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El silencio es la clave del chamanismo y de toda práctica espiritual

El nuevo número de la revista Artes de México dedicado al chamanismo en México nos sirve de pretexto para reflexionar sobre la relación entre el silencio y el chamanismo, o sobre el silencio como el cimiento o espacio base para el desarrollo de la receptividad mística, en las tradiciones propiamente chamánicas como también en el misticismo religioso en general. Argumentaremos que, en el terreno de la magia y el chamanismo, primero es el silencio. 

Preguntándose por los rasgos que definen a un chamán --labor primera en el albor de la cultura humana y siempre compleja: sacerdote, médico, líder y sobre todo enlazador de mundos-- los editores de esta revista concluyen que los dos rasgos esenciales que parecen atravesar las diferentes concepciones del chamanismo en México son la oscuridad y el silencio. “La habilidad chamánica consiste en percibir y mirar lo ausente y escuchar lo que el silencio revela”, dice Laura Romero, coordinadora de este proyecto editorial.

Alberto Ruy Sanchez presentando este libro cita el trabajo del antrópologo Pedro Pitarch, estudioso de los rituales tzeltales de Chiapas, quien explica que los los cantos chamánicos de este grupo indígena operan a través de un silenciar los ruidos o las "emociones contaminantes" de los muertos. El nombre de sus cantos es silencio. Podemos inferir que se trata de establecer el silencio que apacigua el alma, que descarga las cuitas mundanas, que releva en un mundo intermedio de la ilusiones y los espejismos, de alguna manera el silencio que es extinción del diálogo interno y de la obsesión que tal vez no termina con esta vida. El chamanismo ha tenido tradicionalmente esta función de asistir a los ancestros y de hacer una especie de diplomacia espiritual entre mundos o realidades contiguas.

Está tambien el caso de los mara'akame huicholes, quizá los "chamanes"con los que más familiarizados estamos hoy en México, ya que habiendo mantenido una práctica chamánica milenaria ligada a la toma del peyote (hikuri) en el centro de peregrinación de Wirikuta en el desierto de San Luis Potosí, los huicholes se han mezclado con el turismo psicodélico que viaja al desierto a comer peyote pero que además busca agregar a sus viajes la posibilidad de interactuar con o aprender de los huicholes. Por supuesto esta combinación no siempre es fructífera y presenta ciertamente un riesgo para la preservación de la cultura chamánica huichola. Buscando desmitificar la noción que se tiene sobre el mundo huichol, el antropólogo Johannes Neurath define a los chamanes huicholes, según Ruy Sánchez, como "seres nocturnos" que habitan estas áreas liminales para amaestrar el arte de soñar (Marakate, aprendemos ahí, es plural de mara'akame, que significa "los que saben soñar"). Soñar para los huicholes seguramente no es sólo el soñar como lo experimentamos en nuestra cómoda modernidad, sino que es también un soñar en la vigilia, un abrir las puertas a la visiones (las nierikas), un pulir el espejo de la imaginación para que se refleje la luz del mundo sutil, un soñar con las manos y con los órganos de percepción sutil...

Neurath también menciona este rasgo distintivo del silencio --que está siempre unido a la oscuridad como la ausencia de estímulos mundanos. Dice que los huicholes encuentran la apoteosis de su peregrinación en el amanecer del desierto (algo que cualquiera que haya ido a Wirikuta entenderá fácilmente) puesto que “la oscuridad es ruidosa y se opone al silencio transparente del desierto”. Podemos decir que es el silencio el requisito para que la magia ocurra, un silencio que está afuera y adentro, y que de hecho es lo que permite que se establezca un vínculo entre la mente y el cosmos, a través de la transparencia, del éxtasis que elimina la obstrucción del pensamiento para que la inteligencia de la naturaleza hable en el hombre.

