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La filosofía debe estar libre de ideologías políticas y libre también de las guerras culturales que polarizan el conocimiento

La Universidad de Oxford ha anunciado que buscará "feminizar su currículum de filosofía", asegurándose de que el 40% de los autores en su lista de lecturas recomendadas sean mujeres. La idea, según informa la prensa británica, es parte de una campaña en las universidades que tiene como fin "descolonizar" el currículum. Se instituirá en Oxford también un nuevo curso de "filosofía feminista".

Una lista hipotética de las lecturas recomendadas para alumnos de filosofía en Oxford podría ser la siguiente, con textos de:

Platón

Aristóteles

Descartes

Spinoza

Schopenhauer

Hegel

Hannah Arendt

Mary Wollstonecraft 

Simone de Beauvoir

Elizabeth Anscombe

Habría que haber incluido a Hipatia de Alejandría, pero no se tiene certeza de que el poco material que se le ha atribuido a esta luminaria de la antigüedad sea auténtico. A mi juicio no sería un error incluir a Simone Weil, pero la lista fue pensada tomando más los lugares comunes en el pensamiento dominante. Aunque no hay duda de que estas autoras tienen mucho que decir y sus lecturas no serían un desperdicio, si yo fuera estudiante de filosofía de Oxford -y no de una carrera como las que brotan ahora, como estudios de género y demás- no me daría por bien servido al notar que a razón de una política de inclusión perdería contacto con autores como Heidegger, Nietzsche, Tomás de Aquino o Wittgenstein, por sólo citar cuatro de cientos que quedan desplazados ante la preponderancia de la ideología de género y de lo políticamente correcto. (No tocaremos aquí ese otro tema de la no inclusión de filósofos orientales en el currículum de la carrera de filosofía en Occidente). Evidentemente, esto no significa que los alumnos de Oxford no leerán a estos filósofos, sólo se trata de una recomendación, y seguramente el currículum incluirá a los principales autores de la historia de la filosofía -los cuales, fruto del patriarcado o no, son hombres casi en su totalidad-. Sentiría el mismo descontento, como amante de la filosofía y no como conciliador político, si, por ejemplo, en una universidad mexicana se instituyera una cuota de autores mexicanos en el estudio general de la filosofía o de filósofos negros en Estados Unidos, etc. La filosofía es el amor a la sabiduría y no el amor a la igualdad de género -dicho amor (si es que puede usarse esta palabra en este caso), en su manifestación excesiva y fanática, no es más que crasa ignorancia y una amenaza para la salud de la tradición filosófica de Occidente, la cual ya se encuentra en una seria crisis debido al materialismo científico y a la mentalidad utilitaria neoliberal-. Ciertamente, la filosofía enseña justicia y respeto a la dignidad humana y esto es lo que se necesita enseñar a los hombres y a las mujeres, algo que está presente justamente en los autores clásicos; es de estas enseñanzas y del pensamiento crítico que luego uno podría esperar que los estudiantes pusieran en práctica en la sociedad estos valores de justicia y respeto universal a la dignidad humana. 

El tema aquí es que se está empujando en las universidades no sólo la idea de igualdad de oportunidades, la cual cualquier persona con el mínimo sentido de justicia debe favorecer, sino la idea de igualdad de resultados, y esta última es peligrosa y me atrevería a decir que va en contra de la evolución humana. Un ejemplo burdo: uno ciertamente no buscaría que el 50% de los conductores de maquinaria pesada fueran mujeres y el 50% hombres (o el 60%-40%) si esta proporción no refleja la aptitud para realizar dicha tarea. Manejar maquinaria pesada es peligroso, así que lo que uno buscaría es que fueran las personas más calificadas las que obtengan el trabajo, y si fuera el caso de que hubiera muchas mujeres que quisieran el empleo y estuvieran calificadas para el mismo, que no fueran discriminadas por su sexo. Uno más radical: supongamos que debemos elegir a 10 personas para proponer un plan de contingencia ante una catástrofe mayor como podría ser la colisión de un asteroide, ¿acaso no seria absurdo elegir a cinco mujeres y a cinco hombres solamente para defender la igualdad, y no a las 10 personas con mejores credenciales en el campo? O quizás no sea tan absurdo, al menos para el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien hizo que su gabinete estuviera formado por un 50% de hombres y 50% de mujeres, una medida ciertamente populista, que al parecer le generó bastante popularidad.

