*

X
Los sueños lúcidos siguen siendo, para muchos, una especie de seductor mito; pero lo cierto es que con un poco de dedicación son fácilmente accesibles.

Screen Shot 2014-03-30 at 2.13.40 PM

La responsabilidad comienza en sueños.

-W..B. Yeats

El mundo de los sueños intriga tanto, entre otras razones, por su naturaleza paradójica. Por un lado es un carnaval de misterios, con escenarios multiformes, una temporalidad flexible y aparentemente caótica, y una fusión de nociones emocionales, culturales, y arquetípicas. Pero por el otro es un acompañante cotidiano, siempre están ahí, los sueños, en todas las etapas de nuestra vida, en todas las culturas y estratos sociales. Tan lejos y tan cerca.

La posibilidad de obtener conciencia dentro de un sueño es una oportunidad increíble para honrar no sólo el espíritu lúdico –pues te permite, por ejemplo, volar a voluntad–, sino que representa una herramienta poco usual y muy efectiva en el autoconocimiento, además de poseer notables propiedades psicoterapéuticas. Si en los sueños los elementos son símbolos, y representan sentimientos, episodios de nuestra historia individual, deseos silenciados y otras manifestaciones puntuales de la psique, entonces interactuar conscientemente con ellos se traduce en un frugal instrumento de desarrollo personal.  

Existen múltiples estudios alrededor de las posibilidades terapéuticas de los sueños lúcidos. Por ejemplo, pueden ser una especie de espacio de entrenamiento para luego, 'despierto', resolver problemas prácticos. Otros advierten sobre la posibilidad de ejercitar el cuerpo y la mente durante estos momentos, incluso se habla del "yoga de los sueños",  y en general se enfatizan las propiedades curativas de esta práctica

Pero una vez que estamos convencidos de las bondades de esta 'tecnología onírica', o que al menos nos intriga la posibilidad de experimentarla, nos encontramos ante una puntual interrogante: ¿cómo obtener lucidez durante un sueño? Muchas personas acceden involuntariamente a episodios lúcidos durante sus sueños, pero la mayoría de nosotros no. Sin embargo, existen ciertas técnicas o medidas que se pueden adoptar para facilitar estas experiencias –aquí vale la pena remarcar que un ingrediente esencial en esta aventura es la paciencia.  

Screen Shot 2014-03-30 at 2.18.42 PM

A continuación les comparto un listado con recomendaciones que recurrentemente aparecen en libros, artículos y manuales sobre sueños lúcidos. En mi experiencia, si las combinas con un poco de paciencia y otro tanto de perseverancia, resultan infalibles:

Un diario de sueños: anotar diariamente al menos fragmentos o escenas de los sueños que recuerdas ayuda a "poner el tema sobre la mesa", asignándole atención a tu flujo de sueños dentro de tu mapa mental.

Predisposición: una labor esencial para esta o cualquier otra cosa que te propongas, se refiere a una dosis de autoprogramación mental para lograrlo.

Constataciones de realidad: a lo largo de tu día, unas ocho o diez veces, pregúntate si estás dormido y trata de confirmarlo con alguna prueba física, por ejemplo tratar de traspasar un muro con tu mano. Esto te permitirá contrastar el estado 'real' a cuando estés dormido (si logras atravesar el muro es muy probable que estés soñando).

Familiarización: familiarízate con tus sueños, con símbolos recurrentes e interpretaciones posibles. Detecta tus propios patrones oníricos. 

Alucinación hipnogógica: ¿has notado que justo antes de dormirte tu flujo de pensamientos comienza a flexibilizarse y hay un breve periodo en el que el razonamiento que aún aplica denota una elasticidad irracional? Es importante poner atención a estos momentos que de algún modo representan una delgada frontera entre estar despierto y estar dormido. 

Recursos oníricos: existen ciertos recursos, como alimentos o posturas, que potencian la intensidad de sus sueños (aquí un menú de recursos).

Sustancias: la clave de todo hack mental está en la propia mente. Sin embargo, ciertas sustancias facilitan, probadamente, la obtención de lucidez onírica. Entre ellas la colina y la galantamina. 

Desintoxícate: la presencia de toxinas muchas veces entorpece la práctica onírica. Por ejemplo, el consumo de THC o de alcohol difícilmente ayudará a alcanzar tu propósito.

Sueño plácido: si tienes desórdenes de sueño, como insomnio, es fundamental que los combatas. Asegurarte un sueño plácido es importante para luego comenzar a moldearlo.

Aléjate del estrés: aunque para muchos está parecerá misión imposible, al menos es importante entrar al sueño lo más relajado posible. Una meditación de 10 minutos podría ser suficiente para lograrlo. 

Despierta periódicamente: aunque podría sonar como una terapia de shock, se ha comprobado que el despertarte cada cierto tiempo, por ejemplo cada 90 minutos, ayuda a avivar tu sueños (muchos onironautas recurren a esta práctica).

