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El efecto Mozart: escuchar música clásica nos hace más inteligentes

Por: pijamasurf - 03/10/2013

Estudios han comprobado que escuchar música de Mozart nos hace (brevemente) más inteligentes, pero no es el único tipo de música que estimula respuestas cognitivas mejoradas.

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Todos hemos oído que escuchar música clásica nos brinda una inteligencia superior, y que el efecto estimulante se multiplica cuando bebés la escuchan. En la década de los noventa se popularizó la teoría de que escuchar Mozart incrementaba la inteligencia de los bebés que la escuchaban. Salieron a la venta productos que facilitaban este proceso así como artefactos que permitían que fetos escucharan música.

Tiene sentido, no es tan difícil imaginar que al escuchar la música de un genio abriremos de alguna manera un espacio nuevo en nuestras mentes para almacenar conocimientos. La popularización del efecto Mozart no requiere demasiados argumentos, sin embargo en la década de los noventa, los tenía. Había un estudio, conducido por la Universidad de California Irvine, que probaba que escuchar música de Mozart ayudaba a mejor las habilidades cognitivas de las personas. El problema con la publicación original del estudio es que se popularizo y sobre-interpretó; el “efecto Mozart” como tal, no se menciona, los participantes eran adultos y además no fue un estudio muy minucioso ya que solo contaba con 36  universitarios como participantes.

El experimento demostraba que estudiantes que escuchaban música de Mozart cumplían de mejor manera tareas donde tenían que imaginar formas y por unos 15 minutos después eran mejores en pruebas donde tenían que predecir la forma que tomaría un papel doblado una vez desdoblado. Básicamente probando que el efecto rara vez duraba más de un cuarto de hora, no toda una vida.

De cualquier manera las personas empezaron a especular en cuanto a qué era exactamente en la música de Mozart que causaba este efecto. Siguiendo esa línea de investigación muchos estudios empezaron a comprobar que no era solamente la música de Mozart la que estimulaba al cerebro, sino también la de Schubert, y lecturas de novelas de Stephen King, sugiriendo que no era la música lo que estimulaba pero el interés y atención prestada.

La mayoría de los estudios anteriores solo experimentaban los efectos en el cerebro adulto y no fue hasta el 2006 que una investigación Británica estudió el efecto de la música en ocho mil niños. Tenían que escuchar diez minutos de Mozart o una secuencia de tres canciones del grupo Blur “Country House,” “Return of the Mack,” y “Stepping Stone” de PJ and Duncan. Sorprendentemente a los niños que escuchaban las canciones Pop les iba mejor en las pruebas que aquellos que escuchaban Mozart. Probando que la preferencia personal podría influenciar de alguna manera.

Escuchar a Mozart o música Pop no hará a sus hijos más inteligentes, pero tampoco les hará daño y quizá inicien un romance con el arte de la música. Sin embargo sí existe una manera de mejorar las habilidades cognitivas a través de la música y es aprender a tocar un instrumento musical. Jessica Grahn, de la Western University in London, Ontario, explica que un año de clases de piano, complementadas por práctica regular puede incrementar el IQ por hasta tres puntos.

Escuchen música por amor al arte, no porque sientan que es una herramienta que los dotará con una mente brillante de la noche a la mañana.  Los dejamos con el concierto de piano número 27 de Wolfgang Amadeus Mozart:

[BBC]

Estamos al borde de un monopolio cervecero mundial

Por: pijamasurf - 03/10/2013

La enorme compañía AB InBev ha absorbido una buena cantidad de cervecerías en todo el mundo. Su siguiente plan es comprar a Grupo Modelo.

monopolyLas guerras frías no siempre involucran armas, en algunos casos los instrumentos de daño son simplemente estrategias. Las grandes firmas se están preparando para la conquista total del mercado global y al parecer ninguna de las leyes antimonopolios alrededor del mundo ha funcionado.

En el mercado cervecero está creciendo un monstruo voraz: Anheuser-Busch In Bev, dueño de Budweiser, y su siguiente ingesta es el Grupo Modelo.

En Estados Unidos el Departamento de Justicia está preocupado porque el conglomerado estadounidense se encuentra a un paso de ser un monopolio insaciable. En enero el departamento demandó a la compañía para prevenir que absorba al Grupo Modelo, una compañía de la que ya poseen 50 por ciento del capital.

El caso no se fundamenta con documentos acerca de algún plan secreto, o algo parecido, sino que economistas del Departamento de Justicia predicen a través de teorías y modelos complejos acerca del comportamiento de los conglomerados.

Durante décadas Anheuser-Busch ha empleado lo que muchos especialistas llaman una “estrategia de gatillo”, que es la destrucción mutua asegurada con anticipación. Anheuser Busch “advierte” a su competencia que si bajan sus precios comenzará una guerra de ventas. En 1988, Miller and Coors bajó sus precios y Anheuser Busch bajó el precio de Bud y todas sus demás marcas. En ese momento August Busch III dijo a la revista Fortune: “No queremos iniciar un baño de sangre, pero nosotros responderemos a lo que haga la competencia.” Miller and Coors pronto quitó el descuento de sus bebidas. La estrategia de gatillo es legal y muchos sectores industriales la ocupan para mantener sus precios inflados. 

Según el Departamento de Justicia, AB InBev quiere comprar a Grupo Modelo porque ser dueño de Corona permitiría al conglomerado elevar los precios de todas sus marcas y en caso de elevarlos, por ejemplo, un tres por ciento, obtendrían una ganancia de $1 billon de dólares al año.
La firma brasileña Companhia de Bebidas das Américas, o AB InBev surgió para debilitar a la competencia y canalizar las ganancias para comprarla. Esta compañía se tragó varias firmas latinoamericanas y, en 2004, se fundió con Interbrew, el gigante belga. Así nació InBev, que después absorbió a Anheuser-Busch, a la tercera cervecería China más grande y a la compañía canadiense Labatt. El objetivo de absorber Grupo Modelo es prepararse para gran pelea del mercado.

[The New York Times]