuando la naturaleza inferior ha descendido a la brutalidad, la naturaleza más alta lucha por recobrar su estado espiritual. Asciende los siete anillos sobre los cuales se sientan los Siete Gobernadores y les regresa a cada uno sus poderes inferiores de esta manera. En el primer anillo se sienta la Luna, a ella se le regresa su habilidad para aumentar y disminuir [los poderes de la generación]. En el segundo anillo se sienta Mercurio, y a él se le regresan las maquinaciones, los engaños y la astucia [los poderes de la mente racional]. En el tercer anillo se sienta Venus, a ella se le regresa la lujuria y las pasiones [los poderes del cuerpo emocional]. En el cuarto anillo se sienta el Sol, a él se le regresa la ambición [el ego]. En  el quinto Marte, a él se le regresa la ansiedad y el coraje. En el sexto anillo se sienta Júpiter, a él se le regresa el sentido de acumulación y todas las riquezas acumuladas. Y en el séptimo anillo se sienta Saturno, la puerta del Caos, a él se le regresa la falsedad y los planes malignos.

Una vez que se regresan los poderes a los planetas o gobernadores, el alma en su viaje de regreso puede renacer a la eternidad, desnuda y despojada de su individualidad (de su ego) y de las características que tomó en su descenso al mundo material -las cuales no son necesarias en el mundo espiritual-. El viaje de Inanna puede interpretarse de manera similar; recordemos que Venus, para el platonismo, es también símbolo del Alma, que es descrita como la primogénita y la más bella de la creación. Podemos entender el descenso de Inanna como el viaje heroico del alma que se desprende de todo lo inesencial para experimentar su verdadera naturaleza inmortal -algo que ocurría también en los misterios de Eleusis con el descenso de Perséfone-. La mitología, decía Marsilio Ficino, es una "teología poética"; podemos decir que la astrología es una "psicología cósmica".

Los 40 días de este curso retrógrado (en este caso, 41) son tradicionalmente un tiempo de ayuno, meditación y regeneración, como la temporada de Jesús en el desierto en la que superó las tentaciones. De alguna manera, lo que nos dice la astrología del descenso de Venus es un bello mito que podemos creer o no, pero que tiene una enseñanza codificada: es el momento de levantar los velos, enfrentar nuestra propia sombra y la sombra de nuestras parejas y vernos y verlas como en realidad son, sin maquillaje, adornos o proyecciones. Puede que para esto sea necesario probar la manzana de la discordia, la manzana de Eris, la fricción y el caos que revelan, agitando el velo epifánico, la belleza verdadera, la cual prevalece más allá de la corrupción material-temporal.

 

Este artículo está basado en uno previamente publicado en este mismo sitio

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Este es el espíritu de la alquimia con el cual se celebra el matrimonio sagrado y se rehace el Todo

Magia y Metafísica

Por: pijamasurf - 10/08/2018

Un antiguo papiro mágico egipcio revela el secreto del espíritu con el cual opera la alquimia

En la Inscripción secreta del gran papiro mágico de París se hace la siguiente invocación:

Doy la bienvenida al edificio entero del Espíritu del aire, bienvenido Espíritu que penetras desde el cielo y la tierra, y desde la tierra, que reside en las inmediaciones del universo, hasta el fondo del abismo, bienvenido seas Espíritu que penetra en mí, y me estremeces... Bienvenido principio y fin de la naturaleza indestructible, bienvenido tú que haces girar a los elementos que incansablemente rinden servicio, bienvenido sol que brilla resplandeciente, cuya luminosidad gobierna el mundo, bienvenida luna brillando en la noche con el disco de luminosidad cambiante, bienvenidos espíritus demoníacos del aire... ¡Oh gran insuperable tejido incomprensible del mundo, formado en un círculo!.. ¡Residente del éter, con la forma del agua, de la tierra, del fuego, del viento, de la luz, de la oscuridad, de estrellas refulgentes, Espíritu, húmedo, frío y caliente!

Lo notable de este antiguo y poético pasaje es que postula un espíritu que anima el universo que incluye todos los aspectos de la manifestación, los pares de opuestos, el bien y el mal, el calor y el frío. Jung en su última obra, el culmen de su pensamiento, Mystetrium Coniunctionis, escribe: "este espíritu es el opuesto exacto del pneuma cristiano... este antiguo espíritu es el espíritu de la alquimia". La razón por la cual es el espíritu de la alquimia es porque acrisola los opuestos. La lectura que hace Jung del pensamiento alquímico occidental supone que es necesario no sólo conjuntar los aspectos masculinos y femeninos en la psique sino también el mal y el bien (y en realidad, todas sus equivalencias). La moral cristiana presenta generalmente una imagen en la que el bien y el mal vienen de afuera, pero Jung entiende que existen en el interior del ser humano. El individuo no sólo contiene la semilla de Cristo; también está constituido por el diablo, por Lucifer, quien es una figura ineludible dentro del ego. 

Este espíritu, dice Jung, que ha sido declarado como maligno por el cristianismo, tiene la cualidad incómoda de estar "más allá del bien y el mal y brinda una cierta peligrosidad a quien se identifica con él, como podemos ver en el caso de Nietzsche y la epidemia psíquica que vino después de él". Nietzsche por supuesto se identificó con el espíritu caótico, con la danza de las profundidades, con la intoxicante energía cósmicotelúrica que era capaz de destruir las estructuras anquilosadas del pensamiento. Sin embargo, en cierta forma fue destruido porque no fue capaz de crear una síntesis. El superhombre no sólo es quien es capaz de liberarse de los viejos dogmas, sino quien es capaz de integrar todas las fuerzas, el caos y el cosmos en un matrimonio armónico. 

Jung dice que este espíritu es el "espíritu de las aguas caóticas del principio, antes del segundo día de la Creación, antes de la separación de los opuestos y por lo tanto del advenimiento de la conciencia". Este es el espíritu de la materia prima, la sustancia universal que contiene el todo en estado potencial. Jung señala que los alquimistas entendieron que había que regresar al caos -el estado de nigredo y mortificatio. Había que dejarse morir, había que liberar al dragón de las profundidades, había que someterse al fuego. Para la lectura, a veces excesivamente psicológica, que hace Jung de la alquimia esto significa dejar que irrumpa el inconsciente, aquello que es "tanto bueno como malo y más allá de las dos, la matriz de toda potencialidad". Hay que entender que el inconsciente no sólo es un aspecto, el más grande, de la mente humana, sino que abarca la totalidad del universo, es algo así como la materia oscura que predomina en el cosmos. De la misma manera que el alquimista busca la materia prima de la piedra filosofal en la tierra más oscura, Jung cree que la materia de la individuación, de la integración de la totalidad del ser en uno mismo, se encuentra en la oscuridad del inconsciente. De la misma manera que el caos primordial se ilumina y se convierte en un cosmos en el que se expresa la inteligencia divina que gobierna a la naturaleza, el ser humano vuelve a enactuar la creación cósmica en su propia psique haciendo consciente el caos del inconsciente, salvándose a sí mismo en imagen y semejanza de un proceso universal, porque este espíritu al final es siempre una fuerza redentora: el primero en nacer en la cosmogonía órfica es Fanes, quien no sólo es la luz, sino que es también Eros. Para lograr esto en la psique se necesita integrar este espíritu que incluye, abarca y a la vez trasciende el bien y el mal y todos los pares de opuestos. Es necesario bailar con el Diablo, con el caos, con la muerte, y no darles la espalda. No se trata solamente de separar los opuestos en conflicto, sino de rehacer el Todo en uno.