Dispositivos: existen diversos dispositivos para facilitar los sueños lúcidos, desde sencillas apps que puedes descargar en tu móvil, hasta artefactos más sofisticados, por ejemplo máscaras que advierten a tu mente, mediante estímulos de luz, cuando ha ingresado en un estado de REM.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis 

 

Te podría interesar:
Las finanzas como lo que son, un flujo alucinatorio: lo último en "dinero" digital: el dogecoin. Lee más sobre él a continuación.

hacer-dinero-escuela

Es muy difícil pensar en el dinero: es pensar sobre el sustento mismo de una cultura que aniquiló toda competencia y aún así persiste en un estado de fragilidad constante, es pensar en su ausencia y la carencia de dinero representa el mayor de todos los miedos, la fuente de toda ansiedad social. Ya no hay comunidad de la que ser expulsados, no tenemos miedo al infierno: el único castigo que tememos termina en la soledad absoluta de la carencia de una cuenta bancaria. Es difícil pensar en el dinero porque es muchas cosas a la vez. Es un medio de intercambio, pero es poder y es seguridad. Es pertenencia. Los economistas se han convertido, en consecuencia, en los sociólogos de lo abstracto, mercenarios que poseen el conocimiento más importante de todos: la lectura de las macroeconomías, un zodiaco de gasto público, libre mercado e inflación que afecta las vidas de todos (sin importar el día, mes o año de nacimiento). Y no solemos pensar en el dinero porque estamos muy ocupados intentando conseguirlo o preocupándonos por no poder hacerlo.

Economistas, politólogos, sociólogos y antropólogos, revolucionarios y filósofos han hablado, escrito y pensado sobre el dinero y la cristalización de su poder en el sistema capitalista. El Sistema se convirtió en Dios y el Diablo, debatimos sobre la inequidad del control de los medios de producción y las falacias de la meritocracia, pero nos terminamos olvidando del rasgo más importante del dinero, una característica que no hay que ser economista ni estar interesado en los últimos requerimientos del FMI a los países en crisis para entender: es un símbolo. El dinero es una convención social, una alucinación colectiva regulada por el Estado —no tiene valor alguno en sí mismo, pero simboliza riqueza. El dólar, la moneda de monedas, aceptada en todos los rincones del universo conocido y en alguna que otra dimensión paralela, es uno de los símbolos más poderosos de la historia, de una naturaleza profundamente binaria: pero el 17 de septiembre de 1859, Joshua Abraham Norton, nacido en Inglaterra, ciudadano de San Francisco, California, se autoproclamó emperador de los Estados Unidos de Norteamérica (y protector de México). Durante su reinado emitió varios decretos de mayor o menor importancia: abolió el Congreso, quebró el sistema bipartidario, exigió a la Iglesia Católica que lo reconociera como emperador y sancionó con una multa de veinticinco dólares a todo aquel que se refiriera a su ciudad como “Frisco”.

emperor-norton-money

Nadie prestó atención a una sola de sus órdenes, nadie lo tomaba en serio. Pero era querido y respetado, no tenía un centavo en los bolsillos pero comía en los restaurantes más importantes y era invitado a eventos culturales, donde se le reservaban asientos preferenciales. Cuando fue detenido por la policía, para ser tratado por padecer de una enfermedad mental, fueron tales las críticas de parte de ciudadanos y periodistas que terminaron liberándolo, solicitándole una disculpa a la que respondió Norton I, magnánimo y justo, emitiendo un Perdón Imperial al policía que lo había arrestado. El problema es que era pobre: y aunque lo dejaran entrar a algunos restaurantes a comer gratis, Joshua Norton contrajo a lo largo de su vida más de una deuda. La solución que encontró, una vez auto proclamado emperador, puede parecer obvia: emitió su propia moneda. Cualquiera puede hacerlo, después de todo: son papeles, de colores, idénticos al usado en juegos de mesa como Monopoly. La particularidad del caso es que el dinero emitido por Joshua Norton era aceptado como medio de intercambio en San Francisco. Al margen del Estado, sin ningún Banco Central repleto de bonos, deuda y lingotes de oro que lo respalde, la moneda emitida por Norton era aceptada y tenía un valor de entre cincuenta centavos y diez dólares.

El siglo XX , el más largo de la historia, fue testigo de cantidades industriales de luchas entre clases, estados y sistemas políticos: visiones del mundo aparentemente opuestas se enfrentaron constante y sistemáticamente. Pensadores como Richard Buckminster Fuller y Gene Roddenberry plantearon críticas y revisiones profundas al sistema monetario, pero la siguiente revolución comenzó a ocurrir recién hace unos años. Satoshi Nakamoto (un pseudónimo detrás del cual se puede esconder más de una persona) creó en el 2009 el Bitcoin, la primera criptomoneda —la primera moneda descentralizada y distribuida, el futuro del dinero o la evolución lógica del dinero en un mundo no sólo globalizado, sino hiperconectado. Eso es lo que proponen sus evangelistas, por lo menos, aunque menos de mil usuarios posean ya 50% de los bitcoins. Sus detractores, por el otro lado, al grito salvaje de “¡burbuja!”, se ponen rojos de furia ante un hecho que es poco menos que una herejía: al igual que la divisa emitida por Joshua Norton, no tiene respaldo—entonces, ¿por qué tiene valor? Curiosamente, economistas ortodoxos y heterodoxos por igual se unen en la crítica: el mercado, la comunidad, no parecen ser suficientes.