El tema es complejo y se puede argumentar que es necesario estimular e incentivar que las mujeres participen en ciertos campos profesionales. Estoy de acuerdo, e incluso me parece que la sociedad se beneficiaría de una mayor participación de las mujeres en la política o en puestos en lo alto de la jerarquía en empresas. Pero no me parece que el camino sea la arbitrariedad representativa o una especie de "dedazo" igualitario. Ciertamente, el balance en la sociedad puede traer beneficios, pero ese balance debe construirse, paradójicamente, explotando las diferencias. Esto es, dando la oportunidad e incluso liberando el potencial de la expresión de la particularidad de cada persona, de aquello que lo hace único, no igual.

La evidencia científica es bastante contundente en señalar que los hombres y las mujeres tienen diferentes intereses, e incluso cuando se nivela el campo de oportunidades, los hombres y las mujeres eligen diferentes profesiones. En Escandinavia  se ha comprobado que carreras  como la ingeniería son dominadas por los hombres y carreras como el cuidado de la salud son dominadas por las mujeres. Incluso existe información que sugiere que en Suecia y Noruega, entre más igualdad de oportunidades, más diversidad de intereses, presumiblemente debido a que en estos países existen también una libertad y una prosperidad que permiten la expresión de cada género sin tantos obstáculos o sesgos socioeconómicos. No me parece que haya nada malo en ello en esto, y es bastante obvio que obedece a patrones biológicos (el hecho de que los hombres se interesen más por las cosas y las mujeres más por las personas parece tener que ver con que las mujeres, durante miles de años, han tenido que cuidar a sus hijos, y los hombres cazar y proveer protección). Hay feministas radicales que creen que esta pauta biológica puede abolirse en un par de generaciones, que no existe ninguna determinación biológica en el ser humano, que todo es relativo o todo es una opresiva construcción del patriarcado. Estos son reduccionismos que van en contra de la evidencia y la lógica multifactorial de la realidad, ya que la diferencia de intereses y la manifestación de ciertas conductas no es algo culturalmente aprendido, sino innato, como ha sido demostrado por diferentes estudios. Evidentemente, estas diferencias luego son reforzadas o suprimidas por la educación y los paradigmas culturales. 

Existe una interesante disputa sobre si la evolución es una competencia o una colaboración. Hay muestras evidentes de que los miembros de una especie compiten entre sí para reproducirse y que, generalmente, aquellos que se imponen sobre los otros tienen genes más aptos para la perpetuación de una especie (por eso se imponen, obviamente). Por otro lado, también hay evidencia de que la simbiosis es una importante estrategia evolutiva, hasta el punto de que es posible que incluso la célula eucariota -los animales, las plantas, los hongos- sea fruto de una colaboración entre diferentes microorganismos, como bacterias y archaea. El tema es fascinante y complejo; sólo diré que me parece que la evolución es una combinación de ambas y una no excluye a la otra. Lo que el ser humano busca es competir bajo reglas justas o colaborar para que se pueda desarrollar una competencia que extraiga las mejores cualidades de los individuos y, así, que se desarrollen las ideas y los ambientes que propicien la evolución ya no sólo biológica sino moral y espiritual. Hay que ser buenos, pero también inteligentes. Ciertamente, no estamos solos en esta combinación entre la colaboración y la competencia, pues, si bien las jerarquías son algo universalmente distribuido entre las especies, existen especies animales que detentan su jerarquía no a través de la tiranía sino de la colaboración y las muestras de afecto y reconocimiento del valor de los miembros del grupo.

