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Hay sutiles pero importantes diferencias entre la intuición y el instinto

A menudo se utilizan indistintamente los términos "instinto" e "intuición", queriendo sugerir un modo de conocer o actuar basado en sentimientos, sensaciones, percepciones, motivaciones o deseos, ya sean corporales o psíquicos, pero que no vienen de la razón o el análisis, sino que parecen irrumpir en nosotros o presentarse súbitamente. Para eliminar esta confusión, definamos y diferenciemos "instinto" e "intuición".

En términos biológicos el instinto es simplemente el comportamiento innato, que no está basado en experiencia previa. Por ejemplo, la danza de las abejas o el rito de apareamiento de las langostas (o cualquier otro animal). Un ejemplo radical, relatado por Carl Jung, es el de palomilla de la yuca (Pronuba yuccasella). Las flores de la yuca se abren sólo una noche, y la palomilla se lleva todo el polen de una de sus flores y la amasa en una especie de píldora. Luego visita una segunda flor y abre el pistilo, deja sus huevecillos entre los óvulos e inserta la píldora de polen. La palomilla y la yuca viven en completa simbiosis: la palomilla necesita fertilizar a la flor para que puedan desarrollarse los óvulos. Evidentemente, la palomilla no "aprende" este comportamiento.

En la psicología el instinto llegó a cobrar otra significación en la segunda mitad del siglo XIX y se entendió también como el comportamiento que se repite y, más tarde, como aquel que tiene raíz en el inconsciente. La psicología moderna ha tratado de deshacerse de este término y sugerir que el hombre ya no tiene instintos, ya que éstos pueden ser contravenidos o suspendidos, reemplazando el instinto en los manuales por términos como "motivación" o "deseo" (véase Maslow). Sin embargo, el hecho de que el término siga usándose popularmente obedece a que da expresión a una noción que sigue interesando al ser humano y que no ha podido resolverse satisfactoriamente -ya que el ser humano siente que tiene comportamientos instintivos, necesidades internas, y por más que la cultura lo reprima, el instinto (lo reprimido) regresa-.

Kant opone el instinto y la razón; mantiene que la acción moral está basada en la razón y se impone a los instintos. Es un deber del ser humano actuar conforme a la ley moral (la existencia de la moralidad, para Kant, está ligada a Dios). El filósofo de Königsberg dice que la razón tiene el fin de producir una voluntad que no sólo sirva para obtener algo más, sino que sea buena en sí misma. Kant admite que lo que uno busca es la felicidad, entonces el instinto da mejor servicio que la razón, pero el hombre está llamado a algo más alto que la felicidad o el placer.

Para Nietzsche, el instinto está profundamente conectado con el impulso vital y se revela como verdadero o bueno porque conlleva placer. El instinto es acompañado por el placer y se opone a la obligación moral; al imperativo categórico, al deber ser, a lo que luego Freud llamaría el superyó. Con esto, Nietzsche critica, obviamente, la moral racional de Kant.

Jung dice que las "acciones instintivas" son aquellas en las que la conducta no obedece a un "motivo u objetivo completamente consciente". El término clave para la psicología de Jung en general, y para los instintos en particular, es inconsciente. Aunque puedo ser consciente de mi deseo sexual o de mi deseo de comer, estos deseos sólo en ocasiones brotan a la mente consciente, pero de alguna manera yacen latentes en el inconsciente y pueden moldear la conducta sin que seamos conscientes de ellos. "La acción instintiva parece ser una ocurrencia psíquica más o menos abrupta", que se hace sentir como "una necesidad interna". La actividad instintiva, entonces, es "un tipo de proceso inconsciente que se hace consciente sólo a través de sus resultados". No obstante, jung señala que no debemos pensar que todo los procesos inconscientes son instintos. En el ser humano, un instinto puede ser asustarse al encontrarse con una serpiente; pero ocurre, por ejemplo, que una persona se asusta cada vez que piensa en una serpiente o incluso cuando ve una gallina. En esto caso, sucede algo diferente. Jung agrega que esto no sólo ocurre en personas anormales; en los individuos normales existen pensamientos obsesivos, obsesiones musicales, ideas súbitas, cambios de ánimo, afectos impulsivos, ansiedades y demás que pueden clasificarse como compulsiones inconscientes. En realidad, "sólo los procesos inconscientes heredados, que suceden de manera uniforme y regular [ya sea como modos de acción o reacción], pueden llamarse instintivos".

