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Consejos de Andrei Tarkovsky para jóvenes que temen a la soledad (VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/14/2013

Estar solo y sentirse bien es un arte. Probablemente muchos rehuyen de la soledad porque ésta implica estar consigo mismo, reflexionar y conocerse.

Los oficios creativos requieren soledad; en el caso particular de la escritura, es necesaria para estimular el pensamiento y fijarlo en la redacción.

Henry David Thoreau dijo “en la medida en que alguien simplifique su vida, las leyes del universo parecerán menos complejas, y la soledad no será soledad”. 

El escritor estadounidense Don DeLillo afirmó que “un escritor toma serias medidas para asegurar su soledad y luego encuentra la forma infinita de despilfarrarla”.

En esta etapa de las comunicaciones pareciera que estamos obligados a la compañía, no sólo presencial sino también virtual. Si la verdadera soledad implica reflexión, habría que revalorarla.

En este video, se pide al cineasta Andrei Tarkovsky, que aconseje a los jóvenes. Esto fue lo que respondió:

“No sé, creo que me gustaría decir solamente que deberían saber más sobre estar solos y tratar de pasar el mayor tiempo posible consigo mismos. Me parece que una de las fallas de los jóvenes es que intentan reunirse alrededor de eventos que son ruidosos, casi agresivos. En mi opinión, este deseo de reunirse para no sentirse solos es un síntoma desafortunado. Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar tiempo con uno mismo. Eso no significa que uno deba ser solitario pero no debería aburrirse cuando está solo porque la gente que se aburre de sí misma, para mí, parece estar en peligro, en cuanto a autoestima se trata”.

Compartimos a continuación un video que cuenta con subtítulos en español. El fragmento citado comienza cerca del minuto 05:55.

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El filósofo anarquista Peter Lamborn Wilson (aka Hakim Bey) comparte su visión vitalista del amor, la fuerza que permea el cosmos y que no necesita ser buscada fuera de sí, sino ejecutada desde dentro y compartida con el mundo, entre hombres, mujeres, animales, piedras, montañas, estrellas y galaxias: el verdadero erotismo no conoce de moral ni de límites.

tazHakim Bey  (nombre de pluma alterno de Peter Lamborn Wilson) es sin duda unas las figuras más interesantes del pensamiento contemporáneo. Al margen de la cultura oficial, Bey ha sembrado una filosofía que llama a la rebeldía poética y que vincula la tecnología con el misticismo árabe y las utopías piratas de siglos atrás. Sus ideas son como una infraestructura metafísica dentro de la ideología de los hackers, piratas cibernéticos y artistas que practican la anarquía y el "terrorismo poético" (esa serie de travesuras estéticas). En su obra maestra TAZ, Bey plantea una liberación socioenergética a través del éxtasis, el caos,  el erotismo, la brujería y la indivdualidad. Una de las propuestas más vitales de la ecología moderna --el hermetismo verde-- tiene un estimulante paralelo en las "zonas temporalmente autónomas" de Bey, microsistemas independientes como aquellas islas de piratas --lejos de las leyes y los monarcas-- donde se forja una nueva economía autosustentable bajo la bandera del arte sagrado y la libertad irreprimible, llevando la sensualidad, esa conexión de banda ancha con la tierra, a un principio eudaimónico.

Hakim Bey, consagrado al erotismo místico sufi  y al hedonismo salvaje de los poetas malditos, ha desarrollado un marco conceptual para el amor y la energía sexual que merece retomarse. Siguiendo el pensamiento místico de la antigua Grecia, que concebía al amor como una fuerza de la naturaleza que poseía a los hombres (los dioses fluyen por la sangre e incendian el corazón) o como la energía orgónica de Wilhelm Reich, Bey llama a rendirse antre el flujo primordial de la naturaleza para liberar al erotismo de la lógica del mercado y de los esterilizantes de la razón.

El amour fou sólo se cría por accidente -su objetivo principal es la ingestión de la Galaxia. Una conspiración para la transmutación.

