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Premio Nobel de Medicina 2014: ¿cómo está representado el espacio en nuestro cerebro?

Por: Olga Rodriguez Sierra - 10/14/2014

Este año el Premio Nobel en la especialidad de medicina se entregó a un par de investigadores que exploraron el funcionamiento de nuestro "GPS" interno: las partes de nuestro cerebro que nos permiten ubicarnos y navegar espacialmente

brEste año el Premio Nobel de Medicina fue otorgado a los neurocientíficos John M. O’Keefe, May-Britt Moser y Edvard I. Moser, por sus fascinantes descubrimientos de células en el cerebro que permiten la representación de los lugares y  navegación espacial, nuestro “GPS interno”. Sus trabajos cientifícos revolucionaron nuestro entendimiento de cómo el cerebro realiza funciones mentales complejas, como sería la percepción de ubicación de nuestro cuerpo en relación con el ambiente y los objetos que nos rodean.

Desde siglos atrás, numerosos filósofos se han cuestionado sobre la naturaleza del espacio. Immanuel Kant dedicó gran parte de su obra a este concepto, desde su "Disertación Inaugural" (1770) apuntaba que:

El espacio es una intuición pura que contiene la forma fundamental de toda sensación externa, no es algo objetivo y real, no es substancia, accidente ni relación, sino algo subjetivo e ideal. Es continuo, y aunque no sea objetivo ni real es, sin embargo, no sólo completamente verdadero respecto a todas las cosas sensibles (sensibilia), sino también el fundamento de toda verdad en la sensibilidad exterior.

Es decir, Kant argumentaba que la noción de espacio era una intuición a priori que existía en nuestra mente independientemente de la experiencia. Muchas décadas después, el psicólogo Edward Tolman (1948), a partir de sus experimentos con animales, propuso que ellos eran capaces de representar el espacio mediante un mapa cognitivo que incluía relaciones entre los lugares y eventos, lo que les permitía navegar de un lugar a otro. Hay que recordar que en esa época la psicología experimental asumía que todo el comportamiento se podía entender mediante el análisis  de relaciones del tipo estímulo-respuesta; la propuesta de Tolman de un mapa cognitivo se distanciaba fuertemente de este paradigma.

Fue hasta 1971 que John O'Keefe y Jonathon Dostrovsky descubrieron unas neuronas en el hipocampo que se activaban cuando la rata se encontraba en lugares específicos del ambiente, por eso las llamaron “células de lugar” (place cells). O'Keefe mostró que estas células no reflejaban meramente una preferencia sensorial sino que representaban el ambiente de forma holística como una gestalt. Además, sus resultados apuntan a que la actividad combinada de varias neuronas (ensamble de neuronas) pueden codificar, de forma única, los diferentes lugares. El ensamble de neuronas es un concepto teórico que ya antes había sido introducido por Donald Hebb. Sin lugar a dudas, sus hallazgos estimularon numerosos estudios dentro de  la subdisciplina de neurociencia de sistemas, la cual busca relacionar los procesos cognitivos con las respuestas fisiológicas del cerebro al nivel celular y molecular.

Por algún tiempo se creyó que la señal que generaba el campo de lugar preferido para cada neurona de lugar provenía del mismo hipocampo. Sin embargo, estudios con lesiones hipocampales revelaron que la señal provenía de fuera, en específico, de la corteza entorhinal. May-Britt y Edward Moser decidieron registrar las señales de neuronas en la corteza entorhinal y encontraron que las células se activaban en múltiples lugares del ambiente, formando una rejilla de patrón hexagonal y equidistante. A estas neuronas se les llamó células de rejilla (grid cells). Los Moser encontraron que la distancia representada en las células de rejilla variaba a lo largo de la corteza entorhinal, siendo la parte ventral la que albergaba las células con campos más grandes. A partir de estos experimentos se piensa que el cerebro está organizado en módulos funcionales, pudiendo codificar el espacio con rejillas de espacimiento diferente dependiendo de las características del lugar. Además, sus investigaciones identificaron células que responden a la dirección de la cabeza (head direction cell) o al límite del medio ambiente (border cells), siendo importantes para dar noción de ubicación de nuestro cuerpo en relación con el mundo exterior.

