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¿Puede la música estimular tu inconsciente? ¿Y con qué efectos?

Por: pijamasurf - 12/21/2015

Una niña que despertó del coma en que se encontraba luego de que su canción favorita sonara en la radio, y un grupo de médicos que decidió estudiar los efectos de la música en el cerebro a nivel inconsciente

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Sabemos bien que la música tiene efectos sobre nuestro ánimo, que una canción puede ponernos de buenas o entristecernos, que la música barroca nos concentra o que, quizá, el reggaetón nos exaspera. ¿Pero qué sucede a nivel inconsciente? ¿Será que también una melodía puede impactar sobre nuestra mente sin que lo advirtamos?

En un caso que podría parecer sorprendente, la escritora y divulgadora de la investigación Alexandra Ossola dio a conocer recientemente la historia de Charlotte Neve, una niña que en 2012, a los 7 años de edad, sufrió una hemorragia cerebral mientras dormía, lo cual la llevó a un coma a pesar de la intervención médica que recibió.

Su recuperación, sin embargo, llegó pronto y a partir de una afortunada casualidad. Un día que su madre estaba con ella en el hospital sonó en la radio que llevaba para acompañar su estancia la canción “Rolling In The Deep” de Adele, una de las favoritas de su Charlotte y con quien la había cantado en varias ocasiones. Y esa vez no fue la excepción: a pesar de estar inconsciente, la madre le cantó a su hija, y para sorpresa suya ¡ella sonrió! Los médicos no lo creyeron, pero quedaron convencidos cuando, un par de días después, la niña salió del coma y comenzó a recuperar casi todas sus habilidades, desde el habla hasta las capacidades motrices.

A partir de este suceso, los médicos comenzaron a investigar al respecto. Por estudios previos se sabe que la música libera dopamina, uno de los químicos más importantes y poderosos tanto para el cerebro como para el sistema nervioso en general, asociado con el buen humor, el bienestar y la sensación de placer. En este caso, la experiencia de Charlotte suscitó un experimento en que los médicos pusieron música a 13 pacientes en coma divididos en dos grupos: con la mitad de ellos se utilizó su música preferida y con el resto un sonido continuo y neutral que permitiera hacerlo un grupo de control. En ambos casos, sus reacciones cerebrales fueron registradas con un encefalograma mientras sonaba la música y alguien decía el nombre del paciente.

De acuerdo con los resultados reportados, la combinación música preferida y nombre propio provocó mayor respuesta cerebral que el nombre con una música sin significado personal para el paciente. En su artículo, los médicos relacionan “las características autobiográficas de la música, esto es, su relevancia emocional y personal” con un incremento en su percepción a nivel inconsciente.

Investigaciones como esta todavía son incipientes y sus resultados podrían parecer elementales, pero sin duda son intentos interesantes por aclarar el misterio del inconsciente y quizá incluso invitaciones a que uno mismo experimente con su propia mente. Si después de todo el inconsciente es subjetivo por antonomasia, quizá nosotros mismos podríamos programar al dormir una canción que nos plazca y otra noche una cualquiera, y notar si acaso algo sucede.

 

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¿Necesitas tomar una decisión? Sigue el diagrama de flujo de los estoicos

Por: pijamasurf - 12/21/2015

Si estás por tomar una decisión importante en tu vida, quizá te sirva conocer un poco de lo que los estoicos pensaban al respecto.

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La filosofía estoica es quizá una de las más influyentes en la ideología de Occidente, en buena medida porque varios de sus preceptos y elementos fundamentales encontraron resonancia con el Cristianismo, en específico en la teología que poco a poco y a fuerza de páginas y argumentos elaboraron los Padres de la Iglesia. Por su elevado sentido de la ética y la virtud, por su idea del desapego, por el propósito de forjar una buena vida a partir de lo más esencial, el cristianismo absorbió parte del estoicismo y a lo largo de los siglos lo incorporó a la ideología dominante de Europa. Todavía hoy el adjetivo “estoico” se encuentra de vez en cuando en el habla cotidiana para significar aquello que implica fortaleza, particularmente ante la desgracia.

En dicha escuela de pensamiento, la idea de decisión ocupa un lugar preponderante. Más allá de la filosofía, tomar una decisión es a veces enfrentarse a una encrucijada cuyos caminos o son inciertos o parecen todos tener ventajas que quisiéramos para nuestra vida. Cambiar de trabajo, iniciar o terminar una relación amorosa, independizarnos, dejar una vida en apariencia satisfactoria por una alternativa que implica menos comodidades… todos estos son ejemplos de decisiones que pueden presentarse en nuestra vida y ante las cuales no siempre sabemos bien a bien qué hacer. ¿Y qué si renunciamos y no encontramos trabajo pronto? ¿No es más pesarosa la soledad en vez de una relación, aunque esta no sea satisfactoria? ¿Qué tal si me saldo de casa de mis padres pero mis ingresos no son suficientes para sostener mi vida independiente? ¿Qué hacer con esa angustia?

Según los estoicos, temer lo peor. Temer no encontrar trabajo, no tener ingresos, pasar el resto de la vida sin pareja o sin amigos, perder casa y sustento. ¿Por qué? Porque imaginar el peor escenario posible nos puede revelar dos cosas: que somos más fuertes de lo que creemos y que necesitamos menos lo que creemos para ser felices. Ese es el ideal de vida estoico, una existencia en donde tenemos la fortaleza suficiente para arrostrar sus dificultades y también la sobriedad para encontrar la felicidad en lo más esencial de la vida. Al respecto, este video de The School of Life es bastante didáctico:

 

¿Pero cuál es la brújula de los estoicos para tomar una decisión? ¿Existe alguna recomendación que, basada en esta filosofía, nos facilite resolvernos por una opción u otra?

En el blog How To Be a Stoic encontramos una entrada dedicada al “algoritmo para toma de decisiones de los estoicos”, sin duda una síntesis creativa de dicha filosofía para hacernos reflexionar sobre aquello que está implicado en una resolución de vida. 

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El diagrama comienza por la sencilla pregunta de si el dilema existencial al que nos enfrentamos está o no bajo nuestro control. Si no, no hay nada qué hacer; si en parte, hay que saber distinguir qué concierne a nuestro horizonte de decisión, si el intento o el resultado; si nos involucra por completo, la siguiente pregunta es si la decisión involucra a la virtud; si no, es en cierta forma indiferente para nuestra existencia y, si acaso el único momento de dilema es si dicha decisión entra en conflicto con la sabiduría, la justicia, la templanza o la valentía; si es una decisión que concierne de lleno a la virtud, un estoico te recomendaría tomarla para ejercer estos mismos valores.

Al final, esto último es lo más sustancioso. Ante una decisión pregúntate si tomarla requerirá de tu sabiduría, tu sentido de la justicia, tu templanza o tu valentía, o si una vez tomada serás más sabio, más justo, más ecuánime o más valiente. Si la respuesta es afirmativa, ¡toma la decisión! Probablemente después descubrirás que hacerlo valió la pena, que tus temores no eran tan terribles como lo supusiste y, lo más importante, que seguramente tu carácter es más fuerte de lo que creías.

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