La razón por la cual el silencio es tan importante para el misticismo --al cual hemos definido aquí como la disponibilidad inmanente de lo divino-- y no sólo en el chamanismo, tiene que ver con que el silencio suprime el diálogo interno y con ello la identificación con un yo estable, separado y según muchas tradiciones ilusorio en tanto a separado. Para establecer un contacto numinoso o percibir la profundidad oceánica del ser, parece necesario relajar el estado de aprehensión desde el cual opera el yo egóico. "Haz silencio y escucharás el murmullo de los dioses", escribió Emerson. El silencio parece ser el umbral de acceso al inconsciente y a la región transpersonal del ser, donde se despliegan los arquetipos y donde se disuelven las fronteras de la identidad.

Una de las prácticas comunes a diferentes tradiciones chamánicas es aquella en la que el individuo deja la comunidad y sale a la selva, al bosque o al desierto en busca de una visión o de una sanación. Esta práctica, si bien varía en sus aspectos particulares, tiene en común un enfrentarse con lo desconocido, desarraigándose de las improntas del colectivo para conocer realmente la naturaleza del propio ser y de la tierra misma y su ecología de almas. Para hacer esto es menester distanciarse del ruido mundano de la comunidad pero también del ruido interno; sólo si se logra una base de silencio se podrá escuchar la voz del espíritu y sólo así se podrá mantener la cordura, puesto que al aventurarse en soledad por la selva (interna y externa) se realizará un proceso de purga y depuración y primero surgirán los demonios con sus ruidos demenciales, que probarán la integridad del individuo. 

En uno de los grandes clásicos del esoterismo del siglo XX, las Meditaciones sobre los arcanos del tarot, Valentin Tomberg explica que el silencio es una de las características esenciales del Mago, el primer arcano, y ciertamente el equivalente en la tradición occidental al chamán. Tomberg hace una síntesis de distintas tradiciones, desde hinduismo hasta cristianismo, para entender el estado inicial desde el cual se puede establecer una práctica esotérica. ¿Acaso no es el silencio también la esencia del yoga? Patanjali define a esta disciplina como "la supresión de las oscilaciones de la sustancia mental [Yoga citta vritti nirodha]". Nos dice Tomberg que "el silencio es la señal del contacto real con el mundo espiritual y este contacto, a su vez, engendra siempre un influjo de fuerzas". El silencio parece ser equivalente a lo que San Juan de la Cruz llama dejar la casa sosegada, así el alma puede volar al encuentro de la divinidad ansiada o se puede recibir en el recinto interno, vuelto templo por el silencio, las visiones que son las vistas de los ángeles o espíritus. El silencio también es lo que limpia nuestra mente para que pueda descargar la información luminosa del cielo interior.

Existe también un razón funcional e incluso fisiológica por la cual el silencio resulta vital en el ejercicio de una práctica mágica o chamánica. El silencio nos brinda concentración, y un cierto tipo de concentración: una concentración sin esfuerzo, lo que en el taoísmo llaman wu wei, un hacer sin hacer que es un dejar que el universo haga a través de nosotros --removiendo el ruido de la personalidad de la ecuación. Explica Tomberg: 

La concentración sin esfuerzo –es decir, ese lugar en el que no hay nada que suprimir y en donde la contemplación se vuelve tan natural como la respiración y el latido del corazón– es el estado de conciencia (i. e., pensamiento, imaginación, sensación y voluntad) de calma perfecta, acompañada de la completa relajación de los nervios y los músculos del cuerpo. Es el profundo silencio de los deseos, las preocupaciones, de la imaginación, de la memoria y el pensamiento discursivo. Uno podría decir que todo el ser se vuelve como la superficie quieta del agua, reflejando la inmensa presencia del cielo estrellado y su armonía inefable. ¡Y las aguas son profundas, tan profundas! Y el silencio crece, perpetuamente… ¡qué silencio! Su crecimiento se lleva a cabo a través de ondas regulares que pasan, una tras otra, a través de tu ser: una onda de silencio seguida por otra onda de silencio más profundo y luego otra vez una onda de silencio aún más profundo… ¿Algunas vez has bebido silencio? Si tu respuesta es afirmativa, entonces ya sabes lo que es la concentración sin esfuerzo. 