Dicho todo eso, tampoco me parece malo que se realicen campañas para fomentar el interés de las mujeres hacia ciertas disciplinas o para intentar que la ciencia y la tecnología, que tienen tanta preponderancia económica en nuestra sociedad, sean más atractivas para las mujeres, siempre y cuando esto no afecte la efectividad, la calidad o el desarrollo de las mismas. Por llevar esto a la hipérbole (a la cual está siendo llevada en estas guerras de la política de la identidad), un graduado de filosofía que leyó el 60% de autores y 40% de autoras en su carrera está poniendo en entredicho su educación, porque, recordemos, esta estudiando filosofía, no estudios de género o igualdad o teoría feminista -aunque a muchos les gustaría que todas las carreras tuvieran que rendir pleitesía a la ideología de lo políticamente correcto-. Cómo propiciar el interés es un tema que ciertamente debe discutirse y admite diversas alternativas, pero espero haber demostrado con este artículo que es poco inteligente e incluso injusto establecer medidas de igualdad obligatoria en las empresas, en el gobierno, en las instituciones educativas, etc. Creo que el feminismo en su sentido más digno no busca que se le favorezca por sobre los hombres o que se le den ventajas o dádivas populistas infectadas de ideología, lo que busca es un plano justo de competencia para el cual se deben contemplar ciertas diferencias; por ejemplo, regulaciones que no sólo permitan la licencia de maternidad sino que se eduque al respecto. Incluso cosas como las que está haciendo Oxford, modificando la forma en la que se hacen los exámenes, tomando en cuenta que las mujeres suelen tener mejores resultados cuando pueden llevarse el examen a casa, aparentemente por un efecto negativo de la presión temporal. Por otro lado, esta medida no elimina los exámenes cronometrados, sólo complementa el método de examinación con otra alternativa. De cualquier manera, lo importante aquí es que esto afecta la calidad del contenido de un curso.

Es cierto que existe una injusticia histórica en contra de las mujeres. Pero, parafraseando al Buda, la injusticia nunca podrá ser vencida con la injusticia. Lo que se debe buscar es la justicia, una conciencia moral humanista -más allá de los sexos- antes que la igualdad per se (lo cual es ciertamente utópico e irrealizable, como han demostrado los intentos de aplicar el comunismo, e incluso contra natura). Esto debe ser, entonces, hacer un esfuerzo constante por efectuar una igualdad de oportunidades, entendiendo que eso nunca podrá lograrse absolutamente en un mundo dinámico y que no se verá reflejado en una igualdad de resultados justamente por las diferencias en los sexos. Las cosas siempre funcionan mejor cuando se realizan de manera voluntaria y a través del convencimiento, y no mediante la obligación o en contra de las propias creencias. Esto significa obviamente castigar la discriminación y combatir ciertos rasgos atávicos misóginos, para lo cual ciertamente parece lógico incluir en las materias correspondientes enseñanzas sobre la igualdad de capacidades de los sexos y los valores cívicos y humanistas esenciales, pero no secuestrar todas las disciplinas con una agenda ideológica. Esta educación que incorpore rasgos igualitarios, no debe extenderse a una supresión de la masculinidad de los niños -como sería, por ejemplo, reprimir cierta agresividad que es parte del desarrollo natural de los niños y, en menor medida, también de las niñas). 