El amour fou implica una sexualidad no ordinaria en la medida en que la brujería exige una conciencia no ordinaria. El mundo anglosajón post-Protestante canaliza toda su sensualidad reprimida hacia la publicidad y se escinde en turbas enfrentadas: mojigatos histéricos contra clones promiscuos y antiguos ex-solteros. El AF no quiere unirse al ejército de nadie, no toma parte en las Guerras de Género, se aburre con la igualdad de oportunidades en el empleo (de hecho rehusa trabajar para vivir), no se queja, no da explicaciones, nunca vota y nunca paga impuestos.

El amor como la divinidad de la locura, arrastrando al cuerpo del hombre como los cuerpos celestes coleccionan lunas y cometas. Bey evoca la folie de Baudelaire, el corazón al desnudo, la manda: "embriagaos", conjugándola con cierta psicología jungiana de la indviduación, arrellanádandose en la voluptuosidad de la luz:

Siempre borracho, ya en el vino de sus propias secreciones o en el humo de sus propias virtudes polimorfas. No es el trastorno de los sentidos sino más bien su apoteosis -no el resultado de la libertad sino su precondición-. Lux et voluptas.  

En su texto La Revolución Feral, escribiendo bajo su propia identidad, Peter Lamborn Wilson llama, con ecos de Baudrillard, a desatar al erotismo de los engranes del capitalismo y a tener relaciones eróticas no sólo entre hombres y mujeres (y hombres y hombres y mujeres y mujeres y todas las variaciones), sino también con árboles, flores, animales, moñtañas, estrellas y galaxias. El amor, si es, está en todas partes.

Si hemos de experimentar la infinita energía del amor sexual, la divinidad salvaje de nuestros cuerpos en éxtasis, debemos de liberarnos de la economía del amor [...]. Para liberarnos de la economía del amor, el amor no debe de ser una escasez para nosotros. Mientras que en el cosmos salvaje abundan los amantes, la cultura de la comodidad nos ha robado esto. Por lo que nos queda una forma de liberranos de estas escasez de amor. Neceistamos aprender a amarnos, descubrirnos a nosotros mismos como una fuente de placer tal que nos enamoremos de nosotros mismos. Después de todo, ¿no es mi cuerpo la fuente de los placeres que siento enamorado? ¿No son mis nervios, mi carne, mi piel cintilante las vastas galaxias en las que esta energía ilimitada fluye? Cuando aprendemos a estar enamorados de nosotros mismos, a encontrar en nosotros la fuente de interminable placer erótico, el amor nunca puede ser escaso, porque siempre nos tendremos como amante.

El amor así entendido por Peter Lamborn Wilson no es una relación de intercambio, como el que ocurre entre divisas, es una emanación omnidireccional; tampoco es un recurso agotable, como el petróleo, es el propio ser que permea el cosmos;  no requiere de permiso o aprobación, es un flujo eléctrico incontenible. El rapto místico sigue: 

Y cuando nos amamos a nosotros mismos, la alegría ilimitada de Eros fluirá a través de nosotros derramándose libremente en el mundo. No suspiraremos por el amor debido a la necesidad, sino que compartiremos nuestra vasta energía erótica con cualquiera que se abra a ella. Nuestros amantes serán hombres, mujeres, niños, plantas. flores, animales no-humanos, montañas, ríos, océanos, estrellas y galaxias. Nuestros amantes estarán en todos lados, porque nosotros mismos somos amor.

Palabras que quizás podrían encontrarse en Rumi, Gibran o Eckhart, una política del amor cósmico, totalizante, ecos del mistisicmo de todas las eras. No sin un cierto dejo autosuperacional, que para algunos podrá rayar con lo cursi y con la ingenuidad optimista --que fácilmente se entrega al amor, como si esto y éste fuera tan simple. Y, sin embargo, parecen inobjetables, irrefutables e irresistibles para cualquier sentimiento humano profundo, para aquello que se apoya en la esencia incandescente de la existencia .

Twitter: @alepholo