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Una neurona en acción

Desde tiempo atrás se sabe que el hipocampo está relacionado con los procesos de memoria espacial y episódica. El ejemplo emblemático es el caso de Henry Molaison (mejor conocido como H. M.), un paciente que recibió como tratamiento contra la epilepsia la remoción bilateral de sus hipocampos. Después de la cirugía podía recordar memorias antiguas pero no podía formar memorias nuevas de eventos que él mismo experimentaba; técnicamente, había perdido su capacidad de formar memorias episódicas. Actualmente, está establecido que el deterioro de la formación hipocampal es un marcador anatómico para neuropatologías como la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Por otro lado, estudios con fMRI en conductores de taxi en Londres reportan que sus hipocampos son mucho más grandes en comparación con los hipocampos de personas que no tienen que usar la memoria espacial de forma frecuente. La evidencia sugiere que la memoria episódica y espacial están ligadas, pero hasta ahora no existe una teoría que unifique estos dos procesos; partiendo de una idea kantiana, podemos especular que las medidas de espacio y tiempo codificadas en el hipocampo ayudan a anclar las memorias en relaciones temporales de pasado y presente.

Actualmente se sabe que existe una relación recíproca entre las células de rejilla (grid cells) en la corteza entorhinal y las células de lugar (place cells) en el hipocampo. En particular, las células de rejilla forman un sistema de coordenadas espaciales métrico que determina la actividad de las células de lugar en el hipocampo. Los dos tipos de células se han encontrado en otras especies de mamíferos como son ratones, murciélagos y monos. Además, existen estudios en pacientes neurológicos con electrodos implantados en la corteza temporal que indican que los humanos también tenemos células de lugar y de rejilla. Muchos de estos estudios son recientes, menos de una década o si no, un par de años de su publicación, por lo que no deja de sorprender que el comité del Nobel haya elegido galardonarlos. No le resto mérito a sus extraordinarios descubrimientos; sin duda, una de las funciones más complejas del cerebro es su habilidad de navegación espacial, ya que requiere la integración de información multisensorial para poder organizar las memorias y la ejecución del comportamiento de los organismos. Estos tres eminentes neurocientíficos fueron pieza clave para abrir paso a investigaciones biológicas sobre funciones cognitivas, mostrando una vez más que nuestra mente no está separada de nuestro cuerpo biológico.

Twitter de la autora: @hjolko

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De Jesucristo a James Joyce: una breve historia del Santo Prepucio

Por: pijamasurf - 10/14/2014

Un objeto se transforma en reliquia cuando la fe o la intención son depositadas en él. Es posible que la fe obre milagros, y dentro de este paradigma, el Santo Prepucio es de especial interés para ver en operación la maquinaria institucional de la fe, además de sus curiosos resultados místicos
[caption id="attachment_85796" align="aligncenter" width="628"]Circuncisión de Jesús, Friedrich Herlin, 1466. Circuncisión de Jesús, Friedrich Herlin, 1466[/caption]

Para el cristianismo, las reliquias sagradas son embajadores terrenales de voluntades divinas, milagros de carne o restos de ella, objetos llevados al límite del fetiche que a fuerza de plegarias se vuelven sagrados --o son tratados como tales. Una de las reliquias más curiosas ha sido el Santo Prepucio, que aparece en numerosos textos litúrgicos desde el medioevo y cuya propiedad se disputaron distintas iglesias. Como único remanente físico de Jesús, su posesión y sus numerosos poseedores conforman una de las historias más extrañas de Occidente.

Según el evangelio apócrifo atribuido a Santo Tomás, la circuncisión de Cristo se llevó a cabo ocho días después de su nacimiento, según la ley del Antiguo Testamento. En el texto se describe que el prepucio fue guardado por una mujer en una caja de alabastro con aceite de nardo. El hijo de la mujer lo habría vendido nada menos que a María Magdalena, décadas después, para desaparecer durante ocho siglos.

La siguiente aparición del Santo Prepucio fue en el año 800, como regalo del Papa León III a Carlomagno. El Papa necesitaba del conquistador para mantener a sus enemigos lejos de Roma, y el santo regalo selló el vínculo. A partir de ese momento, la reliquia pareció multiplicarse, como los peces y los panes, apareciendo en numerosas iglesias a lo largo y ancho de Europa. Además, sus poderes milagrosos comenzaron a hacerse de buena fama, ayudando a las mujeres a concebir y a eliminar los dolores de parto.

En el siglo XV, la reina Catalina de Aragón (esposa de Enrique VIII de Inglaterra) tomó prestada la reliquia, y un heredero al trono apareció nueve meses después. La reina le mandó construir un santuario, aunque el reinado de Catalina necesitó más de una reliquia para mantenerse a flote con su venial esposo.