El chamán es quien bebe silencio en las aguas de la oscuridad; es quien logra navegar en la tempestad del caos original justamente porque tiene ese silencio que le da la entereza para no precipitarse por la borda y resistir las agitaciones. Es el silencio lo que le da la confianza de que, más allá de ciertos obstáculos o señales que podrían ser confusas, llegará a buen puerto. Y es que en el silencio está lo místico y en esto se hace patente su conexión con el mundo espiritual que lo asiste. "Y es que 'la zona del silencio' no sólo significa que el alma está, fundamentalmente, en paz, sino también que hay un contacto con el mundo espiritual o celestial que trabaja en conjunto con el alma", dice Tomberg. En verdad que hacer silencio es el requisito esencial de toda comunicación significativa, sea con una persona a la cual nos abrimos a tener un intercambio profundo o sea con una energía sutil que yace invisible desde el ruido de nuestra mente. De otra forma sólo hay ruido, tautología y proyección de nosotros mismos. 

 

Twitter del autor: @alepholo

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[caption id="attachment_103562" align="aligncenter" width="600"]Imagen: Wikipedia Imagen: Wikipedia[/caption]

Dedicado a Rodolfo, mi amado hermano, gran tarotista, cantante y violinista, quien voló de este mundo prontamente. 

 

No es necesario que los libros se guarden ocultos. Pueden ser accesibles a todos y sin embargo permanecer ocultos para quienes no saben leerlos. Y libros como estos existen en todos los países y en todos los pueblos.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

1.    Naturaleza hermética de los libros sagrados

El tarot es un libro sagrado, del mismo modo que la cábala, el eneagrama o los Evangelios. La particularidad de los libros sagrados es que son modelos a escala del universo: lo contienen en totalidad, como gota al océano. Por lo mismo es posible, con la guía y las indicaciones precisas, entablar diálogo con ellos y encontrar respuestas a cualquier cuestionamiento que se les realice.

Los libros sagrados no han sido creados por una sola mente ni por un solo hombre (como en el caso de una novela o un ensayo, que son los modelos bibliográficos más conocidos hoy en día) sino por una larga tradición, en muchos casos milenaria, que los ha ido enriqueciendo y custodiando a lo largo de siglos. Sobre todo, una escuela esotérica discreta, la cual resguarda las claves y los secretos para ingresar en sus profundidades, revelándoselos exclusivamente a aquellos que están listos o verdaderamente dispuestos a recibirlos.

Se dice que si un individuo estuviese prisionero, aislado o extraviado en el desierto pero contase con su tarot o con un eneagrama dibujado en la arena, sabiéndolos utilizar apropiadamente podría adquirir todos los conocimientos necesarios para convertirse en sabio por sí solo.

En el Medioevo se les llamaba “máquinas filosóficas”, las cuales servían para realizar planteamientos sin límite, obteniendo una retroalimentación profunda y las consiguientes respuestas clave, largamente buscadas por los iniciados. Como si estos denominados libros sagrados tuviesen la facultad de hacer entrar a sus lectores en contacto con información proveniente de un sistema organizativo más amplio que en el que usualmente nos movemos los humanos ordinarios. Acceder a una dimensión invisible: la cuarta.

El psicólogo Piotr Ouspensky atribuye a Raimundo Lulio, el jesuita y alquimista, la creación del primer modelo de máquina filosófica del cual derivó con posteridad el tarot.

Por otra parte Sally Nichols, discípula de Carl Jung, adjudica la autoría del tarot a una secta desviacionista y pagana del Medioevo cuyos seguidores, al verse perseguidos por la Inquisición, decidieron plasmar sus enseñanzas y sabiduría en un aparentemente inofensivo mazo de cartas, de tal manera que podían engañar a los obispos e inquisidores católicos comunicándose entre sí y transmitiendo perturbadores secretos a sus adeptos, aparentando que simplemente jugaban a las cartas frente a sus perseguidores. Según ésta psicóloga, el tarot poseería una antigüedad de poco más de 6 siglos.

Las cartas comunes y corrientes que se conocen hoy en Occidente son una derivación del tarot, sobre todo del de Marsella, cuyos orígenes son medievales.

