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Descubre por qué es tan difícil superar recuerdos traumáticos

Salud

Por: pijamasurf - 03/31/2018

Desgraciadamente, en los casos de TEPT los recuerdos dependen de su contexto y ello complica la efectividad de la terapia

Para Babette Rothschild, psicoterapeuta experta en estudios sobre el estrés traumático, un trauma es una ruptura que altera no sólo la experiencia psíquica de un individuo sino también su cuerpo. En su libro The Body Remembers: The Psychophysiology of Trauma and Trauma Treatment (2000), Rothschild explica que un trauma puede generarse como respuesta a tres tipos de eventos:

(1) incidentes que son, o son percibidos como, amenazantes a la propia vida o integridad corporal de uno; (2) ser testigo de actos de violencia hacia otros; o (3) escuchar violencia hacia o la muerte violenta inesperada de personas cercanas. […] También se puede desarrollar en los niños que han sufrido abuso sexual, aun si no pone en riesgo sus vidas.

Dado que el trauma puede ocasionar una serie de síntomas, tales como flashbacks –reexperimentar el evento de formas sensoriales variadas–, evitar recordatorios del trauma y la hiperestimulación del Sistema Nervioso Autónomo –SNA–, este trastorno se reencarna tanto en la vida psíquica como en la fisiológica. De hecho, las investigaciones, análisis y abordajes terapéuticos se enfocan en ambas perspectivas, principalmente desde un punto de vista neurológico. Van der Kolk, Antonio Damasio, Bruce Perry y Babette Rothschild, cada uno experto en el tema del trastorno de estrés postraumático –TEPT–, han relacionado los síntomas del trauma con un fenómeno en las conexiones neuronales que se ve reflejado en la psique y en el resto del cuerpo.

De hecho, mientras más datos se consiguen desde un abordaje neurocientífico, más alternativas se desarrollan para tratamientos terapéuticos. Por ello las investigaciones continúan, tal como la que realizó un grupo internacional de científicos al analizar la reacción neurológica a la hora de “desaprender” el miedo.

Para Roger Marek, investigador del Queensland Brain Institute en Australia, “Un abordaje común de las terapias cognitivo-conductuales para tratar a pacientes con TEPT es usar frecuentemente la exposición gradual, lo cual está basado en un paradigma experimental conocido como ‘aprendizaje de extinción’”. En otras palabras, se trata de entrenar al cerebro a olvidar un mal recuerdo –sin borrar el evento del cerebro– para reducir la expresión negativa y dolorosa que representa. Según se encontró en la investigación realizada, este proceso requiere de la corteza medial prefrontal, la cual es responsable de las funciones ejecutivas de todo el cuerpo. Es decir, para llevar los recuerdos negativos hacia la profundidad, la terapia recluta una región en la corteza prefrontal llamada corteza infralímbica, la cual genera una conexión con la amígdala –el foco central del miedo– para inhibir las respuestas condicionadas del trauma.

Desgraciadamente, en los casos de TEPT los recuerdos dependen de su contexto, y ello complica la efectividad de la terapia. En palabras de Marek: “Por ejemplo, en personas que están yendo a terapia de exposición, el aprendizaje de extinción que se lleva a cabo con una perspectiva clínica resulta en una recaída de pánico fuera de la consulta”. Por ello, los investigadores insisten en retomar los tratamientos y los análisis desde la fuente neuronal: desde la reparación del hipocampo, el cual puede verse alterado en su funcionamiento –regulación de recuerdos y de emociones– debido a un trauma mal gestionado.

Marek explica que con un trauma, el cerebro se enfrenta a cambios neurológicos creando nuevas conexiones que asocian un recuerdo, un pensamiento y un sentimiento/emoción. Por ello, el objetivo es resignificar esas conexiones desde una narrativa de resiliencia y autocomprensión, para que así tanto el hipocampo como la corteza infralímbica no se activen en modo de supervivencia –asumiendo que existe un nuevo riesgo–. Y entonces sí, hasta ese momento, quizá, se puede aprender a dominar e incluso vencer la emoción de miedo que alberga a cada víctima de un trauma.