Aunque en la superficie parece progresista, la igualdad forzada (la igualdad de facto, la igualdad de resultados), es una medida retrógrada draconiana. Las mujeres y los hombres no somos iguales, la naturaleza es diversa, y esa es la belleza del mundo, lo que lo hace dinámico y fascinante; esta diferencia es lo que produce la atracción (o el deseo) -que es realmente el motor de la mayoría de las cosas en el mundo-; incluso, uno podría aventurarse a decir que esta diferencia -que es también una fricción creativa- entre los polos u opuestos arquetípicos (entre lo positivo y lo negativo, entre el cielo y la tierra, entre el calor y el frío) es la base de las grandes fuerzas que animan el cosmos, como el electromagnetismo. Los hombres, si son inteligentes, deben desear mujeres fuertes en su propia feminidad, que se sientan libres y que pueda expresar su ser, y las mujeres inteligentes, hombres fuertes en su propia masculinidad, etc. Esta es la mejor forma de evitar el abuso y esta guerra de sexos que domina el discurso hoy en día y que evita que nos dediquemos a cosas más interesantes y estimulantes; por ejemplo, la filosofía, y la contemplación pura de las ideas, más allá de lo políticamente correcto. Coincido con Aquino, quien dijo que el sentido de la vida política era hacer posible la felicidad de la vida contemplativa, crear la paz necesaria para poner al ser humano en una posición en la que se puede "dedicar a la contemplación de la verdad". Es necesario discutir y ponerse de acuerdo y crear las condiciones para que se puedan desarrollar las más altas funciones de la vida humana que son estéticas, intelectuales o espirituales. Pero no aferrarse a la discusión y al encono y a esa peligrosa superstición que es la identidad grupal; no enredarse demasiado, no quedarse en lo particular y transitorio y perder de vista el sentido último.

 

Twitter del autor: @alepholo

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Con Jordan Peterson, Nietzsche, Jung y Dostoyevski, exploramos esta idea de que, más allá de la obligación sociocultural de ser felices, yace la responsabilidad de buscar la verdad, que es lo que da sentido a la existencia

Las penas, el sufrimiento y la soledad son los grandes constructores de carácter. El ser humano nunca es realmente grande hasta que su corazón se rompe.

-Manly P. Hall

 

Es un dicho budista que buscar la felicidad es la causa de la infelicidad. Para los budistas el andar por el mundo deseando, persiguiendo sensaciones de placer o incluso aferrándonos a aquellas cosas que creemos nos hacen felices -como una pareja, dinero, éxito, etc.- asegura que sufriremos, porque todas estas cosas son impermanentes y, al cambiar, harán que lo que hoy nos hace feliz y da placer mañana nos produzca dolor. Nuestra felicidad hoy es la semilla de nuestro sufrimiento mañana.

Pensadores existencialistas, por otro lado, nos dirían que la vida es trágica. La condición del hombre en el mundo -la muerte, la enfermedad, la soledad y demás- nos colocan en una situación de estar arrojados, de alguna manera caídos (sin necesariamente recurrir a la connotación religiosa). No es de asombrarnos que el hombre sufra, se encuentra en condiciones sumamente precarias en el mundo, aunque, al menos, es libre (especialmente en la medida en la que se hace responsable de sí mismo).

A esto hay que sumarle la presión moderna por ser feliz, por ser productivo y exitoso, como un imperativo categórico social que está evidentemente ligado al paradigma económico de crecimiento permanente. Uno debe de hacer algo -que muchas veces requiere consumir- para lograr sacudirse y alcanzar la felicidad que el cine, la publicidad y en general la sociedad nos dice es nuestro derecho básico (pero que parece nuestra obligación, si es que queremos ser aceptados).

Si esta es la situación en la que se encuentra el hombre, ¿qué hacer para no sumirse en la más profunda desesperanza o en el nihilismo? Para el budismo, existe un camino para trascender el sufrimiento que tiene que ver con el entrenamiento de la mente, con el desapego y con alcanzar una sabiduría contemplativa que es capaz de liberarse de todo lo condicionado -extinguiendo el deseo que hace que dé vueltas la rueda del samsara. Ya que la ignorancia es la raíz del sufrimiento, es la sabiduría lo que libera. No ahondaremos en esto en esta ocasión. ya lo hemos hecho en otros artículos (como este o este). Quizás más cercana a la mentalidad occidental es la asunción heroica de la vida trágica, algo que pensadores como Nietzsche o Dostoyevski han defendido -y que, como veremos, no difiere en fondo sino en método-, pero que tenemos en el Dr. Jordan Peterson una versión actualizada, que sintetiza y extrae las ideas relevantes de estos autores para una sociedad cada vez menos letrada. La vida es trágica, ser feliz es algo así como una utopía (especialmente si se porfía en serlo), pero la vida tiene sentido.

