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Estudio científico muestra que el ser humano se está volviendo más estúpido

Ciencia

Por: pijamasurf - 07/11/2018

Alarmante estudio realizado por investigadores noruegos sugiere que estamos creando un ambiente y un estilo de vida estupidizantes

Hace tiempo, muchas personas sospechaban que el estilo de vida moderno no contribuye mucho que digamos a la inteligencia. Sin embargo, diversas pruebas de inteligencia realizadas en el siglo XX sugerían que en realidad, el ser humano se estaba volviendo un poco más inteligente en promedio (si es que consideramos que la prueba de IQ es una medición adecuada). Esto se conoce como el efecto Flynn. No obstante, un importante estudio longitudinal apunta a que este efecto se ha empezado a revertir en los últimos 20-30 años.

Un grupo de investigadores de Noruega tomó en cuenta más de 730 mil pruebas de IQ realizadas en hombres de dicho país de 1970 al 2009; los científicos descubrieron que existe una disminución de casi 7 puntos por generación, y la última es la menos inteligente. Como señala PsyPost, el sitio especialista en neurociencia, se tienen datos similares en el Reino Unido y en otros países escandinavos, así que esto no es un fenómeno exclusivo.

Por otra parte, a la distancia y en superficie, uno pensaría que si en los países escandinavos, que suelen encabezar los rankings de calidad de vida, está ocurriendo esta tendencia, es muy probable que se presente también en todo el mundo, o al menos en países occidentales que comparten el mismo tipo de cultura. Lo más interesante de esto es determinar a qué se debe la caída. Anteriormente se creía que el efecto Flynn estaba relacionado con mejoras materiales, nutrición, acceso a educación, salud, etc. Y es posible que se deba a eso, sólo que quizá los efectos materiales en la inteligencia pueden llegar a un tope y quizá se han empezado a revertir, debido a efectos ambientales y socioculturales que podrían haber cobrado mayor peso.

Como dice el blogger Tyler Cowen, la forma más simple de entender esto es que "hemos empezado a construir un ambiente que induce más a la estupidez". Tal vez esto es un tanto simplista, pero parece irrefutable a la luz de la evidencia. Ahora bien, ¿en qué consiste un "ambiente que induce a la estupidez"?

Los autores del estudio señalan que los posibles detonadores son "mala nutrición, mala educación y el surgimiento de nuevas tecnologías". Lo de la mala nutrición parece ser provocado, más que por comer comida chatarra (como sucede en países como México y Estados Unidos), por los pesticidas y otros químicos que podrían estar contaminando los alimentos.

Las otras dos causas suenan más plausibles. Hace unos años publicamos una nota sobre las impresiones del profesor universitario Charles Simic, quien notó justamente este mismo declive progresivo en las universidades. Según Simic, cada nueva generación que entraba sabía menos de historia y literatura. Por otro lado, la crisis que están viviendo las humanidades está claramente documentada. Asimismo, el caso de la tecnología es algo sumamente alarmante. Aunque no podemos vincularlo directamente con este estudio, es evidente que la tecnología digital amenaza seriamente la capacidad de los usuarios de controlar su atención, fundamentalmente porque la capitaliza. El hecho de que la atención de los usuarios sea parte esencial de la economía digital ha hecho que se diseñen todo tipo de plataformas que incorporan feautures para cautivar la atención de manera adictiva, algunos de las cuales se sirven conscientemente del circuito de recompensa del cerebro, mediado por la dopamina. Además de la comida chatarra, la cultura chatarra podría tener un efecto aún más nocivo. 

 

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Por qué la telepatía intergaláctica podría ser la mejor forma de contactar inteligencia extraterrestre

Ciencia

Por: pijamasurf - 07/11/2018

Una idea que parece descabellada, pero no lo es tanto: la telepatía intergaláctica

Encontrar vida extraterrestre enviando señales de radio con fórmulas matemáticas no es muy probable. Simplemente porque el cosmos es enormemente vasto, ya que tan sólo para llegar al otro lado de nuestra galaxia -una entre miles de millones- el mensaje tardaría 100 millones de años. Así que habría que esperar otros 100 millones de años para recibir una respuesta. Y, cómo dice Rupert Sheldrake, para ese entonces "¿quién se va a acordar de la pregunta?". Así que si realmente queremos tener un buen prospecto para encontrar vida inteligente en otras partes del cosmos, debemos probar con algo más veloz que la velocidad de la luz. Esto es un problema para la ciencia, ya que aunque podemos pensar que nuestra tecnología va a aumentar exponencialmente, no existen indicios de que podamos viajar más rápido que la velocidad de la luz, si tomamos en cuenta las constantes universales aceptadas hoy en día y el límite que representa la velocidad de la luz. 

Sheldrake, aunque tiene un pedigrí científico -estudió en Cambridge y demás-, no es un científico que piense como la mayoría. La alternativa para resolver este predicamento, según él, es lo que la ciencia llama "el problema duro": la conciencia. La ciencia no sabe realmente qué es la conciencia; incluso, algunos científicos niegan su existencia o la rebajan a un mero epifenómeno de la complejidad de la materia. Sheldrake, quien es uno de los principales investigadores de la telepatía (aquí puedes consultar su evidencia), considera que la conciencia no sólo es fundamental sino que existe más allá del cuerpo; existe como un campo, como una mente extendida. Sus experimento con telepatía le hacen pensar que en lugar de invertir en millonarios proyectos como el SETI podríamos invertir en estudiar y desarrollar nuestra propia conciencia, y esto nos brindaría un método para responder a las grandes preguntas de la actualidad -ya no sólo sobre la existencia de Dios, sino sobre vida extraterrestre inteligente-. Entra entonces la "telepatía intergaláctica" (Sheldrake habla sobre esto en el minuto 1:18:00 en este video). La idea suena descabellada, como algo en lo que pensarían las huestes que usan sombreritos de aluminio, pero si uno la considera sin prejuicios, no lo es tanto. Y es que si la conciencia es fundamental y existe en todas las cosas, como muchos científicos empiezan a creer (gracias a la aceptación que está teniendo el panpsiquismo entre algunos de los neurocientíficos y filósofos más reputados, como Christopher Koch o Thomas Nagel), entonces es posible que haya enormes difusiones de conciencia, no sólo seres parecidos a nosotros. No sólo los animales, las plantas o los cristales podrían tener algún tipo de conciencia; también las estrellas, las galaxias e incluso el universo mismo podría ser algún tipo de superconciencia integrada. Pese a que la conciencia es lo más fundamental e íntimo que tenemos -todo lo demás es una inferencia- no conocemos realmente qué es y, menos aún, sus límites. Así que, por lo menos, sondear la conciencia debería ser tan importante como sondear las profundidades del espacio cósmico. Y quizás al hacerlo nos llevemos la sorpresa de que al profundizar en nuestro conocimiento de la conciencia logramos descifrar los secretos más remotos del universo. Telepatía integaláctica: he allí un poco de comida para la mente.