 

2. El Libro de Thot o Hermes Trismegisto

Otras hipótesis relacionan al tarot con el Libro de Thot, un conjunto de tablillas que formó parte de la Biblioteca de Alejandría, la cual fue destruida en un devastador incendio ordenado hacia el siglo IV por el emperador romano Aureliano cuando invadió la ciudad con el apoyo de un grupo de egipcios cristianos, quienes deseaban destruir a toda costa los antiguos libros prohibidos que poblaban aquel recinto, por resultar contrarios a la ya institucionalizada Iglesia católica. Se dice que ciertos sabios y sus seguidores lograron sustraer algunos importantes materiales antes de que las llamas lo arrasaran todo.

Esta hipótesis no nos parece descabellada. Siguiendo las enseñanzas de Ouspensky, el tarot sería presumiblemente un libro aún mucho más antiguo que la Edad Media, proveniente de una civilización paleolítica.

Thot sería el nombre egipcio de Hermes Trismegisto: un semidios griego de la sabiduría, mitad hombre y mitad divinidad, quien también correspondería a la persona del profeta Abraham, e incluso a un sabio que vivió en Egipto durante un periodo anterior al Diluvio Universal. Thot o Hermes vendría siendo la reencarnación de todos ellos. Quizá se tratase de una escuela esotérica de iniciados que ostentaron y cuidaron las enseñanzas herméticas desde tiempos inmemoriales bajo el nombre de Hermes. Hoy en día poseemos muchos datos para considerar que por ejemplo el autor de La Ilíada y La Odisea no fue un solo hombre, sino toda una escuela que se conoció antiguamente como los Homéridas, dedicados a recitar y conservar sus versos. Evangelios como el de Marcos, atribuidos antiguamente a una sola persona, en realidad también fueron escritos por decenas de iniciados pertenecientes a una secta, la mayoría de ellos probablemente mujeres: las Marcas. De igual manera, existen muchas posibilidades de que el nombre Hermes Trismegisto no se refiera a un individuo aislado o a un personaje único, sino a toda una tradición de sabios y discípulos que salvaguardaron las enseñanzas herméticas durante milenios.

En las civilizaciones paleolíticas o prediluvianas la escritura no era alfabética como la conocemos mayoritariamente hoy en día sino ideográfica e icónica, es decir que transmitía sus enseñanzas sobre la base de imágenes y sobre todo de símbolos. La escritura alfabética occidental es la más difundida y conocida en nuestra cultura: se sustenta a partir de letras que representan sonidos, palabras y frases. Contrariamente el tarot, aunque tiene algunas cuantas palabras plasmadas en sus arcanos, es igualmente un libro, pero escrito en lenguaje icónico (de imágenes). La palabra “esoterismo” hace referencia a aquellas enseñanzas que son transmitidas a través de símbolos.

La Biblioteca de Alejandría estaba constituida no sólo por pergaminos y libros de cuero y papel semejantes a los nuestros sino por conjuntos de tablillas cuya totalidad también constituía libros, sólo que de carácter muchísimo más antiguo, como el Libro de Thot o el Corpus Hermeticum, ambos atribuidos a Hermes.

Es probable que en sus inicios más remotos el tarot, en lugar de ser un mazo de cartas, estuviera constituido por un grupo de tablas de arcilla labradas con las imágenes de los arcanos. Más aún, Ouspensky sugiere que cada uno de los arcanos representaba la estación de paso de una olvidada ruta compuesta por diversos sitios sagrados, correspondientes a las actuales cartas, donde alguna vez existieron esfinges, dólmenes y monumentos paleolíticos que hacían referencia a los arcanos de nuestro tarot. Según este psicólogo, los iniciados debían recorrer un camino sagrado a través de Oriente Medio o de la Europa de la Edad de Piedra y Bronce, transitando de un arcano y de un sitio geográfico sacro a otro, conforme ganaban en poder espiritual, madurez y conocimiento.

De ser una ruta espiritual señalizada con símbolos, con el paso de los siglos, las migraciones, los cambios culturales y los desastres naturales, el tarot se transformó paulatinamente en un conjunto de tablillas que marcaban los grados y las etapas de la evolución del espíritu: un mapa del crecimiento del alma, tal como se le conoció en Alejandría, para terminar en nuestros días convertido en un mazo de cartas.

