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Esta es la mejor manera de terminar una relación según la ciencia

Salud

Por: pijamasurf - 03/29/2018

"Un ‘Terminamos’ puede que sea demasiado directo, pero todo lo que necesitas es decir ‘Tenemos que hablar’ para que la otra persona tenga unos segundos para procesar que hay malas noticias"

Las rupturas amorosas son dolorosas y liberadoras. Algunas requieren un par de semanas para superar el mal de amores; otras, un poco más de 1 año. Unas necesitan una plática para tomar conciencia de su ruptura; otras, peleas constantes, bloqueos en redes sociales y quizá hasta meses de intentarlo una y otra vez hasta que el corazón se canse. Hay quienes dicen que el impacto de la ruptura no depende de los años que duró la relación, sino de la intensidad de las emociones y, sobre todo, de la manera en que se decidió terminar con la esperanza del amor.

Es decir, uno puede agilizar o retardar la superación de una relación si, por un lado, posee la sensación de que aún queda algo por hacer, y por otro lado, la esperanza aumenta si la ruptura fue inconclusa. Si se terminó por mensaje de alguna red social o mensaje de texto, el día del cumpleaños de uno de los miembros o en el funeral de alguien, con la esperanza de retomar la amistad como si una intimidad emocional no se hubiese visto involucrada, aplicando el tan famoso ghosting o desapareciendo sin más –sin explicaciones ni anuncios–, la sensación de que “aún queda algo” por solucionar persiste y, en consecuencia se vuelve difícil cerrar el ciclo del noviazgo o la pareja.

No obstante, de acuerdo con Alan Manning y Nicole Amare, profesores de lingüística de la Universidad del Sur de Alabama, una manera adecuada para cerrar el ciclo del noviazgo y permitir el inicio de la cicatrización es decir y recibir las malas noticias directamente: sin rodeos. En palabras de Manning:

Un ‘Terminamos’ puede que sea demasiado directo, pero todo lo que necesitas es decir ‘Tenemos que hablar’ para que la otra persona tenga unos segundos para procesar que hay malas noticias. […] Si eres el que más empeño pone en la relación, seguramente te sentirás más cómodo a la hora de romper. Pero esta encuesta [realizada en un estudio con 145 participantes] te hace imaginar que eres tú el que recibe la mala noticia, y por lo tanto debes elegir cuál es la mejor manera de poner punto final a la relación.

Si bien ser directo con las malas noticias suele ser difícil, es importante recordar que uno sólo es responsable de las palabras, acciones y emociones propias, y a lo que sienta, haga y diga la otra persona no nos corresponde atender ni permitir que nos afecte. De modo que lo importante para superar la ruptura de una relación es cerrar los ciclos de manera directa: aun cuando duele y se siente incómodo, aun cuando consideremos que es más fácil escabullirnos sin dar la cara y el proceso del desapego se retrase hasta impedir el inicio de otra relación con otro individuo. Después de todo, si se tuvo el valor de iniciar un ciclo amoroso, asumiendo sus responsabilidades, también es posible poseer ese mismo valor para terminarlo aprehendiendo los aprendizajes necesarios.

 

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Como una manera de enfrentar este tipo de situaciones, se recomienda aprender el arte de la aceptación y la liberación

Suele pasar con cierta asiduidad que uno, tumbado en la cama, se vea interrumpido en el sueño por la ráfaga de pensamientos que le asaltan. En un abrir y cerrar de ojos pasan 2 o 3 horas y sin importar cuántas vueltas se dé en la cama, las veces que se abren y cierran las redes sociales o el agobio de estar cansados al día siguiente, la mente sencillamente decide no guardar silencio. Incluso puede llegar a suceder que mientras se está realizando una actividad que requiere toda la atención sensorial o cognitiva, las ráfagas de pensamiento interrumpan la concentración y terminen provocando algún error o incomodidad en general.

