*

X

La secreta razón por la cual la escuela y la política aburren tanto

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/08/2014

Un nuevo documental llamado Boredom explica la principal razón por la cual tanta gente se aburre en clases y escuchando discursos políticos

APTOPIX China 30 Years Reforms

El aburrimiento en las escuelas es imperante, pero no por las razones que la mayoría cree. De acuerdo con el nuevo documental Boredom no son los temas a estudiar lo que hace que los alumnos se aburran terriblemente, sino la cultura sedentaria de estar constantemente sentado. “Estar sentado demasiado tiempo hace que el cerebro de la gente se convierta en papilla”, apunta Albert Nerenberg, director del documental.

El psicólogo Earl Henslin explica en la película que es la naturaleza inmóvil de los estudiantes lo que eventualmente hará que la mayoría de las experiencias sean aburridas. “Cuando una persona deja de moverse, el cerebelo comienza a ir más lento”. Debido a que el cerebelo, el cual se activa principalmente con movimiento, es tan central al cerebro, cuando se desactiva, todo el cerebro va más lento. Literalmente, la inmovilidad física se traduce en inmovilidad mental --la mente y el cuerpo tienen menos división de lo que pensamos.

Hace sentido pensar que, si no podemos poner atención porque nuestro cerebelo está aletargado, eventualmente caeremos en un aburrimiento brutal. Pero no sólo son los salones de clase los que fomentan esta niebla mental; el efecto sedentario también se da en arenas políticas donde se sabe que algunas personas incluso se desmayan mientras escuchan un discurso político. Por si fuera poco estar sentados, en esa oprimente inmovilidad, hay que aguantar la retórica de los discursos que se repiten --lo que llamaba Baudrillard "el infierno de lo mismo". 

“Cuando el cerebelo se aletarga y la respiración se ahoga, es más fácil desmayarse”, anota Nerenberg. “Particularmente cuando un discurso es extremadamente monótono (como suelen ser)”.

Una escena impresionante en Boredom muestra a personas cayendo inconscientes mientras atienden a discursos del presidente Obama y el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, entre otros. Palabras que literalmente dejan inconscientes, llevan al cuerpo a escapar del tedio que lo invade.

“Lo que la gente no comprende es que una cultura monótona y sedentaria es una amenaza para la sociedad”, comenta Nerenberg. “Es aburrido y es fatal”. El comportamiento sedentario, de hecho, ha sido vinculado a condiciones crónicas que incluyen la depresión, la diabetes, enfermedades del corazón y paros cardíacos. Existe, entonces, la muerte por aburrimiento.

Numerosos científicos coinciden en que uno de los principales problemas de salud en la actualidad es pasar 8 horas al día sentados trabajando; este hábito, propio de la era de la información y los ordenadores, merma al cuerpo y la mente de diferentes maneras que apenas estamos detectando. Algunos estudios han vinculado el estar sentado por mucho tiempo con el cáncer de cólon, pecho y endometrio. La razón no es clara, pero se cree que el exceso de insulina favorece el crecimiento celular del cáncer. También debido a que moverse regularmente provoca la liberación de antioxidantes, los cuales acaban con los radicales libres que atacan a las células.

Otras enfermedades vinculadas al sedentarismo son la degeneración muscular, el cansancio crónico, problemas en la columna, pancreatitis y paros cardíacos, estas últimas debido a que los músculos queman menos grasa y la sangre fluye más lentamente cuando se pasa mucho tiempo sentado, haciendo que los ácidos grasos puedan atascar más fácilmente alguna arteria. Además, se ha relacionado el estar mucho tiempo sentado con un aumento en la presión sanguínea y con el colesterol elevado. Tus hábitos sedentarios pueden hacerte más proclive a tener algún problema cardíaco.

Te podría interesar:

¿Listo para emborracharte? (esto es lo que el alcohol le hace a tu sistema inmune)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/08/2014

La usual borrachera de fin de semana podría dañar tu sistema inmune más de lo que piensas

alcohol-451261

Durante las fiestas no lo pensamos mucho y nos dejamos arrastrar por la marea del alcohol (para algunos esto ocurre no sólo en la fiestas, sino casi siempre). Entre lo que no pensamos mucho están los efectos que tienen las noches de farra en nuestro sistema inmune --aunque todos más o menos sabemos por experiencia que mucha fiesta puede acabar enfermándonos con la típica gripe o infección, "cuando se te bajan las defensas".

Si además de beber mucho nos desvelamos y dormimos poco o nada --como suele ocurrir en las noches de Año Nuevo cuando mezclamos drogas, alchohol y música como si no hubiera mañana o no pasará nada porque el año se borra--, nuestro sistema inmune puede sufrir serias consecuencias (la privación de sueño es una de las cosas que más afecta al funcionamiento del sistema inmune).

Un estudio liderado por científicos de la Universidad de Loyola en Chicago pidió a 15 voluntarios con una edad promedio que tomarán entre 4 y 5 shots de vodka en un periodo corto de tiempo --lo que se califica como "binge drinking". Los investigadores tomaron muestras de sangre 20 minutos después de que los sujetos habían llegado al "pico de la intoxicación" y luego 2 y 5 horas más tarde. 

Al principio el alcohol sirve como un revulsivo del sistema inmune: 20 minutos después de beber alcohol se encontraron niveles más altos de proteínas y leucocitos --los soldados que matan a los agentes patógenos en acción sistémica. Las muestras 2 y 5 horas más tarde, sin embargo, mostraron justo lo opuesto, niveles más bajos de estas células, lo que se conoce como respuesta inmune bifásica.

Los investigadores consideran que los resultados significan que puede haber "efectos a largo plazo, si una persona se enferma, ya no se recupera tan rápido. Existe una amplia perturbación de la respuesta inmune".

La investigación apunta a la importante diferencia entre beber un par de tragos --algo que es considerado bastante sano, ya que al parecer mantiene al sistema inmune en forma, además de proveer minerales, probióticos (en el caso del vino o la cerveza) y otros nutrientes-- y emborracharse hasta anonadar el sistema inmune.

Dicho lo anterior, sabiendo que nuestro sistema inmune se ve amotinado por la intoxicación etílica, de cualquier forma muchos dirán, con conciencia (en perderla), que esas noches de fiesta alcoholizada bien valen la pena. ¿Beber o no beber? Esa es la cuestión.