Pero la conexión del Santo Prepucio con los milagros no hacía sino comenzar. Figuras místicas como Brígida de Suecia y Catalina de Siena (santa patrona de Italia) describieron visiones extáticas que involucraban al Santo Prepucio y lo transformaban en una suerte de anillo nupcial que sellaba la unión entre ellas y Cristo. Tal vez el caso más emblemático sea el de Santa Agnes Blannbekin, quien escribió en el siglo XIV sobre su curiosa experiencia mística en estos términos:

Llorando y con compasión, empezó a pensar en el prepucio de Cristo, dónde puede ser localizado [después de la Resurrección]. Y he aquí, pronto se sintió con la mayor dulzura en su lengua un pequeño pedazo de piel por igual la piel en un huevo, que se tragó. Después de que ella se había tragado, ella volvió a sentir la poca piel en su lengua con dulzura, como antes, y de nuevo se la tragó. Y esto le ha pasado un centenar de veces. Y cuando lo sintió con tanta frecuencia, se sintió tentada a tocarlo con el dedo. Y cuando quiso hacerlo, esa pequeña piel bajó por su garganta por su cuenta. Y fue dicho a ella que el prepucio fue resucitado con el Señor en el día de la resurrección. Y tan grande era la dulzura del sabor que ella podía sentir en todas [sus] extremidades y partes de los miembros de una transformación dulce...

(Wiethaus, Ulrike, Agnes Blannbekin, vienés Beguine: Vida y Revelaciones)

Pero la multiplicación del prepucio además de su función como sello de la unión mística/erótica o política fue puesta en duda por reformadores como Calvino o Voltaire. La popularidad de la reliquia venía con un coste imprevisto para la Iglesia (pues no sólo se le atribuían poderes que lindaban con un poderoso erotismo, sino que era un recordatorio carnal del origen judío de Jesús) y el Vaticano comenzaron a referirse al prepucio como una "curiosidad". Para el siglo XIX, se ordenó dejar de rendirle culto. En un siglo de razón y avance industrial sin precedentes hasta entonces, los místicos comenzaron a ser tratados como histéricos.

Una de las últimas referencias al Santo Prepucio se encuentra curiosamente en el Ulysses, de James Joyce. El problema de la circuncisión y especialmente el de las reliquias está presente en toda la obra pero es en el penúltimo capítulo, donde se narran los caminos que siguieron respectivamente Leopold y Stephen, donde leemos lo siguiente:

A Stephen: el problema de la integridad sacerdotal de Jesús circunciso (1 de enero, fiesta de guardar, oír misa y abstenerse de trabajo servil innecesario) y el problema de si el divino prepucio, el carnal anillo nupcial de la santa iglesia católica apostólica romana, conservado en Calcata, sería merecedor de simple hiperdulia o del cuarto grado de latría acordado a la abscisión de tales excrecencias divinas como el cabello y las uñas de los pies. [Trad. de J. Salas Subirat, ed. Colofón, p. 726]

La blasfemia no era extraña a Joyce, y los investigadores han documentado el interés del escritor acerca de la sagrada reliquia en su edición de los escritos del padre Alphons Victor Müller, El sagrado prepucio de Cristo (1907), quien se burlaba de la sexualidad latente en el culto católico, refiriéndose al éxtasis místico como "desafortunadas aberraciones histérico-sexuales", además de consignar la existencia de al menos 13 prepucios, la mayoría de ellos en Francia. La historia de las reliquias del niño Jesús también ofrece motivos de curiosidad cuando se piensa en los 500 dientes de leche esparcidos de manera similar por lugares santos.

Calcata, el lugar al que se refiere Joyce, era hogar de una pequeña iglesia a pocos kilómetros de Roma, además de la última sede conocida del Santo Prepucio. El pueblo siguió rindiendo culto a la reliquia hasta la década de los 80 del siglo XX, contrariando la prohibición del Vaticano e, incluso, sacándola cada año de su escaño para pasearla por el pueblo.

Pensar a Jesús en términos sexuales --incluso físicos-- seguía siendo considerado herejía, además de motivo de excomunión para los creyentes. La atribulada historia del Santo Prepucio, así como los placeres y milagros que se le atribuyeron a lo largo de la historia, siguen siendo un recordatorio de que lo sagrado solamente cambia de forma para sobrevivir; que lo sagrado es, además, un repositorio de las expectativas de los creyentes, quienes con su fe y su intención significan los más curiosos objetos hasta atribuirles propiedades sobrenaturales.