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Escuchar a The Smiths te hace una persona neurótica y de emociones inestables

Salud

Por: pijamasurf - 03/26/2018

¿Qué dice la música que escuchas de tu forma de ser?

Todo lo que hacemos o dejamos de hacer es reflejo de aquello que usualmente se identifica con la “identidad personal”, desde hábitos tan cotidianos como la forma en que vestimos o las palabras que usamos al hablar, hasta cuestiones más profundas como nuestros patrones de pensamiento y de conducta más propios.

También es cierto que algunas de esas manifestaciones hacen más evidente nuestro ser que otras, y tal parece que la música que escuchamos por elección y gusto está entre las primeras.

De acuerdo con un estudio realizado por Wu Youyou, Michal Kosinski y David Stillwell, del Centro Psicométrico de la Universidad de Stanford, las preferencias musicales también se corresponden con los cinco tipos de personalidad que propone el modelo conocido como OCEAN, según el cual las formas del ser humano pueden identificarse con cinco grandes inclinaciones: 

1) La personalidad abierta a nuevas experiencias
2) La personalidad responsable
3) La personalidad extrovertida
4) La personalidad amable
5) La personalidad neurótica o de emociones inestables

El acrónimo OCEAN corresponde a las iniciales de las palabras en inglés para cada uno de esos rubros: Openness, Conscientiousness, Extraversion, Agreeableness y Neuroticism.

El estudio se llevó a cabo a través de una aplicación de Facebook llamada myPersonality, la cual pedía a los usuarios responder 100 preguntas desarrolladas por investigadores del Centro Psicométrico. Además de las respuestas ofrecidas, el estudio tomó en cuenta también la actividad de la persona en Facebook, en especial aquello a lo cual le había dado “Me gusta” recientemente. 

Con la información de ambas fuentes (el cuestionario y los “Me gusta”) los investigadores construyeron un modelo que pudiera clasificar a cada usuario en los cinco tipos de personalidad propuestos, aunque con un ligero cambio: en vez de tomar al tipo “amable” de personalidad, en el estudio se optó por su negativo: “personalidad menos amable”.

A partir de ello, en la investigación se encontró esta relación entre la personalidad y los gustos musicales:

1) La personalidad abierta a nuevas experiencias - Tom Waits, Björk
2) La personalidad responsable - Luke Bryan, Jason Aldean
3) La personalidad extrovertida - Gucci Mane, Waka Flocka Flame
4) La personalidad menos amable - Marilyn Manson, Rammstein, Placebo, Judas Priest
5) La personalidad neurótica o de emociones inestables - Marilyn Manson, Placebo, The Smiths, Bring Me the Horizon, Escape the Fate

Vale la pena mencionar que esta investigación se realizó en el 2015, pero ahora ha cobrado nuevo interés no sólo por su tema en sí, sino también porque se ha dado a conocer que Cambridge Analytica se acercó en aquel año a los investigadores del Centro Psicométrico de Stanford responsables de este estudio para usar ese mismo modelo de clasificación de personalidades a través de la actividad en Facebook. Los científicos declinaron entonces, por lo cual Cambridge Analytica tuvo que encontrar su propia manera de obtener la información de los usuarios de Facebook sin su consentimiento para utilizarla después con fines políticos, según referimos en esta nota.

Esta información no es sólo anecdótica, pues de algún modo también nos sirve para reflexionar sobre nuestra propia actividad en redes sociales. Después de todo, quizá ya sabías que eres neurótico (a), sin necesidad de responder un test de Facebook.

 

El estudio puede consultarse en este enlace

 

También en Pijama Surf: No nacemos con un sentido del yo: lo construimos (y al hacerlo ocultamos nuestra verdadera naturaleza)

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Salud

Por: María José CA - 03/26/2018

A lo largo de las investigaciones epigenéticas se ha demostrado que existe una correlación entre el acortamiento de los telómeros y un estado de ánimo negativo, hostil, enfadado y pesimista

Desde una premisa psicogenética, somos como somos gracias al historial genético, la dinámica con el medio ambiente y la mezcla de ambos factores de nuestros antepasados –al menos, de seis o siete generaciones arriba–. En varios estudios, principalmente los realizados por Avshalom Caspi y Terrie E. Moffitt, se ha demostrado que la expresión genética de uno puede verse influenciada y alterada por el estilo de crianza, vida y cultura de donde se creció. A este fenómeno se le llamó epigenética, una ciencia relativamente reciente que se dedica a estudiar la interacción entre ambiente y genética.

Actualmente, uno de los temas principales en la epigenética es descubrir el impacto que posee el pensamiento sobre la expresión genética. De acuerdo con Elizabeth Blackburn, Premio Nobel de Medicina (2009), y Elissa Epel, psicóloga especialista en estrés, envejecimiento y obesidad, los patrones mentales pueden dañar los telómeros –partes indispensables en las células del ADN– afectando, a su vez, la vida y la salud de las personas.