Dostoyevski en sus notas sobre su novela Crimen y Castigo escribió: "el hombre no nace para la felicidad. El hombre se gana la felicidad, y esto siempre a través del sufrimiento". No se trata de un sufrimiento absurdo o masoquista, sino de un sufrimiento que es aceptado -porque es la realidad de la existencia- y llevado con dignidad, bajo el entendido de que tiene sentido. Tiene sentido porque se acepta una carga en función de un fin que es más alto que los propios deseos personales. Esto es en gran medida lo que hacen el amor, la compasión y la fe. Nuestros actos tienen sentido porque pueden ayudar a los demás y combatir el mal, la ignorancia e incluso el sufrimiento que existe en el mundo. No se trata de buscar la felicidad, tal cosa es endeble, se trata de encontrar el significado -y esto es la mejor forma, al final de cuentas, de acercarse lo más posible a la felicidad y hacer felices a los demás. Kierkegaard tiene un entendimiento que me parece útil y hermoso en este sentido. La vida se vuelve significativa cuando el individuo se eleva a lo universal, supeditando sus deseos a la ley moral, que representa el propósito de su existencia. Pero la forma en la que el deber ser se presenta -la forma en la que lo universal se presenta- es de una manera singular y subjetiva, de manera que puede trascender la ley moral por la cual se rigen los demás. El ejemplo de Kierkegaard es el sacrificio de Abraham, un acto que rompe la ley moral y, sin embargo, es profundamente significativo y moral. 

Jordan Peterson explica por qué buscar la felicidad es un mal negocio:

Está bien creer que el sentido de la vida es ser felices, pero ¿qué ocurre cuando eres infeliz? La felicidad es un gran efecto secundario. Cuando llega, acéptala con gratitud. Pero es pasajera e impredecible. No es una meta que uno debe de tener -porque no es una meta. Y si la felicidad es el propósito de la vida, ¿qué pasa cuando eres infeliz? Eres un fracaso. Y quizás incluso un fracaso suicida. La felicidad es como un dulce de algodón. Simplemente no va a lograr el cometido.

Peterson cree que lo que se debe de buscar es significado en la vida, lo cual significa también tomar responsabilidades. Vivir una vida lo más posiblemente alineada con aquello que creemos es verdadero y bueno. Esa, por otro lado, sí puede ser una meta: decir la verdad e intentar hacer el máximo bien. Para hacer esto es fundamental dejar de hacer esas cosas que sabemos lastiman nuestro espíritu y hacer aquellas que sabemos nos harán bien pero que nos cuestan trabajo, que nos dan miedo. Como sugiere Nietzsche, la moralidad en una persona que no tiene cierto poder -de actuar, de amar, de destruir el mal- es un disfraz en el que se oculta la cobardía. Peterson sugiere, con Jung, que debemos de enfrentar e integrar nuestra sombra, ir hacia las profundidades donde se ocultan nuestros miedos y traumas, que son también las cuevas donde yacen los tesoros. En la búsqueda del santo grial, los caballeros de la mesa redonda deben entrar al bosque por la parte más oscura.