Como una manera de enfrentar este tipo de situaciones, la filosofía oriental iniciada por Oshoun orador, místico, filósofo espiritual y gurú hindú, también conocido como Bhagwan Shree Rajneesh– recomienda aprender el arte de la aceptación y la liberación. Es decir, por un lado, aceptar que el pensamiento no puede ser detenido ya que eso producirá “una quietud forzada” y resultará en una mente reprimida. En palabras del gurú, “el verdadero esfuerzo para parar [a la mente] producirá más ansiedad, creará conflicto, te romperá en dos. Estarás en una constante confusión. Esto no ayudará realmente”. No hay manera de callar a la mente y eso forma parte del aprendizaje de aceptar la realidad tal y como es.

Por otro lado, aprender a liberar requiere poner en práctica la observación: “Observar. No intentes detenerlo. No es necesario hacer ninguna acción en contra de la mente”. En consecuencia, este tipo de meditación que busca enfatizar la conciencia, el amor, la celebración, la valentía, la creatividad y el sentido del humor, invita a tomar conciencia de quién es el que hace las acciones en la mente:

En primer lugar, ¿quién hará una acción en contra de la mente? Será la mente peleándose con ella misma. Dividirás la mente en dos; una parte que está intentando dominar –un perro por encima del otro– y matar a la otra parte, lo cual es absurdo. Es un juego tonto. Puede llevarte a la muerte. No intentes detener a la mente o al pensamiento –sólo obsérvalo, déjalo que suceda–. Permitir que suceda es la libertad total. Deja que vaya lo rápido que quiera. No intentes controlarlo. Sólo sé testigo. ¡Es hermoso!

[…] Mientras más profunda se vuelve tu capacidad de observación, más profunda se vuelve la toma de conciencia y los huecos comienzan a elevarse, intervalos. Un pensamiento se va y otro no aparece, ahí está el hueco. Una nube pasó, otra está llegando y ahí está un hueco. En esos huecos, por primera vez tendrás destellos del estado no-mente, empezarás a probar el estado no-mente. Llámese el sabor de zen o Tao o yoga. En esos pequeños intervalos, de pronto el cielo se vuelve impío y el Sol deslumbrante. De pronto, el mundo está lleno de misterio, porque las barreras se han caído. La pantalla en nuestros ojos no está de pronto ahí.

[…] Volverse testigo sin apegos es una manera de detener [las barreras en la mente] sin realizar algún esfuerzo. Y cuando comienzas a disfrutar de esos momentos maravillosos, tu capacidad de retenerlos por períodos largos incrementa. Finalmente, pronto, un día, dominarás la práctica. Entonces cuando quieras pensar, pensarás; si el pensamiento es necesario, lo usarás; si el pensamiento no es necesario, permitirás a tu mente descansar. No es que la mente simplemente desaparezca: la mente está ahí, pero puedes usarla o no. Es tu decisión. Como las piernas: si quieres correr, las usas; si no quieres correr, las pones en descanso –y las piernas siguen ahí–.

La técnica recomendada es identificar aquellos pensamientos que están abrumando y corriendo por doquier en cada rincón de la mente; se trata tan sólo de observarlos sin juzgarlos ni calificarlos. Basta con saber que están ahí y observar cuándo, cómo y por qué aparecen. Por ello la meditación es el camino correcto para lograrlo, para estar en dominio de la mente durante una conexión mente-cuerpo en el aquí y el ahora. De hecho, la meditación:

[n]o es ningún esfuerzo contra la mente, no pelea en ningún momento. Es una manera muy amorosa de atestiguar a la mente, la cual lleva consigo toda la experiencia de la humanidad –y no sólo de la humanidad: de los animales, de los pájaros, de las plantas, de las rocas–. Has pasado por todas esas experiencias. Todo eso ha pasado hasta llegar a ti. En pocas palabras, cargas toda la experiencia de la existencia. Eso es la mente. De hecho, decir que es tuya no es verdad: es del colectivo; nos pertenece a todos.