El ser humano moderno ha querido diferenciarse no sólo de los animales sino de las sociedades primitivas, y ha abrazado a la razón como su principal arma para conquistar el mundo y conquistarse a sí mismo. Lo inconsciente, lo mítico, lo irracional, le producen aversión y temor. Sin embargo, indudablemente lo irracional, lo inconsciente y lo instintivo influyen enormemente en nuestras vidas; como bien saben los mercadólogos y las agencias de relaciones públicas, las personas no suelen tomar decisiones basadas en la razón pura. Jung sugiere que podemos notar el poder que ejercen los instintos en la manera desmedida o exagerada con la que solemos reaccionar a algo. Hace 1 siglo W. R. R. Rivers definió el instinto como la reacción "todo-o-nada", notando que cuando nos vemos amenazados no reaccionamos con la justa energía que necesitamos o con lo que es "razonable" sino que todo nuestro organismo se concentra en la respuesta, por ejemplo, huir o luchar. Jung nota que hacemos esto porque entra en acción un proceso inconsciente. "Me inclino a pensar que la conducta humana está influenciada por los instintos mucho más de lo que se cree". Solemos exagerar enormemente y hasta "instintivamente" el nivel en el cual nos creemos racionales. La neurociencia actual ha encontrado que el ser humano sólo es consciente de su intención después de que se ha tomado la decisión de hacer algo en el cerebro, por lo cual se puede decir que nuestro libre albedrío consciente no es la causa de una acción, sino solamente un mecanismo para darnos cuenta de la misma. En otras palabras, son procesos inconscientes los que nos mueven.

 

Intuición

En la psicología de Jung, los instintos tienen una relación con la intuición a través de su concepto de los arquetipos. Jung sostiene que de la misma manera que los instintos determinan o regulan las acciones conscientes, hay algo que es responsable de la uniformidad y regularidad de nuestras percepciones; esto son los arquetipos, los cuales son modos instintivos de aprehender. Los arquetipos pueden verse también como formas o imágenes a priori de percibir (y también de intuir), a través de las cuales el mundo que percibimos toma una serie de patrones colectivos que conforman lo que llamamos la realidad humana. El instinto y los arquetipos conforman el "inconsciente colectivo". La intuición es lo que nos permite percibir lo que yace normalmente en el inconsciente, incluyendo los arquetipos. En esto hay una importante similitud con la idea de Platón de que la intuición, noiesis, era el modo de cognición más elevado (superior al pensamiento lógico o dianoia), justamente porque era capaz de aprehender las formas o ideas universales, un precursor de los arquetipos junguianos, según el mismo Jung.

Jung define la intuición como:

un proceso inconsciente resultado de la irrupción a la conciencia de un contenido inconsciente, una idea súbita o una corazonada. Es similar a un proceso de percepción, pero a diferencia de la actividad consciente de los sentidos y la introspección, la percepción es inconsciente. Por ello hablamos de la intuición como un acto de comprensión 'instintivo'. 

Para Jung, la diferencia estriba en que el instinto es un impulso que tiene el propósito de realizar alguna acción compleja y la intuición es la percepción o aprehensión de una situación compleja. Podríamos pensar que simplemente una intuición es un instinto cognitivo, un modo de percibir basado en el inconsciente, pero aunque esto no sería incorrecto, sería una definición incompleta. 

En su descripción de los tipos psicológicos y las funciones cognitivas, Jung señala que la intuición aprehende los arquetipos (los cuales "representan las leyes que gobiernan el curso de las cosas empíricas") y puede ser incluso un modo profético de percibir. Jung -a diferencia de Kant- cree que la intuición puede percibir la cosa en sí, el noumenon. Y al percibir este noumenon, que no es más que el arquetipo, le abre la puerta a la existencia, a que pase del inconsciente a lo consciente. En cierta forma, en la intuición se disuelven las fronteras entre percibir y crear la realidad. Es por ello que Jung habla del inconsciente como la psique objetiva, un término que podría parecer contradictorio, ya que solemos pensar que lo propio de la psique es la subjetividad. Lo que implica esto es que el material inconsciente, al ser intuido, aprehendido y de alguna manera actualizado respecto de su estrato potencial, irrumpe en la conciencia como una realidad objetiva para el sujeto. 

Para concluir, hay que mencionar que a diferencia del instinto que sólo impele a actuar, la intuición permite extraer información sumamente delicada e importante para entender el curso que lleva el mundo. Jung aclara que, aunque la intuición suele confundirse con una sensación, en realidad no es un modo de percepción basado en sensaciones corporales; las sensaciones, si es que se presentan, solamente son puntos de partida, pero la persona intuitiva fundamentalmente lo que aprehende son imágenes psíquicas, se trata de percepciones mentales más que corporales. Es el tipo de percepción que asociamos con los artistas o los místicos y que permite anticiparse a eventos y también imaginar formas alternativas de existencia, algo de lo cual carece nuestro mundo actualmente.