Los telómeros, explican las especialistas, son la parte central de todas las células como segmentos repetidos de ADN no codificado que viven al final de los cromosomas. Su función es formar una especie de tapas en los cromosomas que previenen que el material genético se desenmarañe, y determinan la rapidez con que las células envejecen. De hecho, cuando los telómeros se acortan mucho, las células parar de dividirse, promoviéndose el envejecimiento celular –y por tanto, corporal–. Si bien aún falta mucha más información que permita confirmar la correlación entre el achicamiento de los telómeros y el envejecimiento celular, lo que se ha descubierto es que los telómeros pueden alargarse con el paso del tiempo. Esto significa que el envejecimiento es un proceso dinámico que puede acelerarse, ralentizarse o incluso revertirse, y que uno de los elementos que influyen directamente en este proceso son los telómeros, pues reciben y distribuyen la información recibida por la comida que comemos, el ejercicio que practicamos, la respuesta que tenemos a la hora de enfrentar las dificultades, entre otros factores biopsicosociales. En otras palabras, “una de las claves para disfrutar de una buena salud es simplemente hacer tu parte en fomentar la renovación de las células”.

A lo largo de las investigaciones epigenéticas se ha demostrado que existe una correlación entre el acortamiento de los telómeros y un estado de ánimo negativo, hostil, enfadado y pesimista. De hecho, en cuanto a definir la “hostilidad cínica”, los científicos encontraron que se trata de un patrón constante de enojo y pensamientos de desconfianza hacia los demás: “Alguien con hostilidad no sólo piensa ‘Odio estar aquí parado haciendo largas filas en la tienda’, también piensa ‘Otros clientes deliberadamente pasan sobre mí y me quitan de mi posición superior de la línea’ y entonces comienza a sentir rabia”. A partir de ello descubrieron la correlación entre este tipo de conducta, unos telómeros cortos y la incidencia de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y muerte prematura.

¿Cómo ocurre esto? Idealmente hablando, un cuerpo responde al estrés con la liberación de cortisol –neurotransmisor del estrés– y presión sanguínea, y con el regreso a la homeostasis natural del cuerpo. Sin embargo, cuando un cuerpo posee telómeros cortos, la exposición al estrés provoca que los niveles de cortisol y de la presión sanguínea diastólica se extiendan hasta normalizar este nuevo estado llamado alostasis. Una vez que se ha instaurado la alostasis como un estado omnipresente, sucede lo siguiente: el ritmo cardíaco suele estar alto, el sistema hormonal se altera, el estado de ánimo se vuelve negativo y de incomodidad, el optimismo baja y los vínculos sociales se vuelven pobres. En otras palabras,

en términos de la salud física y psicosocial, [estas personas cínicas hostiles] se encuentran en una posición altamente vulnerable ante las enfermedades tempranas, los años de su vida se ven marcados por enfermedades al envejecer, las cuales incluyen enfermedades cardiovasculares, artritis, un sistema inmunológico débil, depresión, etcétera.

Con esto se quiere decir, explican las expertas, que el pesimismo es un precursor de las enfermedades durante la vejez, ya que influye en la longitud de los telómeros a lo largo de la expresión genética. Hay una vasta evidencia científica en donde se confirma que los patrones de pensamiento pesimistas resultan en telómeros más cortos, promoviendo la muerte prematura de las células. Entre este tipo de patrones de pensamiento se encuentran la rumiación, la obsesión compulsiva, la paranoia, la desconfianza, la inseguridad, el trauma, entre otros; éstos, al mantenerse en la mente, fomentan la expansión del estrés –y sus consecuencias– en el cuerpo. De hecho, las personas que suelen rumiar –pensar en un evento una y otra vez sin llegar a ninguna conclusión– experimentan con mayor frecuencia e intensidad depresión y ansiedad –trastornos emocionales que, a su vez, se han asociado con telómeros más cortos–.

No obstante, es importante no caer en la represión/supresión: la acción de ignorar los pensamientos y sentimientos indeseables. Para Daniel Wegener, psicólogo social de la Universidad de Harvard, este es un fenómeno –llamado error irónico– como cuando uno se pone el objetivo de no pensar en un oso polar y “entonces esa endemoniada cosa aparece en la mente cada minuto”. Mientras más se intente alejar los pensamientos, más fuertes y persistentes se vuelven, por lo que, al final, representan la misma cantidad de estrés que afecta a los telómeros y por lo tanto, a la apoptosis de las células.

Como solución, los especialistas en este tema consideran que el primer paso es identificar y “etiquetar” a estos pensamientos pesimistas que desencadenan la muerte celular temprana de nuestro cuerpo. De esta manera, uno puede llegar a estar en dominio de ellos, aprendiendo a regularlos mediante herramientas terapéuticas, meditación y desapego.

Imagen: Hannah Adamaszek