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¿Cómo saber cuándo vale la pena salvar una relación o cuándo es realmente tóxica? Profesor lo explica

Salud

Por: pijamasurf - 12/09/2017

El profesor de psicología Jordan Peterson tiene una serie de principios básicos para notar cuando algo realmente no funciona y es mejor terminar esa relación

Muchas personas pasan años de su vida en relaciones tóxicas que les quitan su juventud o madurez y un día despiertan y se sienten solas y se arrepienten de qué han hecho con sus vidas. Por otro lado, valorar una relación es algo importante ya que, además de que obviamente el amor es lo más alto a lo que aspira el ser humano, se ha demostrado que tener relaciones íntimas es el factor más importante para tener una vida sana. Así uno puede enfrentar una disyuntiva muy delicada. Es importante saber cuándo merece que luchemos por algo, que vayamos más allá de contrariedades e incomodidades y nos abramos y seamos capaces de sufrir con sentido por algo que amamos, y cuándo estamos perdiendo el tiempo, cuándo estamos viviendo en la fantasía y en el engaño.

El profesor de psicología de la universidad de Toronto, Jordan Peterson, toma una perspectiva sumamente pragmática. El profesor menciona, en el video presentado, que es importante saber que una relación tóxica puede costarte años de vida e impedir tu desarrollo, como si te estuviera chupando la fuerza vital. 

Una relación de pareja tóxica puede, en su aspecto más sencillo, simplemente evitar que tengas una relación verdaderamente satisfactoria que te ayude a alcanzar tus objetivos -entendiendo siempre que la felicidad nace de adentro hacia afuera y que realmente sólo podrás amar y respetar a alguien si lo haces primero contigo mismo-. En el caso en el que tengas una relación tóxica de largo plazo -por ejemplo un matrimonio- esto es realmente preocupante, ya que una persona tóxica puede, incluso ya divorciados, dedicarse a hacer miserable tu vida, llevando conflicto a toda tu vida, especialmente si tienes hijos. Para evitar que esto pase de entrada, lo fundamental es tratar de siempre decir la verdad y no presentar una imagen engañosa de quién eres, sino que mostrar siempre tu personalidad y tus deseos. Esto evitará que te metas en un lugar donde quieres estar y avisará a tu pareja con quién se mete. Igualmente, esta postura de honestidad significa también no aceptar engaños de tu pareja. Peterson señala que el elemento más esencial con el que se construye una relación de pareja es la confianza, cuando esto se pierde, la relación está condenada a la muerte. Así que puedes empezar preguntarte si realmente confías en tu pareja.

Peterson señala que, si tu pareja no responde proporcionalmente a la honestidad y a tus intentos de mostrarte cómo eres, entonces es probable que debas abandonarla. Si te están mintiendo, si no están creciendo (si tu pareja no busca superarse) y, al contemplar tu relación, te das cuenta de que no tolerarías estar 10 años más con esa persona, lo más inteligente es abandonarla.

Muchas veces se tiene la idea -que llega a devenir en fantasía- de querer salvar a alguien, de que uno podrá corregir a la pareja que va por mal camino, que es infiel o que tiene una adicción. Esto -cuando no es una codependencia- es sin duda un sentimiento noble y loable. Sin embargo, cuando una persona no está abierta al cambio, uno sólo pierde el tiempo. A veces es más inteligente utilizar esa misma energía para ayudar a alguien más o, incluso, a más de una persona. Evidentemente no es fácil dejar a alguien que se encuentra en malas condiciones, que notas que está sufriendo y que quizás tú seas "todo lo que tiene", pero debes saber que, en muchos casos, sólo esa persona es capaz de resolver sus propios problemas. Hay un cierto límites de lo que puedes hacer por él o ella. Así que, lo mínimo que el otro debe mostrar, es una sincera disposición para resolver sus problemas: realmente debe querer cambiar, habiendo reconocido y entendido sus conflictos. Peterson señala que incluso en este caso existen pocas posibilidades de que la relación funcione, pero hay al menos alguna esperanza.

 

 

 

 

 

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Desde el nacimiento hasta la muerte, el ser humano necesita de los cuidados y mimos de otras personas pues son maneras de regularse ante el miedo, tristeza o angustia. Las caricias, palabras de ánimo o platillos caseros, son acciones que suelen brindar bienestar, cobijo, un sentido de conexión, apapacho y amor. Desgraciadamente en los últimos años, ante la invasión desenfrenada  de la tecnología, todas estas acciones se transformaron en movimientos dactilares sobre un gadget electrónico, en dividir la atención entre el teléfono y escuchar las peripecias de un niño, en pasar las tardes frente a un videojuego en vez de salir a interactuar con los vecinos, etcétera. Es decir que la contención física de los vínculos, aquella que brindaba múltiples herramientas psicoemocionales, involucionó a una contención tecnológica de graves consecuencias.

Esta situación, de acuerdo con los psicólogos expertos en el apego infantil, ha desencadenado una ola de sensación de soledad en las nuevas generaciones. Se trata de una epidemia que amenaza con la longevidad –incluso más que la obesidad por sedentarismo, fumar 15 cigarrillos al día o sufrir de alcoholismo–, que según Julianne Holt-Lunstad y Tim Smith, de Brigham Young University, está afectando principalmente a la población de jóvenes: “El efecto es comparable con la obesidad, algo que la salud pública toma con delicadeza. Necesitamos empezar a hablar más seriamente sobre nuestras relaciones sociales.”

Ya sea que estés rodeado de gente y te sientas solo, o te aísles porque prefieras estar en soledad, el efecto sobre la longevidad se verá reflejado en ambos escenarios. La data recogida por Holt-Lundstad y Smith en una muestra de 3 millones de personas, demostró que “aunque las personas mayores tienden a estar más solas y a enfrentar un mayor riesgo de mortalidad, la soledad y el aislamiento social predicen una muerte prematura entre personas más jóvenes de los 65 años.” En otras palabras, “con el aumento de sensación de soledad, podemos predecir una posible epidemia de soledad en el futuro.”

A lo largo de la investigación de Holt-Lundstad y Smith, en donde lograron controlar variables como el estatus socioeconómico, edad, género y condiciones preexistentes de salud, se encontró que la ausencia o presencia de una red de apoyo social tenía un impacto en la salud. Es decir que una persona posee una mejor salud si cuenta con vínculos afectivos, de lo contrario, sin una red de apoyo, aumenta el riesgo a la salud. Esto se debe principalmente a que el ser humano es un ente social que requiere de vínculos para su supervivencia tanto física como psíquica.

Si bien el uso de redes sociales y apps de citas aparentemente ha promovido la interacción entre personas, la realidad es que ha provocado el aislamiento psicosocial de las civilizaciones actuales. Por lo que la integración plenamente consciente de los vínculos afectivos –ya sean familiares o amicales– a nuestra cotidianidad, podría ser la responsable tanto de la salud tanto de uno como de las siguientes generaciones.