 

3. El tarot como vestigio y síntesis de un ancestral rito de iniciación

Siendo de esta manera, cada una de las series de los arcanos del tarot constituiría una fase antigua de un ancestral rito por el cual tendrían que transitar los iniciados conforme recibían cierta preparación y adquirían determinados conocimientos cada vez más complejos y de profundidad creciente. Si lo seguimos desde los Ases, pasando por las Sotas, Valets o Mozos, las Reinas y los Reyes, hasta llegar a los Caballeros, abarcando la totalidad de los arcanos menores: Copas, Bastos, Espadas y Oros, nos encontraríamos con las primeras etapas del desarrollo espiritual del ser humano, plenas de apegos, espejismos, egoísmos, envidias, codependencias, etc. El equivalente a lo que los sabios de la India denominan Maya: la cárcel de la ilusión del mundo en la que vivimos atrapadas casi todas las personas.

Según el tarot, el primer tipo de hombre es como un niño, alguien muy joven o, en el peor de los casos, si no se ha desarrollado siquiera un poco, un esclavo mental como la Sota, el Valet o el As. Estos arcanos son el principio del viaje, el inicio de cualquier cosa. Se trata de alguien que aún no piensa por sí mismo, dedicado a obedecer, a complacer a los demás y a hurtar o tomar prestadas ideas de los otros para luego creer que son originales. La mayor parte de la humanidad no posee ideas propias. Grandes cantidades de hombres permanecen la mayoría de su vida e incluso mueren en la fase más primitiva, bajo el influjo hipnótico de Maya y el sueño lunar: totalmente dormidos y subyugados por las apariencias del mundo.

Un segundo tipo de hombres es representado por la Reina: mucho más capaces de tomar algunas decisiones, con algo de astucia y con un poco de libertad, la cual en ocasiones no han tenido que buscar conscientemente; a veces alguien se las ha obsequiado, quizá se las heredaron o la sustrajeron furtivamente a otros. En este estadio del desarrollo, la persona se encuentra aún sometida al influjo total de la figura materna, dominado por ella. Representa a alguien con ciertas concesiones y libertades, empero, dormido en sus laureles, incapaz de renunciar a sus comodidades y privilegios. Como la define Ouspensky: una personalidad que se quedó estancada en su desarrollo aunque en algún momento pudo crecer y liberarse, y cuyas posibilidades pueden perderse.

El tercer tipo de hombre corresponde  al Rey, quien ha tenido que luchar (y no pocas veces, a muerte) por defender o ganar su reino. Son un poco más dueños de sí mismos y de su espacio, en contraste con la Reina, el Valet o la Sota. Ha hecho un trabajo emocional nada exento de sufrimientos, los cuales los han fortalecido. Poseen bastante fuerza, aunque pueden seguir estando influidos por el peso de la figura masculina. Todo lo que han conseguido lo pueden perder todavía, sobre todo con las acciones de otro rey rival, con quien eventualmente les sería difícil negociar o dejar de rivalizar. De hecho, aún se encuentran en conflicto con la figura del padre y este es su principal punto débil, a pesar de todas las concesiones y facultades obtenidas.

De pronto, se llega por fin a una fase posterior del rito de iniciación. El Caballero del tarot representa a la persona que ya emprendió su camino espiritual, comenzó a pensar por sí misma, dejando de ser un esclavo mental, confrontó y venció a la Reina y al Rey, a quienes a pesar de todo respeta y ama, reconciliándose y trascendiendo su relación con la figura materna y paterna. El Caballero se encuentra listo para abandonar el nivel superficial de los arcanos mayores. No lo seducen ni el poder, ni el dinero, no lo domina el sexo, las religiones ni las filosofías, aunque conoce un poco de todos ellos, los cuales están representados por las Espadas, las Copas, los Bastos y los Oros. No odia ni se confronta con las figuras de autoridad, sean estos hombres o mujeres, pero tampoco sucumbe bajo su seducción y autoridad.

