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¿Por qué esta hermosa fotografía es demasiado buena para ser real?

Por: pijamasurf - 10/30/2014

Esta fotografía fue tomada accidentalmente por una pasajera de un avión, pero todos podemos tomar una igual sin que haya un arcoíris en el cielo

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Quizá te hayas topado ya con la impresionante fotografía que una mujer canadiense tomó desde el asiento de un avión. Si no lo has hecho, es la imagen de arriba. La pasajera Melissa Rensen pensó que sólo había tomado una foto de las nubes desde el avión, así que, cuando reveló la imagen, se sorprendió de ver el arcoíris a todo color y con una nitidez increíble. Lo único es que no es posible tomar tal fotografía, ya que no puedes realmente volar a través de un arcoíris.

El arcoíris se forma de diminutas gotas sobre la tierra y se centra en una línea desde el Sol hasta el ojo del observador. El efecto arcoíris, aunque no deja de ser hermoso, es más bien el resultado de la polarización de las ventanas de los aviones.

Los colores son generados por la combinación de tres circunstancias:

1. Hay luz polarizada detrás de la ventana

2. La ventana está hecha de una doble materia de refracción

3. Un filtro de polarización es usado frente a la ventana

Bajo estas circunstancias, la luz se divide en dos coherencias de componentes polarizados que viajan a través de la ventana a diferentes velocidades. Aunque sea producto de un accidente de filtros, todos los fenómenos atmosféricos y todos los fenómenos ópticos que parecen atmosféricos tienen una belleza innegable. La próxima vez que te subas a un avión, intenta tomar una de estas imposibles fotografías.

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La fascinación de David Lynch por las fábricas abandonadas (FOTOS)

Por: pijamasurf - 10/30/2014

El genial cineasta lleva años documentando espacios abandonados, especialmente paisajes retro-industriales ubicados en Polonia

 

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Una combinación entre la hipnótica estética que presumen los lugares abandonados y esos paisajes de geométrica esterilidad que son las fábricas, en particular las viejas, podría ser el estímulo que lleva a David Lynch a adorar estos escenarios. Pero más allá de la razón detrás de esta fascinación, lo cierto es que el hijo predilecto de Missoula, Montana, la ha hecho explícita a lo largo de su carrera (Elephant Man, Twin Peaks, etc.), proceso que se consuma en su libro David Lynch: The Factory Photographs.

Durante años Lynch se dedicó a retratar antiguas fábricas en Inglaterra, Nueva York, Polonia y otros lugares, registrando múltiples parajes retro-industriales que se debaten entre la melancolía y la sutil perversión: espacios misteriosos, ocultos, inmersos en una perturbadora elegancia que proyecta un armónico desequilibrio. A fin de cuentas el que está eligiendo los encuadres y oprimiendo el obturados en cierto momento es David Lynch, y cualquier cosa que este genial artista crea, termina asociándose con adjetivos como los anteriores. 

Sobre las sensaciones que le producen estos lugares y el valor que tienen en la actualidad Lynch declaró, en una entrevista para la revista Dazed:

Transmiten un ánimo increíble. Me siento como si estuviese en un lunar simplemente mágico, en donde la naturaleza reclama estas fábricas abandonadas. Es muy "ensoñante". En cada sitio al que volteas, hay algo tan sensacional y sorpresivo –es como el Magical Mystery Tour de los Beatles–. Las ciudades cada vez se parecen más entre sí. Los verdaderos tesoros están diluyéndose; el ánimo que generan se está terminando. 

 

lynch factory 2.2

 

Curiosamente, la mayoría de nosotros estaremos más que predispuestos a apreciar estas fotografías sabiendo que el autor es Lynch, algo similar a lo que ocurre con sus diversas vertientes creativas (música, pintura, diseño, etc.). La admiración que muchos hemos generado por su trabajo como director de cine termina transfiriéndose a todo, o casi todo, lo que dice o hace. Pero si ejercemos esta reflexión conscientemente y luego volvemos a mirar las imágenes, difícilmente las estaremos apreciando menos. Y es que en realidad se trata de ecos fantasmagóricos impresos en intrigantes escenarios que, al menos por un instante, nos inducen un estado de ánimo privilegiado: el abandono poético. 

 

 

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