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Salud

Por: pijamasurf - 03/31/2018

La respuesta femenina al estrés es más "cuidar o conectar" que "huir o pelear"

En su sentido más primario el estrés es la respuesta a una amenaza, y como tal tiene una función vital en la supervivencia. Comúnmente se explica el estrés como una respuesta de huir o pelear (fight or flight), explicación que es el resultado de la observación de animales en la naturaleza y, más recientemente, de estudios científicos.

Sin embargo, una hipótesis más novedosa sugiere que esta respuesta al estrés no es universal, sino que refleja la mayor incidencia de uso de animales masculinos en las investigaciones. Se propone, en cambio, que las hembras tienen una respuesta de "cuidar y conectar" (tend and befriend) en la cual dominan otro tipo de hormonas, no tanto la adrenalina sino la oxitocina.

Estas respuestas, según los científicos, pueden observarse en la forma en la que una madre reacciona ante el peligro con su crías, enfatizando en esos momentos la protección y nutrición y, también, intentando reducir el riesgo al amigarse con las amenazas que se presentan. Shelly Taylor y un grupo de investigadores de la Universidad de California apuntan que hasta hace algunos años los estudios sobre estrés se habían realizado en su mayoría con ratas o ratones machos y hombres (sólo un 17% de mujeres). Se había argumentando que los ciclos reproductivos de las mujeres podían influir en las respuestas de adrenalina y, en consecuencia, confundir los resultados. La hipótesis es que en las hembras, al estar más involucradas en la cría y el cuidado de la descendencia, habría evolucionado también una respuesta al estrés que no pone en riesgo su salud -la adrenalina afecta la respuesta inmune y, obviamente, también el combate o tener que huir en momentos delicados-. Los científicos creen que las hembras responden al estrés creando vínculos que facilitan la supervivencia, algo que también podría explicar el hecho de que las mujeres se interesan más por las personas y los hombres por las cosas, según han demostrado investigaciones al respecto.

Los estudios de este grupo de investigadores mostraron que las mujeres casi no responden al estrés con una respuesta de "luchar" o de agresión, al no tener grandes cantidades de andrógenos (como la testosterona), los cuales activan estas respuestas de agresión. Los investigadores observaron también que existe una mayor secreción de oxitocina, hormona que entre sus efectos hace que se pierda el miedo, en ratas hembras. Además, los efectos de la oxitocina están modulados por el estrógeno.

Un estudio anterior mostró que las madres, cuando se encuentran en condiciones de estrés laboral, responden naturalmente con mayores cuidados hacia sus hijos. Asimismo, también se ha observado un incremento en la socialización y búsqueda de vínculos en mujeres que atraviesan condiciones de estrés.

La investigación arroja la hipótesis de que esta respuesta al estrés podría ser una contribución importante a los cerca de 7 años en promedio que las mujeres viven más que los hombres. Tanto porque estas respuestas evitan peligros -como puede ser una pelea o un acto de violencia- como porque no tienen los mismos efectos en el sistema inmune y en general en la salud que la respuesta específica de huir o pelear, que se basan en una derrama de adrenalina.

Curiosamente, el neurocientífico Matthew Baggot ha notado en sus estudios con la droga psicodélica MDMA que esta sustancia parece activar una respuesta a la ansiedad basada en la oxitocina y en el mecanismo de "cuidar y conectar", lo cual hace que sea muy atractiva para tratar conflictos interpersonales, traumas o complejos. Y es que, según Baggot, el MDMA no acaba con la ansiedad sino que hace que la persona se sienta más cómoda con ella y, por lo tanto, puede trabajarla. No es un ansiolítico, es más un empatógeno. 

Ahora bien, lo encontrado en el estudio mencionado no significa que las mujeres no responden también peleando o huyendo ante el estrés, que los hombres no buscan conectar y cuidar o que una respuesta es mejor que la otra. Obviamente hay momentos en los que es necesario luchar o correr. Sin embargo, ya que en nuestra vida moderna no enfrentamos amenazas constantes del mismo tipo que en el pasado en una selva -donde teníamos que enfrentarnos con depredadores- y siendo que el estrés crónico se ha convertido en un "asesino silencioso", podemos aprender quizás a desarrollar más esta respuesta al estrés, menos agresiva para nuestros propios sistemas y el entorno. Claro, teniendo en cuenta la tenue línea que separa la idea de "cuidar y conectar" de la pasividad y la evasión de dificultades, que deben ser resueltas y no pospuestas en una zona blanda de falsa melosía.