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La espiritualidad contemporánea ¿abaratamiento o apertura?

Por: Pedro Luizao - 09/01/2014

La masificación de una "nueva era" espiritual puede concebirse como algo criticable o, por el contrario, esperanzador; en todo caso, valdría la pena dedicarle alguna reflexión

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La efusiva apertura de información registrada en las últimas décadas impactó todas las áreas del conocimiento humano, la academia, la ciencia, la religión, etc. Y entre las múltiples consecuencias de este fenómeno, de pronto aparecieron en la superficie del imaginario pop ciertos conceptos --y su respectiva terminología-- que durante siglos habían permanecido guarecidos en contextos herméticos o, al menos, selectivos. 

De la mano de este proceso, y encabezado por figuras como Madame Blavatsky y George Gurdjieff, emergió lo que hoy conocemos como new age, un movimiento que, sin entrar por ahora en polémicas y posturas específicas, promovió y ejerció la apertura, síntesis y, quizá el aspecto más cuestionable, la mixtura de antiguos preceptos asociados con tradiciones sacras y escuelas místicas. Vale la pena recalcar que, aunque en realidad comenzó a masificarse en la década de los 70, los antecedentes directos de este movimiento datan de hace aproximadamente un siglo –y de hecho, hay quienes señalan a Swedenborg (1688-1772) como su primer precursor.

Debido a múltiples circunstancias, la evolución de esta "nueva era" espiritual encontraría una resonancia masiva entre las más recientes generaciones, proceso que durante los últimos 15 años simplemente explotó. No sé si lo recuerden, pero hasta hace unos pocos años términos como karma eran parte de un nicho lingüístico aún bastante reducido, sospechosamente excéntrico o, en el mejor de los casos, incomprensible. Hoy, en cambio, hay miles de mascotas llamadas mandala o shiva, la palabra "karma" está impresa en miles de intercambios cotidianos y tomar ayahuasca es cool. Además, como complemento a este peculiar contexto, resulta que figuras como Oprah o Paulo Coelho integren el grupo de los principales "líderes espirituales" de la actualidad

Pero más allá de criticar o juzgar este escenario --un ejercicio harto cómodo--, es interesante reflexionar sobre las posibles implicaciones de este fenómeno –al cual, en un texto previo, denominamos "espiritualidad pop". A continuación, brevemente, un par de ellas:

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Por un lado da la impresión de que, en lugar de resacralizar nuestra realidad --un proceso que parece fundamental para superar buena parte de los vicios contemporáneos--, terminamos liados en una dinámica que consiste en "mundanizar" o, peor aún, frivolizar lo sagrado. En algún punto los dos planos debieran regresar a ser sólo uno, pero ello, supongo, tendría que ocurrir de manera natural –sin dogmas, atuendos o pretensiones de por medio.  

También tenemos el factor de la accesibilidad, es decir, el primer encuentro de millones de personas con nociones  que han resultado, a lo largo de la historia, piezas fundamentales en el desarrollo del espíritu. Y esto, en esencia, debiera implicar consecuencias positivas: el solo hecho de encontrarnos con ciertas metáforas o aforismos podría bastar para inspirar cambios importantes en nuestra vida. En este sentido, la masificación de preceptos místicos tal vez debería celebrarse.  

En fin, ya habrá tiempo, tal vez, de profundizar más en la interrogante inicial. Por ahora basta con poner el tema sobre la mesa, reflexionar un poco en los pros y contras de las circunstancias (accesibilidad VS abaratamiento), y cuestionarnos un poco sobre la manera en la que ejercemos nuestra espiritualidad (o en la que dejamos de ejercerla).

 

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Neurocientíficos descubren diferencia entre la memoria y la imaginación

Por: pijamasurf - 09/01/2014

La imaginación y la memoria se entrelazan en el origen del pensamiento, pero un nuevo estudio ha notado sutiles diferencias para estas facultades cognitivas, ubicando por primera vez el lugar en el cerebro donde ocurre la imaginación

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Siendo las dos funciones más elevadas de la mente, la memoria y la imaginación tienen una estrecha relación en el pensamiento humano. Muchas veces estas dos facultades se han confundido, no sin razones: muchos han creído que la imaginación es sólo otro aspecto de la memoria.  En este sentido, un estudio realizado con personas amnésicas mostró que su capacidad de realizar un ejercicio de imaginarse en una serie de situaciones y lugares se vio comprometida, lo cual resulta lógico ya que, sin memoria, no tenemos la materia prima, la cosa mentale para completar un escenario imaginario.

Por otro lado se ha comentado, con cierta ironía, que en realidad la memoria es una forma de imaginación, ya que al recordar recreamos lo que vivimos, a veces hasta el punto de almacenar recuerdos completamente falsos; ciertamente, cada vez que llevamos a la mente un recuerdo, que lo imaginamos, lo hacemos otro, incluso al nivel del cableado sináptico. Al procesar información y almacenarla, siempre interviene la observación que altera lo observado.

Hasta hace poco se creía que la memoria y la imaginación eran procesadas por la misma parte del cerebro y formaban una misma tarea cognitiva, pero un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Brigham Young ha descubierto que la parte del cerebro donde ocurre la imaginación es funcionalmente distinta de un proceso relacionado como la memoria. El estudio observó la actividad cerebral de personas recordando experiencias específicas y colocándose en situaciones novedosas bajo resonancias magnéticas.

Según Stefania Ashby, quien propuso el estudio, el interés era determinar "si la imaginación es sólo tomar memorias pasadas y combinarlas de manera diferente para formar algo que nunca se ha experimentado". 

Observando las resonancias magnéticas de sujetos haciendo tareas de memoria o de imaginación se pudo determinar que, si bien ambas funciones ocurren en áreas cercanas en los centros profundos del cerebro, existen importantes variaciones en las regiones del hipocampo que se activan. El hipocampo parece distinguir entre el acto de recordar el pasado y el de imaginar el futuro; en el caso de la imaginación se activan las regiones frontales y en el caso de la recordación, el área del parahipocampo y la región del cíngulo. 

Históricamente,la memoria y la imaginación han sido consideradas como las facultades mentales más altas. La importancia de la memoria puede apreciarse en que la diosa Mnemósine, personificación de la memoria, es la madre de las musas y a través de ellas es que podemos hablar e inspirarnos, según la mitología griega. Platón consideraba a la memoria como una cualidad divina: el conocimiento mismo no era más que el recuerdo, el registro activado de las ideas o formas con las que se creó el mundo.

La imaginación --diferenciada de la fantasía--, por su parte, fue considerada como un órgano de percepción capaz de acceder a los mundos sutiles, al reino celestial, y como tal participa de la divinidad, según la filosofía neoplatónica.

Según John Holland, padre de los algoritmos genéticos, "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Si bien existe cierta diferencia, queda claro también que la imaginación se alimenta de la memoria, y poder acceder de manera diáfana a recursos mnemónicos aumenta la capacidad de imaginar y simular escenarios útiles.