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La ciencia señala que los hijos únicos son normales (salvo porque son un poco más inteligentes)

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/03/2016

El problema de un hijo único consiste básicamente en que cierta parte de la sociedad cree que tener sólo un hijo es un problema

En diversas sociedades se ha propagado la idea de que los hijos únicos están condenados a sufrir por no tener hermanos, creciendo de tal manera que les cuesta adaptarse a la sociedad. Según varios estudios recientes esto parece ser sólo un mito, o una herencia de otra época en la que realmente un hijo único era algo sumamente raro. Hoy en día, en muchos países los hijos únicos son en muchos sentidos la norma.

Una investigación sobre el tema publicada en el sitio Quartz muestra que en Estados Unidos actualmente 23% de los estadounidenses tiene sólo un hijo, y en Nueva York esto asciende al 30% (en algunos países europeos la cifra es mayor). ¿Ello significa que 30% de los niños crecerá con profundos lastres?

Según concluye Joanna Pocock en realidad hay una clara tendencia en la sociedad hacia la normalización de los hijos únicos, y la autora sugiere que éstos no son desadaptados sino solamente mal percibidos por algunas personas. Esto viene por lo menos desde hace 100 años, cuando el psicólogo G. Stanley Hall expuso sus teorías de que ser un hijo único era una enfermedad (en algún momento de la historia también era una enfermedad o una incapacidad ser homosexual, tener la piel de otro color, utilizar cannabis e incluso ser mujer). Si bien las ideas de dicho psicólogo han sido refutadas, para algunos los prejuicios de que los hijos únicos son "egoístas y antisociales" se han convertido en una "profecía autocumplida", y hoy todavía se habla del síndrome o el trastorno del hijo único (la psiquiatría vive de crear innumerables trastornos para justificar su trabajo). De Hall tenemos entendimientos que hoy suenan totalmente aberrantes, como que "una mujer puramente intelectual es una deformidad biológica" o que "para el hombre el matrimonio es sólo un incidente, para la mujer, es el destino".

Estudios actuales señalan que los hijos únicos tienen un IQ (cociente intelectual) más alto que los niños con hermanos, y suelen tener mejores registros académicos. En algunos países, como Dinamarca, las mujeres que sólo tuvieron un hijo reportaron mayor bienestar que las que no tuvieron o que las que tuvieron dos o más. Pero este tipo de datos, de acuerdo con Pocock, no tiene mucha fuerza ante muchas mujeres, quienes consideran incluso "egoísta" de parte de la mamá no darle hermanos a su hijo y prefieren tener varios hijos pese a que no tienen dinero ni tiempo para dedicarle a cada uno de ellos (y quizás ni siquiera suficiente amor).

De lo anterior Pocock concluye que no existe ninguna razón importante por la cual un hijo único no pueda ser feliz; de hecho, tiene numerosas ventajas. El problema que persiste --aunque sólo en algunas partes-- es el estigma psicosocial de que los hijos únicos están destinados a tener problemas. La realidad es mucho más compleja que eso. "Incluso en lo referente a tener hijos, la imagen que les están vendiendo a las personas --y que algunos están comprando-- es una del consumidor feliz que tiene una interminable cantidad de opciones. La realidad de tener hijos es muy distinta". Evidentemente no todos pueden escoger cuántos hijos tienen y si tienen uno o dos o más, eso está bien. Más importante que la cantidad de hijos es la calidad de atención que los padres les dan. 

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Senador italiano propone dar clases a niños de 6 años sobre la cultura del vino

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/03/2016

La relación entre los niños y el alcohol es tema de controversia, y el senador italiano Dario Stefàno ha creado una propuesta para sacar el mejor partido de la cultura vinícola de su país y mejorar la relación de las generaciones venideras con el alcohol

El tema del alcohol y los niños es sensible; probablemente nadie se aventuraría a decir que dejarlo a su alcance y permitirles ponerse una borrachera es una buena idea. Sin embargo, antes de que un niño haya probado su primer sorbo de alcohol ya ha presenciado a las personas que lo rodean consumiéndolo, lo cual le ha permitido absorber información sobre cómo lo hacen --¿solos o en grupo?, ¿con alimentos o sin ellos?, ¿felices o deprimidos?, ¿con frecuencia o esporádicamente?, ¿en exceso o con moderación?, y todos estos datos son parte de lo que posteriormente determinará los patrones de conducta y hábitos con respecto al alcohol. 

En Italia el senador Dario Stefàno realizó una propuesta de ley controversial, pues obligaría a las escuelas a incluir en su temario 1 hora de clase de cultura del vino a la semana, a partir de los 6 años de edad. Es decir, el mismo tiempo que dedican a aprender música o cualquier otra actividad cultural. Además, los menores no tiene permitido beber vino durante la clase; el objetivo de esta ley es enseñarles la importancia cultural del  alcohol. En palabras del senador Stefàno: “No estamos intentando enseñar a los niños a beber… ha sido demostrado que el conocimiento crea bebedores responsables. Esta sólo sería una asignatura extra que enriquecería la educación de nuestros estudiantes”. 

Algunos estudios han sugerido que darle a los niños pequeñas pruebas de alcohol está asociado con problemas posteriores con la bebida. Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, países como Italia, Francia y España, en los que beber vino con los alimentos forma parte de las costumbres cotidianas, tienen menos problemas con los hábitos etílicos de sus ciudadanos. Esto puede deberse a que  si los niños observan cómo los adultos aprecian el vino, su olor, sabor y demás propiedades al tiempo que lo consumen acompañados de alimentos y con moderación, ello podría tener un efecto importante en sus vidas cuando sean mayores.  

Hay algunos datos que sustentan el valor de la iniciativa italiana; por ejemplo, en Estados Unidos existen estadísticas de cómo los estudiantes universitarios tienen a abusar menos del vino que de otras bebidas alcohólicas, además de mostrar cómo los estudiantes estadounidenses tienen mayor proclividad a las borracheras que los franceses, a pesar de que estos últimos viven en un país donde el consumo de alcohol por persona es cuatro veces mayor. La diferencia radica en que en el país europeo el vino usualmente se consume con las comidas, de tal manera que está presente cotidianamente pero no en exceso. 

El consumo excesivo de alcohol de los ciudadanos de un país es una cuestión de salud pública, y la propuesta del senador italiano es una alternativa para sacar el mejor partido de la cultura vinícola de su país y mejorar la relación de las generaciones venideras con esta sustancia ya que, en realidad, lo que los niños no aprendan en la escuela con respecto al alcohol lo aprenderán, para bien o para mal, de otras fuentes.