 

4. El viaje iniciático de los arcanos mayores

Un buen día, el Caballero se cansa de estar vinculado o unido a cualquier Rey o reino. Es el momento de dejar de dar cuentas a alguien y gobernarse solo. Todo aquel que ha abandonado la seguridad de un empleo estable, de una iglesia, de una institución o de una familia, arriesgándose para sobrevivir por su cuenta propia, se refleja en él. El peso de sus utensilios bélicos lo agobia, comprende que si desea crecer, deberá renunciar a todo. Se despoja de su armadura y de su equipo de guerra para iniciar el verdadero camino, que apenas comienza. Encontró a un perro por el camino y se hizo su amigo: en un futuro próximo el animalito lo ayudará para aprender a dejarse guiar por sus instintos. Hasta entonces ha trepado por una larga escalinata, creyendo que pronto se acercaría a su objetivo, empero, el trabajo real sobre el denominado Cuarto Camino, el Camino del Espíritu, apenas comienza. Este caballero se encuentra listo para convertirse en el Loco: el arcano número 0 del tarot.

Si ha llegado al nivel de los arcanos mayores, a partir de aquí todo es distinto.

La descripción de los arcanos mayores  que se realizará a continuación se encuentra basada en la psicología del tarot de Ouspensky, el principal vocero del Cuarto Camino, y fue tomada de su libro Un nuevo modelo del universo, donde ahonda ampliamente en el tema. No es muy sabido que el mago George Gurdjieff, su maestro, practicara cotidianamente la lectura del mismo, pero sí que conocía ampliamente de él. En sus diálogos con Ouspensky contenidos en el libro Fragmentos de una enseñanza desconocida lo menciona de pasada. También en el libro escrito por la propia mano de Gurdjieff, Relatos de Belcebú a su nieto, tomos 1 y 2.

 

5. Los arcanos mayores desde la perspectiva del Cuarto Camino

5.1 El Loco: en el Tarot de Marsella se le llama en francés Le Mat: el Loco. Ouspensky lo conoce como el Bufón. Su figura es en apariencia maltrecha, empero, bajo ella oculta su poder espiritual y su visión  del verdadero camino, que nadie como él posee aunque finge no tener rumbo. Ha abandonado todo lo material e incluso sus relaciones sociales para emprenderlo, acompañado únicamente por su perro y, en algunas cartas de antiguos mazos de tarot, por su violín.

5.2 El Mago: es el iniciado que sigue buscando, experimentando todo y de todo. Da un paso más allá que el Loco, pues se atreve a intentar cualquier cosa. Comienza a adquirir confianza y a irradiar una cierta luz. No necesita espectadores, comienza a ser independiente de los juicios de los demás.

5.3 La Papisa: también conocida por Ouspensky como la Gran Sacerdotisa. Es el primer misterio que se devela para el iniciado o para el buscador, el misterio femenino. Si logra asimilarlo y comprenderlo el buscador ganará gran poder pues al tenerla como aliada, conocerá y comprenderá a todas las mujeres del mundo. ¡Existen tantos hombres incapaces de asimilar y entender el poder femenino, y que a pesar de ello se sienten tan sabios!

5.4 La Emperatriz: es el aliento de la primavera, la máxima expresión de fortaleza y poder femenino, es el principio vital femenino que habita y alimenta a todos los seres, el hálito que cura y anima a los enfermos o que revive a los moribundos. Ella posee una gran fortaleza femenina que puede curar, reconciliar, perdonar, pero también subyugar con su poder. Tiene la facultad de sanar o, por otro lado, de castrar a los hombres.

5.5 El Emperador: al llegar a él se comprende por fin la Ley de Cuatro: el equilibrio del Todo. Alguien que puede poseerlo todo, o que de hecho ya lo posee. Él es la acción, la resistencia, la consumación y el resultado. Para él no hay misterios ni límites en la Tierra imposibles de resolver o superar.

5.6  El Papa: su nombre original era el Hierofante, que corresponde al sumo sacerdote de un culto secreto en el antiguo Egipto, lo que sugiere los orígenes milenarios, muchísimo más atrás de la Edad Media, del mazo del tarot, además de las conexiones del mismo con ancestrales ritos de iniciación y de crecimiento espiritual de las que se ha hablado con anterioridad. El Hierofante representa el punto de intersección entre el mundo ordinario y la visión profunda de la escuela esotérica, por completo distinta de la mundana. El Hierofante habla mediante alegorías, un lenguaje hecho para ser entendido sólo por aquellos que verdaderamente lo desean escuchar.

