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La arquitectura gótica: experiencia estética de lo sagrado

Por: pijamasurf - 01/05/2016

La arquitectura gótica es la materialización de protocolos que apuntan a la evolución cristalina del hombre mediante su comunión con la divinidad

St Mary's Cathedral, Sydney, New South Wales, Australia.

En la arquitectura gótica se encuentran fusionados varios factores contundentes para la transformación del mundo, entre ellos la construcción de los siglos de arte cristiano que vendrían. Las técnicas y saberes implementados para construir estos espacios sacros fueron redescubiertos después de haberse perdido junto con Roma, sumándose a ello la profundidad filosófica, mística y transformadora de la calidad artística que reviste la estructura formal, trastoca el edificio sacro terrenal y lo convierte en majestuosidad caída de los cielos en el mundo de la carne, cielos que no son otra cosa más que una sublime experiencia estética. 

Después de la abrupta transformación que sufrió el mundo occidental cuando los resquicios del imperio romano cedieron bajo el hastío y los embates enemigos, las construcciones que se erigieron sobre esa historia fueron visiones ecuménicas que remiten al arte egipcio y griego en muchos aspectos; en el siglo XII se comenzaba a gestar el arte gótico entronizándose, como apunta el historiador Kenneth Clark, la madre --Ecclesia, la madre tempestuosa que domina y observa, definiéndose hasta entonces y actualizándose constantemente los valores que rigieron el mundo occidental hasta el siglo XV.

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La mística bidimensional de la pintura y las particularidades de cada uno de los oficios invertidos en las construcciones eclesiásticas no sólo decoraban el interior, fueron pensadas y dispuestas para dar sentido al mundo y ordenarlo en ese cruce a donde apuntan todas las brújulas. Los iconos son observadores fríos que contemplan a los mortales sin que éstos accedan al drama –más que como, en la mayoría de los casos, protagonistas inconscientes. Hasta el final del período se implementaría la perspectiva en la pintura (técnica que incluye al observador al permitirle ver una profundidad espacial), y no porque se hubiera desconocido hasta entonces, más bien porque no la habían considerado necesaria en el sentido profundo de la representación. Los personajes que participan en la acción al principio fueron idénticos, no se diferenciaban fisonómicamente; conforme la hazaña narrativa evolucionó lo hizo también la humanidad como pocas veces en la historia, ya que los conocimientos redescubiertos sobre un mundo perdido proyectaron el pensamiento y el espíritu humano hasta los fundamento críticos, libres, creativos y transformadores del Renacimiento.

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Imaginémonos transgrediendo el límite que nos separa entre el mundo terrenal y la manifestación en la tierra del espacio sagrado, un axis mundi desde el que se extienden las ciudades y en el que convergen los viajeros. Un centro que conecta con el plano celestial y nos sumerge en el frío petrificado de oro y mármol, madera fina e iridiscente; todos los materiales son modelados por la luz que, controlada por los vitrales y accesos, promueve el misterio de esos cantos divinos resonando en las bóvedas abismales; también estaba esa misteriosa palabra que habla ejemplificando los símbolos que dominaban contundentemente aquel tiempo y que siguen prevaleciendo en el inconsciente colectivo hasta nuestros días.

El éxtasis divino en que se sumergían las cofradías y organizaciones varias de artesanos, que vertiendo sudores y sacrificando vidas crearon el mundo cristiano, es el mismo que dio forma al mundo griego, pilares del pensamiento, épocas de dioses y misterios que amplifican la dimensión humana, que siempre debería apuntar hacia la grandeza creativa y transformadora.

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Muere Pierre Boulez, gran compositor y director de la vanguardia musical del siglo XX

Por: pijamasurf - 01/05/2016

Pierre Boulez fue una figura capital de la música clásica del siglo XX, como compositor y como director de orquesta

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La música clásica está hoy de luto debido a la pérdida de Pierre Boulez, una de las figuras clave de la vanguardia musical de la segunda mitad del siglo XX, la que experimentó con los sintetizadores y las armonías, la música heredera de la experimentación de Arnold Schönberg, Igor Stravisnki, Edgar Varèse y algunos otros compositores que revolucionar tanto la creación como la escucha de la música académica.

Boulez, nacido en Montbrison, Francia, en 1925, comenzó su formación como músico en el Conservatorio de París bajo la égida de Olivier Messiaen, otro de los compositores más importantes del siglo XX (autor, entre otras obras, del célebre Quatuor pour la fin du temps). Con Messiaen, Boulez se inició en las técnicas de composición dodecafónica, atonal y serial, todas ellas sistematizadas por Schönberg y sus alumnos más destacados, Alban Berg y Anton Webern. A partir de entonces, Boulez emprendió también el camino de la vanguardia, el ejercicio experimental, la búsqueda de los límites de la composición y otras inquietudes intelectuales y artísticas que devinieron en la creación de obras como "Segunda sonata para piano", de 1948, recibida con entusiasmo aun en vista de la juventud del compositor (entonces contaba con 23 años):

 

Afortunada o casualmente, Boulez coincidió en aquella época con compositores como Luciano Berio, Karlheinz Stockhausen y Luigi Nono (decisivos en el desarrollo de la música electrónica), con quienes compartió buena parte de su aventura artística.

Otra faceta importante del francés fue la de director de orquesta, labor que inició desde la década de 1950 y sostuvo hasta 2015, año en que grabó el Adagio de la décima sinfonía de Gustav Mahler (inacabada) para el sello Deutsche Grammophon, completando así el integral de las sinfonías del alemán. Durante este largo período, Boulez se empeñó en llevar a los programas de las orquestas la música del siglo XX, en especial composciones de Berg, Claude Debussy, Mahler, Schönberg, Stravinski y otros. Esta preferencia fue un tanto polémica, pues en general aun el público de orquestas asentadas en grandes metrópolis como Nueva York o Londres no está del todo habituado a recibir dicha música. Con todo, Boulez persistió y no es exagerado afirmar que su persistencia contribuyó a transformar la escucha contemporánea de la música, al menos en el intento de volver familiar la obra de dichos compositores. Entre sus interpretaciones más elogiadas se encuentran las de composiciones de Stravinski, Béla Bartók y Mahler, además de obras del siglo XIX limítrofes entre el clasicismo y la vanguardia de Richard Wagner (de quien grabó el Ciclo del Nibelungo en ocasión del centenario de la composición) y Anton Bruckner.

 

En este espacio es difícil completar una semblanza justa del compositor, pero animamos a quien tenga la curiosidad a buscar el material existente sobre Boulez tanto en línea como en otros medios. En YouTube se encuentran varios videos y audios tanto de sus obras como de sus presentaciones como director. Asimismo, en español se han publicado algunas de sus compilaciones de artículos y algunas entrevistas. Boulez fue también un gran analista de la música, dotado de una idea clara de los propósitos y alcances de este arte; es cierto que sus textos pueden ser áridos y técnicos, pero no por ello menos agudos y, para el lector atento, siempre resultarán en un gran aprendizaje del ámbito musical. Un buen inicio puede ser La escritura del gesto, una entrevista publicada hace unos años por la editorial Gedisa en donde Boulez habla sobre su trayectoria, su estilo de conducción, su faceta como compositor y otros temas que sin duda retratan a la perfección a este gran hombre que hoy cerró su legado.