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'Kanye West no es Picasso’: el poema que Leonard Cohen dedicó a la ignorancia de esta época

Arte

Por: pijamasurf - 10/12/2018

Un poema de Cohen publicado póstumamente

Si vivimos o no en una época de gran ignorancia es una pregunta que vale la pena intentar responder. ¿Bastan los avances tecnológicos de las últimas décadas para admitir cierto progreso de nuestro estatus colectivo como especie? ¿Un reconocimiento equivalente puede hacerse en otros campos, como el desarrollo cultural o la vida política? En comparación con otros momentos de la historia, ¿puede decirse que el ser humano conoce la realidad en la que vive y la entiende?

El panorama que sugieren estas preguntas oscila entre la esperanza y la desolación. Por un lado es posible constatar una sofisticación notable de la evolución humana, que como nunca en la historia ha sido capaz de asegurar bienestar, salud, acceso a la información y otras ventajas para sus individuos. Por otro lado, sin embargo, nos enfrentamos a una necedad incomprensible de nuestra especie, que por más que los siglos transcurran ha sido incapaz de encontrar los métodos necesarios para vivir conscientemente en el mundo, como los animales “superiores” que supuestamente somos: respetando la naturaleza, conviviendo en paz con nuestros semejantes, usando nuestra racionalidad y nuestra inteligencia.

Una prueba de ese contraste se puede encontrar en el uso que se da actualmente a los medios de generación y consumo de información, en particular aquellos que surgieron con la invención de la Web, convertidos ahora, mayoritariamente, en plataformas conquistadas por la banalidad, la ignorancia y aun la falsedad. El sueño alejandrino de conocimiento que parecía albergar Internet en sus primeros años se convirtió pronto, si no totalmente en una pesadilla, sí al menos en el reflejo de una humanidad que se niega a dejar sus hábitos destructivos, que se niega a crecer y a pensar por sí misma.

Con estos párrafos introducimos un poema que Leonard Cohen escribió poco antes de su deceso, ocurrido en 2016. Como anunciamos ya en el título de esta nota, el texto tuvo como motivo a Kanye West, el conocido rapero estadounidense que si bien saltó a la fama por su talento musical, en los últimos años ha cobrado celebridad por su cercanía con Donald Trump, por la ostentación de su riqueza y en general por cierta extravagancia que lo ha hecho protagonizar momentos polémicos.

Justamente en uno de esos arrebatos, Kanye West se comparó con Pablo Picasso. De hecho, se trata de una comparación que al cantante parece complacerle, pues la ha repetido en varias ocasiones. Especialmente, la más comentada fue en marzo de 2015, cuando West tuvo un encuentro con estudiantes de arte de Oxford en el Museo de Historia Natural de Londres y dijo que si él se hubiera dedicado a las bellas artes, su objetivo habría sido ser como Picasso o incluso más.

Esta declaración llevó a Leonard Cohen a escribir el siguiente poema, titulado sencillamente “Kanye West no es Picasso”, fechado también en marzo de 2015. El texto forma parte de una edición de los poemas póstumos de Cohen, The Flame, presentada recientemente.

KANYE WEST NO ES PICASSO

Kanye West no es Picasso
Yo soy Picasso
Kanye West no es Edison
Yo soy Edison
Yo soy Tesla
Jay-Z no es el Dylan de nada
Yo soy el Dylan de la nada
Yo soy el Kanye West de Kanye West
El Kanye West
Del gran cambio fraudulento de la cultura de mierda
de una tienda a la siguiente
Yo soy Tesla
Soy su bobina
La bobina que hizo a la electricidad tan suave como una cama
Yo soy el Kanye West que Kanye West piensa que es
Cuando te echa del escenario
Yo soy el verdadero Kanye West
Ya no me dejo ver tan a menudo
Nunca lo he hecho
Solo revivo después de una guerra
Y aún no hemos tenido una

Versión de Xaime Martínez Menéndez 

 

