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6 festivales para celebrar el lado alternativo del Día de Muertos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/03/2018

El Día de Muertos tiene la oferta cultural más rica del año

Sin duda, el Día de Muertos es una de las grandes celebraciones que ofrece México, una de las fechas distintivas, donde se revela el alma colorida de este país. Cada vez existe una mayor riqueza en las formas de vivir esta celebración, conectar con los muertos y además crear arte y tener experiencias emocionantes. Hemos reunido aquí seis ejemplos que dan un mosaico de posibilidades para disfrutar esta gran fecha feriada que permite viajar hacia las raíces.

1. Xantolo   

Una excelente opción es viajar a La Huasteca mexicana para celebrar el Xantolo, el Día de Muertos, una celebración de origen prehispánico que se sigue festejando en esta región que atraviesa varios estados. La festividad cuenta con danzas tradicionales, altares, elementos gastronómicos y la música típica: el son huasteco.

 

2. Fiesta del Día de Muertos en Chignahuapan   

Una excelente opción que reúne importantes elementos mitológicos, pues Chignahuapan, una región en la Sierra Norte de Puebla, es también el nombre del río que el alma debía cruzar -con la ayuda de un perro- para llegar al Mictlán. Actualmente se celebra una festividad especialmente hermosa en este lugar, ya que se crea una pirámide flotante custodiada por calaveras y el agua se llena de luces fluorescentes.

3. Festival Xibalba 

De reciente creación, este festival se lleva a cabo cerca de la Ciudad de México y se trata fundamentalmente de 2 días de música electrónica, con importantes representantes de la escena nacional y DJs internacionales, con el plus de una oferta de comida típica y arte decorativo.

 

4. Festival de Calaveras en Aguascalientes   

En la tierra hidrocálida se realiza un festival que rinde homenaje a la Catrina de José Guadalupe Posada, la elegante dama de la muerte. El festival cuenta con degustación de pan de muerto y un desfile de calaveras y, en general, toda la ciudad se llena de color y fiesta durante una semana entera.

 

5. Festival de Noche de Muertos en Xochitla

En el parque ecológico de Tepotzotlán se lleva a cabo este festival que conjuga un ballet folclórico, un trío de cañas, el juego de pelota y leyendas como la de La Llorona. Además, el festival monta un ecobazar donde se pueden adquirir productos ecológicos locales.

 

6. Festival La Calaca en San Miguel de Allende

Un festival que reúne lo tradicional con lo moderno. Ofrece talleres y conferencias (al estilo TED Talks), fiestas de música tradicional y música electrónica, desfiles y degustaciones en un ambiente vibrante, en una de las ciudades más hermosas de México.

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Krishnamurti explica por qué crees que amas pero en realidad no lo haces

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/03/2018

J. Krishnamurti sobre la gran ilusión de nuestra época, de que realmente amamos

Por todos lados la sociedad y la cultura exaltan al amor como el máximo valor, el estado más alto de la existencia e incluso la razón y propósito de ésta; pese a que puede haber un exceso retórico o un abuso discursivo del término "amor", muy pocos se atreverían a cuestionar esto, pues es bastante incontrovertible. Actualmente -a partir del nihilismo moderno y el relativismo posmoderno- existe un serio cuestionamiento sobre la existencia de Dios e incluso sobre la existencia de tal cosa como la verdad, pero casi ninguno de estos discursos que se basan en una ontología del poder extiende su crítica o su suspicacia al amor -ya sea como eros o como caridad o compasión-. Más allá de toda gimnasia intelectual, el ser humano sabe que el amor es la expresión esencial de su misma humanidad, el summum bonum de la vida en la Tierra, el estado capaz de hacer frente a la realidad de sufrimiento del mundo. Pero una cosa es saber esto y otra es vivirlo. Y una cosa es ver que el amor se exalta en todos lados y que en todos lados se ofrece como el meta-producto (aquello por lo cual todos los demás productos se consumen teleológicamente) y otra cosa es amar, tener amor y dar amor. La diferencia es enorme y, de hecho, describe en gran medida nuestra condición moderna.

