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The Strokes cerraron Coachella 2026 con un video político que señaló intervenciones de EE.UU. y mostró bombardeos en Gaza e Irán; un gesto que se conecta con posturas recientes de artistas como Brian Eno, Massive Attack y Bruce Springsteen frente a conflictos globales

En medio de un festival que suele construirse desde la evasión, Coachella 2026 tuvo uno de sus momentos más comentados cuando The Strokes decidió cerrar su presentación con algo más que música.

Un cierre que cambió el tono

Ocurrió el sábado 18 de abril, hacia el final del set. La banda retomó Oblivius, una canción que no tocaban en vivo desde hace años, pero lo que parecía un gesto nostálgico se transformó rápidamente en otra cosa. Las pantallas dejaron de acompañar el concierto para imponer una narrativa propia. Un montaje histórico y político comenzó a desplegar nombres, fechas e imágenes que apuntaban a una misma idea: la intervención de Estados Unidos en distintos momentos clave del siglo XX.

@porlajusticia73 La presentación de The Strokes en Coachella 2026 no solo fue un cierre musical potente, sino también una intervención política que reabre un debate incómodo pero necesario: el rol de los artistas en temas internacionales. Al proyectar imágenes de figuras como Salvador Allende junto a mensajes que aluden a intervenciones extranjeras, la banda dejó claro que su intención iba más allá del espectáculo. Lo interesante es que este tipo de acciones no son nuevas en la música, pero sí generan reacciones distintas dependiendo del contexto. En un festival global como Coachella, donde conviven audiencias de múltiples países, el mensaje se amplifica y se vuelve inevitablemente polémico. Para algunos, es una forma legítima de usar la visibilidad artística para cuestionar hechos históricos y conflictos actuales. Para otros, puede parecer una simplificación excesiva de procesos complejos o incluso una instrumentalización de temas sensibles. También hay un punto relevante en cómo se construyen estos relatos. Al usar imágenes directas y frases contundentes, el mensaje se vuelve accesible, pero al mismo tiempo corre el riesgo de perder matices. La historia política internacional —especialmente en regiones como Latinoamérica— está llena de capas, intereses cruzados y responsabilidades compartidas. Reducirla a consignas visuales puede generar impacto inmediato, pero no necesariamente comprensión profunda. Sin embargo, el gesto no es irrelevante. En una industria donde muchas veces predomina lo superficial, que una banda de alto perfil decida incomodar a su audiencia tiene un efecto concreto: obliga a hablar del tema. Y en ese sentido, más allá de estar de acuerdo o no con el contenido, el acto cumple su objetivo principal. En definitiva, lo de The Strokes no cambia la historia, pero sí influye en cómo se conversa sobre ella hoy. Y en un espacio dominado por entretenimiento, eso ya es una declaración en sí misma. #juliancasablancas #thestrokes #musicfestival #parati #Coachella ♬ sonido original - porlajusticia69

Historia, poder y una misma línea

Figuras como Mohammad Mossadegh, Salvador Allende y Jacobo Árbenz aparecieron vinculadas a golpes de Estado, derrocamientos o muertes que, según el montaje, tuvieron relación con operaciones de inteligencia estadounidense. La secuencia avanzó sumando más nombres y regiones, trazando una línea que conectaba América Latina, África y Medio Oriente bajo una misma lectura crítica.

El video no se limitó a la geopolítica. También incluyó imágenes asociadas a la esclavitud, la segregación racial y movimientos contemporáneos, además del rostro de Martin Luther King Jr. acompañado de una referencia a un juicio civil que cuestionó las circunstancias de su asesinato. Todo esto fue construyendo un relato que mezclaba historia, denuncia y posicionamiento.

Del pasado al presente

El cierre llevó esa narrativa al presente. En pantalla aparecieron escenas de bombardeos, ciudades destruidas y universidades reducidas a escombros en Gaza e Irán. Mientras tanto, Julian Casablancas repetía una frase que funcionó como eje del momento: “¿De qué lado estás?”. No hubo encore. Las pantallas se apagaron y el concierto terminó en silencio, dejando una tensión poco habitual para un escenario como ese.

Una postura que no está sola

La reacción fue inmediata. Hubo quienes leyeron el gesto como una intervención necesaria dentro de un espacio dominado por lo comercial, y también quienes cuestionaron el montaje por mezclar hechos históricos con interpretaciones debatibles. Pero más allá de la discusión puntual, lo que hizo The Strokes no está aislado. Forma parte de un movimiento más amplio en el que distintos artistas han decidido abandonar la ambigüedad y tomar posturas públicas frente a conflictos actuales.

En los últimos meses, músicos como Brian Eno y la banda Massive Attack han impulsado llamados al boicot cultural contra eventos internacionales vinculados a Israel, alineándose con posturas críticas frente a la guerra en Gaza. En esa misma línea, el grupo irlandés Kneecap ha llevado mensajes explícitos a sus conciertos, con declaraciones directas sobre el conflicto que incluso les han generado cancelaciones y presión política.

La postura también ha alcanzado espacios más mainstream. Bruce Springsteen ha integrado discursos políticos en sus presentaciones recientes, señalando directamente a figuras del poder en Estados Unidos, mientras que artistas como Billie Eilish y Bad Bunny han aprovechado escenarios de alta visibilidad para hablar de políticas migratorias y violencia estatal. En paralelo, propuestas como la de Los Jornaleros del Norte han optado por llevar la música directamente a espacios de protesta, acompañando movilizaciones contra deportaciones y operativos migratorios.

Cuando el escenario deja de ser solo espectáculo

Lo que cambia no es solo el contenido, sino el lugar desde donde se dice. Ya no se trata únicamente de declaraciones aisladas o posicionamientos en redes sociales. En muchos casos, el mensaje se integra al espectáculo, interrumpe la lógica del entretenimiento o incluso decide salirse de ella.

En ese contexto, el cierre de The Strokes en Coachella se vuelve más claro. No fue únicamente un gesto provocador dentro de un festival, sino parte de una forma distinta de entender el papel del artista frente a lo que ocurre fuera del escenario. La música sigue ahí, pero cada vez más acompañada de una pregunta que ya no se queda en la canción.


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Imagen de portada: Youtube