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Las diferencias exactas entre personas extrovertidas e introvertidas, según el creador de estos conceptos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/05/2018

Todos usamos estos términos, pero ¿de dónde vienen? Y, más aún, ¿cuál es su uso correcto?

Hoy la mayoría de las personas conoce o ha escuchado sobre los términos "extrovertido" e "introvertido", e incluso es probable que se identifique con una de estas dos actitudes psicológicas. Fue Carl Jung quien desarrolló estos conceptos en su libro de 1921 Tipos psicológicos. Si bien estos conceptos se utilizan popularmente con una noción más o menos adecuada del sentido general que Jung les dio, son abundantes las confusiones e imprecisiones en su uso, por lo cual es mejor ir directo a la fuente para explicar realmente qué significan estas actitudes.

Jung concibe cuatro funciones psicológicas fundamentales: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición. Las dos primeras entran dentro de lo que clasifica como racionales, basadas en el juicio, y a las otras dos las considera irracionales o basadas en la percepción. Ciertas personas suelen estar dominadas por la primera de estas funciones y, así, por ejemplo, se guían por sus pensamientos; otras, por sus sentimientos, otras más por las impresiones sensoriales (o sensaciones) y otras, por las intuiciones. Esto no significa que una persona dominada por el pensamiento no sienta o no intuya y demás, sino que estas funciones se vuelven inferiores o auxiliares y generalmente se desplazan al inconsciente y cumplen funciones compensatorias. Ahora bien, a la par de estas funciones psicológicas o cognitivas están dos actitudes psicológicas: la extroversión y la introversión, siendo una de ellas dominante en cada individuo. A su vez, cada una de las funciones psicológicas pueden ser extrovertidas e introvertidas. Una persona suele tener una función y una actitud dominante, por ejemplo: pensamiento-extrovertido (como era el caso de Darwin, según Jung). 

La diferencia central que Jung observa entre los extrovertidos y los introvertidos es su relación con el objeto. El extrovertido tiene une relación positiva con el objeto y se extiende hacia el objeto, mientras que el introvertido tiene una relación negativa y se retrae del objeto. Dicho en palabras más sencillas, los extrovertidos viven para y encuentran sentido en el mundo exterior de los objetos (sean éstos cosas o personas); los introvertidos le dan importancia, en cambio, a su vida subjetiva. Jung sugiere que estas dos actitudes obedecen a dos estrategias esenciales de adaptación. La extroversión corresponde al proceso de adaptación que consiste en un alto rango de fertilidad con bajos niveles de defensa; la introversión consiste en la autopreservación con un bajo índice de fertilidad. El extrovertido es el que sale a multiplicarse; el introvertido es el que se queda para resguardarse. Es importante mencionar que Jung sostiene que las personas tienen una disposición natural a ser extrovertidos o introvertidos, nacen y no se hacen. Sólo en casos anormales, la influencia paterna o eventos traumáticos pueden hacer que una persona tome una disposición que no le corresponde naturalmente. Cuando esto ocurre, el individuo desarrollará rasgos neuróticos que se agudizarán hasta que no se revierta hacia su actitud original.  

 

Extrovertidos

Veamos más a fondo qué es la extroversión:

Si un hombre piensa, siente, actúa y en realidad vive de una forma directamente correlacionada con las condiciones objetivas y sus demandas, es un extrovertido. Su vida muestra claramente que es el objeto y no su perspectiva subjetiva lo que juega el rol determinante en su conciencia. 

Este tipo de persona se rige por factores -valores, ideas, costumbres y demás- que encuentra en el mundo exterior. "Toda su conciencia mira hacia afuera, pues los determinantes esenciales y decisivos siempre le llegan de afuera", dice Jung. "Las personas y las cosas cautivan su atención... y determinan sus acciones". "Las leyes morales que gobiernan sus acciones coinciden con las demandas de la sociedad, esto es, con la visión moral predominante. Si esto cambiara, la directriz subjetiva de extrovertido cambiaría igualmente". Jung dice que esta actitud puede ser peligrosa y generar una conciencia de masa, donde el individuo se disuelve en el rebaño de la sociedad. Al ajustarse a sí mismo en relación al ambiente, sirve a modas y tendencias grupales, pero no a las leyes universales de la vida. El extrovertido puede prosperar fácilmente en la sociedad, pero "compartirá el colapso general exactamente en la misma proporción en la que estaba bien ajustado a la situación previa". Esta misma capacidad de ajustarse u homologarse con la marcha general, que en superficie puede parecer una virtud, es su debacle. El extrovertido hace lo que se espera de él, pero no es capaz de tomar una deliberación interna innovadora, en contra del flujo generalizado, algo que a veces es indispensable. El riesgo que corre es "ser absorbido por los objetos y perderse completamente en ellos".