El filósofo indio Jiddu Krishnamurti, quien sin duda fue uno de los hombres más comprometidos con una visión éticamente rigurosa, sin hacer concesiones ni a los viejos sistemas de pensamiento ni a las seducciones de la vida moderna, habló sobre esto en una charla pública en Benarés en 1964. Las palabras de Krishnamurti son duras y pueden parecer controversiales, pero nos parece que son verdaderas, especialmente a la luz de la evidencia. Krishnamurti no dice que el amor no exista o que las personas no lleguen a amar sino que hace énfasis en que las personas no aman como parte de su cotidianidad, de su estado base; y en consecuencia, el amor se convierte en una especie de estado extraordinario, en una especie de "high" que no persiste, probablemente sólo una infatuación o limerencia. Si en realidad amáramos, ¿acaso habría tanta violencia, injusticia y miedo en el mundo? Krishnamurti incluso pone en duda el amor de las madres y los padres, que en nuestra sociedad es considerado como algo sagrado e incuestionable. El filósofo entiende el amor como un estado que genera unidad, paz y armonía y por lo tanto, si los padres amaran consistentemente a sus hijos, el mundo hablaría por ellos reflejando paz. Así que en general no, no tenemos amor. 

¿Saben?, realmente no tenemos amor, darse cuenta de ello es terrible. En realidad, no tenemos amor; tenemos sentimientos, tenemos emociones, sensualidad, sexualidad; tenemos recuerdos de eso que pensamos que es amor. Pero la cruda realidad es que no tenemos amor. Porque el amor significa ausencia de violencia, miedo, competición, ambición. Si tuvieran amor, nunca dirían: "Esta es mi familia". Puede que tengan una familia y que le den lo mejor que tengan pero no es "su familia", lo cual se opone al mundo. Si uno ama, si hay amor, hay paz. Si amaran, no sólo educarían a sus hijos a que tuvieran una formación para un trabajo o se ocuparan de sus pequeños asuntos, educarían a sus hijos a no ser nacionalistas. No habría divisiones religiosas si amaran. Pero estas cosas existen, no como teoría sino como una cruda realidad, en este mundo tan feo, y eso nos muestra que no tienen amor. Incluso el amor de una madre por su hijo no es amor. Si las madres de verdad amaran a sus hijos, ¿creen que el mundo sería como es? Se asegurarían de que tuvieran la comida adecuada, la educación correcta, de que fueran sensibles, de que apreciaran la belleza, de que no fueran ambiciosos, envidiosos o codiciosos. Así pues, la madre, por mucho que piense que ama a su hijo, no ama a su hijo. De modo que no tenemos ese amor.  

(Obras completas, tomo XV, Benarés, 5ª charla pública, 28 de noviembre de 1964)

Lo anterior nos sirve para cuestionar nuestros motivos, intenciones, integridad y constancia. Lo que define al amor es trascender el propio ego, un estado que va más allá de la importancia y el beneficio personal; por supuesto, el amor no está en conflicto con el placer y con el bien personal, pero este placer y este bien del amor se encuentran siempre en el otro, en un extenderse al otro, en un desear la felicidad del prójimo. Y es el deleite de la realidad el hecho de que amar y hacer feliz a otro nos hace felices también a nosotros. Cabe preguntarse, entonces, si no estamos anteponiendo nuestros deseos egoístas y llamando amor a algo que en realidad es una forma de ocultar nuestro miedo e inseguridad o de buscar placer para nosotros mismos, sin tomar en cuenta los verdaderos deseos de los otros. Es triste pero, si Krishnamurti tiene razón, la mayoría de las veces lo que pensamos que es amor no lo es. Hablamos con demasiada facilidad del amor, y no notamos que debemos ser libres para poder amar. Para Krishnamurti, y para la mayoría de las tradiciones espirituales, la libertad no consiste en poder elegir cualquier cosa según un libre albedrío, sino en la facultad de expresar libre y auténticamente el propio ser, ser quien realmente eres. Para ello es necesario ser consciente de los condicionamientos de la sociedad, observar la propia mente y enfrentar los miedos que nos impiden expresarnos plenamente. No es que el amor sea algo que debamos producir o crear a través de un arduo proceso; el amor es el estado esencial del ser humano, pero debido a los condicionamientos socioculturales, este estado nos parece ajeno. Justamente, debemos liberarnos de estos condicionamientos; como si fuere, limpiar el espejo para que pueda reflejar el Sol. Un amor sin libertad será solamente la sombra del amor.