*

X

Las redes sociales son la trampa de la modernidad individualista

Arte

Por: pijamasurf - 01/11/2016

El sociólogo Zygmunt Bauman sobre por qué las redes sociales podrían ser el nuevo opio del pueblo

bauman

Un hombre de 90 años, lúcido, pesimista y quizás capaz de ver lo que nosotros no podemos notar dentro de la gran pecera digital, nos advierte sobre aspectos de ésta. Zygmunt Bauman es uno de los más feroces críticos de la modernidad y la sociedad de consumo, y en una reciente entrevista con El País hizo algunas apreciaciones sobre el desencanto que estamos viviendo ante las políticas neoliberales y la inundación tecnológica. El sociólogo polaco ha diagnosticado que la promesa neoliberal de que la riqueza de unos cuantos acabaría derramándose hacia otros estratos de la sociedad se ha revelado como una gran mentira, y la desigualdad sigue creciendo sobre esta promesa. Así se crea lo que llama "un precariado", una sociedad precaria que sufre a expensas de una minoría privilegiada. 

El desencanto está llegando a un punto crítico:

Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no sólo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

Bauman considera que la visión que ha sido promovida es la de un individualismo rampante que produce un pérdida del sentido de comunidad, un "activismo de sofá" desvinculado de las acciones que realmente pueden hacer una diferencia. A esto contribuye el adormecimiento generalizado de los medios digitales, especialmente de las interacciones mediadas en redes sociales. Tal vez Internet no es un instrumento tan revolucionario como se pensaba:

La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.

La clave parece estar en nuestra relación editada, comodificada con los otros en las redes sociales, lo cual no nos confronta con la realidad de la diferencia del mundo de las calles, podemos crear nuestro propio universo cerrado, inoculado, a salvo de tener que ver lo que no nos gusta de nosotros. Podemos controlar lo que vemos y lo que nos dicen desde nuestro sofá. Esto es evidentemente una ilusión; quizás estas plataformas digitales estén muy cercanas a un perfecto maia.

Te podría interesar:

"El búho en la luz del día", la novela que Philip K. Dick estaba por escribir antes de morir

Arte

Por: pijamasurf - 01/11/2016

La novela que iba a escribir Phliip K. Dick antes de morir tenía una posible trama muy interesante e inquietante
[caption id="attachment_105735" align="aligncenter" width="640"]dick IMAGEN: Torley, Flicker[/caption]

 

Antes de morir en 1982, y antes de volverse famoso por el estreno de la película Blade Runner, Philip K. Dick estaba imaginando una nueva novela. Según comentó su esposa Tessa Dick al sitio Atlas Obscura, la novela iba a llamarse The Owl In Daylight. Poco se sabe de este texto pero algunos detalles sugieren, como siempre, que la prodigiosa imaginación de Dick iba por buen camino.

Tessa Dick dice que el nombre vino de una conversación que Philip tuvo con una mujer sureña. "Ella le dijo que estaba ciego como un búho en la luz del día si no entendía lo que le estaba diciendo". Así que ahí esta esa imagen bastante llamativa.

En 1982 la carrera de Dick había visto recientemente completarse la trilogía de VALIS, Divine Invasion y The Transmigration of Timothy Archer, una senda de novelas con temas religiosos que pueden leerse como una interpretación especulativa de su extraña experiencia mística detonada por un rayo rosa emanado del collar de una chica con el símbolo cristiano de la vesica (Piscis) luego de que le extrajeran las muelas del juicio. A partir de ese momento (02/03/74), la vida de Dick giró mayormente en torno a una exégesis de dicho evento gnóstico.

Según la información que publica Atlas Obscura la novela habría tenido diversas tramas posibles. Una era muy parecida a la de la película Tron, pero ciertamente independiente en su ideación. El protagonista era un viejo diseñador de parques de atracciones que creaba un parque que perfectamente simulaba Berkeley, California, en los 50. Para hacer las cosas divertidas, el personaje creaba un avanzado programa computacional para manejar las operaciones del día con día. Aparentemente el protagonista se quedaba atrapado en un estado alucinatorio en este parque, en el cual Dick quería incluir "temas de Dante" o del Fausto de Goethe, por lo que podemos imaginar que se trataba de una especie de Disneylandia infernal. Claramente se aprecia una de las obsesiones de Dick, la idea expuesta en VALIS y en Exégesis de que el tiempo real es una época pasada (aquella en la que se escribió el libro de la Biblia de los romanos) pero se ha superimpuesto una realidad falsa sobre esta realidad, una simulación como la que realiza el demiurgo en los textos gnósticos. Estamos atrapados en este parque de diversiones tan parecido a la realidad.

La otra idea posible, de acuerdo con Atlas Obscura, involucraba a un compositor de música fracasado que recibe un implante cerebral que le permite comunicarse con una raza de extraterrestres que no puede oír. "El biochip, lentamente empieza a tomar control de su huésped hasta que éste se convierte en el biochip mismo". Clásico humor cósmico, quintaesencialmente Dick.