Jung dice que esta actitud, cuando se patologiza, suele producir histeria y adicciones a las drogas y al alcohol. Y la compensación psíquica de la extroversión, la carencia del factor subjetivo, hace que exista "una marcada tendencia egocéntrica en el inconsciente". El inconsciente como complemento o compensación de la extroversión "concentra la libido en el factor subjetivo, eso es, en todas aquellas necesidades o demandas que son opacadas o reprimidas por la actitud consciente". El inconsciente de alguna manera se revela y se rebela ante el descuido de la vida interna, subjetiva y reflexiva que el extrovertido violenta en su propia psique. 

 

Introvertidos

Ahora veamos el caso de los introvertidos. Como se dijo anteriormente, el introvertido no se guía por los objetos y por el mundo objetivo. El introvertido es consciente, obviamente, de las situaciones externas, pero no deja que éstas sean determinantes o decisivas, sino que selecciona factores subjetivos para orientarse. "El introvertido se basa en aquello que la impresión sensorial constela en el sujeto". Es decir, extrae valor y significado no de la cosa externa en sí, sino del proceso interno que la cosa despierta. Esto es bastante obvio, que la cognición es eminentemente subjetiva. Pero Jung hace 100 años ya notaba que el pensamiento moderno estaba sacando de la ecuación al sujeto y buscando sólo lo objetivo, despreciando el conocimiento llamado "meramente subjetivo":

Al sobrevalorar nuestra capacidad de conocer objetivamente reprimimos la importancia del factor subjetivo, lo cual simplemente significa una negación del sujeto. ¿Pero que es el sujeto? El sujeto es el ser humano en sí mismo. Nosotros somos el sujeto.  

Jung explica que el extrovertido suele ser juzgado como egoísta por el extrovertido; esto se debe a la preponderancia, en el introvertido, del juicio subjetivo, al cual eleva por sobre los datos objetivos. En ocasiones esto no está del todo equivocado, ya que, en casos neuróticos, el introvertido identifica completamente su sí mismo (Selbst) con el ego; es decir, todo el componente de su ser, incluyendo el inconsciente, lo identifica sólo con su conciencia individual o ego. Esto suele crear una inflación del ego. 

Como compensación a la falta de importancia del objeto en la conciencia, el objeto aparece en el inconsciente con gran fuerza. Así vemos que los individuos introvertidos, a los cuales en apariencia no les interesa el gran mundo de las cosas y las personas, tienen sueños y actitudes secretas con las que muestran un enorme miedo a la pobreza, a lo que piensan los demás, o albergan un gran deseo de ser amados, cosas que son las motivaciones conspicuas de los extrovertidos. La patología dominante es la psicastenia (término en desuso que comprende las fobias, las obsesiones y la ansiedad). Cuando la psique introvertida no logra individuarse y no le hace caso e integra a su propia voz inconsciente, esto deriva en

una masa de fantasías de poder unidas a un miedo a los objetos que él mismo ha activado a la fuerza y de lo cual ahora es víctima. Su miedo a los objetos se convierte en una forma peculiar de cobardía; se encoge y no se expresa a sí mismo o sus opiniones, temiendo que esto aumentará el poder del objeto... todo lo extraño y nuevo suscita miedo y desconfianza.

Con esto tenemos una buena introducción a estas actitudes psicológicas. Próximamente revisaremos las cuatro funciones psicológicas con sus ocho manifestaciones (introvertidas o extrovertidas). Hay que mencionar, finalmente, que una persona no es absolutamente introvertida o extrovertida, si bien una de estas actitudes es dominante. Para vivir una vida psíquica sana y significativa es necesario conocernos a nosotros mismos y desarrollar no sólo nuestras cualidades descollantes sino aquello de lo que carecemos, los opuestos y las funciones inferiores, por lo cual un introvertido debe poner atención a los rasgos extrovertidos que se manifiestan en su inconsciente y actuarlos en el mundo, sin traicionar su propia esencia (y viceversa).