También en Pijama Surf: Vivimos en la era de la ignorancia: la ilusión de la tecnología (I-II)

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El increíble acto de bondad que hizo Franz Kafka para una niña desconocida

Arte

Por: pijamasurf - 10/12/2018

La preciosa historia de Kafka y la muñeca

Franz Kafka es, sin duda, uno de los escritores más importantes del siglo XX. Generalmente asociamos a Kafka con lo extraño, lo sórdido, lo secretamente maravilloso, lo angustiante y lo absurdo. Pero la obra de Kafka tiene también momentos de una enorme sensibilidad, fragilidad humana y belleza, aunque ciertamente no dilapida en este sentido. Una muestra de la personalidad de Kafka, que engrandece su mito y lo revela bajo una luz distinta de la comúnmente discutida, es la que se desprende de las cartas de Dora Diamant, quien fue amante de Kafka poco antes de que éste muriera de tuberculosis. 

En la biografía de Reiner Stach sobre Kafka se reproduce una carta que cuenta una historia preciosa. Dora narra que un día ella y Franz fueron a un parque en Berlín y se encontraron con una pequeña niña que estaba llorando, notablemente compungida. Franz le preguntó qué le pasaba, y ella le dijo que había perdido su muñeca. "Él inmediatamente respondió con una historia enteramente plausible sobre su desaparición: 'Tu muñeca sólo está de viaje, lo sé porque me ha enviado una carta'". Kafka le dijo que la muñeca estaba apenada, pero había prometido escribir todos los días. Y así fue: Kafka, ese gigante de la literatura, se tomó el tiempo para escribirle cartas detalladas a la niña todos los días.

Después de unos días, la niña había olvidado el juguete real que había perdido y sólo pensaba en la ficción que se le ofrecía como reemplazo. Franz escribió cada enunciado de la historia con una riqueza de detalle, y con tal precisión humorística, que hacía la situación de la muñeca completamente entendible: había crecido, había ido a la escuela, había conocido a otras personas. Ella siempre le manifestaba su amor a la niña, pero hacía referencias a las complicaciones de la vida y a ciertas obligaciones que le impedían regresar a su vida pasada.

Esta fabulosa historia de Kafka ha sido cuestionada por algunas personas, pues viene de una persona que estimaba enormemente a Kafka. ¿Pero por qué no creerla? Como ha escrito Paul Auster:

se comprometió al proyecto de escribir una carta todos los días, por ninguna otra razón más que consolar a la pequeña niña, quien le era completamente desconocida, un niña que se encontró por accidente una tarde en un parque. ¿Qué tipo de hombre hace esto? Uno de los más brillantes escritores que jamás ha vivido sacrificando su tiempo -su cada vez más precioso y limitado tiempo- para componer cartas imaginarias de una muñeca perdida.

El punto es que el tipo de persona que hace eso justamente es alguien como Kafka, alguien que no hace las cosas como los demás y que es capaz de someterse al imperio de la imaginación y de ciertos gestos mágicos.

Kafka finalmente decidió casar a la muñeca, preparando a la niña para la separación. Minuciosamente, el escritor checo describió al novio, la fiesta de compromiso, la boda en el campo, la casa en la que posteriormente vivía el matrimonio. Y finalmente, la muñeca se despidió de su vieja amiga.

Toda una literatura especulativa se ha generado imaginando esas cartas y las palabras exactas de Kafka, el escritor que nunca escribió una oración de más. El escritor Guy Davenport, por ejemplo, escribió: "Querida Lizaveta: hemos llegado a Londres en globo... los ingleses son muy extraños... todos llevan paraguas y largos bastones para andar en la niebla. Viven de té y pastelitos". Otros escritores imaginan los mensajes morales que Kafka habría legado a la niña. Generalmente, estas reescrituras son divertidas, pero uno sabe que nunca podrán realmente reflejar lo que escribió Kafka. Y seguramente es mejor así: que se quede en la imaginación.