satoshi-nakamoto

Otro de los pecados del Bitcoin es que es digital: no hay papelitos de colores que llevar en la billetera. Y llenamos a esos papeles de poder: obsérvense guardarlo con cuidado, miren a los demás mientras cuentan el cambio —son verdaderamente mágicos. Claro que en el 2014 usamos tarjetas de crédito (otro símbolo con colores, texturas y una numerología que evoca a los dioses paganos del placer y el poder), pero detrás de todo el plástico, de los sitios de homebanking y de las cuentas de Paypal sigue estando el mismo sistema de siempre, adaptado mínimamente a las herramientas tecnológicas de la actualidad. A pesar de las críticas (y de las promesas), el bitcoin tiene cierto respaldo —el paper original de Nakamoto (sea quien sea) fue revolucionario, existe una Fundación y proyectos relacionados a la criptomoneda han recibido decenas de millones de dólares de inversión en Sillicon Valley: se trata de un proyecto serio y pretencioso, cuyo éxito desembocó en una especulación global. El valor del bitcoin y todas las criptomonedas que le siguieron fluctúa de acuerdo a los deseos de enriquecimiento rápido de nerds y administradores de sistemas que hacen mining en servidores y crean botnets de decenas, cientas o miles de computadoras de bajo rendimiento. Gente que nunca se interesó por la compra/venta de acciones y las inversiones de alto riesgo se obesiona con la criptomoneda de turno y no deja de mirar sus valores en los principales sitios de intercambio, a pesar de que probablemente gane unos pocos centavos.

1387293890_dogecoin

En medio de todos los ataques, la especulación descontrolada y algún que otro ataque de denegación de servicio, surgió una moneda que lleva todos los postulados del bitcoin al extremo y deja en descubierto la naturaleza fantasmal del dinero. El dogecoin surgió como un chiste: no esperaba competir con el bitcoin ni con el litecoin ni con las otras criptomonedas serias y respetables de la actualidad; era una broma, una moneda basada en un meme: una foto de un perro rodeada por frases coloridas escritas con la fuente Comic Sans. Inexplicablemente, el dogecoin se convirtió en una de las diez criptomonedas más utilizadas y posee una de las comunidades más activas y extrañas de Internet: amigables en extremo con los usuarios nuevos, se comunican siguiendo las mismas reglas de la meme, utilizando constantemente los términos “such”, “many”, “very”, “so” y “wow” —el supuesto objetivo de la moneda, de acuerdo a la comunidad, es “llegar a la luna”, si bien es utilizada más que nada para transferir pequeñas sumas de dinero a modo de tips. El dogecoin no es serio, es una broma, una extensión de un .png, al igual que podría ser un video de You Toube. Aún así, un dogecoin equivale en la actualidad a entre 0.001 y 0.002 dólares y los miembros de la comunidad (y algunos analistas) aseguran que valdrá en el futuro un mínimo de un centavo de dólar, sino diez centavos o directamente un dólar.

Independientemente de si llega o no a una paridad con el dólar, todos los días se realizan cientos de transacciones en las que personas se desprenden de monedas respaldadas por bancos y gobiernos para adquirir una divisa cuyo símbolo es un perro de raza Shiba Inu. Una divisa ridícula y absurda, un espejismo: exactamente como el dólar. El dogecoin pone en evidencia la arbitrariedad detrás del sistema monetario, deja en ridículo nuestros miedos y pretensiones, el orgullo de los límites altos en las tarjetas de crédito y el rechazo patológico al capitalismo; le da la razón a Robert Anton Wilson, quien decía que el dinero es “una alucinación semántica, el equivalente verbal de una ilusión óptica”. Si despojamos al dólar y al peso de todo el poder que le otorgamos, no es más que una apariencia, una ilusión que nos controla, por la que nos desesperamos —después de todo, nuestras vidas dependen de esa ilusión. Pero si desnudamos al peso, recordamos al emperador Norton y apostamos al dogecoin (aunque sea con una sonrisa), paradójicamente, pensar en el dinero se hace mucho más fácil. Carente de todo poder, no nos asusta, no nos controla tanto, es una herramienta. Una tecnología creada entre todos, validada por el uso que le damos, para facilitarnos la vida en lugar de complicarla. Una tecnología sin sentido ni propósito que a pesar de todo cambia y evoluciona: y si lo pensamos así, la broma no es el Dogecoin sino las reservas federales, los lingotes de oro y las cajas de seguridad, las tasas de interés y los papeles de colores, los bonos atados a tasas de crecimiento, la emisión de deuda pública y el cese de pagos ante fondos internacionales, las cuotas sin interés y los salarios mensuales en billetes emitidos para evitar entrar en crisis. Si lo pensamos de este modo (y no es difícil hacerlo), el dogecoin, aunque desaparezca y no cumpla ni una sola de las expectativas, es la moneda del futuro.

 Twitter del autor: @ferostabio