Por otro lado, Peterson cree que el significado (meaning) está embebido en la profundidad de la existencia, no sólo psicológica sino biológica. "Es el más profundo de los instintos más altos", dice. El cuerpo responde al significado, por ello cuando encuentra propósito y significado puede afrontar el estrés sin colapsarse -como sugieren la observaciones en los campos de concentración de Viktor Frankl y el trabajo más reciente de científicos que correlacionan la eudaimonía con la salud. El estrés cambia de significado cuando se acepta como un desafío voluntario y no como una condena; y con sólo ese cambio de significado el cuerpo genera diferentes hormonas y neurotransmisores ante una situación, a tal punto que un estrés significativo no suele mermar el sistema inmune. Cuando encuentras significado en lo que haces dejas de pensar en lo miserable que es la vida (¡tan siquiera porque eres capaz de concentrarte!), e incluso si estás enfermo sigues haciendo lo que crees que debes hacer sin que te afecte demasiado Es como un estado de armonía, flow o sincronicidad, que mejor puede compararse a la música: la música puede ser triste o alegre y demás, pero nos comunica de todas maneras un orden, una armonía, una estructura basada en ciertos principios. El significado se siente en el cuerpo como un modo de existencia auténtica y la autenticidad -como un traje que nos queda a la medida, y que no oculta sino revela- nos hace más nosotros, más fuertes y más libres -hay una intuición que existe en todas las culturas: que la verdad libera. El significado o sentido existencial, cree Peterson, es de hecho una alineación con el Logos de los antiguos griegos, ese principio de inteligencia y orden en el cosmos, que para los cristianos se convirtió en el mismo Verbo, en la fuerza de amor que redime el universo. Cristo, Buda, pero incluso Sócrates y hasta Pinocho o Harry Potter -explica en sus lecturas Peterson- pueden verse como arquetipos de una misma figura con la que se llama al ser humano a "cargar la cruz", a dar la vida por la verdad, a ser el héroe de la propia experiencia arrojada en el mundo, y cumplir su propósito: crear armonía en el mundo, balance entre el orden y el caos, ayudar a que la humanidad pueda evolucionar hacia un destino más noble. Seremos ceniza más tendrá sentido; seremos polvo más polvo enamorado, dijo el poeta, porque ante la muerte sólo esto es el antídoto.

El heroísmo, la épica, pero también la tragedia y el romanticismo -porque "la verdad es belleza; la belleza, verdad"- de este modo existencial, están predicados en asumir que si decimos la verdad, si nos movemos hacia la verdad con la mejor de nuestras habilidades, eso sólo ya nos asegura el mejor de los resultados o destinos posibles. Entre el caos y lo desconocido inconmensurable, sólo podemos andar si encendemos una luz interna. Se podrá objetar que "la verdad", especialmente en nuestra era relativista posmoderna, en la era de la "pos-verdad", en la era del extremismo religioso y el fanatismo secular, es un concepto difuso, difícil y hasta peligroso. Ciertamente no hay nada más difícil que encontrar la verdad -y aquel que cree que ya la posee probablemente está muy lejos de ello- pero por el hecho de que sea difícil no significa que no debamos intentarlo, al contrario. Y es peligroso porque podemos engañarnos fácilmente -y lo hacemos todo el tiempo- y podemos cometer atrocidades desde el engaño, pero no correr el riesgo de buscar la verdad y vivir conforme a lo que creemos es verdad es mucho más peligroso, porque lo que está en juego es la libertad, no la libertad de poder hacer lo que queramos, sino de liberarnos del mal, de la ignorancia y quizás algún día del sufrimiento. Por otro lado, si la verdad no existe, como pensaban algunos filósofos posmodernos, y más aún si no se apuesta por la verdad, entonces el mundo no tiene sentido. Y entonces de todas maneras no importa si se apuesta o no por la verdad, o si se cree esto u lo otro, todo está permitido y es más o menos igual. No buscar la felicidad, buscar la verdad -algo esencialmente heroico e incómodo- eso es lo que Peterson propone y en gran medida explica la enorme popularidad que está cosechando su pensamiento, porque en la era de la pos-verdad -algo que coincide con el Kali-Yuga o la era de la no-verdad o ignorancia en la que estamos según el hinduismo, y con el vacío que deja la "Muerte de Dios" - hay una carencia marcada de esto, de verdad, de sentido, de espiritualidad. Para Jung el hombre moderno era esencialmente un hombre en busca de un alma. Keats dijo que este mundo era "el valle de la elaboración del alma", para eso estábamos aquí, para elaborar un alma de la tierra, para convertir el plomo del sufrimiento en el oro de la conciencia. Hambriento de alma, en busca de sentido, con sólo la verdad como arma, así el hombre camina alto por el mundo.

Twitter del autor:@alepholo

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