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Charles Bukowski previó en este poema la soledad que Internet traería al ser humano

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/19/2018

Con desgarradora lucidez, Bukowski anticipó el efecto que la tecnología contemporánea de comunicación tendría en las relaciones humanas

Desde que Internet comenzó a revolucionar las comunicaciones contemporáneas, junto con el entusiasmo que esto provocó, desde otras perspectivas más críticas (o cuando menos escépticas) se señaló un peculiar fenómeno de esa fiebre que se cernía sobre el mundo. 

Si bien parecía muy seductor transmitir un mensaje de un punto a otro del planeta en cuestión de segundos, saber de inmediato qué pasaba en lugares que se creía remotos, enviar y recibir datos de todo género y especie (imágenes, audio, videos, etc.), por otro lado, un poco a la sombra y todavía sin mucha atención, despuntaba ya un fenómeno paradójico: con tantos medios de comunicación al alcance, el ser humano se mostraba un poco más aislado cada vez.

En años recientes, ese efecto no es la quimera catastrofista de algunos cuantos agoreros celosos del avance tecnológico. Nada de eso. Las consecuencias del uso de redes sociales en el estado de ánimo han sido ya ampliamente documentadas; también desde otras disciplinas como la sociología o la filosofía, se ha argumentado esa circunstancia contradictoria del ser humano contemporáneo, que puede hablar con personas de todo el mundo, pero es incapaz de cambiar algunas palabras con aquellos con quienes se cruza a diario; o que tiene acceso a miles de fuentes de información, pero parece optar por permanecer en la “dulce” ignorancia.

Entre esas personas que supieron descreer de las mieles de la tecnología moderna estaba Charles Bukowski, acaso uno de los personajes más impresentables de la literatura estadounidense pero, como buen poeta, clarividente también, sensible a las necesidades auténticas del ser humano y a las formas casi siempre equivocadas con que históricamente hemos intentado satisfacerlas.

Bukowski murió en 1994, así que atestiguó apenas el despunte de la era de la información que en los siguientes años alcanzaría su cénit. Con todo, alcanzó a escribir el poema que transcribimos a continuación, primero el original en inglés y después la traducción de Silvia Barbero.

now it’s computers and more computers
and soon everybody will have one,
3-year-olds will have computers
and everybody will know everything
about everybody else
long before they meet them.
nobody will want to meet anybody
else ever again
and everybody will be
a recluse
like I am now
.

hoy todo son ordenadores y más ordenadores
y pronto todo el mundo tendrá uno,
los niños de tres años tendrán ordenadores
y todo el mundo conocerá todo
lo relacionado con los demás
mucho antes de que lleguen a conocerse
y por eso nadie querrá conocerse.
Nadie querrá conocer a nadie
nunca jamás
y todos serán
unos solitarios
como lo soy yo hoy.

El poema puede encontrarse en el libro The Continual Condition, una colección de textos publicada póstumamente en el 2009. En español ha sido traducido, como dijimos, por Silvia Barbero, y la publicación corrió a cargo de la editorial especializada en poesía Visor.

 

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Tienes que seguir viviendo tu vida al sol: la carta de Cavani a su yo de 9 años

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/19/2018

Un texto sumamente emotivo, en el que el futbolista uruguayo confronta la felicidad de jugar con la manera en que esto se ha transformado en su vida adulta

Hace un par de días el sitio The Players’ Tribune publicó un texto sumamente emotivo del futbolista uruguayo Edinson Cavani, seleccionado en el equipo de su país e integrante además del equipo francés Paris Saint-Germain. 

El escrito es una carta del Cavani actual –que tiene 31 años de edad– dirigida a su yo del pasado, más especialmente, a su yo niño, cuando Edinson tenía apenas 9 años y vivía en Salto, una región más bien rural de Uruguay.

La emotividad se debe, en buena medida, al contraste que existe entre el futbolista actual y ese pequeño que pateaba un balón en las canchas de Salto. Al adulto exitoso, reconocido, que con su trabajo ha ganado fama, dinero y comodidades, se opone la imagen de un niño cuya familia apenas tenía para pagar el alquiler (y a veces ni siquiera eso), que vivía en una casa donde no siempre había agua caliente y que incluso jugaba descalzo. 

Vives tu vida afuera, con una pelota en los pies. A la manera sudamericana. No conoces otra cosa. Y además, ¿qué hay para hacer adentro? Nada divertido. Nada interesante. No hay PlayStation. No hay televisor grande. Ni siquiera tienes para darte una ducha caliente. Tampoco hay calefacción. En invierno, tu sistema de calefacción serán cuatro frazadas. Cuando necesites darte un baño, tendrás un termo con agua que calentarás en la cocina a querosén. Es muy importante entender cómo combinar el agua fría y la caliente. Parado en la bañera, aprenderás a ser un alquimista.  

Y sin embargo, esto para ti será un lujo. ¿O acaso no te acuerdas de tu primera casa? La que no tenía baño. Esa casa en la que cada vez que tenías que hacer tus necesidades, ¡no te quedaba otra que caminar afuera e ir al pequeño cobertizo!

¿Me dejas contarte un secreto? Cuando ahora recuerdo aquella imagen, no me siento para nada mal. Por algún motivo, me llena de energía. Me da coraje. Es un lindo recuerdo.

No se trata, sin embargo, de un mensaje lastimoso. De hecho, Cavani elogia esos años de limitaciones e incluso los recuerda con cierta nostalgia. ¿Por qué razón? Previsiblemente, porque ese fue el periodo más sincero de su vida, por así decirlo, más auténtico. 

¿Sabes cómo es la vida ahora, a los 31 años de edad?

Vas de un hotel a un bus y de ahí a un campo de entrenamiento. Después del campo de entrenamiento a un bus y a un avión. Del avión vas a otro bus. De ese bus vas a un estadio.

En muchos aspectos, estás viviendo en un sueño. Pero en muchos otros, también eres prisionero de ese sueño. No se puede ir afuera y sentir el sol. No te puedes quitar los botines y jugar en la tierra. Sucederán cosas que harán tu vida complicada. Es inevitable.

Cuando eres un niño, tienes esta sensación de que la persona más exitosa es la que tiene más cosas.

Cuando creces, te das cuenta que la persona más exitosa es la que tiene la sabiduría para vivir la vida.

En concordancia con la idea de espontaneidad que podemos encontrar en la psicología de Erich Fromm, Cavani extraña esos días en que jugaba por el solo placer de hacerlo, sin mayores implicaciones que la posible recompensa de un helado. 

Sentirás a tu corazón latiendo y correrás buscando la pelota, como si fuera el trofeo más grande del mundo. Como si estuvieras jugando por el helado.

Todavía sucede así, según escribe, pero también está todo eso adicional, suplementario, que constituye el mundo de los adultos, por así decirlo: “Hay demasiadas responsabilidades. Demasiada presión. Demasiada vida vivida adentro”, escribe Cavani.

Cuando lo logres en el fútbol profesional, tendrás todo con lo que puedas soñar. Y por esto tendrás que ser extremadamente agradecido. Pero tengo que ser honesto contigo, Pelado. Hay sólo un lugar en el que podrás tener esa libertad total. Y dura 90 minutos, si tienes suerte.

 

En este enlace, el texto completo

 

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