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Estas 10 series crearon una obsesión entre los usuarios de Netflix

Netflix se ha convertido en la segunda compañía de medios más valiosa del mundo después de Disney (claro, si no contamos a Google y a Facebook como medios), dando un claro golpe a la TV tradicional. Gran parte del éxito de Netflix se debe a lo que en inglés se llama "binge-watching", sesiones maratónicas en las que los usuarios, picados por una serie, ven todos los episodios en un corto período de tiempo. Netflix define "binge-watching" como acabar una temporada en 1 semana. Datos de Netflix muestran que el 90% de los usuarios ha tenido al menos uno de estos episodios cuasi obsesivos.

Esto es algo que obviamente no era posible con la TV tradicional. El usuario actual quiere elegir el contenido que ve y decidir a qué hora lo ve y sin anuncios.

Netflix ha publicado un comunicado en el que ofrece cifras sobre el comportamiento de sus usuarios y revela las primeras series, ya no "vintage", sino "binge". Estas fueron las series de primera generación de Netflix que cautivaron al público y crearon este fenómeno:

1. Breaking Bad
2. Orange is the New Black
3. The Walking Dead
4. Stranger Things
5. Narcos
6. House of Cards
7. Prison Break
8. 13 Reasons Why
9. Grey’s Anatomy
10. American Horror Story

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Leer suele pensarse como un ejercicio solitario, silencioso y acaso por ello mismo aburrido. En cierta forma parece más deseable, siendo niños, salir al parque o a andar en bicicleta, jugar fútbol, o simplemente estar con los amigos. Y, ya mayores, quizá la experiencia sea similar: entre el encierro que parece representar la lectura y el tiempo pasado a solas, el tiempo pasado con otros tiene igualmente un valor preminente.

Sin embargo, no siempre fue así, y de hecho, la lectura solitaria y en silencio es una invención de la modernidad. En la Grecia Antigua, la poesía era una actividad ritual y por ello mismo comunitaria: la Ilíada y las grandes tragedias se “leían” frente a otros (en un tiempo en que la lectura era más bien memorización). En la Edad Media, los monasterios y conventos acompañaban sus comidas de lecturas sacras, leídas igualmente en grupo. Lo mismo en el Renacimiento y los siglos posteriores: como se testimonia en diversas obras (de Chaucer a Cervantes), tanto en palacios como en el campo era común que una persona leyera a otras en voz alta, por mero entretenimiento o como forma de instrucción. Fue hasta los siglos XVIII y XIX que la lectura comenzó poco a poco a enclaustrarse en el “cuarto propio” del que habló Virginia Woolf, en el cubículo universitario, el libro de bolsillo y acaso, incluso, la soledad de la erudición.

Pero en su espíritu la lectura tendrá siempre una gota de comunidad, de compañía y complicidad. Siempre hay un otro presente en la lectura: ese otro elemental que es el autor, el otro amplio que son las circunstancias en que fue escrito lo que leemos, el otro que llevamos en nuestro interior y que acaso, como sugiere Charles Dantzig, leemos justamente para instigarlo, para molestarlo, para contradecirnos a nosotros mismos y hacerlo surgir y desafiarnos. Finalmente, el otro elemental en el punto opuesto del arco: el otro prójimo, con quien eventualmente podemos hablar de un libro, criticarlo o alabarlo mutuamente, el otro a quien podemos recomendar una lectura o que nos señala un detalle del texto que pasamos por alto. Leer es, en esencia, una actividad que se hace con otros.

Este año comenzó en Twitter, con cierta espontaneidad, una lectura colectiva, simultánea e inesperadamente asequible de la Comedia de Dante, un título que acaso evoca el tormento del deber escolar en algunos o el sopor con que a veces hemos aprendido a ver las “obras clásicas” pero que, por esta iniciativa, se revela como un libro profundamente lúdico, sorpresivo y no por casualidad elogiado en todas las épocas.

La iniciativa lleva como distintivo el hashtag #Dante2018 y, en breve, tiene reglas muy simples: a partir del 1o de enero, leer un canto de la Comedia al día. En tanto el poema de Dante está dividido en 100 cantos, después de 100 días (esto es, el martes 10 de abril del 2018), habrás terminado de leerlo. Y no sólo eso. A través de Twitter podrás acompañar tu lectura con la de otros: preguntas, comentarios, observaciones, otros libros que la Comedia te hace recordar… lo que desees. Hay quien, como Humberto Ballesteros, está publicando un ensayo al día en torno al canto respectivo; Leonardo Achilli hace lo mismo pero con una ilustración y Diego Papic se tomó el tiempo de transcribir todas las menciones que se hacen de Dante en el diario monumental (y al mismo tiempo íntimo) que Bioy Casares llevó durante sus encuentros con Borges.

El artífice de esta lectura compartida fue Pablo Maurette, profesor de origen argentino que radica actualmente en Chicago, Estados Unidos. Sin saber bien a bien el alcance de su propuesta, Maurette la lanzó en Twitter y, pronto, muchísimos hispanohablantes de todas latitudes respondieron y se sumaron al ejercicio. 

Si te interesa, aún estás en tiempo de unirte a #Dante2018. Basta conseguir una edición (en Internet circulan algunas digitalizadas) y leer al menos un par de cantos al día para que puedas ponerte al corriente. La Comedia, es cierto, está rodeada de cierta atmósfera de erudición y crítica, sin mencionar su antigüedad, que puede suponer para algunos cierta dificultad para leerla. Todo eso, sin embargo, puede mirarse un poco como un prestigio. Aunque útiles o loables, los comentarios a la Comedia (o a cualquier otro libro) también pueden ser prescindibles en al menos un punto: la lectura por placer. No sin ironía Borges digo alguna vez, hablando de la lectura por placer, que Shakespeare escribió toda su obra sin leer ni una sola línea sobre Shakespeare. Lo mismo pasa con Dante: su viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Cielo, del que acaso tanto hemos oído hablar (así sea vagamente), es también un relato maravilloso, simple en algún sentido cuando se le sigue y se le mira en la sencillez de la historia contada. 

#Dante2018 es también una oportunidad para descubrir la Comedia así, en el placer soberano de una historia asombrosa que alguien más nos está contando.

 

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Ilustración de la portada: Leonardo Achilli