5.7 Los Enamorados: Ouspensky la nombra “la Tentación”. Jodorowsky la llama “los Enamorados”. En ella se presentan bastantes misterios espirituales: duendes, hadas, súcubos, íncubos. Se comprende el misterio del equilibrio universal, el porqué de la existencia de tantos seres tan diversos, incluyendo a los del bajo mundo; el contraste del bien y del mal. “Así como es arriba es abajo”, como decía Hermes Trismegisto. Esta comprensión nunca va exenta de un intenso sufrimiento, gracias al cual se gana en visión y se resucita espiritualmente, se empieza a entender la conexión de uno con todos aquellos seres distintos, pese a sus diferencias.

5.7 El Carro: representa al conquistador que no se ha conquistado a sí mismo todavía. Él alberga la voluntad de saber, de hacer y de ser, pero puede quedarse a pesar de todo en las puras buenas intenciones.

5.8 La Justicia: ella todo lo coloca en la balanza. En antiguos mazos de tarot se le llamaba la Verdad. El resultado de la balanza dará a cada cual lo que le corresponda, para bien o para mal, hacia adentro o hacia afuera. Ella también habla del desarrollo de la facultad de comprender profundos misterios y símbolos. No por nada la comprensión de una verdad sobreviene tras un duro proceso de sufrimiento y purificación.

5.9 El Ermitaño: representa al hombre que ha sido, como Cristo, capaz de ir al desierto, enfrentar a su sombra y a sus demonios y regresar triunfante. Él ayudará y saldrá al encuentro, en el momento preciso, de aquellos que también hayan iniciado el viaje y se encuentren cruzando por difíciles desiertos. Se trata de un personaje que ha abandonado toda búsqueda exterior, enfocando sus fuerzas hacia el descubrimiento de sus tesoros internos.

5.10 La Rueda de la Fortuna: encaja con el proceso universal: todo va, todo viene, todo vuelve, todo se aleja y después regresa. La vida es un ciclo, un río con diversas y similares aguas.

5.11 La Fuerza: representa una tranquilidad tras un largo proceso de cambios y sufrimientos, la bestia interior se ha dominado, como en esta carta, en donde una mujer pasea serena con un león, acariciándolo. A diferencia del Carro, la carta anterior, aquí se han subyugado y dominado los impulsos internos. A este nivel se ha asimilado el hecho de que no hay nada más poderoso que la fuerza del amor.

5.12 El Colgado: a pesar de que ha sufrido enormes tormentos, él es el hombre que ha visto la verdad. Cuando un hombre vislumbra el camino de la eternidad, también encuentra enormes sufrimientos. Es el dolor y el terrible malestar existencial de comenzar a ser un hombre despierto.

5.13 La Muerte: aquí la Rueda de la Fortuna, con sus cambios y sus sucesivas muertes, sigue girando. Se habla literalmente de aquella frase del Evangelio tan mal entendida: “hay que morir para vivir…”. Es el ocaso de un punto y el amanecer de otro: el inicio de un ciclo y el comienzo de otro nuevo.

5.14 La Templanza: quien ha sobrevivido y trascendido la muerte se ha templado como el mejor acero; a partir de ella se comprende uno de los mayores misterios con todo el ser: la relatividad del tiempo. Nada envejece, nada muere, nada nace. Se dice que los ángeles son seres que han tenido que pasar por todo el camino espiritual anteriormente descrito por los arcanos. La templanza haría referencia a un ser que se ha purificado al punto de casi convertirse en ángel o ya serlo.

5.15 El Diablo: la contracara del ángel de la Templanza es Belcebú o el Diablo. Representa una de las tentaciones más grandes con las que se debe enfrentar cualquiera que desee crecer espiritualmente. El lado oscuro que todos tenemos. El que es incapaz de enfrentarlo, conocerlo, asumirlo y escucharlo, en algún momento será devorado y arrastrado por Lucifer. El que se deja seducir también será destruido. Sólo aquel que pueda escucharlo, aprender de él y a la vez ver más allá sin perder la luz de su sendero, podrá derrotarlo o convertirlo en su aliado.

5.16 La Torre: por medio de ella se disuelven todos los engaños, todas las confusiones y mentiras se esclarecen. Es el surgimiento del verdadero Yo, aquel que tanto buscó el iniciado que surgiera dentro de sí mismo. Es la torre de Dios, el Dios interior, la divinidad personal. Cuando emerge, derrumba todas las mentiras y falsedades.

5.17 La Estrella: es la estrella que guió a los pastores, a los reyes magos y a cualquiera que sepa encontrarla o que sea ayudado a encontrarla. Ella es la imaginación de la naturaleza, los sueños de la naturaleza. Cualquiera que pueda vislumbrarla comprenderá que no es un ser único ni aislado, sino que es parte indisoluble de un ser o un sistema muchísimo más grande y consciente.

5.18 La Luna: ante el buscador, inevitablemente, se abren de pronto dos caminos: uno lo puede guiar hacia el siguiente punto, haciéndolo crecer y continuar con su desarrollo; otro lo podrá arrastrar de regreso, igual que el Diablo, o enloquecerlo si no sabe superarlo y seguir adelante.

5.19 El Sol: él es la mayor expresión de la palabra “fuego”, es capaz de calentar a quien sepa acercársele, brinda vida, enciende, cura, consuela. La imagen mayor del principio masculino.

5.20 El Juicio: del mismo modo, antiguamente se le nombraba la Resurrección de los Muertos; con ella se comienza a comprender el misterio de la muerte, el nacimiento, la resurrección, el bien, el mal y el tiempo. Es la culminación de cartas cíclicas y complejas anteriores como la Muerte, los Enamorados, la Rueda de la Fortuna, la Templanza, etcétera.

5.21 El Mundo: es un enorme círculo, un mandala gigantesco que abarca todo el universo. Es aquello que siempre se ve, que todo el tiempo está frente a nosotros, pero nunca comprendemos. Aquí se han caído las máscaras y velos que impedían mirar las cosas tal como son.

 

6. El tarot y el Cuarto Camino

Se dice por los seguidores del Cuarto Camino que para llegar a él previamente se tuvo que estar fuertemente desilusionado de la razón, la fe, la iglesia, la familia, de Dios, de la ciencia y de cualquier institución y forma de consuelo que encuentran la mayoría de los hombres para mantener y perpetuar su sueño.

En este punto, con la ayuda precisa, el tarot puede convertirse en un instrumento que colabore para el desarrollo de una poderosa intuición y de la capacidad de pensar en órdenes superiores y distintos. El tarot puede contribuir a desarrollar un pensamiento que trabaje en complejos mucho más amplios, a pensar en otra dimensión y percibir aquello que se encontraba oculto bajo el velo ilusorio de Maya.

Como se ha dicho, el tarot resume los tortuosos pasos de un ancestral rito, proveniente del paleolítico, en el cual se tenían que cubrir grandes distancias y transitar de un estadio a otro del desarrollo del espíritu. Cada uno de sus arcanos o cartas representa el punto de paso de antiguas estaciones donde solían detenerse los buscadores e iniciados cuando peregrinaban en busca del camino de sí mismos, simbolizando el grado de desarrollo que habían logrado antes de llegar hasta allí.

Existe una diferencia sustancial y radical entre las lecturas de tarot que se utilizan con fines adivinatorios y que no hacen más que contribuir a una mayor alienación y acrecentamiento del sueño de la conciencia, atemorizándola o hipnotizándola según las intenciones ocultas del tarotista, dándole a la gente nada más que lo que quiere escuchar. Empero, leído con la suficiente honestidad y con ciertas claves y fundamentos psicológicos adecuados y precisos, contrariamente, el tarot puede colaborar en el despertar y en avivar la mente, mostrándole luces y senderos que previamente no se era capaz de percibir.

 

Twitter del autor: @adandeabajo